Por qué no deberías hablar a tus hijos sobre su aspecto físico

El aspecto físico que se impone a nuestros hijos por encima de otros valores, deteriora su autoimagen y afecta a su autoestima

Vivimos en una sociedad en la que el aspecto físico sigue marcando demasiado. Se han establecido unos cánones de belleza por la publicidad, las redes sociales o la relación entre nosotros, que hacen que parezca obligatorio estar siempre estupendo, ir a la moda, conjuntado o bien peinado. Asimismo, la delgadez o el estar súper musculado se asocia a belleza, felicidad y reconocimiento.

¿Y qué problema causa esto?

Si nos paramos a observar a nuestro entorno, los niños y las niñas reciben gran cantidad de mensajes sobre cánones estéticos. Solo hay que ver algunos de los juguetes, películas o series con las que siguen creciendo nuestros hijos.

La forma en la que vemos nuestro cuerpo tiene un gran peso. Lo que te dijeron tus padres de pequeño, lo que comentaban tus amigos en el colegio o lo que te decían tus primeros novios.

 

 

Frases tan simples como que «¡guapa!», «eres más alta que», «fea», «gordo», «llevas una falda muy bonita», «los niños no pueden llevar vestidos», «¿hoy no te has peinado?» acaban por definir el concepto que un niño o una niña tenga de sí mismo.

No deberíamos hablar de su cuerpo, ni de los cuerpos ajenos

Un comentario frecuente entre los adultos, cuando hace mucho que no se ven, es aquel que se refiere al cuerpo del otro. Y lo más peligroso es que suele hacerse alabando la delgadez: «¡Has adelgazado mucho! ¡Estás guapísima!», «Te veo mala cara, ¿estás cansada?».

 

 

Deberíamos dejar en casa esta costumbre, porque no aporta nada bueno y porque nadie necesita que vayamos haciendo juicios sobre su aspecto. María Montessori decía algo que debemos aplicar en nuestro día a día, porque es muy sensato y será muy liberador para nuestros hijos (y para nosotros, como adultos):

No hables con tu hija sobre su cuerpo, excepto para enseñarle cómo funciona. No le digas nada si ha perdido peso. No le digas nada si ha subido de peso. Si piensas que el cuerpo de tu hija se ve genial, no lo digas. Algunas cosas que puedes decirle en su lugar: «¡Te ves muy saludable!», «¡Te ves muy fuerte!», «Se nota que eres feliz: brillas». Mejor todavía: halaga alguna cosa en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo. Tampoco hagas comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solamente; ni positivo ni negativo. Enséñale a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.

 

 

Tampoco le digas que estás a dieta porque no te gusta tu cuerpo. Que a partir de ahora vas a dejar de comer pan, pasta y otras cosas para poder estar mejor físicamente. Ante tal afirmación, ellos pensarán que este tipo de comidas no son buenas.

El efecto Pigmalión

La teoría del efecto Pigmalión describe cómo el modo en que los padres, docentes y personas con vínculos afectivos pueden transferir o influir en el estilo de vida del niño, mutando sus capacidades, gustos y conductas.

 

 

Las etiquetas que se refieren al cuerpo son muy poderosas, por eso es mejor evitarlas. Y si hay que usarlas, que sea de una manera positiva. Es posible que a día de hoy conozcas adultos que todavía recuerdan comentarios que les han hecho de pequeños. Y puede que no solo lo recuerden, si no que, además, todavía les pesen.

¿Qué sí podemos hacer?

Explícales a tus hijos que cuidas tu cuerpo porque eso te hace estar más sana. Que vas a correr porque así dejas atrás el estrés del día a día. Que te gusta hacer meditación porque te ayuda a ser consciente de tu cuerpo y estar más presente.

Enséñales que gracias a su cuerpo pueden sentirse libres haciendo natación, remo, surf, escalada, bicicleta, parapente, submarinismo… ¡Lo que ellos quieran!

 

 

Enséñales a cocinar contigo, porque no hay nada más bonito que cocinar para uno mismo. No hay nada más placentero que cuidarse. Enséñales que su cuerpo en único y les hará hacer cosas únicas, porque no hay nadie igual.

Déjales que elijan la ropa que quieran para ir al cole. ¡Qué más da si los lunares no combinan con las estrellas! Si él o ella va cómodo o cómoda y se siente seguro con esa ropa, no le digas «¡eso no combina!», porque estarás juzgando su capacidad de vestirse y ¿quién decide qué pega con qué?

 

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En definitiva, piensa en las cosas que te decían a ti de pequeña. ¿Te gustaban? ¿Te han marcado en tu futuro como adulta? ¿Evitarías algunas de ellas? ¡Pues ya lo tienes!

 


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