Permisos de paternidad intransferibles

Cuando avanzamos en derechos pero empezamos la casa por el tejado 

Este año que acaba de comenzar será el primero en el que, en España, los padres disfruten de un permiso por nacimiento o adopción de 16 semanas, igualándose por primera vez, en cuanto a la cantidad de semanas, con el permiso maternal. Eso sí, se trata de permisos de paternidad intransferibles.

Esto supone un avance en cuanto a derechos y conciliación y, por lo tanto, es una noticia positiva que permitirá a muchas familias poder cuidar a sus bebés personalmente durante más tiempo sin verse en la obligación de dejarles en manos de otros cuidadores con apenas 16 semanas de vida, como ha venido sucediendo hasta hace pocos años.

Permisos de paternidad intransferibles

Las primeras seis semanas de permiso deberán disfrutarse obligatoriamente tras el nacimiento o adopción; mientras que las 10 semanas restantes se podrán disfrutar durante el primer año de vida del bebé. Este permiso es, además, intransferible. En ningún caso podrán cederse esas semanas ni parte de ellas a la madre.

 

 

En el caso de las parejas homoparentales, cada progenitor podrá disfrutar de su permiso de 16 semanas, mientras que en el caso de las familias monomarentales o monoparentales no podrá solicitarse más que un permiso de 16 semanas al existir solo un progenitor.

Quienes defienden este permiso y el matiz de que sean permisos de paternidad intransferibles, lo hacen en aras de la igualdad. El argumento fundamental es que el disfrute de los permisos de maternidad y el papel de la mujer como cuidadora principal de las hijas e hijos, ha supuesto una discriminación laboral por parte del mundo empresarial.

 

 

Dicha discriminación se verá suavizada (supuestamente) al igualar el permiso del progenitor no gestante con el de la madre gestante. Al mismo tiempo, de esta manera, se favorece la implicación del otro progenitor en la crianza al poder pasar más tiempo con su hijo/a.

La intención es buena. La discriminación laboral de las mujeres es una lacra social con la que aún debemos batallar, así que partimos de la base de que la intención es esa y, como tal, es buena. Ahora bien, hay varios aspectos de este permiso que llaman la atención.

1. Se desoye la petición social que llevamos reclamando durante años

Hace muchos años que en España se alzan todo tipo de voces denunciando que el permiso de maternidad en nuestro país es, a todas luces, insuficiente. Mientras que la OMS recomienda que los bebés sean alimentados con lactancia materna exclusiva y a demanda durante los primeros seis meses de vida, la incorporación al mercado laboral a las 16 semanas de vida del bebé dificulta tremendamente que las madres puedan seguir esta recomendación.

 

 

Amamantar o no es, por supuesto, una decisión personal de cada mujer; pero siendo una recomendación sanitaria de un organismo tan importante, si es la decisión de la madre hacerlo, el permiso de maternidad debería garantizar que pudiera llevarse a cabo.

Se sigue manteniendo, por lo tanto, un permiso maternal insuficiente sobre el que había una gran demanda social para que se ampliase; mientras que se amplía el permiso paternal sobre el que no existía tanta demanda social. Estamos de acuerdo en que es positivo que el permiso de paternidad se amplíe, pero teniendo en cuenta todo lo anterior da la sensación de que se ha empezado la casa por el tejado.

2. Con los permisos de paternidad intransferibles se obvia el papel fundamental de la madre gestante

Vaya por delante que me considero una mujer feminista. Reconocer el derecho de cada mujer a vivir su vida, en general; y su maternidad, en particular, como le plazca, no cambia el hecho irrefutable de que la especie humana es una especie mamífera en la que, desde un punto de vista biológico, el papel de la madre gestante es fundamental y prioritario para el bebé durante la primera etapa de su vida.

Fui yo quien llevé a mis hijos en mi matriz durante meses, yo parí a mis hijos; y mis tetas produjeron leche para alimentarles. Eso no resta ni un ápice de importancia al papel fundamental que su padre juega en sus vidas. Su padre era consciente de que su papel en esos primeros meses era dar soporte a nuestro vínculo y aportar seguridad y confort a la familia.

 

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Esto no me convierte en mejor madre que una madre adoptiva ni que una madre que no haya dado el pecho. Pero es una realidad que, en nuestra especie, los bebés necesitan y buscan de manera preferente a su madre gestante. Con independencia de que, en ausencia de esta, se puedan crear y desarrollar vínculos afectivos saludables con otros cuidadores.

3. No se contempla que el permiso sea transferible para que cada familia decida cómo organizarse

Y el argumento fundamental es que, si permitimos que sea transferible, la mayoría de mujeres asumirán más semanas de permiso de maternidad, aumentando aún más la desigualdad laboral. Y a mí este argumento me recuerda a aquella infantilización de las mujeres que hizo Victoria Kent cuando argumentó en contra del voto femenino alegando, básicamente, que las mujeres no estaban aún capacitadas para votar con criterio.

 

Lactancia tatuaje

 

Lo que hace este matiz de intransferibilidad es, en una alarde de feminismo, decidir por las mujeres que es lo mejor para ellas; no vaya a ser que si nos dejan decidir, elijamos criar a nuestros hijos. A mí esto no me hace sentir más libre ni creo que represente ningún principio feminista. Más bien me suena a paternalismo estatal, eso sí, con buenas y feministas intenciones.

