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Maternidad y paternidad: experiencias diferentes pero compañeras de viaje

Las madres merecemos un permiso de maternidad digno y lógico; los padres, también

A la guerra de madres que lleva tiempo llenando las redes sociales de encarnecidos debates en los que pareciera que se establece una competición por demostrar quién es la mejor madre del mundo a costa de juzgar las decisiones de las demás, se ha sumado una nueva guerra: la de madres contra padres.

La propuesta de ampliar el permiso de paternidad en España a dieciséis semanas, igualándolo así con el permiso de maternidad, ha encendido la mecha y cada quien ha echado al fuego sus argumentos. Debate que, en la mayoría de los casos, es tan interesante como necesario y enriquece a todas las partes; cuando se mantiene la única norma esencial en cualquier discusión: el respeto, que no está reñido con la pasión.

La maternidad y la paternidad no son lo mismo. Aunque sea una obviedad, no está de más poner el acento en las diferencias biológicas porque son las que marcan las necesidades del bebé y sus progenitores en su primera etapa juntos.

El permiso de maternidad actual en España permite transferir 10 de las 16 semanas al padre, considerando las 6 primeras semanas tras el parto intransferibles. La razón cae por su propio peso. Cuando la maternidad llega a través de un embarazo, es la madre quien gesta y quien pare, por lo que necesita ese tiempo -y a menudo mucho más-, para permitir que su cuerpo se recupere de ambos acontecimientos

Son procesos naturales en la vida de una mujer, tanto el embarazo como el parto, pero requieren de un tiempo de recuperación mínimo incluso cuando no surgen complicaciones de ningún tipo. Esa medida atiende solo a las necesidades físicas propias de una mujer tras un parto.

Pero, ¿y las necesidades del bebé que acaba de nacer?

La naturaleza de los seres humanos es la que es y un bebé recién nacido necesita, en primer lugar y de manera prioritaria a su madre por dos motivos.

1. La exterogestación

Los humanos nacemos muy inmaduros. A diferencia de otras especies mamíferas, cuyas crías pueden caminar y alimentarse por sí mismas a las pocas horas de nacer, las crías humanas dependen del cuidado de los adultos durante mucho tiempo. Y las madres somos su único mundo conocido.

Han permanecido dentro de nuestra matriz nueve meses, conocen nuestra voz, nuestro latido… y el mejor sitio donde pueden estar una vez que nacen, para sentirse seguros mientras siguen madurando, es sobre nuestro cuerpo.

 

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Aún me emociona recordar cómo mi hija, recién nacida, aún en el paritorio, en brazos de su padre (porque estaban intentando cortar una hemorragia y no podía estar sobre mí), lloraba con fuerza. Su padre me la acercaba y yo le hablaba; y al escuchar mi voz, paraba de llorar bruscamente y movía los ojos, alerta, buscándome, como lo que era, un cachorro asustado que buscaba con todos sus sentidos lo único en el mundo que conocía y que le podía aportar seguridad y calma: su madre.

Es una realidad que, hoy en día, existen muchos tipos de familia y, en ausencia de la madre gestante, sea cual sea el motivo por el que no está presente, es importante que otra persona asuma la función de cuidador/a principal. Los bebés pueden establecer un vínculo y una relación de apego seguro con otra persona; pero su naturaleza, como crías mamíferas que nacen inmaduras es la de necesitar a su madre.

2. La lactancia

La lactancia materna no es una obligación para la madre pero debería ser un derecho para los bebés. Todos los organismos sanitarios oficiales españoles e internacionales recomiendan que los bebés sean alimentados con lactancia materna exclusiva a demanda durante los primeros seis meses de vida.

Lo hacen porque hay estudios científicos que demuestran que, además de ser el alimento natural de nuestra especie, es el alimento más saludable que pueden recibir y privarlos de él puede entrañar, en ocasiones, riesgos para la salud.

 

 

Se trata, por lo tanto, de una cuestión de salud. Si una madre no quiere o no consigue dar lactancia materna a su hijo nadie debería juzgar una decisión que es absolutamente personal y libre de cada mujer. Pero, del mismo modo que se recomiendan las vacunas aunque no sean obligatorias y el sistema sanitario garantiza que todos los bebés puedan ser vacunados si sus padres así lo deciden, debería garantizarse que si la madre quiere dar el pecho a su hijo pueda hacerlo siguiendo las recomendaciones de los organismos oficiales en materia de salud.

Lactancia materna exclusiva a demanda durante los primeros seis meses de vida. A demanda significa cada vez que el bebé quiera. En la práctica esto implica que mamá esté siempre disponible. La incorporación al trabajo a las 16 semanas del parto dificulta bastante esta cuestión. Este es el motivo por el que muchas personas, entre las que me incluyo, pensamos que aumentar la baja maternal, como mínimo, hasta los seis meses, debería haberse priorizado.

¿Por qué aumenta el permiso de paternidad en vez de aumentar el de maternidad?

