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¿En la escuela infantil o en casa?

Si los cuidados son de calidad, la escuela infantil puede ser una gran alternativa

Aunque la realidad es que muchas madres y padres no pueden hacer mucho al respecto, porque no hay posibilidad de decidir, hace ya muchos años que existe un debate alrededor de la crianza de los hijos, en el que se valora si es mejor que los niños estén en casa con su madre y/o su padre (en el caso de parejas hetero), o si es mejor que vayan a una escuela infantil.

Este debate ha vuelto a encenderse porque a principios de octubre Pedro Sánchez hizo un anuncio sorprendente: la igualación de los permisos de maternidad y paternidad, junto a un proyecto de universalización de las escuelas infantiles 0 a 3 años, o lo que es lo mismo, ofrecer una plaza de escuela infantil a todos los bebés a partir de las 16 semanas de vida, como medida de conciliación.

Como suele suceder en esta nuestra sociedad adultocentrista, cuando el funcionamiento laboral y del sistema provoca desajustes logísticos (que podrían provocar quejas y reivindicaciones por parte de madres y padres), el sistema reacciona dándonos “facilidades” para que podamos seguir siendo productivos y consumidores a la vez, y demostrándonos que sí, que los niños son ciudadanos de segunda:

“¿Tienes problemas para conciliar tu vida familiar con tu vida laboral? No te preocupes, vamos a hacer que tu familia no sea un problema para ti ni tu trabajo. Vamos a hacer que tu bebé no dificulte tu carrera. Puedes dejárnoslo, que nosotros te lo cuidamos”.

Pero a los padres no nos suena tan bien

El problema es que a madres y padres, que tenemos sentimientos (normalmente), que nos hemos empezado a vincular con nuestro bebé y hemos hecho un esfuerzo para comprender sus necesidades, que hemos descubierto que cuando llora no nos manipula, sino que sufre y nos necesita muchísimo, y que sabemos que con 16 semanas aún no es consciente de su propia existencia, eso de dejarlo a personas desconocidas, en centros donde sus cuidados van a ser compartidos con muchos otros niños y niñas, aún nos rechina, y nos duele.

 

 

Y sobre todo a la persona que más tiempo ha pasado con su bebé, habitualmente mamá, que siente que se lo arrancan de las entrañas… como si fuera un segundo parto en el que la separación es de varias horas, durante varios días, todas las semanas de todos los meses del año.

Y no solo mamá, es que el bebé dice lo mismo: “¿Dónde está mi familia? ¿Dónde está mi mamá?”. Los nuevos cuidadores/educadores sufren porque el bebé no quiere comer, sufren porque no se quiere dormir si no es con la teta, o si no es en unos brazos conocidos, o directamente, si no es en brazos; y llora esperando que todo vuelva a ser como antes.

Entonces llega la tarde, o la noche, cuando de nuevo está con ella y ya no la sueltaEn toda la noche, no la deja, porque siente que es la única manera de conseguir que mañana no vuelva a pasarle lo mismo.

Y mamá y papá duermen cada vez peor, como bebé

Y entonces mamá llega al trabajo muerta de sueño porque su bebé duerme cada vez peor; y papá no anda muy lejos, porque también está ahí en los despertares, dándose cuenta de que “algo han hecho mal, si se despierta tanto”.

Y el sistema ve que ahí las madres y padres tienen otro problema y que podría producirse una posible pequeña (o gran) revolución ciudadana, y para aplacarla te dice que tu bebé tiene “insomnio infantil” y que lo que tienes que hacer es enseñarle a dormir solo.

Y así dan pábulo a teóricos expertos del sueño que lo único que sugieren es que “abandones” a tu bebé, cada noche, en su habitación, acompañado de todos los mecanismos necesarios para que crea que está con su madre, sin estarlo: un peluche al que abrazar, una prenda de su madre que oler, y una grabación con su voz para que poco a poco deje de llamarte, aunque sea a ti a quien necesite.

Y los padres empiezan a dudar

Cada vez más cansados, con un bebé o niño que parece que no lo está pasando bien, con una extraña sensación de vacío… como si los instintos te empujaran a coger a tu crío y largarte a otro país, o a la montaña, a vivir la vida juntos, porque es eso lo que tu corazón te está gritando.

 

 

Y porque cada madre y cada padre sienten que han entrado en la rueda de una sociedad que fagocita a todo y a todos para que todo siga funcionando igual de mal.