Pero el fin no justifica los medios. Hay muchas formas de entender el feminismo y a mí, qué le voy a hacer, me gusta más la forma honesta en que Clara Campoamor defendió el derecho de las mujeres a equivocarse, que ese feminismo que me resta poder de decisión y esgrime hacerlo por mi bien.

4. No se aportan las herramientas necesarias para que el mercado laboral deje de discriminar a la mujer

Me parece un acierto absoluto que las primeras seis semanas de permiso sean de obligado disfrute tras el parto. El puerperio suele ser una etapa lo suficientemente compleja desde todos los puntos de vista posibles, como para precisar del apoyo y el soporte de la tribu familiar. Poder vivirlo en compañía y disfrutar de seis semanas simultáneas va a ser, sin duda, un gran alivio para muchas familias y un gran avance social.

Ahora bien, las 10 semanas restantes de permiso son un derecho pero no son una obligación. No solamente se deja en manos del progenitor no gestante la decisión de disfrutar o no de dichas semanas de permiso, sino que se da pie a la “picaresca” de que cada empresa invite amablemente a sus empleados a renunciar a dicho permiso, puesto que existe esa posibilidad.

 

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Es más, esas 10 semanas podrán disfrutarse en periodos semanales, de forma acumulada o interrumpida hasta los doce meses del hijo/a, comunicándolo a la empresa con una antelación de 15 días. Podrán disfrutarse en régimen de jornada completa o de jornada parcial, previo acuerdo entre la empresa y la persona trabajadora. Y cuando los dos progenitores trabajen en la misma empresa, la dirección empresarial podrá limitar su ejercicio simultáneo por razones fundadas y objetivas.

Si partimos de la base de que las empresas discriminan laboralmente a las madres por el disfrute de los permisos y los cuidados, ¿alguien cree que con todas estas concesiones al mundo empresarial no se van a dar circunstancias en las que los progenitores no gestantes sean presionados por sus empresas para renunciar a dichos permisos?

 

 

Incluso en el hipotético y optimista caso de que los tiempos de permisos se igualaran, la feminización de los cuidados es mucho más amplia. En la mayoría de los casos, son las mujeres quienes solicitan reducciones de jornada y/o excedencias voluntarias para atender a los hijos. Si queremos acabar de verdad con la discriminación laboral de la mujer habrá que quitarle las tijeras a quienes nos cortan las alas. Lo contrario es pecar, como mínimo, de ingenuidad. 

5. Los cambios sociales son lentos

Cada vez son más los hombres que viven su paternidad de una manera consciente y responsable. Es lógico, como en todos los ámbitos, que los cambios sociales den lugar a leyes que apoyen y den soporte a dichos cambios. Durante siglos los cuidados han estado en manos de las mujeres de manera casi exclusiva. Este es un cambio fundamental y necesario que favorece a todos los sectores de la sociedad.

A las mujeres, que pueden compartir esa tarea que puede llegar a ser realmente agotadora. A los hombres, que pueden disfrutar de la paternidad y crear un vínculo fuerte y sano con sus hijos. Y, sobre todo, a las niñas y los niños, que crean vínculos afectivos con ambos progenitores y crecen teniendo como ejemplo modelos familiares más justos y corresponsables.

 

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Sin embargo, aún son muchas también las familias en las que el padre no se hace cargo de los cuidados del bebé al nivel esperado ni deseable. Y ninguna ley va a cambiar la realidad de esas casas en las que la mujer va a seguir cargando con el peso de los cuidados mientras su pareja disfruta (o no) de un permiso que no destina al fin para el que se le ha concedido.

Esto no es, en ningún caso, responsabilidad de quienes legislan. En todo caso, la ley se ha anticipado tal vez a los cambios sociales profundos que necesitamos mientras se sigue sin dar respuesta a otras necesidades de conciliación que se demandan.

 

 

6. Los permisos de paternidad intransferible olvidan las necesidades y los derechos de la infancia

Y una vez más, en un claro alarde de adultismo, se anteponen los derechos de las personas adultas a los de niños y niñas. Este es un permiso que se concede para poder atender a nuestros hijos y a nuestras hijas, para poder cuidarles como merecen y necesitan en la primera etapa de sus vidas. No es un permiso por matrimonio ni son unas vacaciones.

Y, sin embargo, más allá del componente biológico que se ha obviado al igualar el permiso del progenitor no gestante al de la madre gestante antes de ampliar a mínimos aceptables el permiso de esta; no se permite que en las familias monomarentales o monoparentales, el único progenitor disfrute de las semanas de permiso que disfrutaría el otro progenitor en caso de que existiera.

 

 

Es decir, la prioridad no es que todos los bebés sean atendidos por sus cuidadores principales durante 10 semanas más, sino que los padres disfruten del mismo tiempo de permiso que las madres. Los hijos e hijas de familias monomarentales van a sufrir, en este caso, una clara discriminación con respecto a los nacidos en familias con dos progenitores. 

Y, a pesar de todas estas discrepancias, como decía al principio, siempre es una buena noticia que se amplíen derechos y medidas de conciliación. A mí me habría encantado que el padre de mis hijos hubiera podido disfrutar de estas 16 semanas de permiso que van a disfrutar quienes sean padres este año. Y me habría gustado aún más que ese permiso lo disfrutara después de que yo terminara un permiso de maternidad aceptablemente decente. Ya está puesto el tejado. Sigamos reclamando los cimientos. 

 

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