Síndrome de Wendy: Cuando se asumen roles de madre sacrificada y perfecta, y se sobreprotege a los hijos

Factores sociales y culturales inducen a muchas mujeres a asumir ese rol que en muchos casos esconde el miedo a ser rechazada

Artículo publicado el 29 Oct 2021 - Este artículo ha sido revisado y actualizado con fecha 29 octubre, 2021

Se conoce popularmente como síndrome de Wendy a la necesidad de una persona (normalmente una mujer) de satisfacer en todo a otra, generalmente a su pareja y, luego, a los hijos/as. Esa necesidad la lleva a olvidarse de sí misma y centrarse en el otro. Y lo hace buscando aceptación y por miedo al rechazo.

En el caso de la maternidad, se vuelcan tanto en los hijos, que se acaban convirtiendo en madres sobreprotectoras. No se trata de una patología clínica e incluso algunos psicólogos no están de acuerdo con la existencia de este síndrome como tal. Por ejemplo, Mamen Bueno, la psicóloga del equipo de Criar Con Sentido Común, es tajante: “Yo no creo en ese síndrome”.

Pero sí en que ese ideal de madre perfecta y sacrificada que está relacionada conconductas premiadas o dirigidas social y culturalmente. Y que han promovido ciertos comportamientos condicionados por cuestión de género. En la mujer, una presión social en el cuidado y la disponibilidad total a los demás. Y en el hombre comportamientos más dirigidos en procurar el sustento del hogar”.

 

 

¿Qué es el Sindrome de Wendy?

Es un concepto contrapuesto al síndrome de Peter Pan que surgió a raíz de un libro homónimo del psicólogo Dan Kiley, escrito en 1983. Este hace referencia a aquellos adultos que se niegan a madurar (y quieren seguir siendo jóvenes, sin responsabilidades ni obligaciones). Mientras el complejo o síndrome de Wendy, al que este mismo autor le dedicó otro libro, hace referencia a la mujeres que se convierten en “madres” de sus parejas.

¿Pero por qué una mujer querría convertirse en madre de su pareja? No tiene nada que ver con algo natural ni innato (¡solo faltaba eso!). Más bien está relacionado con la educación, con entorno social, con los estereotipos del amor romántico… Y también con las heridas emocionales de la infancia.

 

 

Si una persona ha experimentado de pequeña abandono y soledad; o le ha faltado afecto, compañía y protección, esto puede marcarla y convertirla en alguien con dependencia emocional. También el miedo al rechazo puede estar relacionado con una experiencia de no aceptación por parte de su familia o entorno durante la infancia.

Y con la llegada de los/as hijos/as esa entrega se puede agudizar y hacer que se enfoquen todas las energías en ellos. Hay “condicionantes familiares y socioculturales”, indica Mamen Bueno. “Son personas que han estado en ambientes familiares y/o sociales en los que se primaba o incentivaba ese tipo de comportamientos. O bien de pequeños les obligaron a asumir un papel de responsabilidad muy prematuro, por parte de padres negligentes, muy estrictos o simplemente enfermos”.

 

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Otros factores que nos llevan hacia el ideal de madre perfecta

Creamos o no en el síndrome de Wendy, lo cierto es que a la infancia, el entorno y el contexto social, también se suman otros dos conceptos que todas las mujeres sentimos alguna vez: la culpa y la carga mental. Se nos sigue enseñando y transmitiendo el rol de que las mujeres debemos ser cuidadoras y asumir toda la responsabilidad del hogar y, aunque nos rebelemos, nos sigue costando enormemente compartir esa carga y no sentirnos culpables por ello.

Y se nos juzga continuamente, incluso por otras mujeres. Así que al final nos auto-convencemos de que para eso hemos nacido, para cuidar a los demás y que, además, eso nos hará inmensamente felices y no habrá nada en nuestra vida más importante.

 

 

Y lo cierto es que no, aunque la imagen que se siga exponiendo en redes sociales, medios de comunicación o películas es ese: una mujer maravillosa que ha encontrado el amor de su vida, aunque de vez en cuando la haga sufrir; comprensiva, con tiempo para sus hijos, para estar guapa para su pareja y, por supuesto, tener la casa impoluta, además de tener un buen trabajo donde una es bien considerada.

Así que, sumamos a la coctelera, la infancia, la educación, la presión social, la imagen estereotipada y las características de cada persona y aparece ese tipo de madre, que responde de inmediato al hijo que llora, accede siempre y evita cualquier conflicto, y sobreprotege de tal forma, que siente resentimiento y vuelca toda la frustración en los/as hijos/as cuando estos quieren volar solos. Y eso tiene consecuencias para la mujer y para los hijos.

Cómo superar el síndrome de Wendy

Quienes aceptan este concepto de síndrome de Wendy hablan de ciertos comportamientos: suelen ser personas sumisas, se sienten esenciales, evitan los conflictos y molestar a los demás. Incluso llegan a asumir la responsabilidad y piden disculpas por cuestiones en las que no deberían. Protegen excesivamente a los demás y sienten esa necesidad de cuidar a otros.

Es muy posible que la mayoría de mujeres se hayan sentido un poco como Wendy en algún momento de su vida (independientemente de la maternidad), aunque la diferencia sería que quienes tienen el síndrome tienen un miedo real a ser abandonadas y no cumplir con las expectativas (las de los demás y las auto impuestas).

¿Cómo se puede neutralizar esos comportamientos? Lo primero es saber decir no y poner límites. No hay que sentirse culpables por ello. También sería importante respetar los espacios y, sobre todo, practicar el autocuidado.

 

 

Tenemos que querernos si queremos querer bien a los demás. Hacer cosas que nos gustan, pasar tiempo dedicados a nosotras y no sentir que estamos traicionando a nadie ni que somos unas egoístas sin sentimiento. Y para ello, hay que repartir las responsabilidades con la pareja.

En cualquier caso, si te sientes identificada con el personaje de James Matthew Barrie o sientes que no llegas a todo y eso te hace sentir mal, deberías pedir ayuda. En la Tribu de CSC, nuestras profesionales pueden orientarte en este sentido, y también puedes compartir tu situación con otras madres que se sientan igual y escuchar sus experiencias.

Evitar la sobreprotección de nuestros hijos

Como decía antes, ser una madre perfecta y asfixiante también tiene consecuencias para los hijos. Hay que protegerlos, por supuesto, es algo instintivo, y también establecer límites con respeto; pero también dejarles libres para que aprendan, para que se equivoquen, para que lo intenten las veces que sean, para que crezcan, en definitiva, y sean felices. Si los sobreprotegemos y no les dejamos tomar las riendas de su vida, se convertirán en personas inseguras y dependientes que serán incapaces de desenvolverse por sí mismos/as.

Así que hay que dejar que sean independientes, que hagas cosas por sí mismos (aunque sean el mero hecho de elegir su ropa para ir al colegio), permitirles explorar el mundo y animarles a ello, fomentar su autonomía pero dejándoles claro que estaremos siempre a su lado cuando nos necesiten. Y cuando nos sintamos tentadas en volcar nuestras expectativas en ellos/as, pararnos en seco. Nuestros hijos no son extensiones nuestras, sino personas con el mismo derecho a ser respetadas que los/as adultos/as.

 

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Recuerdo que cuando nació mi primera hija me sentía horriblemente preocupada por todo lo que yo hacía con respecto a ella. Pensaba que cualquier error mío podría ser fatal y tendría consecuencias cuando creciera. Pero, luego, comprendí que de los errores se aprende probablemente más que de los aciertos y que las dos teníamos que hacer este camino juntas, pero cada una en su lado de la travesía.

 

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