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Érase un bebé pegado a una teta: cuando hay cambios vitales y pasa la noche mamando

Cuando se ponen en "modo lapa" y mamá no ve la luz al final del tunel

Es habitual que la demanda de los bebés amamantados sea mayor en ciertas épocas. Seguro que has oído hablar de la famosa crisis de los tres meses, o de esa época hacia el año de vida en que quieren más teta que nunca.

Lo que quizás no te han contado es que hay épocas, como la vuelta tras las vacaciones de verano, (empieza de nuevo la rutina, la incorporación al trabajo, inicio de escuela infantil o colegio), en que los bebés o niños/as empiezan a demandar también más pecho por la noche.

Las madres me dicen que están agotadas y desesperadas. “¡Pero si ya dormía bastante bien por la noche! ¡Si apenas tomaba el pecho un par de veces y se volvía a dormir! Ahora es que no hay manera, no me suelta. No le puedo quitar la teta de la boca. Y es que así no descanso nada”.

Esta situación es extenuante. Sobre todo, porque además suele ser inesperada. Un niño que más o menos dormía (algo) y que de repente ‘empeora’. Ante esta situación, es muy fácil que la madre se plantee el destete nocturno, ya que ve que es inviable mantenerla en el tiempo.

Pero es que no falla: es empezar el cole o escuela infantil, o que la madre se ausente más de casa para que los pequeños empiecen a despertarse más, y a pedir más teta.

¿Por qué ocurre eso?

Por varias cosas. Lo primero es que el pecho no es sólo alimento (aunque eso ya a estas alturas de la película seguro que lo sabes). El pecho es un lugar donde el niño/a se siente seguro/a. Sabe que si pide teta va a estar con su madre. En contacto, a salvo.

Esto es un mecanismo de seguridad desde que son recién nacidos. Cuando el bebé se siente inseguro, llora, y pide teta. La teta lo calma, porque entre otras cosas, sabe que no corre peligro. (Para el bebé un sitio inseguro puede ser en medio de la selva, o en el carrito o cuna, para él no hay diferencia. Lo único que sabe es que si no está con su madre puede que esté en peligro. Recordemos que somos animales, con instinto, y que el bebé los tiene muy presentes).

Por eso, si durante el día ha habido separación o el niño/a se ha sentido inseguro pero no ha tenido el pecho disponible, cuando ‘por fin’ lo tiene, no lo deja escapar. Además, reclama muchas más veces, simplemente para saber que ‘está ahí’. Sólo necesita tener la seguridad de que su madre no se va a ir de nuevo.

¿Hasta cuándo es así?

En realidad todo esto es un proceso adaptativo, que pasa con el tiempo, cuando el niño entiende que hay veces que está mamá (y la teta), y hay otras veces que no, pero que siempre vuelve.

Vamos a intentar ponernos en la mente del niño:

Mami no está. Estoy en la escuela infantil o en el cole. Pongamos que no estoy mal. Juego con los niños y niñas, estoy tranquilo. Pero echo de menos a mami. No sé diferenciar una hora de cinco. Es mucho tiempo igualmente. Mami no está y no sé cuándo va a volver. ¿Y si no vuelve? ¿Y si me deja aquí para siempre?

Obviamente eso no va a ocurrir pero eso él no lo sabe. Finalmente su madre lo recoge y están juntos. ¿Qué hace? Pues demanda al máximo, ‘por si acaso’. Por si acaso se vuelve a ir, por si acaso no está disponible…

 

 

El niño, inconscientemente piensa: ‘No sé lo que va a pasar en un rato, así que voy a pedir todo lo que pueda, voy a aprovechar que estoy con ella’.

Poco a poco pasan los días y semanas, y el niño va viendo que siempre le recogen. Que mamá siempre vuelve. Entonces progresivamente se va relajando y no tiene esa necesidad de comprobar que mamá está disponible siempre para mí y no tengo el miedo a que desaparezca de nuevo.

Aún no saben volverse a dormir

Por otro lado, el sueño es un proceso evolutivo. Todos los niños/as saben dormir desde que nacen, sin que tengamos que enseñarles, pero sí es cierto que tienen que aprender a controlar los microdespertares.

