Por qué muchas parejas se separan al tener hijos

El cansancio, las responsabilidades, la falta de compromiso... y así.

¿Recuerdas esa frase de las bodas que dice «Hasta que la muerte os separe»? Pues bien, cada vez se cumple menos. Y ya no solo porque cada vez menos parejas pasan por el altar, sino también porque en la actualidad tenemos todos más claro que, en muchos casos, es mejor para todos romper la relación que seguir adelante con problemas enquistados.

Esto sucede en muchos casos cuando llegan los peques, cuando se tienen hijos, y es algo que siempre me había suscitado curiosidad porque, ¿cómo puede ser que inicies un proyecto de vida en pareja, que decidáis los dos ampliar la familia, y que cuando llegan los niños, la pareja se acabe rompiendo? Pues bien, siendo padre empecé a comprender el porqué.

Tener un bebé pone a prueba a la pareja

Tener un bebé provoca un giro brutal en la vida de ambos, de la mamá gestante sobre todo, pero también del papá o de la mamá no gestante (se espera mucho de ambos, pero casi nadie se dirige a la pareja de la madre gestante a la hora de hablar de cómo educar, criar y acompañar).

Es un cambio, el de traer al mundo a una criatura, al que la madre que ha dado a luz se adapta sí o sí (con mejor o peor resultado, pero que lo hace por amor y responsabilidad, pues se sabe la cuidadora principal), y al que la pareja se adapta también con mayor o menor éxito, sabiéndose secundaria en los cuidados, y en algunos casos, por desgracia, creyéndose libre de esa responsabilidad (estos casos explotan enseguida, porque no hay nada peor que tener en casa a una pareja que considera que cuidar del bebé es algo que solo le pertoca a la mujer que lo ha dado a luz).

Llega el cansancio…

Lo más complicado llega después del parto, cuando el bebé ya está en casa y las dinámicas del hogar se modifican por completo. Las rutinas que llevaba cada miembro de la pareja se desbarajustan; algunas cosas quedan en un segundo o tercer plano, porque hay cosas más importantes que hacer; las cosas que hacía el uno, ahora lo tiene que hacer el otro; y hay días en que madre y bebé apenas se levantan del sofá o de la cama y todo lo demás queda para el otro integrante de la pareja.

Y mientras dura el permiso de paternidad aún, pero tras solo 8 semanas se acaba, y la madre gestante se queda un poco más sola con su peque, pero la casa sigue ahí esperando… y los platos, y la ropa sucia, y la ropa mojada, y la ropa seca, que espera a ser doblada, y la comida ausente, esa que debería estar en los armarios y en la nevera pero sigue en el supermercado, y las bolsas de basura que nadie baja, y los lavabos, y las pelusas que empiezan a rodar como en el viejo oeste, y la cama que hay que cambiar porque el bebé ha echado leche y «te he dejado en el lavabo un body llenico de caca para que lo frotes», y «cuando acabes cógeme al peque, porfa, por dignidad, que me dé una ducha rápida, que he intentado ducharme tres veces y me ha podido la pena de verlo llorar como si le hubieran arrancado un brazo». Que un brazo no… pero sí a su madre, y para un bebé, a menudo, es peor que perder un brazo.

 

Lo difícil no es el parto, sino todo lo que viene después. Lo hablamos en el Seminario Online «Luces y Sombras en el posparto«.

 

Y lo sostienes en brazos, y decides aprovechar que lo tienes tranquilo para hacer cosas y le puede el miedo y la falta de confianza y oyes desde el lavabo: «¡No hagas cosas con el bebé que le puedes dar algún golpe, o se te puede caer!».

Y tú ahí, con el bebé en brazos, haciendo nada… o sintiendo que no haces nada, porque ves platos sucios, ropa sucia, otra por doblar. «¡Que no le hago daño ni se me va a caer! Confía en mí, por favor… me lo pongo en la izquierda y voy  haciendo con la derecha». Y ella que NO. Que en cuanto salga de la ducha se lo das y ya te pones a hacerlo todo (y sí, pero oye, esa falta de confianza DUELE).

