8 ideas para poner en marcha el «slow parenting” con tus hijos

Practica el slow parenting para disfrutar de una maternidad/paternidad relajada con tiempo de calidad para tus hijos

Nuestro actual ritmo de vida nos impone prisas y estrés. La velocidad no es buena para nadie, pero menos para los niños. Ellos tienen su propio ritmo. Las madres y padres tenemos que adaptarnos a ellos, y no al revés. Pero, ¿cómo conseguirlo sin renunciar a nuestro estilo de vida? Te proponemos practicar el «slow parenting» para disfrutar más de tus hijos.

¿Qué es el «slow parenting»?

Las prisas nunca son buenas y mucho menos para el desarrollo y la educación de los niños y niñas. El «slow parenting» es un modelo de vida para familias que nos permite educar en la calma.
El concepto de maternidad/paternidad «slow» es un enfoque que nace del «Movimiento Slow», que aboga por llevar una vida más plena y desacelerada, poniendo especial énfasis en disfrutar de un contacto prolongado con el presente.

 

 

8 ideas para llevar a caso el slow parenting con nuestros hijos

Los siguientes 8 consejos prácticos te ayudarán a conseguir ser capaz de disfrutar de tu familia y ofrecer una crianza plena a tus hijos, sean cuáles sean tus rutinas y estilo de vida.

Ser un modelo de “calma” para tus hijos

Nuestro ritmo de vida y nuestro sistema socioeconómico, nos han hecho sentir culpables por «no hacer nada». Parece que tenemos que ser productivos todo el tiempo, a cada hora. Pero la quietud y el silencio son, en realidad, una herramienta de salud física y emocional.

 

 

Enseñemos a nuestros hijos a detenerse para escuchar los sonidos de los pájaros, el viento entre las ramas de los árboles o una canción con los ojos cerrados. Démosles ejemplo para que aprendan a disfrutar mirando las estrellas, el vaivén de las olas del mar, el vuelo de una mariposa o un atardecer. Busquemos junto a ellos formas en las nubes o aspiremos la fragancia de una flor… en silencio. 

No programes todo su tiempo

¿Quién no tiene un grupo de whatsapp con las familias del cole, y observa como hay madres y padres «perfectos»? Esos que nos hacen sentir «inferiores» y nos estresan porque sus hijos e hijas no dejan de hacer cosas «productivas» en todo el día… mientras los nuestros saltan sobre el sofá, persiguen al gato o pintan las paredes. Sí… ¡ya sé que muchos os vais a sentir identificados! ¡Yo también! ¿Y dónde deja todo eso espacio a la espontaneidad y la improvisación?

 

 

La necesidad de controlar cada aspecto de la vida de nuestros hijos es, en realidad, una actitud neurótica. Al dejar a los peques tiempo y espacio para la improvisación, su innata creatividad florece en todo su esplendor. Si les dirigimos toda su jornada, no solo pierden la posibilidad de desarrollar su imaginación… Sino que también les estamos impidiendo mostrarse como realmente son.

Déjales ser ellos mismos

No proyectes expectativas en tus hijos. Ellos no son tú. Atrévete a descubrirles tal y como son. Olvídate de tus deseos y planes sobre lo que quieres que sean de mayores o como quieres que actúen de pequeños… Y escúchales. Tus hijos YA SON.

 

¿Por qué las cajas son mucho más divertidas que el regalo que contienen?

 

Cada niño tiene su carácter, su personalidad, sus gustos y preferencias, sus sueños e ilusiones, sus capacidades únicas y maravillosas… Descubre sus talentos y acompáñalo en su desarrollo. No le obligues a hacer cosas para ganarse tu aprobación. Transmítele que el amor verdadero es incondicional.

Dedícales un tiempo exclusivo

Nos han inculcado la función «multitarea» como si fuera algo positivo, pero no lo es. No sé a vosotros, pero a mí los champús y acondicionadores 2 en 1 nunca me han dado tan buen resultado como los productos específicos… Prestar «compañía» a los peques mientras «trabajamos» a su lado no vale. Eso no es estar con ellos.

 

¿Por qué las cajas son mucho más divertidas que el regalo que contienen?

 

Regálales parte de tu tiempo en exclusiva. Cuando estés con ellos, estate solo para ellos. Sin nada más que hacer que prestarles atención. Ese SÍ que va a ser un tiempo de calidad y ellos lo valoran muchísimo.

