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Cuidarnos para cuidar

La mejor versión de ti puede depender de que tengas ratos también para ti

El desayuno, el colegio, recoger la casa. La reunión de trabajo, el pediatra, llevar a la niña a la fiesta de cumpleaños de su amiga. Tengo que coger cita para la peluquería (luego). La compra, la revisión del coche, poner la lavadora. Vámonos al parque, pagar la excursión, la vacuna del niño. Necesito un masaje (luego). Hacer el cambio de ropa, poner las lentejas, planchar la colada. Quiero ir a tomarme una cerveza con mis amigas (luego). La hora del baño, tirar la basura, un cuento antes de dormir. ¿Cuánto hace que no vamos al cine solos? (Luego).

Cuando “luego” no llega

Mamá, papá, luego es tarde. Luego acabamos gritándoles porque tenemos el vaso de la paciencia desbordado. Luego estamos demasiado cansadas para sonreír mientras los bañamos. Luego acabamos sintiéndonos culpables porque les hemos reñido por cualquier tontería sin importancia.

Nos han vendido una imagen de madre abnegada en la que la cantidad de renuncias y sacrificios es directamente proporcional a la calidad de la maternidad. Especialmente a las madres, que se nos presupone la capacidad de entrega absoluta, lo que en muchos casos se convierte en un sentimiento de culpa cada vez que nos dedicamos un tiempo a nosotras mismas.

Y acabamos en la cena de empresa sintiéndonos culpables porque deberíamos estar en casa leyéndoles el cuento antes de dormir.

Desde la teoría nos sabemos al dedillo eso de que las mujeres no solo somos madres; que tenemos derecho a desarrollarnos profesionalmente y a tener vida personal y social; pero en la práctica, parecen emerger como fantasmas todos esos aprendizajes que nos han calado a base de tanto escucharlos: “Una madre da la vida por sus hijos”.

Pero la realidad es que para cuidar es imprescindible cuidarnos, porque si nosotras no estamos bien, no podemos atender bien a nuestros hijos. La crianza es una de las experiencias más bonitas que muchas de nosotras vivimos, pero es extenuante; y oxigenarnos es imprescindible para recuperarnos del desgaste que supone.

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No importa si quedas para tomar un café con una amiga, te apuntas al gimnasio o sales a cenar con tu pareja; tampoco pasa nada si decides dedicarte en cuerpo y alma a cuidar, es un instinto natural sobre todo durante el puerperio y la exterogestación.

Pero cuando van creciendo, cuando son más mayores, cuando mamá ya no está para ellos en el centro de todo, si el cuerpo te pide dedicarte un ratito para ti misma de vez en cuando, no te sientas culpable.

Por qué debes cuidarte para poder cuidar

No creo que sea necesario explicarlo, porque cae por su propio peso, pero estos argumentos pueden acabar por hacerte ver la importancia de lo que explico:

Eres un ser completo

La maternidad es una experiencia increíble y transformadora. Tu vida no vuelve a ser igual que antes de ser madre, ni falta que hace; pero eso no implica que todas tus inquietudes personales desaparezcan. Nuestros hijos no deberían cargar con la responsabilidad de llenar nuestra vida al 100%.

Nosotros decidimos tenerlos y debemos acompañarlos durante su infancia, pero al igual que sus vidas son suyas, tampoco nuestra vida les pertenece a ellos, aunque durante unos años nos necesiten tanto que casi no quede espacio para nada más.

Mejor mucho tiempo y de calidad

No vamos a caer en la locura de pensar que lo importante es solo la calidad de la atención y que basta con un par de ratitos a la semana. Nuestros hijos necesitan que estemos presentes en sus vidas, en su día a día, que seamos su guía en el camino; pero también necesitan que estemos bien porque si estamos cansadas, estresadas e irritables, no podremos estar al 100% para nada ni para nadie, tampoco para nuestros hijos.