Es decir, una sociedad enferma que quiere seguir estándolo, que no deja que nadie salga del rebaño, y que lucha por que los bebés entren a formar parte lo antes posible. Y lo consigue.

Madres y padres empiezan a dudar y el sistema reacciona de nuevo quitando a los cuidados todo el valor que tienen, dando visibilidad y estatus solo a aquellos que dedican sus horas, incluso las que deberían ser para los hijos, al trabajo:

“Realízate, crece, supérate, promociónate…, pero no en tu casa con tu bebé; no malgastes tu tiempo criando y educando; ni amando horas y horas; ni viéndole crecer. Nadie crece como persona cuidando, porque te vuelves invisible. Deja que lo hagamos nosotros. Cuidar es secundario si puedes dedicarte a ser la persona trabajadora que siempre has soñado ser”.

Y si no lo has soñado, ya se encargarán de hacerte creer que sí, que es a eso a lo que todos tenemos que aspirar; y que si lo sientes al revés, si sientes que tu bebé te necesita y siente que necesitas a tu bebé, sientes mal.

Calmando conciencias, silenciando a los bebés

Pero no serán los gobiernos quienes nos lo hagan saber, ni aquellos que van en coches lujosos enriqueciéndose a tu costa, mientras tú sufres para llegar a fin de mes en un trabajo que, se supone, tendría que estar dándote la felicidad, el crecimiento personal y el estatus que mereces.

Te lo dirán personas muy guapas en los anuncios de la tele, te lo dirán personas muy graciosas en las series y películas, te lo dirán personas famosas en sus perfiles de Instagram y te lo dirán los expertos.

 

Escuela infantil

 

Sí, ellos también. Te dirán que no pasa nada si no pasas mucho tiempo con tus hijos porque unos pocos ratos de amor y tiempo de calidad son suficientes. O que no debes sufrir cuando no ves a tu bebé o niño porque en la escuela infantil también se desarrollan genial o incluso mejor que contigo, que aprenden muchas cosas y que lo de quedarse en casa no siempre es la mejor solución para todos los bebés.

Y no será todo mentira, pero tampoco será todo verdad, porque basarán su discurso en estudios y realidades que no corresponden a las de nuestro país.

Y los bebés quedarán silenciados porque su voz, la de los expertos que la traducen y nos explican cómo funcionan, llegará distorsionada y sesgada. Y oye, si un experto me dice que mi hijo está aprendiendo mucho y que luego tendrá un futuro prometedor, ya no duele tanto que cada día mi bebé me diga que me necesita, y ya no me duele tanto sentir, cada día, que aún necesito estar con mi bebé.

Conciencias calmadas, bebés silenciados: el sistema tiene vía libre para seguir haciendo pasar por el aro a bebés, niños, adolescentes y adultos y continuar con la imparable rueda de personas productivas, infelices y, como consecuencia, consumidoras. Y lo peor: sin saberlo, sin ser conscientes de ello.

Porque tú preguntas a la gente y todos dicen que, más o menos, son felices, pero los centros comerciales están siempre llenos, y el dueño de Amazon es ya la persona más rica del planeta; porque vende cosas.

¿En la escuela infantil o en casa?

Me ha quedado la introducción un “poco larga”, y quizás ya no llegues a leer esto, aunque también es importante si te preocupa tu bebé o niño/a, y sobre todo su presente y futuro (y tu presente y futuro).

 

 

El National Institute of Child Health & Human Development (Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano) de los EE.UU. publicó hace unos años un estudio en el que habían hecho un seguimiento a más de 1.000 niños desde 1991, analizando cómo fueron cuidados desde el mes de vida hasta los cuatro años y medio.

Vieron que los niños cuidados en las escuelas infantiles eran menos cooperativos y tenían más problemas de conducta (agresividad, competitividad, rebeldía…), que los que habían sido cuidados por sus padres o por otros familiares. Esto era todavía más evidente cuando las escuelas infantiles eran de baja calidad y se agravaba cuando los niños pasaban más horas en ellas.

Pero no todo es tan malo… en otros países

Sin embargo, concluyeron que los datos no eran del todo concluyentes, al darse cuenta de que lo importante al fin y al cabo no tiene por qué ser dónde está el niño, si en casa o en la escuela infantil, sino el trato que recibe:

“En una escuela infantil con una calidad humana cercana a la que pueda ofrecer una madre o un padre, y unos cuidados similares, las diferencias entre los niños eran inapreciables.”

