¿Bebés de alta demanda o madres y padres de baja oferta?

Los bebés de alta demanda ya venían etiquetados de antes

En estos últimos días hemos publicado varias entradas relacionadas con los bebés de Alta Demanda con motivo del ciclo de seminarios sobre este tema que estamos impartiendo (y al que aún os podéis apuntar), y he querido volver a sacar el tema porque siempre que se habla de estos bebés, alguien responde con escepticismo que no cree que el problema sean los bebés, sino sus padres, que en algún momento se hicieron una idea equivocada de lo que era criar un bebé, o que habían idealizado la maternidad o paternidad, y que luego es un error echar la culpa de ello a los bebés.

Lo suelen resumir con esta pregunta: ¿Bebés de alta demanda o madres y padres de baja oferta?, que suena a juego de palabras gracioso, pero que al final no es más que una defensa de los bebés en general, para traspasar la culpa a las madres y padres, y sobre todo a ellas, que son las que en la mayoría de ocasiones se hacen cargo de los cuidados de los bebés.

El “error” de etiquetar a los bebés

Todo comienza aquí. En considerar que es un error decir que hay bebés de alta demanda, porque todos los bebés son de alta demanda (eso dicen). El problema es que esto es una realidad que no se ajusta a lo que viven los padres de los bebés de alta demanda. Si todos los bebés son de alta demanda, ¿por qué el mío llora mucho más? ¿Por qué el mío es tan intenso? ¿Por qué siento que me está absorbiendo la energía por momentos y por qué no tengo apenas tiempo de nada, y el resto de madres y padres sí? Pues eso: eres una madre de baja oferta.

Es decir, lo resumen todo en “la culpa es tuya, que creías que cuidar a un bebé era mucho más fácil, y ahora le estás echando la culpa a tu bebé”. Y te piden que no uses esa etiqueta, pero sí uses tu etiqueta: no etiquetes a tu bebé, que es un bebé normal; ponte tú la etiqueta de “madre de baja respuesta”, “madre no preparada para la maternidad”, o de “madre que sigue pensando que tener un bebé es seguir con tu vida y de vez en cuando hacer un poco de caso a tu hijo”. O incluso valora la posibilidad de que el comportamiento de tu bebé sea la respuesta a tu modo de maternar ansioso y exagerado. Vas tan rápido a atenderlo, estás tan desbordada, es tan diferente lo que pensabas que iba a ser con lo que es, que tu hijo está siempre alerta, pensando que estáis viviendo en época de guerra, hambruna o crisis.

Es decir, te dicen que si tu hijo es así, es por tu culpa.

¿Etiquetar a niños YA etiquetados?

Y oye, que imposible no es. Seguro que muchos bebés viven en estrés porque sus madres viven en estrés, y entran en un círculo vicioso en el que uno se retroalimenta del otro (cuanto más agobiada estás tú, mamá, más agobiado estoy yo, bebé, y cuanto más agobiado estoy yo, más agobiada estás tú…), pero entonces da igual de quién sea la culpa, porque esa diada madre-bebé estará teniendo un problema y necesitará soluciones en forma de apoyo, cariño, contención, diálogo y gente dispuesta a hacer muchas de las cosas que ella sigue pensando que tiene que hacer ella.

Pero no nos engañemos, la mayoría de las veces no es esto lo que está pasando. La mayoría de veces no es una madre que no sabía que ser madre era eso… en la mayoría de ocasiones tenemos delante a un bebé que se comporta muy diferente del restoa. Y es un bebé que antes de la etiqueta de alta demanda ya lleva encima muchas, muchas otras etiquetas. A esa madre y a ese padre ya le han dicho que es un bebé muy “llorón”, que está demasiado “mimado”, que es demasiado “dependiente”, que “no es normal”, que igual es “alérgico” a algo, que quizás esté “enfermo”, que es “manipulador”, que quizás sea “hiperactivo”, y tantas otras etiquetas, problemas y diagnósticos (porque todo el mundo lleva dentro, latente, un experto en bebés), y ya les han dado un montón de soluciones y razones: tu hijo es así porque lo habéis hecho así, que lo habéis cogido demasiado, vais enseguida, lo tenéis hiperprotegido, en una burbuja, y ahora para solucionarlo tendréis que: llevarlo al pediatra, que le hagan pruebas, que descarten una infección, reflujo, alergia y lo tenéis que empezar a dejar llorar, dejarlo con los abuelos, iros una tarde a tomar algo para que aprenda a estar sin vosotros, y no permitirle que os controle.