Pues desconozco los motivos políticos, si los hay; pero imagino que tiene mucho que ver con que vivimos en un mundo en el que los niños, en general, son poco tenidos en cuenta y se da prioridad a las necesidades de los adultos. Aun así, este aumento del permiso de paternidad tiene beneficios para las tres partes:

  • Para los padres: que podrán pasar más tiempo con sus bebés y comenzar a crear el vínculo con ellos.
  • Para las madres: que podrán estar acompañadas por su pareja durante más tiempo y que, a la larga, se encontrarán con menos trabas laborales asociadas a la maternidad, al igualarse el tiempo de permiso de ambos progenitores.
  • Para los bebés: que, en ausencia de la madre, con quien mejor pueden estar es con su padre ya que es la figura de apego que tendrán, por naturaleza, después de la exterogestación (aunque se establece que el periodo de exterogestación es de cerca de 9 meses).

Los padres son parte del equipo

Queda claro que los bebés, al nacer, necesitan a su madre como cuidadora principal y esto será así durante muchos meses hasta que se vayan adaptando a su nueva vida extrauterina. Pero eso no resta importancia al papel del segundo progenitor, cuando lo hay.

 

Permiso maternidad

 

Existen un sinfín de cosas de las que hay que ocuparse además del cuidado directo del bebé. Cuando nació mi primera hija, por circunstancias familiares, su padre pudo estar en casa durante más de un año. Él sabía que nuestra hija me necesitaba a mí más que a él en esos primeros meses, por eso se ocupaba de todo lo demás: de las comidas, de la casa, de las compras, del papeleo… pero también de tenerla dormida sobre su pecho mientras yo comía o me daba una ducha.

Y cuando llegó el momento de incorporarme a trabajar, nuestra hija tenía más de siete meses (fuimos muy afortunados, lo sabemos), yo agradecí profundamente que el único cambio en su vida fuera que mamá se ausentaba unas horas, porque sus rutinas, su espacio, su mundo seguía siendo el mismo.

Y su padre no era un extraño para ella, existía un vínculo precioso entre ellos aunque no fuera aún comparable con el que tenía conmigo. Con el tiempo, ese vínculo ha crecido y ella sabe que puede contar con mamá y con papá para lo que necesite.

Con mi segundo hijo no fue tan fácil la historia. Su padre tuvo un mes y medio para estar con nosotros uniendo permiso y vacaciones y, lógicamente, tampoco estaba en casa ya cuando me tuve que incorporar a trabajar. Cuánto eché de menos esa liberación de poder dedicarme solo a maternar, ese refugio y ese cuidado que él nos brindaba.

Que el permiso de paternidad se amplíe favorece que los padres pasen más tiempo con sus hijos, que creen ese vínculo que les unirá por siempre, que se “enamoren” aún más de esa criatura que ha venido para ponernos la casa y la vida patas arriba, que se sientan parte del equipo desde el principio.

Es cierto que los cuidados se han asociado históricamente de manera exclusiva a las mujeres. No es ni justo ni positivo para nadie. Escucho, a menudo, quejas sobre padres que no se implican en la crianza y educación de sus hijos: que no se encargan de las citas médicas, ni de asistir a las tutorías del colegio, ni de… y es cierto que, como sociedad, queda mucho por hacer en este sentido.

Habrá hombres que no sepan qué hacer con 16 semanas de permiso y se vayan a jugar al fútbol con los amigos como habrá mujeres que si ampliaran el permiso maternal a seis meses dejarían al bebé un rato en la “guarde” para ir al gimnasio.

 

Permiso maternidad

 

Probablemente más de los primeros que de las segundas, sí; los cambios sociales no se producen en dos días y hasta antes de ayer, como quien dice, a muchos padres les sobraba con los dos días de rigor para dar de alta al niño en el registro civil. Pero cada vez son más los padres que quieren vivir su paternidad de manera consciente y que se ocupan de la crianza de los hijos.

Cuando alguno de mis hijos prefiere estar con su padre en alguna situación pudiendo estar conmigo solo puedo pensar “¡Qué suerte tenemos todos!”. Mis hijos, que tienen dos figuras de apego seguro para elegir. Su padre, que disfruta de ese vínculo maravilloso con ellos. Y yo, que puedo ausentarme sin sentir que se acaba el mundo si me voy.

Las madres somos imprescindibles para ellos en la primera etapa de sus vidas y seguiremos siendo un pilar fundamental para siempre. Luchemos para que el permiso maternal sea digno y respetuoso con nosotras y nuestros hijos y no nos obligue a separarnos de manera precipitada cuando aún nos necesitan tanto.

Pero no erremos el objetivo. Los padres también forman parte del equipo, estamos en el mismo barco. Maternidad y paternidad no deberían estar enfrentadas; de la mano, haciendo equipo, se hace menos cuesta arriba el camino y vamos cambiando el mundo poco a poco. Sin prisa, pero sin pausa.

 

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