Diez errores comunes que cometemos con los recién nacidos (y cómo evitarlos)

Con el primer hijo, el peso de la responsabilidad y el miedo a cometer algún error pueden ser abrumadores

Tener un recién nacido en casa puede ser estresante para cualquier madre o padre primerizos. Si es vuestro primer hijo, el peso de la responsabilidad y el miedo a cometer algún error, pueden ser abrumadores. Hacer algo incorrecto de vez en cuando es inevitable (¡somos humanos!), pero para minimizar los fallos en este post encontraréis algunos consejos para evitar caer en los errores más comunes que cometemos con los recién nacidos.

Los errores que se cometen con los recién nacidos

Las dudas y el cargo de conciencia son sensaciones habituales en las familias que esperan la llegada de un bebé o en aquellas que ya tienen a su recién nacido consigo y comienzan su andadura como madres y padres primerizos. Por eso, la información es vital para afrontar con confianza y seguridad esta nueva etapa de la vida familiar.

1. La silla del coche no es un «quitamultas», sino un seguro de vida para tu hijo

Muchos padres dedican una cantidad exagerada del presupuesto destinado al ajuar infantil a amueblar la habitación del bebé (que probablemente no se utilizará en años), en comprarle ropita (cuya mayoría quedará sin estrenar, ¡los bebés crecen muy rápido los primeros meses de vida!) o en comprar un sinfín de trastos que parecen imprescindibles… pero que no lo son.

 

 

En cambio, no prestan la suficiente atención a la silla de coche en la que viajarán sus hijos desde el primer trayecto de vuelta a casa desde el hospital (o de casa al centro médico, si ha nacido en el hogar). Hoy sabemos que viajar a contramarcha no es una moda, sino el método más seguro para los bebés y los niños, y que además deberían hacerlo al menos hasta los 4 años y más, si es posible.

Este dispositivo es el único capaz de preservar adecuadamente la zona de la anatomía infantil más vulnerable: el cuello, que puede sufrir una elongación tan excesiva en caso de impacto, que causa a graves lesiones irreversibles o incluso la muerte.

 

 

Sin embargo, se sigue dedicando una cantidad ínfima del presupuesto familiar a este artículo, que no solo es de primera necesidad sino que afecta directamente a la seguridad del bebé. Nos conformamos con heredar o tomar prestadas sillas de segunda mano (que no sabemos qué uso han tenido o si sus materiales están aún en buen estado). En el mejor de los casos, salimos a la caza del «chollo» ideal (como si por el hecho de estar homologadas, todas las sillas ofrecieran el mismo nivel de seguridad).

También tenemos la costumbre de adquirirlas por internet, a pesar de que no sabemos instalarlas ni darles el uso correcto. Según un estudio publicado en 2016 por la revista Journal of Pediatrics, que evaluó a casi 300 familias, el 91% de los padres cometemos graves errores cuando instalamos la silla de coche por nuestra cuenta o cuando ponemos a nuestro recién nacido en ella. El 86% de esos errores consisten en la manera en cómo colocamos al niño en la silla. Y se trata de fallos tan graves, que aumentan el riesgo de lesiones que puede sufrir el pequeño en caso de accidente.

 

a contramarcha

 

Por este motivo, es fundamental no tratar de ahorrar dinero en este dispositivo y acudir físicamente a un establecimiento especializado en sillas de coche a contramarcha, donde atenderán nuestras necesidades de forma personalizada y un experto instalará de forma correcta la silla de coche antes del nacimiento del niño, y también nos enseñará a instalarla y saber usarla apropiadamente antes del parto.

En el caso de los recién nacidos, debemos asegurarnos de que la cabeza del bebé no se incline hacia adelante, pues eso podría restringir la respiración y causar la temida asfixia postural. Es necesario instalar el asiento en el ángulo correcto para mantener los pies del recién nacido hacia arriba, con el cuerpo reclinado, para que el bebé pueda girar la cabeza hacia un lado y respirar normalmente si cae dormido durante el trayecto en coche.

2. Tratar de que el bebé se adapte a vuestro ritmo de vida

Un recién nacido impone cambios en nuestras vidas. Durante un tiempo, nuestras rutinas se verán alteradas y puede que tardaremos un tiempo en volver a recuperar antiguos hábitos. Nuestros deseos y necesidades quedan en un segundo plano porque un ser humano acaba de nacer, depende de nosotros para todo y nos necesita.