Y entonces llega la noche y esa invitación a dormirlo tú en algún despertar, que no eres quien le da pecho: «Venga, lo intento». Pero no. Bebé quiere su teti. Así que ella se da por vencida finalmente, con un «¡Que está llorando!» al que respondes «¡Lo sé! ¿Qué hago?»… al que ella acaba respondiendo con un «Anda, ¡¡dámelo!!».

Y esto en el mejor de los casos… hay veces en que la pareja insiste en que es lo correcto, en que llora tanto porque ella lo ha acostumbrado al pecho, lo ha mimado demasiado y ahora tiene que solucionarlo así: «Déjamelo… no lo atiendas tan rápido. Mira lo que estás consiguiendo. También es mi bebé  y yo digo que le tengo que dejar llorar para que aprenda».

Y ella también vuelve al trabajo asalariado

Que resulta que tenemos una natalidad bajísima y que nuestro país envejece a marchas forzadas. Pero no acaban de dar a la maternidad, a la paternidad, el valor que tienen. Así que con 16 semanas, un bebé totalmente dependiente, que aún es «de teta» (porque la recomendación es que los bebés sean amamantados en exclusiva hasta los 6 meses de vida), se queda sin padres, sin madres (y da igual que no tome teta… se queda sin ellos igualmente).

Y que lo cuiden las abuelas o abuelos, o que hagan uso de lo que llaman «propuestas del estado para la conciliación familiar y laboral», que no es otra cosa que llevar al bebé a una escuela infantil (que ahí lo que concilias es el trabajo, pero no la familia).

Y entonces bebé se niega a comer, que está esperando a mamá, que «me saqué leche pero la rechaza», que le sabe rara, o que no quiere coger el biberón, ni la jeringa, ni el vasito, ni el bibe-cuchara, ni nada que no sea el pecho de su madre porque dice «¡¿Pero qué hacéis?! ¡Que venga mi madre! ¿No veis que soy un bebé?».

Y en vez de dar un golpe en la mesa en el congreso y alargar el permiso de maternidad y sancionar a todas aquellas empresas que perjudican a las mujeres por el hecho de ser madres, se inventan eso del permiso igual para los dos miembros de la pareja para que haya igualdad. ¡Pero es que no somos iguales!

Pero vamos a lo que comento, que me voy por las ramas. Los sueldos son una miseria, el trabajo es precario, tener una vivienda de propiedad ya no es un derecho, sino un lujo, así que te vas de alquiler, pagando más que si tuvieras una hipoteca (que no te dan porque no tienes para dar una entrada). Los dos miembros de la familia tienen que trabajar, y los dos tienen que sacar adelante la casa y al bebé.

Ambos comparten un agotamiento por el día que se ve perjudicado por la noche, cuando el bebé dice eso de «¿y qué esperabais? Yo soy un bebé. Los bebés nos despertamos por la noche. Igual es que como sociedad os lo habéis montado muy mal, si resulta que necesitáis dormir toda la noche y os tenéis que levantar pronto para ir a trabajar siendo madres y padres recientes».

Y así, los dos llegando a casa por la tarde, ya sin pilas, uno exige más al otro. Y si no es la pareja, es el bebé, el niño, la niña o en plural.  Y llegas al punto de comparar, en una extraña e insana competición, a ver cuál de los dos está más cansado o tiene más motivos para estarlo: «Yo he hecho la comida y he limpiado la cocina», «Pues yo he lavado la ropa, la he recogido y ahora la iba a planchar», «Pues yo he estado con el niño 2 horas», «Pues yo me he despertado esta noche más que tú», «Pues yo…».

Y ya apenas habláis

Porque hay tantas cosas por hacer, entre cuidar, trabajar y tratar de que la casa no se os caiga encima, que cuando por fin tenéis un rato para hablar de algo, resulta que lo aprovecháis para deciros lo que queda por hacer, lo que hay que comprar, lo que falta. Incluso conversaciones escritas vía WhatsApp para no despertar al nene.

 

 

Y así van pasando los días y te das cuenta de que al llegar a la noche, al hacer balance del día, resulta que ese día has triunfado porque has sobrevivido. Y nada más. Porque ahora ya solo aspiras a eso: a sobrevivir como persona y familia, y ver que tu peque está bien, que eso es lo más importante.

