La pobreza y la marginalidad aumentan el riesgo de muerte súbita más que el colecho

El colecho puede ser muy seguro si se hace bien, y muy peligroso si se hace mal

Son muchos los años que hace que me sumé al descubrimiento y lectura de consejos, estudios y recomendaciones acerca del colecho por una razón de mucho peso: hace 12 años, cuando nació nuestro primer bebé, acabamos durmiendo con él en contra de la que era nuestra idea, de lo que todos nos decían y en contra de las recomendaciones que imperaban en aquella época.

De hecho, la primera vez que nos dimos cuenta de que el bebé había dormido varias horas entre nosotros nos despertamos de un salto, terriblemente asustados, pensando que habíamos puesto en riesgo su vida y sintiéndonos los peores padres del universo.

Fue al ver que de ese modo dormíamos mejor cuando empezamos a buscar información, dando a menudo con estudios contradictorios y recomendaciones también diferentes según fuera la interpretación de los estudios. Nos gustó saber que era una práctica mucho más frecuente de lo que pensábamos, y sobre todo ser conscientes de que «lo de toda la vida» no es que el bebé duerma en su cuna, sino que lo haga cerca de mamá, o lo que es lo mismo, en su hábitat natural: la madre.

La lucha contra el colecho

Con el aumento de las tasas de lactancia materna en la generación actual, el intento de volver a cuidar a los bebés con un poco más de cariño y respeto que el recomendado en décadas anteriores y un capitalismo que se ha vuelto cada vez más feroz, con sueldos bajos y jornadas de trabajo extensas, son muchas las familias que han acabado durmiendo con los bebés.

Muchas lo hacen porque quieren, porque así lo han decidido, y otras por supervivencia, porque aunque no era lo que habían pensado, se dan cuenta de que es la manera de poder descansar un poco más y, ante la falta de conciliación laboral y familiar, poder seguir con las obligaciones del día a día a pesar de tener un bebé que no sabe de horarios, de trabajos, de obligaciones ni de todo este funcionamiento social que hemos creado sin pensar ni un segundo en los más pequeños.

Esto ha hecho que, sobre todo en EE.UU., donde tienen unas tasas de Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante (SMSL) relativamente elevadas, se sucedan campañas y recomendaciones en contra del colecho, para que madres y padres dejen de dormir con sus bebés y los ubiquen en cunas, en la misma habitación que los padres.

 

Desafortunada campaña en EE.UU. comparando la cama de los padres con una lápida, y diciendo que el lugar más seguro para un bebé es su cuna.

Pero el problema no es el colecho

Al menos no el colecho seguro. Porque dormir con un bebé hace que duerma más y mejor, pero también hace que tengamos que ser muy cuidadosos y, por supuesto, no poner al bebé en peligro.

Quiero decir con esto que colechar no es poner a tu bebé en la cama y listo, sino tener en cuenta unas cuantas recomendaciones que deben seguirse para evitar que sea peligroso (esto sucede igual si pones al bebé en una cuna a dormir: hay varias recomendaciones importantes para evitar que haya riesgos).

Y aquí es donde radica el quid de la cuestión. Durante muchos años, las investigaciones han recogido las muertes de bebés que dormían con los padres, pero no siempre se ha tenido en cuenta que hay quien duerme con el bebé cuando sería mejor no hacerlo: por ser fumador; por poner cojines, almohadas y/o ropa de cama blanda; por poner al bebé a dormir boca abajo, etc.

Pues bien, un estudio actual, en el que han analizado datos de todo el mundo, ha llegado a una conclusión clara: hay factores mucho más importantes que el colecho a la hora de hablar de muerte súbita, como la marginalidad y la pobreza.

Al parecer, han observado que la gran mayoría de casos de SMSL suceden en poblaciones pobres o marginadas, y aún más en colectivos históricamente desfavorecidos. A la vez, han visto que en poblaciones mucho más pudientes con tasas elevadas de colecho (como algunos estadounidenses de origen asiático o como los suecos), los índices de muerte súbita son de los más bajos del mundo.

Así, los indios nativos de América y Alaska son los que tienen más casos de SMSL, seguidos por los afroamericanos y por el resto de colectivos con peor economía y acceso a la salud.

El colecho puede ser seguro o muy inseguro

Desde hace unos años existen una serie de recomendaciones que pueden hacer la diferencia entre que el colecho sea muy peligroso o que sea muy seguro. Según los investigadores, las poblaciones más desfavorecidas tienen más probabilidad de llevar a cabo prácticas que aumentan el riesgo de muerte súbita como fumar, beber alcohol y tomar otras sustancias tóxicas, dormir con bebés prematuros en la misma cama, poner al bebé boca abajo, etc.