Y esos padres han ido al pediatra, han descartado infecciones y patologías, han visto cómo quedaba atrás la etapa de los cólicos, esperando que dejara de llorar, han visto pasar la etapa de la angustia de separación, esperando que dejara de ser tan dependiente, han visto pasar la etapa de los brazos para iniciar el gateo y la deambulación, y siguen observando que su bebé sigue siendo muy demandante, mucho más que el resto de bebés, que sigue siendo muy intenso para todo, que sigue llorando como si no hubiera un mañana y que oye, parece que tiene muy claro lo que quiere, cuándo lo quiere y cómo conseguirlo.

La etiqueta de bebé de alta demanda

Así, se encuentran con un bebé que se comporta de manera muy diferente a la mayoría, en un entorno que le tiene al niño o niña hiperetiquetado/a, diciéndoles que la culpa es de ellos, que no sabían lo que era tener un bebé y lo han convertido en eso. ¿Pues qué es lo que he hecho mal? ¿Qué hice durante el embarazo? ¿Qué hice en el parto? ¿Quizás tenía que haberlo tenido piel con piel ocho horas en vez de dos? ¿Quizás tenía que haberlo dejado en la cuna? ¿Quizás…?

Y entonces aparece por ahí alguien que dice que ha leído por ahí algo de unos bebés que los llaman de alta demanda, y que son bebés normales, y que nacen así, y que solo tienen una particularidad, que necesitan mucho más afecto, cariño, tiempo y dedicación que los demás, y se abre un claro entre las nubes. Música celestial, oye. De repente esa madre y ese padre se informan sobre ello y descubren que todo se cumple. Su bebé hiperetiquetado puede por fin desprenderse de todo ello, dejar atrás las doscientas etiquetas, y sustituirlas por solo una, y lo mejor de todo, una etiqueta que te dice que tu bebé es normal, que es uno más.

Y ellos, los padres, pueden quitarse la etiqueta que más pesa, la de CULPABLES, para por fin soltar el suspiro más grande de la historia, quitarse el peso de los hombros y por fin darse libertad para cuidar sin miedos ni concesiones. Porque harán lo mismo que hacían, pero desde otra posición, desde saber que no están siendo controlados por su bebé, que no lo están haciendo todo mal, sino todo lo contrario, que van bien, que es positivo seguir haciendo lo que su bebé les pide, que es bueno seguir cogiéndolo en brazos, seguir porteándolo, seguir durmiendo con él, seguir atendiéndolo sea cual sea su necesidad, y lo más importante, que todo acabará bien.

Los bebés de alta demanda desaparecerán

Hoy hablamos de ellos, y como mucha gente dice: “parece que están por todas partes”. Es normal, es una novedad, y ciertamente muchos bebés son etiquetados como tal sin serlo realmente. Pero no pasa nada, porque la consecuencia es siempre positiva. Yo mismo he visto teóricos “bebés de alta demanda” que no me lo parecen, pero no seré yo quien les diga a esos padres que están equivocados, porque en el fondo da igual: lo van a querer igual, y le van a dar todo el cariño y la atención que son capaces de dar, porque saben que su bebé es normal (el día que decir que un bebé es de alta demanda suponga dejarlos llorar en sus cunas, medicarlos o hacerles perrerías, revisemos el término).

