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Mamá, no hables de mí

Mamá y papá, no habléis de mí, hablad conmigo

En la cola del supermercado: «¡Qué niña más linda! Tiene carita de buena». «Sí, pues lleva una mañanita que me tiene frita».

Con los abuelos: «Abuela, ¿sabes que a Jorge lo han castigado hoy en el colegio? Anda, cuéntale, dile a la abuela lo que has hecho».

Con la vecina: «El mío duerme fatal, lo está viendo el pediatra, porque puede que tenga un trastorno del sueño». «Pues la mía duerme del tirón desde que tenía tres meses, he tenido mucha suerte».

No hay nada de malo en hablar con personas de confianza de lo que nos preocupa acerca de la crianza de nuestros hijos o compartir las pequeñas anécdotas que llenan nuestro día a día. La cuestión es que solemos hacerlo en presencia de nuestros hijos y sin tenerlos en cuenta; y es que nuestros hijos construyen su imagen de sí mismos a través de lo que escuchan de nosotros.  Esto quiere decir que hay algunos detalles, por lo tanto, que deberíamos tener en cuenta.

No hables mal de mí a otras personas

Resulta humillante. No tenemos más que imaginar ese trato en cualquier otro tipo de relación. Cuando discutimos con nuestra pareja no vamos por ahí contándole a la cajera del súper que estamos hasta el gorro, con nuestra pareja al lado, porque no ha puesto el lavavajillas.

Incluso si tenemos que desahogarnos con alguien de confianza no lo hacemos en presencia de nuestra pareja, ridiculizándolo. «Qué suerte que tu marido es un manitas, el mío no sirve para nada». «¡Qué rico está el salmorejo! A ver si aprendes, cariño, que por más que lo intentas…».

¿Cómo nos sentiríamos en estas situaciones? Humillados, ninguneados, ridiculizados… del mismo modo que se sienten nuestros hijos si hablamos negativamente de ellos con terceras personas. Si nuestro hijo ha cometido un error, en primer lugar, deberíamos aceptar que forma parte del aprendizaje y enfocarnos en encontrar soluciones en lugar de señalar el error. Pero sobre todo, si estamos molestos y enfadados con ellos, que podemos estarlo y mucho, debemos expresárselo en privado porque forma parte de la intimidad de la familia. De la nuestra, sí, pero también de la suya.

Además, nuestros hijos están continuamente formándose una imagen del mundo y de sí mismos a través de nosotros. Si nos escuchan decir a menudo que son desordenados o desastres o flojos o lo que quiera que se nos ocurra llamarles, la etiqueta irá calando en ellos. Y como todos respondemos a las expectativas externas en cierto modo, las conductas que estamos criticando se acentuarán aún más. «Soy un desastre, nunca voy a conseguir tener ordenada mi habitación, ¿para qué voy a intentarlo?».

No cuentes anécdotas graciosas sobre mí si me molesta

A menudo, los niños tienen ocurrencias que nos hacen reír a carcajadas. Ya sea por su media lengua, por su inocencia a la hora de interpretar el mundo o por su falta de prejuicios y convencionalismos, todos recordamos situaciones en la que alguno de nuestros hijos dijo o hizo algo que nos provocó ternura y risa a la vez.

 

En la dentista, momentos antes de que mis padres empiecen a avergonzarme contando cosas sobre mí.

 

Cuando esto sucede, de forma natural, hay niños que se sienten molestos y lo manifiestan: «No te rías de mí». En estas ocasiones, tratamos de explicar al niño o niña que no nos estamos riendo de ellos sino que nos ha hecho gracia la situación o la ocurrencia que ha tenido.

A menudo, estas anécdotas tan divertidas las compartimos con otros adultos de la familia. Y es frecuente escuchar a algunos niños sentirse incómodos. «No lo cuentes», llegan a decir abiertamente. Pues tan sencillo como eso. Si es algo que pertenece a su intimidad y no quiere que lo contemos, no lo hagamos; o, al menos, no lo hagamos en su presencia.

Ahorrarle el mal trago no cuesta nada. Pensemos en algo que no quisiéramos ir contando por ahí pero que a los demás les pueda resultar gracioso, por ejemplo, una caída. ¿Os imagináis que vuestra pareja lo fuese contando a diestro y siniestro a pesar de decirle que no lo haga? Qué situación tan irrespetuosa, ¿verdad?

No te pases con lo de presumir

Y si vamos a decir cosas bonitas de nuestros hijos, ¿tampoco debemos? Entonces, ¿no podemos hablar de nuestros hijos nunca con nadie? Tampoco es eso. Pero cuidado igual que antes con las etiquetas. El hecho de que sean etiquetas positivas tampoco las convierte en inofensivas.

Los halagos, las etiquetas positivas, acaban creando presión en nuestros hijos para cumplir con nuestras expectativas y, además, les enseñan a depender continuamente de la aprobación externa.

Si todos los días le decimos a nuestro hijo que es el mejor, que estamos muy orgullosos y que saca unas notas maravillosas. ¿Qué pasará si de pronto un día no se lo decimos? ¿Le bastará con su propia satisfacción o echará en falta que le demos nuestro reconocimiento? ¿Y si en una ocasión suspende un examen? ¿Pensará que es un error del que puede aprender para hacerlo mejor la próxima vez? ¿O se centrará en nosotros pensando que nos ha fallado?

El problema de los halagos es que centran demasiado la atención en lo que nosotros esperamos o valoramos del niño. Un dulce de vez en cuando no amarga a nadie. Pero ojo con convertirlos en diabéticos emocionales. Que su motor en la vida sean su realización y satisfacción personal; y no contentarnos a nosotros.

No hables de mí como si no estuviera delante

Es muy frecuente y resulta muy antinatural. No lo solemos hacer en ningún otro tipo de relación, tampoco. No me imagino a nadie hablando de un amigo, por ejemplo, en su presencia y sin tenerlo en cuenta. «Estoy preocupada por Mario, está muy raro últimamente, algo le debe estar pasando». ¿Mientras Mario escucha todo como si no fuera con él? Resulta desconcertante solo imaginarlo.

Pues con los niños se hace. Y aunque pensemos que no prestan atención se enteran de todo. Mucho mejor involucrarlos en la conversación si tiene que ver con ellos. «Cariño, le estaba diciendo a la tita que no sabes si apuntarte a fútbol o a baloncesto. Es que los dos te gustan mucho, ¿verdad?».

 

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Habla conmigo

Resumiendo: No vamos a dejar de hablar de nuestros hijos. Imposible. E innecesario. Son una parte tan importante de nuestra vida que sería ilógico que no hablásemos de ellos. Se trata de hacerlo de forma respetuosa y de involucrarlos en la conversación, siempre que podamos y siempre que no tratemos un tema que ellos no quieran que salga a la luz. Porque no vamos a dejar de hablar de ellos, pero mucho mejor si no perdemos la ocasión de hablar con ellos.

 

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1 comentarios en "Mamá, no hables de mí"

  1. Y qué hacemos cuando lo hace otro miembro de la familia? Abuelos, tíos… Les decimos que se callen? Delante del niño?

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