Si además resulta que hacen todo esto compartiendo la cama con el bebé, si «colechan» y además añaden todos los factores de riesgo que acabo de enumerar, entonces compartir cama se convertirá en algo peligroso para el bebé.

 

 

Es decir, que en los grupos donde hay pobreza y opresión hay más probabilidad de desconocer o de no llevar a cabo las recomendaciones para un sueño seguro, ya sea en la cama, ya sea en la cuna. Si hablamos de compartir la cama, es muy probable entonces que no conozcan y no cumplan las siguientes recomendaciones para un colecho seguro:

  • Que no duerma con el bebé nadie que fume.
  • Que nadie fume en la habitación donde duerme el bebé.
  • Que no duerma con el bebé ningún adulto que esté bajo los efectos del alcohol o de otras sustancias o medicamentos que dificulten el que puedan atender al bebé en caso necesario.
  • Que si el bebé es prematuro o de bajo peso no comparta la cama con los padres en las primeras semanas de vida.
  • Que el bebé sea amamantado: si un bebé no toma pecho se recomienda que duerma en una cuna colecho o en la cuna al lado de la cama de los padres.
  • Que duerman en un colchón firme y plano, con la sábana tirante, sin almohadas, cojines ni peluches alrededor, y sin ropa de cama blanda (tipo nórdico) que pueda cubrir su cabeza.
  • Que no haya huecos ni recovecos donde pueda quedar atrapado el bebé: UNICEF recomienda poner un colchón en medio de la habitación, directamente en el suelo.
  • Que no duerma con el bebé si tiene sobrepeso o gran tamaño: valorando el riesgo de que el bebé acabe rodando en la cama hasta el adulto, aumentando el riesgo de sofocación.
  • Que el bebé duerma boca arriba con la cabeza ladeada.
  • Que no duerman en la cama junto a hermanos más mayores ni mascotas.
  • Que no duerman con el bebé en una superficie que no sea la cama, como el sofá, un sillón, etc.

Quizás os preguntéis por qué pasa esto: por qué tienen más probabilidad de no llevar a cabo unas prácticas de sueño seguro. La razón es la situación en la que se encuentran dichas poblaciones, con trabajos precarios (si es que tienen trabajo), viviendas inestables (a menudo van cambiando de residencia) y en consecuencia contando con un acceso a la salud muy deficitario, sin los controles pertinentes durante el embarazo (muchos casos de diabetes gestacional, tensión elevada y otros problemas no se detectan), con más probabilidades de tener partos prematuros, y sin el consejo de salud necesario una vez nace el bebé.

Esto quiere decir que muchas madres y muchos padres no saben qué es lo que tendrían que hacer para que el bebé duerma de manera segura, ni saben cómo hacer un colecho seguro, ni saben que muchas de las cosas que están haciendo son muy peligrosas.

¿Qué tendrían que hacer entonces para solucionar esto?

Si el mayor riesgo para un bebé es la pobreza y la exclusión social, lo ideal es que se hicieran políticas para paliar estas diferencias (vale, sigo soñando…). Como esto no sucederá, o al menos no en un plazo breve de tiempo, los investigadores sugieren que se lleven a cabo medidas que puedan beneficiar la salud de los bebés de manera directa e indirecta.

Por un lado, sugieren que se aumente el coste del tabaco para que cada vez menos adultos fumen. Si los padres no fuman, el riesgo de muerte súbita disminuye considerablemente.

Por otro lado, instan a que se promueva y proteja la lactancia materna, y que se penalice con mayor dureza las prácticas abusivas de la industria de las fórmulas infantiles, que hacen llegar sus productos a las mujeres antes de que hayan tomado una decisión sobre cómo alimentar a su bebé: las mujeres afroamericanas (según leemos en Breastfeeding Medicine) cuentan con una atención hospitalaria donde las probabilidades de éxito con la lactancia son menores, recibiendo consejos faltos de evidencia científica y yéndose a casa, en muchos casos, con el deseo de amamantar, dando pecho al bebé, pero con una bolsa llena de muestras de fórmula infantil lista para ser ofrecida al bebé.

Teniendo en cuenta que este mismo año se destaparon las estrategias del gobierno de EE.UU., contrarias a la promoción de la lactancia materna y proclives a la protección de la industria de las fórmulas infantiles, habría que recalcar que lo importante no es que digan a los padres que si duermen con su bebé lo van a matar, sino que si quieren proteger la salud de su bebé vale la pena que apuesten por la lactancia materna (y que hagan políticas que lo favorezcan), y que además les hagan llegar todas las recomendaciones para un sueño seguro en la cuna y en la cama familiar.