A lo que iba: el que ahora haya tantos bebés de alta demanda responde a un cambio en los cuidados y en la percepción de lo que es un bebé normal. En nuestra infancia lo normal era que nos dejaran llorar, que “no y punto” y que a menudo no se nos cogiera apenas en brazos. Nos enseñaron a no pedir, a no quejarnos, a dormir solos en nuestras cunas, y eso hizo que la gente pensara que los bebés son así: tranquilos, que apenas lloran, que apenas demandan, que hacen caca, comen y duermen.

Pero los bebés no son así, o no todos. Los hay que sí, ojo, muy tranquilos y felices en sus cunas y cochecitos, pero muchos lloran y exigen brazos, y la diferencia es que ahora sabemos que lo mejor para ellos es cogerlos, atenderlos, calmarlos. ¿Consecuencia? Ahora los bebés no dejan de llorar porque “los acostumbramos a las cunas y cochecitos”, sino que dejan de llorar porque “los acostumbramos a nuestros brazos”, y el paso del cochecito a los brazos exige una demanda. Es decir, los bebés de ahora tienen la libertad de decidir dónde quieren estar, pueden ser más ellos mismos y están menos limitados, porque les permitimos que nos pidan cariño y afecto.

Eso ha pillado a muchos con el pie cambiado, y por eso llevamos todos muchos años diciendo que “no pasa nada por cogerlos en brazos”, “no se malacostumbran”, “los bebés necesitan y merecen contacto y cariño”, etc. Estamos diciendo que tenemos que darles lo que piden. Y cada vez más gente ve normal que porteemos a nuestros bebés, y que los tengamos todo el día en brazos. Podríamos decir que poco a poco se está normalizando el que los bebés sean demandantes.

Pero más allá están los otros, los de alta demanda. Si ya está costando normalizar a los bebés normales, imaginad a los bebés que piden mucho más. Pero ese día llegará también. Un día ya nadie hablará de bebés de alta demanda. Un día serán considerados normales, porque lo son.

Hasta que llegue ese día, tenemos que seguir utilizando el término porque, curiosamente, la etiqueta es la única que lleva implícito el término “bebé normal”. El resto de etiquetas lo tildan de bebé problemático que necesita una solución.

Y volviendo al tema que nos ocupa, el del etiquetado de madres y padres, aunque se permiten la licencia de decir que son bebés normales también, entran en un terreno demasiado resbaladizo, el de culpabilizar a las madres y padres, cuando la mayoría de veces no tienen culpa de nada.

Si son culpables, lo son de dar muchos besos, de ceder todo su tiempo, de ofrecer toda su energía, de rendirse a su bebé, de cederle todo el control, de dejarse robar las horas de sueño, de olvidarse de ellas mismas, de acostumbrarse a vivir en reserva, y de luchar por no volverse locas. Ah, y culpables de no saltar a la yugular a pegarle un bocado a todas esas personas que, en vez de tratar de entenderlas y ofrecerse para echar una mano, o como mínimo un poco de comprensión, les dicen que esa maternidad que llevan a cabo, con la espalda destrozada, alimentándose a deshoras, sin saber lo que es ducharse en condiciones y viviendo lo que parece una constante tortura en forma de confinamiento y obligaciones que no cesan (todo a cambio de una media sonrisa o un beso de babas), es porque resulta que son madres de baja oferta.

Aún puedes apuntarte

Aunque el pasado domingo empezamos el ciclo de tres seminarios sobre Alta Demanda, aún puedes apuntarte para recibir el primero en diferido y ver los siguientes en directo. Un ciclo que creamos para explicar bien cómo son estos bebés, pero sobre todo para mostrar cómo pueden llegar a sentirse las madres y los padres, y ofrecer posibles soluciones, ideas y trucos para llevarlo mejor; y en el tercer seminario, una mirada al paso del tiempo, a cómo pueden llegar a ser cuando crecen un poquito y se convierten en “Niños de Alta Demanda”. Porque puede llegar a ser durísimo tener a un bebé de alta demanda, y se agradece la más mínima ayuda, y sobre todo la comprensión.

Podéis inscribiros a los tres seminarios (o por separado) aquí, y recordad que los miembros de la comunidad “Criar con Sentido Común” pueden verlos sin coste añadido.

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