Esto implica que tendremos menos tiempo para nosotros mismos y nuestras parejas, para salir con los amigos o practicar nuestras aficiones. Tendremos que acostumbrarnos a adaptar nuestros horarios de sueño a los suyos y buscar nuevos espacios y formas de esparcimiento que fomenten el crecimiento familiar.

 

 

Es imposible impedir que un bebé se duerma si tiene sueño, o intentar mantenerle despierto para que al llegar la noche descanse mejor. También lo contrario: no tiene mucho sentido tratar de dormir a un bebé que no quiere, por más que nos venga bien que se eche una cabezadita y nos dé tiempo a ducharnos, comer o ver un capítulo de nuestra serie favorita.

La infancia es efímera y los bebés dejan de serlo muy pronto. Llegará el día en que el niño pueda adaptarse a nuestros hábitos y estilo de vida, pero hasta entonces se imponen la paciencia y el sentido común: nuestra vida ha cambiado y él es el centro de ella ahora. Nuestras prioridades y responsabilidades, son ahora otras.

3. Errores al dar la teta o el bibe

Cada niño es un mundo y sus necesidades son únicas también. Por eso, y aunque por norma general se suele recomendar dar el pecho a demanda (cuantas veces pida el bebé y la cantidad que él desee), algunos padres primerizos cometen el error de dejar que el bebé duerma demasiado tiempo entre cada sesión de alimentación.

Las primeras semanas, el bebé necesita alimentarse. Por este motivo, y para favorecer el establecimiento de la lactancia materna, es conveniente ofrecerles el pecho cada 2 o 3 horas, incluso si no lo piden o están descansando de noche. Una vez que nuestra lactancia esté establecida con éxito y el recién nacido vaya cogiendo peso con normalidad, pueden pasar hasta 3 y 5 horas sin que el bebé se despierte para alimentarse, sobre todo de noche.

 

Las mujeres tenemos tetas

 

Si la lactancia no presenta problemas y el bebé crece y se desarrolla perfectamente, es posible que duerma toda la noche a los 3-6 meses. Algunos bebés, sin embargo, tienen una regresión entre los 3 y 4 meses, y comienzan a despertarse con más frecuencia y a alimentarse más a menudo. Ambas situaciones son perfectamente normales.

Por otra parte, los fallos al dar el bibe también son habituales. El más común de ellos: tratar de establecer un horario fijo para las tomas. Desde hace tiempo, los especialistas infantiles nos lo advierten: el biberón, como la teta, también se da a demanda.

 

 

Otro de los errores más comunes sucede al mezclar la leche de fórmula con agua. En muchas ocasiones no se mezcla en la proporción adecuada y se hace demasiado concentrada o muy diluida. En el primer caso, el bebé puede necesitar hidratarse mucho más y, en el segundo, la nutrición no es suficiente.

Por otra parte, existe cierta tendencia a sobrealimentar a los bebés con el biberón. La cantidad de leche de fórmula que debe tomar cada bebé depende, solo y exclusivamente, de cada bebé. Por más que las marcas insistan en cierta dosis mínima recomendable (porque les interese que agotemos cuanto antes la lata, y salgamos corriendo a comprar otra).

 

 

Hay bebés muy glotones y bebés más inapetentes. Lo importante es que el bebé crezca y se desarrolle de forma saludable, y cuento con el visto bueno del pediatra. No te fíes ciegamente de los percentiles ni dejes que os quiten el sueño, no están tan directamente relacionados con la salud de nuestros bebés como creemos.

4. Poco tiempo en brazos

Un error muy desafortunado que muchas familias primerizas cometen es mantener al bebé en su cochecito de paseo, su cunita, capazo o hamaquita a la fuerza… por temor a malcriarles. ¿Cuántas veces habéis escuchado eso de «no le cojas en brazos, que se acostumbra»? ¿Se acostumbra a qué exactamente? ¿A ser querido, protegido y cuidado por sus padres?

La mayoría de bebés que nos parecen de alta demanda son bebés perfectamente normales. Lo único que quieren es sentirse seguros, a salvo, protegidos y acompañados en un mundo que aún desconocen. Además, pasar demasiado tiempo recostado puede afectar a su desarrollo y causar otros problemas debido a la falta de estimulación.

 

 

Cuando el bebé no está durmiendo o no está viajando en coche, debería estar boca arriba o en brazos de sus padres, no «atado» a ningún mecanismo que imposibilite su movimiento libre, un punto crucial para su desarrollo y aprendizaje. Sí, ya sé que es durísimo para la espalda cargar con un bebé todo el día a cuestas, y todo un fastidio no poder tener las manos libres para hacer otras cosas, por eso un portabebés ergonómico apto desde el nacimiento es siempre una buena inversión.