 

Hace unos años esta campaña decía que dormir con un bebé era como ponerle un cuchillo al lado (sin hacer mención alguna a lo blando del colchón, la cantidad de cojines y edredones alrededor y que ninguno de los dos está boca arriba con la cabeza ladeada).

 

Además, y esto es urgente, podrían crear un sistema de seguridad social para las familias con mujeres embarazadas y para aquellas con niños pequeños, para que aun cuando tengan pocos recursos, puedan recibir una atención sanitaria que les ayude a hacer lo mejor para sus bebés, o como mínimo contar con la información. También, por supuesto, crear un permiso de maternidad que permita a las mujeres cuidar de sus bebés en los primeros meses de vida, para que además de tener acceso a la salud, tengan la posibilidad de acudir a las visitas sin tener que dejar de trabajar (en esa situación, lo habitual es que no vayan a las visitas y sí a trabajar, y por eso el escaso control médico en el pre y posparto).

Ni colecho nunca, ni colecho siempre

Así que en resumidas cuentas, y tal y como ya dijo UNICEF en su último informe, la recomendación de dormir o no con el bebé debe ser individualizada. Según sean los factores de riesgo presentes en la familia el profesional debe ofrecer la información para que cada familia pueda tomar la decisión oportuna considerando los riesgos y los beneficios, y que conozca cómo poner a su bebé a dormir de manera segura en la cuna, y cómo dormir con su bebé de manera segura en la cama familiar.

Decir a todas las familias que pueden colechar con su bebé puede ser peligroso, porque no en todos los casos se hará de manera segura, y por eso es importante informar de los riesgos si no se hace adecuadamente.

Y decir a todas las familias que no pueden dormir con sus bebés también es peligroso, porque tampoco es cierto, y porque si solo se les dice eso: «No duermas con tu bebé», los padres se van a casa sin tener la información sobre cómo debería hacerse el colecho de manera segura, a riesgo de hacer inventos extraños y mucho más peligrosos como dormir con el bebé en el sofá, darle el pecho en una silla y quedarse dormida con él en el proceso, intentar dormir al bebé en sillones… con resultados peores (en los últimos años se han descrito bastantes casos de muerte súbita con los padres en el sofá), que si hubieran sabido que compartir la cama con el bebé, si se hace bien, es factible y seguro.

 

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2 comentarios en "La pobreza y la marginalidad aumentan el riesgo de muerte súbita más que el colecho"

  1. Tengo un hijo de tres años y medio con el que coleché primero por necesidad y, después de informarme más, por necesidad y placer. Desde que nació mi segunda hija, que ahora tiene seis meses, el niño ha dormido con su padre en otra habitacion, en dos camas pequeñas juntas, y yo con la niña en la cama de matrimonio, aunque desde el principio el niño ha sido reacio a separarse de mi por las noches. Se mueve mucho porque además tiene la piel atópica y, en temporadas duerme muy agitado y como con sobresaltos, y rascándose frecuentemente. El caso es que lleva unos días que se despierta por la noche y viene a mi cama, buscandome. Y lo vemos tan angustiado que lo dejamos dormir conmigo y con la niña. La cama de matrimonio está pegada a la pared por un lado y ahí es donde suelo colocar a la niña, quedando yo en medio, pero a veces la cambio al medio para darle el otro pecho…y entonces se acabó el dormir para mí. El colechar con la niña estaba siendo de lo más agradable,despertándonos apenas las dos para una o dos tomas y volviendo a dormir enseguida. Dormíamos incluso mejor que el padre y el niño. Ahora el niño se pega a ella queriendo abrazarla y, si intento volver a cambiarla al lado de la pared, entonces la despierto. Para colmo, esta noche el niño se ha caído de la cama, aunque no ha sido nada y se ha vuelto a dormir en mis brazos enseguida. No sé qué hacer, mi instinto me dice que mi hijo nesesita dormir conmigo para que su sueño sea más profundo y efectivo, pero también he leído que no se debe colechar con bebés y otros hermanos mayores, por el peligro de que dañen al bebé. El caso es que mi hijo necesita mi contacto, mi hija mamar de noche y yo dormir…¿algún consejo?
    Muchas gracias por tu labor, Armando. Las madres y padres que queremos criar con apego y sentido común ya no nos sentimos tan solos, ni como si estuviéramos haciéndolo mal. Un abrazo.

    • Hola Rocío,

      tendrías que buscar la manera de que el mayor y la peque no acaben juntos. Hasta el año de vida se considera bastante peligroso porque el hermano no mide riesgos. Quizás os podáis juntar los 4 y hacer malabares durante la noche (que se duerma contigo el mayor y luego papá se ponga en medio para que tú puedas hacer lo que necesites con la peque. Y si en algún momento de busca de nuevo, hagas tú de barrera entre ambos peques :/ 😉

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