Es lo mismo que concluyen los estudios que comparten los expertos que defienden, en España, que llevar a tu bebé de meses, o de un año, a una escuela infantil puede ser igual que tenerlo en casa, o incluso mejor en muchos casos.

El problema es que esos estudios no se hacen en España, sino en países donde el sistema da tanta importancia a las escuelas infantiles que dedica mucho tiempo, recursos materiales y recursos humanos, en conseguir que sean de muy elevada calidad.

Hablamos de estudios hechos en países donde la ratio es de 3 niños por educador/a si los bebés tienen entre 6 y 18 meses, de 4 por educador/a si tienen entre 18 y 24 meses y de 7 niños por educador/a si tienen entre 2 y 3 años.

 

Un aula enorme y tan solo 7 niños en el grupo. ¡Estamos tan lejos de esto!

 

Hablamos de países donde las escuelas infantiles son grandes, con espacios diáfanos, grandes ventanales que aportan luz natural, con terreno exterior más que suficiente y muchos materiales a su alcance.

Escuelas donde las niñas tienen la posibilidad de recibir muchos estímulos diferentes, vivencias, y de compartir tiempo y espacio con pocos niños, y contar con una educadora cariñosa y empática.

En esa situación, según la evidencia, un bebé puede crecer prácticamente como si estuviera en casa con su amorosa madre, o con un padre igual de consciente y empático.

Pero en España…

En España quedamos, a menudo, retratados. Esta vez no será la excepción. Las ratios en España son:

  • Niños de 0 a 1 año: 8 niños por educador/a (casi el triple que las mencionadas), excepto en Baleares que son 7.
  • Niños de 1 a 2 años: 13 niños por educador/a (más del triple que en otros países), aunque en Madrid pueden ser hasta 14 y en Baleares 12.
  • Niños de 2 a 3 años: 20 niños por educador/a (casi el triple que en otros países), aunque algunas comunidades establecen el máximo en 18 y Navarra, que marca en 16 el máximo.

¿Entonces?

Que cada cuál saque sus conclusiones. Que cada cuál eche la vista atrás a su infancia y piense en las primeras separaciones de mamá y papá, y sobre todo de mamá, si tenemos en cuenta que muchos tuvimos a padres ausentes.

Que cada cuál haga un ejercicio de empatía y se pregunte dónde querría estar su bebé si pudiera elegir, y así sabrá qué es lo mejor.

 

Escuela infantil

 

La evidencia hace muchos años que lo está diciendo, y lo triste es que no debería hacer falta que ningún estudio nos dijera que donde mejor está un niño, cuando está en fase de desarrollo, es con una persona con la que relacionarse mucho, mucho, y hacer un vínculo estrecho. Una persona que suele ser mamá, pero que también puede ser el otro progenitor (o progenitora).

El mismo estudio que os he mencionado, el de EE.UU., lo deja claro:

“La relación con la madre es el factor que más puede ayudar al desarrollo emocional, social e intelectual de un niño”.

Y es que la mejor de las situaciones, para un bebé o niño, es aquella en que cuenta con una madre (y un padre) sensible y emocionalmente estable, atenta y disponible ante las necesidades, con un entorno familiar favorable, con una personalidad positiva, con un bajo nivel de estrés y sin síntomas de depresión.

Es decir, que en un hogar donde hay unas rutinas bien organizadas, con juguetes y libros disponibles, donde participe en actividades estimulantes, tanto en casa como fuera de ella, es donde tendrá un desarrollo social e intelectual superior.

Si es que además no tiene mucho secreto, es de sentido común: estamos hablando de una ratio de 1:1. Una cuidadora/educadora para un bebé. Que además es su madre (en la mayoría de ocasiones).

La segunda mejor de las situaciones sería la mencionada: una escuela infantil con educadores/as tan atentos y disponibles como “la madre” o “padre” que acabamos de describir, con una ratio baja y un entorno enriquecedor y seguro.

Pero es imposible: madres y padres no tienen tiempo

Claro que es imposible (a menos que te cojas una excedencia). Porque estamos en España. Y del mismo modo que no se destinan recursos suficientes a las escuelas infantiles, esas en las que nos dicen que van a estar genial (y, según dicen, casi mejor que en casa), no se destinan recursos a hacer posible que las familias tengan facilidades para cuidar de sus hijos en los primeros meses o años de vida, porque al final les dan exactamente igual los bebés y su bienestar.