Y tu pareja repite con sus quejas: que es muy así o muy asá, que no te deja hacer nada, que llora demasiado, que le das demasiados mimos, cariño y  todo eso que se supone que un bebé necesita, porque aún no se ha enterado de que los niños son así de… necesitados de cariño.

Y se lo dices, ¡claro que se lo dices! Que igual lo que esperaba es que le dedicara un poco de su tiempo, ¡que también es hijo suyo! Y se inicia una nueva discusión sobre lo que has hecho, lo que hiciste, el comportamiento del peque y el que tendría si hubieras hecho o dejado de hacer vete tú a saber qué.

Y ese momento antes de dormir, cuando sería un momento ideal para revitalizar la relación de pareja hablando, abrazándoos, besándoos… se convierte en reproches, o «Mira, ahora no tengo ganas de discutir, déjalo»… en silencio. Y te abstraes en el móvil para ir viendo las novedades de las redes sociales y lo felices que parecen los demás… hasta que te dices que entre ver la vida de los demás y dormir, prefieres lo segundo.

Por eso muchas parejas se rompen

Así que muchas parejas se rompen por eso, porque faltan conversaciones de pareja, y confianza para decirse las cosas y buscar soluciones juntos, en equipo. Porque donde debería haber un poco más de dedicación, hay reproches. Porque pasan los días y parece que son todos iguales. Porque los dos se dan cuenta de que las responsabilidades, en general, les ha robado la vida a los dos. Y estáis cansados, mucho, y tu peque te pide que le hagas caso y juegues con él (o ella), y quieres, pero no te apetece, porque necesitas un rato de soledad y silencio: «Si ahora mismo pudiera irme ni que fuera un par de horas…».

Pero no, porque tu pareja opina igual, que también necesita tiempo, pero no puede ser, y esto les genera otra discusión, otra más. ¡Cómo nos han vendido la moto!, sienten… y se miran a los ojos y tratan de ver a la persona de la que se enamoraron, y a menudo ya no la ven.

Y que esperaba más de ella, de su pareja, que no esperaba que fuera a tratar a su bebé de esa manera, que pensaba que sería una persona más cariñosa, y parece que todo lo que hace empieza a molestar, porque cuando el amor se diluye, parece que todo lo que hacía y le perdonabas, ahora te parece molesto.

Paciencia, humor y amor

Es lo que hace falta en este momento. No digo que nuestros padres lo tuvieran fácil. Ni nuestros abuelos. Cada época es única y tiene y tuvo sus dificultades, y la actual no es menos compleja.

El trabajo de ambos, las responsabilidades, la educación (y sobre esto sí ha habido evolución, pues ahora sabemos que los niños necesitan tiempo, cariño, respeto y que seamos sus mejores ejemplos), el cansancio acumulado, la falta de tiempo y el giro que da la vida en ese momento pone nuestra paciencia en jaque, y ambos tienen que poner de su parte con dedicación, un extra de esa paciencia, mucho humor y sobre todo mucho amor.

 

Y si quieres un poco (o un mucho) de apoyo con tu maternidad o paternidad, cuenta con nosotros en la comunidad «Criar con Sentido Común».

 

Que entre todo ello salga un ratito de haceros reír. el uno del otro, reíros de vosotros mismos, de la situación, de la vida… Que de entre la monotonía agotadora aparezca un ratito de caricias, de masaje, de complicidad (ya no digo mantener relaciones sexuales… que si se tercia y puede ser, perfecto, pero es mejor que no sea ese el único modo de acercarse, y sobre este tema es mejor que leáis los posts sobre sexualidad en el posparto de Esther Esteban).

O lo que sea que permita mantener una chispita latente, esperando a que lleguen esos momentos en los que empecéis a dormir un poco más, vuestra bebé sea ya una niña con cierta autonomía, recobréis un poco de tiempo y energía y podáis un buen día avivar ese fuego, ni que sea a ratitos aislados, para volver a ser, ni que sea un poco, esa pareja que un día decidió juntar sus caminos en un proyecto de vida que os atañe a ambos, para lo malo, pero sobre todo para lo bueno.

