Día de la Madre: Tiempo para mí misma, el mejor de los regalos

Las trampas de la maternidad: la "conciliación" y la autoexigencia

La primera vez que pude volver a ducharme sola fue más de tres años después de que mi hijo naciera. Ni joyas, ni ropa, ni flores, ni perfumes. En el Día de la Madre, el mejor regalo es tener tiempo para mí.

Seguro que te suena…

Eres mujer, y madre. Quizás eras plenamente consciente de lo que esto suponía, o quizás no; pero el caso es que has tenido que reinventarte en muchas facetas de tu vida para poder «conciliar», porque querías ser una madre presente. Y lo eres. Quizás trabajas FUERA de casa; o has cambiado de profesión, o de categoría laboral, o trabajas menos horas, o pediste una excedencia, o trabajas DESDE casa. Tal vez trabajas DENTRO de casa… Sea como sea, eres madre. Y trabajas. Y cuidas

A lo mejor has solicitado una reducción de jornada. O has cambiado tu trabajo por otro menos cualificado, porque resulta menos estresante en esta época de tu vida, y de la de tus crías. Puede que hayas aceptado un puesto de menor categoría, con peores condiciones y salario, porque tu prioridad ahora es buscar el mejor horario posible para poder criar.

 

 

O quizás decidiste dedicarte por un tiempo solo a los tuyos, a tu familia, porque tus peques te necesitan, ahora más que nunca, y estás contenta de la decisión tomada, pero a veces te sientes atrapada entre las cuatro paredes de tu casa, sin apenas más vida social que los encuentros con otras madres a la salida del cole o en el parque por las tardes, repitiendo todos los días las mismas conversaciones: niños, mocos, colegios, métodos de crianza… Sin acordarte apenas de si ese día te has lavado o no la cara, y con el pelo recogido siempre en una coleta, soñando con el momento de tener un rato libre para ir a la peluquería a teñirte las canas… o para leer, o para dormir. O para no hacer nada.

O quizás, como yo, hayas intentado trabajar desde casa y hayas acabado estando para todo y para todos… excepto para ti misma. Y puede que, como yo, a veces te sientas mal porque no llegas a todo, porque no te explicas cómo otras madres sí llegan (¿lo hacen?), y te comparas, porque te comparan. Y te auto-exiges, como yo también lo hago, esperando estar a la altura de lo que todos esperan, y causar impresiones que no durarán en personas que no nos importan. 

 

 

Hayas hecho lo que hayas hecho, seas como seas; seguro que te haces el moño cada día sin mirarte al espejo, con un peine de opiniones ajenas que te restan seguridad y confianza, que te hacen sentir juzgada, como si la maternidad llevase a juego una diana invisible, colocada en la frente.

La trampa de la «conciliación»

Como muchas otras madres en la actualidad, pertenezco a ese grupo de mujeres que ha caído en la trampa de la «conciliación». Y me fastidia tener que escuchar constantemente la misma cantinela cuando me atrevo a quejarme, cuando cometo la tremenda osadía de protestar: «pero mujer, ¡seguro que te compensa!». 

Pues NO. Es casi imposible no sentirse culpable cuando pronuncias la palabra «no» y, al mismo tiempo, que liberador resulta: No, no, no, no, no. Nada compensa los sacrificios que haces, nada compensa a todo lo que renuncias. En la vida se toman decisiones y de una forma tienes unas cosas y de otra, otras. ¡Pero qué injusto que casi siempre seamos las mujeres quienes hagamos los sacrificios!

 

 

Sí, elegir a veces es un sacrificio. Incluso aunque se haga por amor. Incluso aunque echando la vista atrás volvieras a cometer todos y cada uno de los errores que ahora identificas solo por llegar al instante presente, en el que tu peque te sonríe, y te llama «mamá». Pero pasar a ser «la mamá de» (a veces incluso perdiendo tu propio nombre por el camino) puede resultar extenuante… No te sientas mal si te sucede. Si te molesta. Si estás cansada.

Amas a tu hijo-a. Es tan obvio que eso queda siempre fuera de toda duda. Yo no voy a juzgarte. Pero parece que tu amor sí es juzgado por muchos, poniendo en duda tu grado de dedicación en sus comentarios, cada vez que dices que echas en falta tener más tiempo, más espacio… solo para ti. Parece que cada vez que necesitas dedicarte tiempo, practicar un hobby, emocionarte con un trabajo que te llena… inmediatamente tienes que empezar a justificarte

 

 

Los padres que «ayudan» son unos padrazos, las mujeres tenemos «suerte» cuando contamos con uno de ellos. Pero, en cambio, a las madres se nos presupone «cuidadoras», una labor invisible, que no está pagada, no se compensa de ninguna forma con nada y a veces resulta de lo menos gratificante. Y, además, tienes que seguir siendo «productiva», como si criar no fuera labor suficiente, como si con ser el centro del hogar no aportases nada a la sociedad.

Tiempo para mí misma, el mejor de los regalos

La primera vez que pude volver a ducharme sola fue más de tres años después de que mi hijo naciera. Como muchas otras madres, decidí darle el pecho a mi hijo. Y como el destete natural es más difícil que encontrarte un unicornio bailando salsa en tu cocina a primera hora de la mañana, acabé dándole el pecho cuatro años. Entre las otras muchas cosas que le di. Como mis noches y mis días, mi atención, mi tiempo (que dejó de ser mío) y mi cariño. Porque somos mamíferas, y nuestros bebés nos necesitan. Y nosotras a ellos.

Todos los expertos en crianza respetuosa, todos los «manuales» de la perfecta madre, todas las vertientes de crianza natural se centran en lo que es mejor para el bebé, como es lógico. Pero la maternidad consciente y responsable también debe comprender el bienestar de la madre

 

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No somos, y nunca seremos, madres perfectas. Yo, al menos, reivindico cada día mi derecho a ser altamente imperfecta. Porque soy humana. Como tú. Y da igual que a veces te equivoques o hagas «trampa» (buscando tal vez a cambio un poco de silencio, unos minutos a solas) como técnica de «supervivencia». Lo que de verdad te va a convertir en una buena madre y un buen ejemplo a seguir para tus hijos-as es que seas una persona feliz.

Así que no: no quiero joyas, ni ropa, ni flores, ni perfumes. Mi mejor regalo es tener tiempo para mí. Tiempo para disfrutar de una ducha eterna, tiempo para tejer, para salir a correr, para cocinar con auténtico deleite (y no como mecanismo de supervivencia), tiempo para bichear proyectos interesantes, tiempo para salir con mis amigas, para hacer tribu, tiempo para leer, escribir y escuchar música, para hacer la compra con gusto, para comer con auténtico placer, para ver series para adultos tirada en el sofá. Tiempo hasta para no hacer nada.

 

 

Querido Día de la Madre: quiero tiempo para mí. Lo necesito. Para dejar de estar ausente estando presente y para poder estar presente sintiéndome completa y equilibrada. Tiempo para ser. Para respirar, para descansar, para hacer las cosas a mi ritmo… Quiero tiempo para reconectar conmigo misma y recuperarme a mí misma. Porque me echo de menos

También necesito tiempo para enseñarle a mi hijo que las criadas no existen, y las madres tampoco lo somos. Para rellenar el tarro de la serenidad y la paciencia. Para enseñarle a valorar los cuidados, para darle ejemplo, para transmitirle la importancia del autocuidado.

Necesito tiempo a solas, conmigo misma. Para saludarme y conversar. Para escucharme, porque hace tiempo que no me oigo. Para cuidarme. Para quererme. Y que se pare el mundo si hace falta mientras tanto. 

 

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