5. Dejarles llorar

¿Dejarías llorar desconsoladamente a tu pareja o a cualquier otro ser querido e importante para ti sin prestarle consuelo? ¿Y por qué es bueno ignorar precisamente a un bebé, que no es capaz de entender nada de lo que sucede a su alrededor? Los recién nacidos son seres indefensos y vulnerables, dependen de nosotros para sobrevivir y por eso la naturaleza les dota de un mecanismo «mágico» de defensa: el llanto. 

 

 

Dejarles llorar no hace que ensanchen el pulmón ni ninguna tontería por el estilo, más bien hace que se sientan solos y angustiados. Les deprime y les pone muy nerviosos. Cuando un bebé llora, hay que atenderle. Siempre. Y mejor no tardar en hacerlo porque la desesperación puede ir en aumento. Los padres somos los máximos responsables de atender adecuadamente las necesidades de nuestros hijos. Y las emocionales también son necesidades. 

6. Exagerar o ignorar una fiebre

Las fiebres en los recién nacidos pueden ser serias. Si tu bebé tiene menos de 3 meses y presenta una fiebre de 38ºC o más, consulta a tu pediatra o profesional médico inmediatamente. Poco a poco aprenderéis a detectar los síntomas que indiquen cuándo debemos ir a urgencias.

Cuando se trata de bebés y niños mayores, el número en el termómetro asusta menos y aprendemos a observar detenidamente a nuestros hijos para descubrir qué está pasando, porque no todas las fiebres implican necesariamente un tratamiento.

 

 

Mira a tu bebé y observa. Él te enseñará todo lo que debes aprender para cuidarle adecuadamente. ¿Está bebiendo líquido? ¿Se alimenta bien? ¿Está feliz y jugando? ¿Duerme bien? ¿Tiene problemas para respirar? ¿Mancha el pañal con regularidad y normalidad? Los expertos señalan que la mayoría de las fiebres son inofensivas y probablemente sean el resultado de una infección leve.

7. Abrigarles en exceso

Otro gran error de los padres primerizos: abrigar en exceso al bebé. Durante los primeros 15 días de vida a los bebés les cuesta regular su temperatura y es conveniente abrigarles ligeramente más, pero pasado este tiempo el bebé siente el mismo frio o calor que nosotros. Por eso, la cantidad de ropa que se debe colocar al niño debe ser la adecuada y no más de la necesaria.

Para el bebé, el exceso de abrigo puede ser tan peligroso como su carencia. Entre los riesgos de abrigar demasiado al bebé se encuentran el de provocarle fiebre. Otro riesgo citado por la AEP es el desarrollo de sudamina, una erupción en la piel relacionada con el calor, que se produce sobre todo en verano pero también ante el exceso de abrigo en épocas invernales.

 

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Y hay riesgos mayores: el exceso de abrigo es uno de los factores asociados con el síndrome de muerte súbita del lactante. Los recién nacidos son seres tan frágiles, que arroparlos de más puede causarles asfixia. Por ello, debemos extremar la precaución en este punto y tener claro que, en muchas ocasiones, más no quiere decir mejor. No te preocupes si tu recién nacido tiene las manos y los pies fríos. Es totalmente normal: los bebés no tienen buena circulación en un principio, pero no necesitan que los abrigues más solo por eso.

Otra duda común de las familias primerizas se refiere a cuál es la temperatura adecuada en el hogar. Por regla general, se aconseja una temperatura de entre 22 y 24ºC durante el día y entre 18 y 20ºC por la noche (teniendo en cuenta que el bebé duerme al abrigo de la ropa de cama o del saco de dormir). Tampoco pasa nada por encender ventiladores y aires acondicionados para conseguirlo, siempre que no den al pequeño de forma directa.

8. Bañarles demasiado

Otro fallo común es bañarles en exceso. Los especialistas lo advierten desde hace tiempo: no es recomendable bañar al bebé todos los días. Dermatólogos, pediatras y matronas llevan tiempo señalando el aumento de las afecciones cutáneas infantiles. El exceso de baño puede reducir las bacterias naturales con que los bebés cuentan y hacerlos más susceptibles a las infecciones y erupciones cutáneas.