Todos, tanto adultos como niños, tenemos muchos microdespertares a lo largo de la noche. Los adultos no somos conscientes de ello: nos tapamos, nos damos la vuelta… pero no llegamos a despertarnos.

Pero a los niños muchas veces les cuesta volver a dormirse. Tienen esos microdespertares normales, pero no son capaces de volver a dormir solos. Necesitan que volvamos a ayudarles a conciliar el sueño meciéndolos, en nuestros brazos, con la teta… en lo que probablemente responde a la necesidad de ser alimentados frecuentemente y de saber que siguen estando junto a mamá, a salvo.

Además, hay cosas que pueden afectar al descanso nocturno y hacer que el niño/a tenga un sueño intranquilo/a como por ejemplo la adquisición de nuevas habilidades motoras: gateo, bipedestación, saltos… así como situaciones nuevas o de cambios en la vida diaria.

¿Y si no se suelta del pecho?

Volvamos a la situación anterior. El niño que tiene miedo, que se siente inseguro, que está viviendo una situación de cambio en su vida… Lógicamente se va a despertar más veces. No está tranquilo. ¿Y qué pasa cuando un niño que toma teta se despierta más veces? ¡Pues que quiere más teta! Pero es que además le pasa otra cosa: ¡No suelta la teta de la boca!

Antes se despertaba, ‘daba dos chupetones’ y a seguir durmiendo. Ahora parece que mama con ansiedad y no quiere soltar el pecho. Claro, todo esto es por lo mismo: “No quiero soltarlo no vaya a ser que lo suelte y después no esté. Como no sé lo que va a pasar, por si acaso no lo suelto y así me aseguro de tenerlo disponible”.

Agotador. Sí, así es. Muy, muy cansado. Insufrible.

 

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Pero afortunadamente es una etapa que pasa. Cuando el niño comprende la situación y conoce que no hay peligro de supervivencia (¡¡no me van a abandonar!!), se relaja y ¡todo fluye! Vuelve a la normalidad. (¡¡De verdad!!).

En los peores momentos: cabeza fría

Por eso os quería hablar de esta fase, porque lo veo muy a menudo y es una etapa tan dura que es muy probable que la mamá se plantee destetar a su hijo. O se lo plantee la familia.

Cuando una mujer se plantea el destete siempre le digo lo mismo: los momentos de crisis no son buenos para tomar decisiones. No sólo respecto a la lactancia; también en la vida en general.

Cuando estamos en crisis no pensamos con claridad, sólo queremos salir del bache sea como sea.
En este caso, en el que hemos visto que es la propia inseguridad del niño la que le hace estar así, si además destetamos estamos perpetuando esa situación de inseguridad.

El niño quiere teta, su sitio de resguardo, de confort, de tranquilidad, y no se la damos. No lo entiende. Está más intranquilo, más inseguro, con lo cual, aún más demandante.

Si quieres destetar o hacer un destete nocturno, mejor esperar a otro momento. Ponte un plazo, un mes por ejemplo. Que pase esta situación crítica y luego lo vuelves a pensar con calma. Pero de verdad, este podría no es el mejor momento.

Si estás en esta situación, mucha paciencia. Aprovecha para pasar el mayor tiempo posible con tu hijo. Recuérdale a cada instante que lo quieres y que vas a estar con él. Que hay veces que mamá tiene que irse, pero que siempre vuelve.

Ofrécele esa seguridad que busca, y esta etapa será una más, una fase pasajera, como tantas otras.

 

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2 comentarios en "Érase un bebé pegado a una teta: cuando hay cambios vitales y pasa la noche mamando"

  1. ¡¡Muchísimas gracias por este artículo!!
    Me deja muy tranquila, estaba muy agobiada.
    Gracias por vuestro trabajo.

  2. Interesante artículo.
    ¿Cuánto tiempo más o menos puede durar esta crisis?
    Tengo un hijo de 8 meses y llevamos con teta cada 15/30 minutos de noche desde los 5 meses, todas las noches igual… no trabajo y estoy todo el día con él, llega a ser frustrante.
    Gracias.

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