Cómo combatir la carga mental en la maternidad (sobre todo si eres mamá primeriza)

La carga mental tras el nacimiento del bebé merma la salud de la madre y genera conflictos en la pareja

Nace el bebé, repartimos las tareas de forma equilibrada y hasta hacemos un calendario… Entonces, ¿por qué de repente no llego a todo? ¿Por qué estoy siempre tan estresada? ¿Por qué al llegar la noche, yo estoy revisando la lista de cosas pendientes y mi pareja está viendo una serie tirada en el sofá mientras mensajea con el móvil? El motivo es la carga mental.

Un trabajo que en la familia suele recaer sobre las mujeres, que no es reconocido (ni por ellas ni por sus parejas) y que puede llevar a generar ansiedad, estrés, infelicidad e incluso conflictos en la pareja. Se produce en cualquier hogar, pero es aún mayor tras la llegada de los hijos. En este post vamos a mostrar las señales para reconocer si estamos siendo víctimas de la carga mental y qué hacer para poderla combatirla.

La carga mental estresa a la futura mamá desde antes de concebir

La cabeza de la mujer empieza a funcionar sin parar desde que se planea tener un bebé. Tiene que hacer mil cosas antes de que llegue. Desde ir al ginecólogo para que le recete ácido fólico, hasta analíticas por si tiene alguna enfermedad que pueda transmitir al peque, o mirar en el calendario los días más fértiles para favorecer la concepción. Pero no solo eso, ella incluso analiza en qué mes sería más favorable quedarse embarazada para cogerse la baja en la empresa o por el bien de la familia. Mil y una cábalas… que hacemos solo nosotras.

 

 

Después todas estas gestiones y dudas, llega el ansiado positivo. Vamos a ser padres. Pero de nuevo el peso recae sobre ella. Inicialmente, en todo lo que concierne al parto. Si quiere o no hacer los cursos preparto, si el niño nacerá en un centro privado o público, llevar a cabo los masajes perineales, hacer pilates para embarazadas u otras técnicas para cuidar su salud y la del bebé… y mil cosas más que no están escritas en ninguna agenda, pero que sobrevuelan en su cabeza a lo largo de todo el día.

También suele ser la madre quien hace la maleta para el hospital, se encarga de las cosas imprescindibles para cuando nazca el bebé, escoge la silla a contramarcha para el coche, el cochecito de paseo o la mochila de porteo ergonómico, decide si practicará colecho o usará una cuna… y mil y una cosa más.

 

 

Es el inicio de una carga metal que irá en aumento y que se multiplicará exponencialmente con la llegada del pequeño. Es un momento tan importante de su vida, como el de su embarazo; empiezan a aparecer en la mujer signos de ansiedad, de sobrecarga. Y eso es en lo que concierne al momento del nacimiento, pero ¿y una vez que nazca?

Madre primeriza, recién nacido y carga mental

La maternidad supone un cambio drástico en la vida de la mujer. Con la llegada de un bebé a casa, la rutina de toda la familia sufre un cambio al que hay que acostumbrarse de forma paulatina, gradualmente y con el paso del tiempo. Los nuevos aprendizajes y la dependencia de un bebé del que hay que estar pendiente todo el día, generan estrés y agotamiento.

Los cuidados del recién nacido pueden provocar ansiedad para el cuidador principal (que de nuevo suele ser la madre), que no siempre sabe hacer frente a todos los miedos y dudas que sobrevienen en los primeros momentos. Las emociones sufren altibajos y también se extreman. Se pueden experimentar incluso sensaciones negativas fruto de la inexperiencia de ser madre primeriza (algo completamente natural, no te sientas culpable por ello ¡que no se nace sabiendo!), e incluso padecer una depresión posparto.

 

 

Más tarde, la elección de la escuela infantil también suele recaer sobre nosotras, y de nuevo todo lo que tiene que ver con este tema está detallado en esa «agenda invisible de la madre»: elegir la línea pedagógica más acorde con nuestros valores familiares, preguntar cuántos cambios de pañal hacen en la guardería, si puede llevar la leche materna congelada, si practican el BLW…

Además, somos demasiado exigentes con nosotras mismas… No es fácil pasar por una etapa tan compleja como la de ser madre ¡y pretender que todo salga bien a la primera! Hay que dar un margen al aprendizaje y al crecimiento. Buscar formas para hacerlo mejor, tener tiempo y espacio propios, o apoyarse en los demás puede ayudar a combatir la carga mental de las madres primerizas. Pedir ayuda en la maternidad a veces no solo es necesario, sino totalmente recomendable.