Cuando los niños comienzan a gatear, a comer sólidos, a caminar y a tocarlo todo entonces sí requieren bañarse con más frecuencia. Hasta entonces, los bebés no se ensucian ni sudan como un niño o un adulto. No huelen mal y tan solo es necesario mantener limpia y seca la zona del pañal.

 

 

Unas tres veces por semana es suficiente para mantener la correcta higiene de nuestro bebé. Por otra parte, es cierto que también debemos tener en cuenta las necesidades individuales de cada niño. Hay bebés que regurgitan y pueden necesitar el baño antes que otros. También si se les ha escapado el pipí o la caca, o si hace mucho calor… En estos casos, lo más recomendable es usar la menor cantidad posible de productos para el baño y acortar el tiempo de exposición al agua.

9. Llevar a los recién nacidos a lugares concurridos y dejar que pasen de mano en mano

Algunos padres insisten mucho en llevar a su bebé a las grandes reuniones familiares para que todos puedan admirarle. O desean seguir pudiendo salir a cenar o quedar con sus amigos. Sin embargo, los ambientes ruidosos y cargados de gente estresan mucho a los bebés, que necesitan descanso para desarrollarse y crecer, especialmente si son recién nacidos.

Eso no significa que no puedas salir nunca de la casa. Los expertos recomiendan el paseo diario del bebé desde los primeros días de nacimiento. Escoge una zona peatonal amplia o un parque con sombra para disfrutar del aire libre en familia. Una terraza tranquila o un porche cubierto son lugares estupendos para sentarse a tomar algo de forma tranquila con el bebé.

 

 

Dejar que el bebé pase de mano en mano, o incluso que le besen y le toquen sin lavarse las manos, es exponerle a gérmenes y a personas potencialmente enfermas. El sistema inmunitario del niño es débil durante sus primeros meses de vida, y tampoco conviene alterarle durante su descanso.

10. No saber pedir ayuda y no fomentar la corresponsabilidad en la crianza

Muchas madres (sobre todo si somos lactantes), cometemos el error de no delegar en los papás el cuidado de nuestros cachorritos. Como consecuencia, cuando caemos en la cuenta con el paso del tiempo, nos sentimos agotadas y sobrepasadas por el peso de la sobrecarga mental y física.

 

 

Los bebés lactantes suelen pasar la mayor parte del día en contacto con mamá, por lo que la mayor responsabilidad de su crianza puede acabar recayendo sobre la madre durante los primeros meses (¡o años!) de vida. Eso no quiere decir que la pareja no pueda hacer otras muchas cosas con el bebé (como os explicábamos en este post anterior).

Los papás u otras mamás pueden implicarse en la crianza de sus bebés y participar activamente en su vida aunque no den el pecho. Y las mamás no debemos intentar cumplir el rol de la supermamá. Como es un ideal imposible, nos cargamos a nosotras mismas con un peso absurdo e innecesario. Saber pedir ayuda en la maternidad no solo es a veces necesario, sino un gesto muy sabio y completamente sano.

El «así se ha hecho toda la vida» también les perjudica

No caigas en el mayor error de todos: reproducir antiguos patrones de crianza solo porque es lo que se lleva haciendo toda la vida. El cambio es la base del progreso, y ¿qué sería de nosotros como especie si cada nueva generación no fuese capaz de superar a la anterior?

Infórmate antes de decidir qué tipo de madre o padre quieres ser para tu hijo. Si quieres que este venga al mundo en un hospital o en casa, si vas a darle el pecho o el biberón, si quieres dormir con él o mantenerle en su propia cuna, si le vas a dar sólidos o triturados cuando comience su alimentación complementaria, si alguna pedagogía te atrae más que otra…

 

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No caigas en la trampa y el error de los falsos mitos. Sopesa bien los pros y los contras de cada alternativa y elige por ti mismo y misma. Solo tú puedes saber qué es lo mejor para tu pequeño y para tu familia. La maternidad/paternidad es un camino de aprendizaje. Y si te equivocas, no te lo tomes como un fracaso… ¡El error es una fantástica oportunidad de aprendizaje!

Tampoco tengas miedo de las críticas. No te las tomes como algo personal, incluso aunque procedan de tu entorno más inmediato. Simplemente ignóralas. Ni a tu bebé ni a ti os da el aire que respiráis la opinión de los demás. Actúa bajo tu propio criterio y siempre teniendo en cuenta lo mejor para tu hijo y tu familia. Tú eres todo lo que él o ella necesita.

 

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