 

Escuela infantil

 

Al sistema, nuestros hijos le importan un carajo. Solo interesa que empiecen a consumir lo antes posible, y la situación en la que más consumen (a través de nuestra cartera), es cuando menos relación hay entre padres e hijos.

Porque en situación de carencia amorosa, de falta de tiempo y relación, de ausencia, acabamos consiguiendo sus sonrisas accediendo a comprarles lo que quieren: “Porque pobrecito, esta semana apenas nos hemos visto, lo menos que puedo hacer es comprarle esto que tanta ilusión le hace”.

Porque si les importaran estarían haciendo todo lo posible por ampliar los permisos de maternidad y/o paternidad más allá de las 16 semanas, y no es el caso.

Porque si les importaran, además de ampliar el tiempo con nuestros hijos, crearían espacios familiares, tipo ludoteca, para poder ir con nuestros hijos a jugar y a hacer posible que jugaran con otros niños y niñas, con nosotros presentes. Esto apenas existe en nuestro país y es el modo más lógico de promover la autonomía y de potenciar el inicio de las relaciones con sus iguales, pues suceden sabiéndose seguros con la presencia de mamá y/o papá.

 

Escuela infantil

 

Porque si les importaran y esto de ampliar los permisos y crear espacios familiares no fuera posible o no fuera viable, estarían invirtiendo en que las escuelas infantiles (que ya hacen un gran trabajo con los pocos medios de que disponen), tuvieran muchos más medios, mejores centros, más recursos, educadoras con posibilidad de seguir formándose en nuevas pedagogías y con sueldos acordes a la exigencia.

Y porque si les importaran, no estarían continuamente haciéndonos creer que somos felices, y que nuestros hijos también lo son cuando la realidad es que cada mañana se quejan porque no quieren separarse de nosotros y cada noche se pegan como lapas a nuestros cuerpos.

Porque si nos dijeran la verdad, las madres y los padres, y los bebés y niños, las familias enteras, estaríamos en las calles luchando por una vida digna, un presente digno para nuestros hijos, y sobre todo un futuro aún más digno.

Pero como vamos tan cansados, agotados y desquiciados que solo nos queda la energía suficiente para sobrevivir día tras día, pues ni hacemos una cosa, ni hacemos la otra, ni ya sabemos muy bien qué coño estamos haciendo con nuestras vidas y las vidas de nuestros hijos, con esa maldita sensación de que si les dedicas más tiempo y dejas de trabajar no vas a tener qué comer, y que si quieres tener qué comer, no tienes tiempo para tus hijos.

Elegir entre educarlos o comer es el auténtico debate. Estupendo.

 

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3 comentarios en "¿En la escuela infantil o en casa?"

  1. Te felicito enormemente por este artículo, he seguido cada palabra y cada argumento con el corazón en un puño. Creo que llevas mas razon que un santo, y este mismo discurso lo sentimos muchas personas, pero como dices esto no vende, y seguiran con su camino hasta q lo consigan. Nuestros hijos son los primeros que lo van a sufrir, no les importan los niños para nada.

  2. Se puede decir más alto pero no más claro. Plenamente de acuerdo. Gracias por escribir y poner voz a los que pensamos así y sentimos la impotencia de no poder cambiar las cosas. Por eso, cada vez más alto digamos a los demás que lo más importante de esta vida son los niños. La sociedad tiene un problema serio.

  3. Genial artículo Armando, enhorabuena. Muy de acuerdo con lo que comentas. El adiestramiento del sueño está muy relacionado con el desapego que quieren generar para que los niños “no sean un estorbo” en nuestra vida profesional.

    Es cierto que en España hay algunas guarderías que tienen 2 cuidadores por aula, por lo que el ratio (de 1 a 2 años) pasa de ser 1:13 a 1:6,5, algo mucho más decente. ¿Problema? Suelen ser más caras que las otras…

    Como dices, por el momento las alternativas que hay no nos satisfacen. Las guarderías públicas seguirán teniendo ratios insuficientes, por lo que los beneficios de llevar a los niños son cuestionables. Por otra parte, los permisos de maternidad-paternidad son escasos y nos imposibilitan hacernos cargo de nuestros hijos en casa…

    En fin, queda mucho por hacer, pero los padres estamos lejos de conformarnos, seguiremos luchando por el bien de nuestros hijos.

    ¡Un saludo!

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