¿Pero qué es exactamente la carga mental y cómo funciona?

«Cariño, nos vamos a pasar el fin de semana a la playa. Nos va a venir bien», te dice tu pareja. Tu cerebro tarda un segundo en empezar a bullir: «No he comprado los pañales para el agua, hay que comprar crema de protección para el bebé, si llegamos tarde no habrá para cenar, hay que comprar maíz en lata, pero también kiwis para que no se estriña la peque…» y tu pulso empieza a acelerarse.

 

 

Esto es lo que implica la carga mental. Se trata de la función de organización, programación y decisión que asumen las mujeres en la pareja, sobre todo relacionadas con el entorno doméstico, y que se multiplica con la llegada de los hijos.

Se trata de un esfuerzo no físico y consciente que se realiza para conseguir un objetivo. Es decir, el esfuerzo mental para analizar la información, sopesar pros y contras, tomar decisión y realizar las tareas necesarias para conseguir el objetivo.

Aunque parezca una definición muy técnica, se trata de toda esa lista de cosas que apuntamos en la agenda (física o mental) con cosas pendientes, recordatorios, actividades ineludibles que pueden estar relacionadas con el trabajo, los amigos y, sobre todo, con el hogar y los niños.

 

 

La ONU estima que las mujeres realizan al menos dos veces y media más trabajos y cuidados domésticos que los hombres. Es una realidad que el hombre se ha incorporado poco a poco a las tareas del hogar, pero la mujer sigue siendo la que dirige dichas actividades. Y eso es lo que crea la carga mental. Ese peso invisible que crea el esfuerzo mental constante, sin descanso, para que todo funcione y sobre todo desde que llegó el bebé.

Una marca de productos para el hogar, Procter & Gamble, realizó una encuesta a 2.400 personas que dio resultados clarificadores sobre la carga mental. Concluyó que el 63% de las mamás españolas afirma que todos los días tienen en mente un listado infinito de cosas por hacer, frente al 25% de padres.

 

Padres hippies

 

Además, un 87% de las madres se pintan como las principales responsables de que todo fluya adecuadamente en la casa, y un 69% reconoce que sus parejas colaboran, pero que hace falta pedírselo. Según el estudio mencionado, el 84% de mujeres afirma haber padecido alguna vez estrés debido a las tantísimas cosas que tiene que hacer y en las que tiene que pensar. Y ni te cuento si, además de todo esto, teletrabajamos en casa para poder conciliar.

¿Cómo saber si sufrimos esta carga mental?

A veces, la pareja detecta el problema antes que la persona que lo padece: “es que ella no para, está todo el tiempo dándole vueltas a la cabeza, no para ni un segundo. Se acuesta y dos horas después, cuando creo que está dormida, me llega un mensaje al WhatsApp con un listado de cosas por hacer para el día siguiente. ¡Pero si me habías dicho buenas noches y te habías ido a la cama! No descansa nunca… Esto aumentó desde que decidimos ser padres.”

 

 

Estar todo el tiempo de mal humor y saltar por cualquier cosa, olvidos y despistes, fuertes dolores de cabeza y de estómago… Existen señales que nos pueden indicar que somos víctimas de esta sobrecarga mental. A las anteriormente expuestas se pueden añadir: cansancio duradero, sensación de no llegar nunca, tristeza constante, sentirse cada vez más lejos de la pareja o incluso estar enfadada con ella.

Al ser silenciosa es doblemente pesada

Los datos indican que aunque en España 3 de cada 4 mujeres sufre carga mental, un 40% de ellas desconoce el concepto y el 45% nunca ha hablado con nadie de este asunto. Al no ser consciente del problema, ni se valora el sobresfuerzo ni se puede buscar soluciones a esta carga.

Teniendo en cuenta los datos del estudio de Procter & Gamble, se realizó un experimento donde se mostraba a la pareja no solo lo que es la carga mental, sino la sobrecarga que sufren las mujeres:

 

 

Uno de los grandes problemas es que hay una falta de conciencia. Es más, el 46% de las parejas afirma que comparten las labores domésticas, pero si cada uno de los miembros anota sus labores la diferencia es aplastante. Es más, las dos partes se sorprenden de los resultados. El 91% de las mujeres no solo ejecuta las tareas, sino que además las planifica.

