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El efecto Pigmalión y la profecía autocumplida

Los niños pueden llegar a ser quienes creemos que son (para bien o para mal)

¿Alguna vez has logrado algo que te parecía un reto realmente imposible gracias a que alguien confió en ti? ¿Sabes el poder que tienen las palabras de una madre o un padre?

El efecto Pigmalión, en psicología y pedagogía, describe cómo la creencia que tiene una persona puede influir en el rendimiento de otra, ya que puede proporcionar el aliento necesario para ir a por la meta.

Las palabras de las figuras de apego de los niños (especialmente las de sus padres, abuelos y maestros), pueden elevar muy positivamente su autoestima y constituir una gran motivación hacia un objetivo, pero también puede producirse el efecto contrario, por lo que es muy importante prestar atención a nuestro lenguaje y a la forma en que nos dirigimos a los niños.

Casi a diario les colgamos etiquetas que van creando realidades en su mente, ¿cómo no van a creer si son más o menos listos, capaces o buenos si se lo dice su madre, padre o abuelo? Pues lo mismo pasa al revés, si a un niño se le dice constantemente que es travieso, inquieto y “malo”, ¿cómo crees que va a actuar?

¿De dónde viene la historia?

Todo esto se remonta a la mitología griega que podemos encontrar leyendo la Metamorfosis de Ovidio, e invitamos a que la conozcáis porque se entiende muy bien el fenómeno.

Pigmalión fue un rey de Chipre que no creía que existiese el amor verdadero, y quiso esculpir en marfil la figura de una mujer perfecta que reflejara todos los valores que deseaba:

  • belleza
  • nobleza
  • sensibilidad
  • ternura

Dio a la escultura una belleza como ninguna mujer real podía tener; fue realmente una obra de arte de la que poco a poco fue enamorándose.

Una vez concluida, la cubrió de besos y caricias y comenzó a tratarla como si fuera una mujer de carne y hueso. Llegó incluso a creer que estaba viva.

Entonces le pidió a Afrodita, la diosa del amor, que le diese vida para tener la oportunidad de ser feliz junto a ella:

 Si de verdad tenéis tanto poder, os ruego que deis vida a esta estatua para así poder casarme con ella.

Afrodita, conmovida por la gran historia de amor, decidió dar vida a la escultura al tacto de un beso de Pigmalión en sus labios. Galatea respiró entonces su primer aliento vital, y la historia cuenta que llegaron a casarse y tuvieron un hijo que se llamó Pafos.

 

 

Esta conmovedora historia muestra en realidad dos aprendizajes a tener muy en cuenta:

  • Efecto Pigmalión“: el poder que tienen de las expectativas respecto a los demás; al creer que la estatua estaba viva, llegó efectivamente a estarlo.
  • Efecto Galatea”: la fuerza que tienen las convicciones sobre nuestro propio éxito o fracaso (muchas veces nos saboteamos nosotros mismos y sin embargo otras sentimos que tenemos la fuerza de un titán).

Evidencias científicas

En los años sesenta, los investigadores Robert Rosenthal Leonore Jacobson realizaron un estudio interesantísimo sobre el efecto Pigmalion en el ámbito educativo.

Leonore propuso realizar una investigación dentro de la propia escuela que dirigía en San Francisco. Juntos crearon una prueba de inteligencia falsa que llamaron “Test de Harvard de Adquisición Conjugada” y estudiaron qué podría pasar si hablaban con los maestros y les decían que era de esperar que los alumnos que obtuvieran buenos resultados en el test tendrían avances sin precedentes en el transcurso de los siguientes años académicos.

Hicieron la prueba a los niños de entre primero y sexto curso, y dieron los resultados a los maestros, (resultados falsos en los que seleccionaron la lista de niños totalmente al azar).

¿Qué ocurrió? Los maestros se fijaron en estos niños, mostraron mucho más interés en su aprendizaje, en su evolución, y tan solo ocho meses después, su rendimiento escolar y resultados académicos había mejorado considerablemente, ¡incluso el famoso coeficiente intelectual!

La profecía autocumplida

La conclusión del estudio es que hay una asociación directa entre la expectativa del profesor y el rendimiento del alumno, efectos Pigmalión y Galatea en estado puro:

  • Los maestros, al tener grandes expectativas sobre ese grupo de alumnos, se esforzaron más para que su aprendizaje fuese más productivo.
  • Los alumnos, a través de la actitud del profesor, estaban convencidos de sus capacidades y posibilidades de mejora, por lo que también dieron lo mejor de sí mismos.

Este fenómeno también se conoce como profecía autocumplida: una expectativa que incita a las personas a actuar en formas que hacen que la expectativa se vuelva cierta.

Lo que crees, creas.

Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser ― Johann Wolfgang von Goethe.

¿Qué podemos hacer como padres o educadores?

Nuestra labor es sencilla: cuidar al máximo nuestro lenguaje. Pero el gran reto es que para ello debemos desaprender primero, ya que, aunque no nos demos cuenta, muchas veces juzgamos y etiquetamos a nuestros niños.

 

 

A veces no nos dirigimos a ellos, simplemente se lo estamos comentando a una amiga, a un familiar o a la maestra de la escuela. Por ejemplo, podemos desahogarnos con un tema que nos preocupa en ese momento: “Últimamente es muy pegón”, “Ahora le ha dado por morder”, “Nunca se acaba la comida”, “No hace los deberes porque es perezoso y siempre terminamos discutiendo!… Y, aunque parezca que ellos no nos están escuchando, siempre prestan atención, y se creen a pies juntillas lo que decimos de ellos.

Piensa la diferencia que puede tener decir “es muy llorón” a “esta tarde ha estado llorando un rato”. Los verbos ser y estar se diferencian bastante bien en español, (no así en otros idiomas), así que aprovechemos para darles un uso adecuado y no crear realidades que no deseamos, (aunque a veces la crianza sea dura y sintamos nuestros propios momentos de bajón como adultos).

Hemos de ser conscientes de que los niños se encuentran en pleno desarrollo físico, psicológico y afectivo, y por tanto son altamente vulnerables a la influencia que reciben de su ambiente más cercano. Nuestras palabras pueden afectar al autoconcepto y la autoconfianza del niño y, en consecuencia, a su autoestima.

Si a un niño se le dice todos los días que “es malo o “se porta mal” lo único que logramos es condicionar su comportamiento: es poco probable que de la noche a la mañana comience a portarse bien, ya que se sentiría inseguro al no cumplir las expectativas de los que le rodean.

El niño termina creyéndose que “es malo y por tanto siempre busca la travesura, o que “es tonto y entonces pierde su interés por esforzarse en la escuela.

Centrémonos en las fortalezas de los niños y no en sus errores; reconozcamos siempre su esfuerzo, esto se puede hacer casi a diario.

¿No sería mucho mejor si los maestros recibieran así cada día a los niños? Te invitamos a ver este vídeo del profesor Chris Ulmer y a dejarnos un comentario con tu experiencia:

 

 

¿Quieres saber más?

De cómo hablar de nuestros hijos para que los halagos tampoco se conviertan en una losa (tan negativo es etiquetarles de manera negativa como exagerar las alabanzas), de cómo hablarles a ellos, de cómo abordar las diferentes situaciones que puedan suceder en casa, de premios y de castigos, de validar las emociones y de mucho más hablaremos en este curso de Educación respetuosa y Disciplina positiva, con el que podréis conocer diferentes estrategias comunicativas y recibir otros conocimientos y recomendaciones prácticas:

 

 

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2 comentarios en "El efecto Pigmalión y la profecía autocumplida"

  1. Precioso escrito, muy professional. Gracias

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