 

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10 comentarios en "Por qué muchas parejas se separan al tener hijos"

  1. Cuanta razón!
    Me encanta como lo has descrito.

  2. Yo también estoy de acuerdo es una fase muy bonita pero tambien muy dura diste en el clavo en todo. Lo único q añadiría y creo q se sobreentiende es q al final las parejas se separan y esas dificultades siguen ahí x separado y se agravan y si en Conjunto no puedes q pasará cada uno x su lado.. Gracias

    • Pues no sé, Fátima. Si se separan al menos pueden acabar las discusiones que seguro se producen, y los niños no crecen en un ambiente poco favorable. Vamos, que no tiene por qué ser peor. A menudo es mejor… (por ejemplo, son muchas las mujeres que dicen: «Es mejor padre desde que no estamos juntos»).

  3. Yo estoy con Fátima, en general todo es más difícil por separado, y son los niños los que sufren en silencio. Ya no tienen las peleas, pero no se atreven a expresar sus sentimientos por miedo de q los padres les dejen de querer por ejemplo.
    Armando da en el clavo cuando dice que con una dosis de humor y amor se lleva todo mejor, lo del humor es clave, A veces tenemos que reirnos de nosotros mismos para seguir adelante.

  4. Totalmente de acuerdo: es mejor padre desde que no estamos juntos. Perdí la pareja pero gané un padre.

  5. Se te quitan las ganas de ser padre… es muy deprimente como lo único que sabe decir la gente es lo duro que es y ya está. Al final nadie va a tener hijos tal como está evolucionando la sociedad.

    • Es que es para pensárselo dos veces, si tienes en cuenta que los permisos son demasiado cortos, el trabajo es precario, los sueldos bajísimos, no hay posibilidad de comprar un piso, los alquileres están inflados y, cuando tienes un bebé, no hay conciliación laboral posible, y si decides quedarte para cuidar a tu bebé, el sistema te penaliza.

      Todo esto hay que saberlo, si no para tomar la decisión, como mínimo para luchar por vivir en un mundo mejor. Que todos muy contentos de ser españoles, pero el «estado del bienestar» del que se llenan la boca los políticos es de risa.

  6. Nosotros tenemos mellizas y él vive toda la semana en otra provincia. El fin de semana lo pasa atendiendolas pero sólo a ellas. No se hace cargo de la casa ni siquiera económicamente…Hace tanto tiempo que no nos reímos juntos que no creo que haya remedio. Nosotros ya no eciste, solo dob ellas

  7. Es verdad, es una etapa difícil. Pero también hermosa. Creo que la clave esta en la palabra «renuncia». A trabajar tantas horas (y por ende, a arreglárselas con menos ingresos), a seguir teniendo la misma vida de antes (vida social, viajes, salidas, hobbies, etc), a ser autosuficientes (y por lo tanto aceptar ayuda, que siempre la hay, en mayor o menor medida). No se puede ser el mismo antes y después de tener un hijo. Tu realidad cambió, pues vos también entonces deberás cambiar. Yo creo que toda esa renuncia, por un hijo, vale la pena.

  8. Yo tengo una niña de 6 y un niño de 15 meses, y es agotador, no da tiempo a nada, y lo mucho que hagas es como si no lo hicieras, es un bucle interminable, es el día de la marmota, no lo quiero llamar infierno…….pero me quemo.
    Y mira que he pasado dificultades en la vida……y muy gordas…….pero lo de criar niños se lleva la Palma de oro, el Oscar, el Pulitzer……y el Planeta juntos……..llevo 20 años con mi mujer, y espero sobrevivir a esto………..¿No tendréis una máquina del tiempo? ¿Verdad?, ¿algún neourologo que me diga como resetear mi cerebro cada noche? Jajajajajajaj. O me río, o me voy a comprar tabaco, y eso que no fumo. Ufffffff ya me he liberado……..y quiero a mis niños con locura………..pero es muy difícil, te digan lo que te digan………al que no tenga hijos………que se lo piense bien, sin quitarles las ganas a nadie….¿ehhhhhh? Que cultivéis paciencia, y si podéis, macetas de valeriana. Buenas noches

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