Grandes desequilibrios y graves problemas de pareja

Esta disparidad de cifras en la responsabilidad final de las tareas y del cuidado de los hijos puede llegar a producir un alejamiento entre los miembros de la pareja. Una separación que en muchos casos se produce justo después del alumbramiento. Aunque desde que vas a ser madre ya empieza esta carga mental, es tras el parto cuando las diferencias se agudizan.

 

 

Es cierto que la situación social tampoco ayuda. El 58% de las mujeres ha hecho algún tipo de renuncia (ya sea excedencia, reducción de jornada, cambio de puesto de trabajo o incluso dimisión de este) en su carrera profesional tras ser madre. Sin embargo, pocos hombres se lo plantean.

Tan solo un 6,2% de los hombres sufre estas limitaciones. Por educación, por motivos culturales o por las diferencias laborales y salariales son ellas las que abdican cuando llega el bebé. Todos estos cambios pueden ser insalvables en una pareja cuando son padres si no se toman las medidas necesarias.

¿Cómo poner fin a la carga mental en la maternidad?

La carga mental se puede combatir repartiendo no solo tareas, sino también responsabilidades; aprendiendo a delegar y manteniendo siempre una comunicación honesta con nuestra pareja, entre otras cosas.

Invertir los papeles

Pensar en lugar de hacer. Cada vez más hombres se encargan de tareas domésticas, pero no se anticipan a esa responsabilidad. Se convierten en “pinches” en lugar de en compañeros en igualdad. Es necesario que ellos también asuman el papel de gestión en lo que tiene que ver con el bebé.

 

 

No es lo mismo ir al supermercado o pedir cita al pediatra que saber qué hace falta en cada momento, según las necesidades de cada familia, y estar pendiente de ello. Es decir, hay mucha diferencia entre el trabajo físico y el mental. Por eso es necesario entender esto, y hacer un reparto no numérico de la carga que exige cada actividad.

Crear comisiones por tareas

Inicialmente lo mejor es repartirlas por gustos y también por destrezas. Pero si eso significa que uno se encarga siempre de los asuntos médicos y eso implica recordar fechas, pedir las citas, conocer el historial del niño, darle el tratamiento…

La carga mental aumenta cuando el hombre realiza solo las funciones si se le pide. Es necesario que cada uno sepa cuáles son sus obligaciones sin que el otro se las tenga que recordar, sin que haya que supervisarlas y cooperando siempre entre ambos. Cada uno se responsabiliza de las comisiones asignadas, y el otro se libera de ellas.

 

 

La ilustradora francesa Emma Clit materializaba este conflicto en el cómic “No me lo has pedido”, que se hizo viral y ha servido para identificar esta inadvertida carga mental.

Trabajo no igualitario, sino equilibrado

Consecuencia de los puntos anteriores es que el reparto numérico no siempre es el más equilibrado. Evidentemente, no es lo mismo encargarse de ir al supermercado cada día que dormir cada noche al bebé. La carga es distinta. Por tanto, o la actividad de mayor esfuerzo mental respecto a los niños se corresponde con dos tareas de menos carga, o se turna si ambos progenitores coinciden en que supone una carga mayor que otras tareas. Para esto también es importante saber delegar.

 

 

 

Y es mejor no dejar hecha la lista. Si alguien va a hacer la maleta del fin de semana para el bebé que haga la lista. Si te vas al gimnasio para desconectar no tienes que dejar la merienda del niño preparada. Si él lleva al pequeño al médico, no tienes que dejarle apuntado lo que le tiene que decir o preguntar… Se puede hablar y recordar juntos, pero no debe ser un encargo cerrado.

Buscar tiempo para ti

Es necesario desconectar para seguir en la carrera. Hay que apuntar en ese listado de cosas obligatorias momentos de descanso, de desconexión, de cuidado de una misma… como antes de que llegara el bebé. El ejercicio, dormir bien, la relajación y una buena alimentación también son imprescindibles para salir de la sobrecarga mental.

 

 

Reuniones periódicas para medir el bienestar familiar

Se deben fijar reuniones (aunque sean mensuales y de 10 minutos), para ver si las cosas van bien o hay que modificarlas. Es muy importantes que no sea siempre la misma persona la que recuerde o fije la reunión, sino que esto se lleve a cabo de forma alternativa.

 

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Todo esto solo será posible si destruimos las cadenas que nos atan. Si no rompemos los patrones impuestos, si no dejamos de autoexigirnos tras la maternidad, las cosas no cambiarán. Mientras luchamos para conseguir el cambio nos tenemos que recordar que los días no tienen más de 24 horas, afortunadamente.

 

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