Sabemos que la crianza es un trabajo agotador y dedicarnos un poco de tiempo para nosotras mismas nos ayuda a recargar las pilas y volver a casa con mucha más energía para estar bien con los peques. Así que si eres de las que se siente culpable cada vez que se aleja un rato de sus hijos, ya sabes que, en realidad, al cuidarte los estás cuidando también a ellos, que tendrán a una mamá más serena y con más energía cuando vuelvas.

El modelo de mujer que ofrecemos importa

Cuidarnos

Si no queremos perpetuar la idea de la mujer como cuidadora universal por naturaleza no basta con que los padres se impliquen en la crianza; tendremos que permitir que nuestras hijas y nuestros hijos vean que además de madres somos profesionales, amigas, compañeras… lo que nos apetezca ser; y que tenemos aficiones e inquietudes más allá de la maternidad.

No podemos olvidar que somos su referente y el ejemplo que le damos siempre cala más que lo que les digamos. De nada sirve que les digamos a nuestras hijas que se desarrollen y sean mujeres libres y felices si el ejemplo que les damos es el de una mujer que se siente mal por dedicarse un poco de tiempo a sí misma.

Cuidarte enseña educación emocional

Todos queremos cubrir las necesidades de nuestros hijos, hasta el punto de que, en ocasiones, las anteponemos tanto que desoímos nuestras propias necesidades. Es sano para nuestros hijos que escuchen de vez en cuando “ahora necesito descansar un rato, luego juego contigo”. Si hablamos de nuestras necesidades y nuestras emociones con nuestros hijos, les enseñamos a hacer lo mismo con las suyas. Y cómo manejar esas emociones también forma parte del aprendizaje vital.

Si no nos cuidamos, la pareja se resiente

Llevas toda la semana atendiendo a los niños, sacando el trabajo adelante, poniendo lavadoras… has pospuesto el café con las amigas porque coincidía con una reunión del colegio… estás deseando que llegue el padre de las criaturas para poder darte una ducha y desconectar 15 minutos, pero llega y… te dice que se va al gimnasio.

¿Por qué? ¿Contra quién vas a descargar todo el cansancio acumulado? La diferencia fundamental es que a él no lo “programaron” para ser únicamente cuidador, probablemente, ni siquiera lo prepararon para cuidar a nadie.

El trabajo de esta generación de padres conscientes es precisamente romper esa “herencia” y participar de la crianza. ¡Y muchos lo están haciendo genial! Rompamos también nosotras con el rol aprendido y dejemos de renunciar a cuidarnos.

Cómo puedes empezar a cuidarte más

Es probable que te cueste, si no lo has hecho hasta ahora. Quizás hasta sientas que te traicionas, o a tus hijos. Como digo, todo depende de en qué punto estés, y en qué punto estén ellos, que no es lo mismo hablar de un bebé muy dependiente, que hacerlo de un niño con cierta autonomía que ya puede pasar ratos con otras personas. Algunas ideas para cuidarnos puede ser:

Establece un tiempo diario para dedicarte a ti misma

Por pequeño que sea ese tiempo. Pueden bastar 10 minutos. Asegúrate de que en ese tiempo los niños estén atendidos por otro adulto o aprovecha cuando estén dormidos si se acuestan temprano y te queda energía. No lo hagas coincidir con una necesidad básica como el momento de la ducha. Puedes escuchar música, leer… que sea tu momento de desconexión.

Apúntate a alguna actividad semanal que te guste

Puede ser ir al gimnasio, pintura, danza… ¡lo que sea que te apasione y que te apetezca hacer!

Haz un plan especial de pareja aunque sea una vez al mes

Volver a miraros a los ojos y hablar de vuestras cosas, sin cambiar un pañal ni limpiar una nariz mientras tanto, os ayudará a recargar las pilas y no olvidar el vínculo que os unía ya antes de la aventura de ser padres. ¿Una cena? ¿Un cine? ¿Una ruta en bici? ¡Lo que os apetezca!

Nadie puede decidir por ti cómo vivir tu maternidad. Pero si sientes que necesitas dedicarte algo de tiempo no te sientas culpable, mamá. Recuerda que para cuidar es imprescindible cuidarse.

Cuidándote también estás cuidándolos.

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