No ir siempre con prisas

El tiempo libre es un valor caro y escaso en nuestra sociedad. Como consecuencia, vamos acelerados todo el día… ¡Incluso cuando hacemos cosas con los niños! Queremos que terminen de comer en una hora, que nos de tiempo a verlo todo en un museo, que acaben todas sus tareas programadas en el día, que nos de tiempo a realizar todos los recados antes de ir al parque…

 

 

Y así, sin darnos cuenta, les contagiamos un estrés para el que no están emocionalmente preparados y que afecta muchísimo a su desarrollo. Hay que dar tiempo y espacio a las actividades con los niños. A menudo, los peques se quedan ensimismados observando algo que les llamó tanto la atención, o necesitan repetir lo mismo infinidad de veces. Los niños son así. Empatiza con ellos.

Apaga las pantallas

La televisión, la tablet, el ordenador, la vídeo consola y el teléfono móvil deben permanecer apagados cuando estemos dedicando atención y tiempo a nuestros hijos. Dales ejemplo y hazlo tú primero. No puedes pretender controlar el uso que tus hijos hacen de las tecnologías si cuando estás con ellos en casa, en el parque o de vacaciones estás con la cabeza baja revisando el correo electrónico o whatsappeando desde tu teléfono.

 

móvil y tablet

 

Establece normas para ello. Por ejemplo, cuando la familia se siente a comer, apagad la tele y silenciad los móviles. De esta forma fomentaremos la comunicación y el diálogo familiar. Y si tus peques son pequeños, proporciónales juguetes sin pilas. Los Slow Toys son los juguetes que más favorecen el desarrollo de nuestros hijos. Los juguetes de madera son, en general, un buen material de juego educativo para los más pequeños.

Practica el mindfulness

Es posible que hayas oído o leído ya la palabra mindfulness, sobre todo si en tu entorno hay personas que, tras sufrir problemas de estrés, estén en el proceso de aprender a vivir la vida de otra manera. El mindfulness es una práctica basada en la meditación vipassana que promueve el prestar una atención plena al momento presente, de manera intencionada al momento presente y sin enjuiciar.

¿Y esto es compatible con la vida de una madre o un padre contemporáneos? ¡Pues claro que sí! De hecho, el mindfulness nace de la necesidad de unir los conceptos de Oriente con el estilo de vida de Occidente, donde la mayoría de nosotros caemos en la trampa de vivir en modo “piloto automático”. 

 

 

¿Cuántas veces estás haciendo dos cosas al mismo tiempo? Por ejemplo: ¿llevando a tu hijo al cole y pensando en todo lo que tienes que hacer durante el día? La mayoría del tiempo, ¿a qué sí?

Practicando el prestar atención plena a la realidad, a lo que sucede a nuestro alrededor, escuchando nuestro cuerpo y dándonos cuenta de cómo nos sentimos; nos reconectamos con el momento presente, con nosotros mismos y con nuestros hijos.

Pon en marcha el «tiempo fuera positivo» en la resolución de conflictos familiares

El tiempo fuera positivo es una herramienta de la Disciplina Positiva, que nos ayuda a reaccionar con serenidad y respeto ante los conflictos familiares para gestionar los problemas de forma correcta sin rabietas, discusiones ni enfados.

Se trata de una variante del famoso “toma aire y cuenta hasta 10 antes de contestar”. Una práctica que potencia la crianza respetuosa y las relaciones horizontales en la familia, ya que nos enseña a corregir actitudes y comportamientos imponiendo límites con respeto sin gritos ni castigos (ni mucho menos azotes).

 

 

Tomarnos un tiempo de reflexión nos permite no perder el control de las emociones (sufriendo lo que se denomina el «secuestro emocional» que nos haga estallar sin medida), y así ser más capaces de abordar y resolver de forma positiva un conflicto.

Consiste en aprender a distanciarnos del problema para serenarnos, valorarlo, no sobredimensionarlo y así medir nuestra respuesta ante él. Esto evita que reaccionemos de forma impulsiva e irreflexiva, perdiendo los nervios y actuando sin control.

El mundo cambia, se impone un cambio de valores

Tras la crisis por coronavirus nuestro estilo de vida ha cambiado. Nos hemos dado cuenta de que nuestro paradigma socioeconómico está resquebrajándose, y nuevos valores aparecen en el horizonte… Ahora, por ejemplo, valoramos mucho más la importancia del contacto físico y la regulación emocional.

También nos hemos visto obligados a desacelerar, evitando las proyecciones futuras y las expectativas, para poder aprender a vivir el día a día. De todo ello podemos sacar buen partido aplicándolo en la crianza de nuestros hijos.

 

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No se trata conseguir ser «los mejores padres», ni de tener “hijos perfectos”, sino de saber apreciar las etapas y circunstancias de cada familia, y cultivar el vínculo afectivo y la cohesión familiar creando un ambiente propicio para el desarrollo y crecimiento de los niños y niñas y que su infancia sea siempre una etapa respetada.

 


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