Pedir ayuda en la maternidad, a veces es necesario

Pocas veces prevemos lo que viene tras el parto, idealizamos la maternidad y nos exigimos mucho a nosotras mismas

Si me hubieses preguntado hace casi seis años cuál era mi pensamiento sobre la maternidad, te hubiese contestado solo la mitad de lo que he aprendido con mis dos hijos. Seguramente te hubiese hablado de las flores, de la maternidad poética, de los momentos de relax con tu bebé durmiendo encima de tu barriga…

Maternidad idealizada vs Maternidad real

Para mí ser madre era disfrutar sintiendo algo moverse dentro de ti, ver cómo crece, cómo piensa, qué le gusta, volver a encontrarte con el mundo que veías cuando tus ojos eran pequeños, trabajar en equipo con tu pareja tomando decisiones comunes y muchas cosas más.

Si me preguntas ahora, te diré que la maternidad es eso, pero también tiene unas sombras que yo no era capaz de ver en ese momento. Nada más salir del hospital, llegué a casa, metí la llave en la cerradura y empecé a llorar completamente desconsolada.

 

 

Le pedía a mi pareja que no fuese a trabajar, que se quedara con nosotras 2 semanas, hasta que fuese capaz de ver si podía con TODO. En aquel momento él no tenía más tiempo de baja y a mí me aterraba quedarme con un bebé, sola en casa. Era terror.

¿Qué provocaba ese terror?

«No soy capaz de quedarme sola con ella. Tengo miedo y no voy a saber hacerlo». ¿De dónde salía aquella sensación? ¿Qué me impedía estar en casa tranquila con mi bebé como siempre había pensado? Pues, a día de hoy, no lo sé.

Solo sé que fue duro, que evidentemente lo superé, pero que no fue la única prueba. A los tres años de aquello volví a repetir experiencia con el segundo. Esta vez, mi marido tampoco podía quedarse con nosotros. Tenía que salir por la mañana, aunque por suerte a las 15:00 volvía (menos mal).

El caso es que de pronto me vi con una niña que iba al colegio y con unas necesidades, y un bebé que me necesitaba a tiempo completo. Durante unos meses fui tirando, pero hubo un momento en el que todo me sobrepasó e iba más acelerada de lo normal.

 

 

Solo tenía ganas de llorar, de escapar, de encerrarme en el lavabo. Sentía que todo lo hacía mal y que me pasaba el día irritada. Esto me frustraba porque me alejaba de la imagen que yo tenía de mi «ser madre». Yo no quería ser esa madre pero no conseguía salir del círculo. Yo quería ser una madre buena, como las que veía en las redes sociales, en la calle… ¿Cómo es posible que yo no pudiese con todo y ellas sí?

Hablé con mi marido, con mi  madre, con amigas… pero no encontraba la respuesta. Así que, con prejuicios, acabé acudiendo a un profesional. Una psicóloga.

Reconocer y solicitar ayuda es ser responsable y capaz

Hoy hace más de un año que la visito y gracias a ella he conseguido entender que la maternidad no significa poder con todo, ser super woman y estar siempre feliz y saltando.

¡Basta ya! No somos supermujeres. No somos luchadoras. No somos ni la mujer del futuro, ni tenemos que ser como nuestras madres o abuelas. No tenemos por qué escucharlo todo, ser comprensivas ni salvar el mundo. No hay que tener «energía para parar un tren».

 

 

No somos mejores madres por hacer las camas todos los días, la tortilla más esponjosa, planchar todas las camisas de la casa, dejar las toallas más suaves que Mimosín y que encima huelan bien. No queremos que nuestros hijos corran a sus amigos y digan: «mi madre lo sabe todo y lo hace todo superbién».

No queremos ser todo eso porque no podremos con nosotras mismas. No podremos con nuestro estrés, con nuestras ganas de parar, con la necesidad de gritar, con las ganas de decir ¡esto no me gusta! ¡Quiero parar!

Hoy quiero enseñarles a mis hijos otra parte. Esa parte donde las camisas están arrugadas, pero sonrío. Donde las estanterías no están perfectamente ordenadas, pero hemos aprendido dos nuevas canciones. Donde no comemos los guisos más elaborados del mundo, pero disfrutamos comiendo juntos.

Hacer tribu es importante

La maternidad es maravillosa, pero a veces agota, a veces cuesta encontrar las herramientas para «dar en la tecla», a veces no sabes cómo contestar a tu pequeño cuando se encuentra en un momento difícil o, simplemente, a veces no sabes por qué te sientes extraña.

 

Lo difícil no es el parto, sino todo lo que viene después… Lo hablamos en el Seminario Online «Luces y Sombras en el posparto»

 

¡Por eso existen los profesionales, las tribus! ¡Qué importante es pertenecer a una tribu cuando eres madre! ¡Qué importante es dejarse ayudar y cuidarse cuando tenemos que cuidar a otros!

Si alguna vez tienes dudas, te sientes mal, tienes ganas de llorar ¡no lo dudes! Busca ayuda, comunícate. Y no pasa nada, porque mamá también es una persona. Ellos no quieren estar orgullosos de ti, ellos quieren estar contigo. Sin nervios ni tensiones. 

 

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