Atención temprana: cuándo preocuparse por el desarrollo del bebé. Signos de alarma

Aunque cada bebé lleva su propio ritmo madurativo, hay signos clave en cada etapa de desarrollo que nos ayudan a saber si todo va bien

Pero en otros casos hay señales de alarma que debemos saber identificar lo antes posible, porque la Atención Temprana resulta fundamental para prevenir, corregir o tratar problemas de desarrollo en el bebé.

La familia primeriza

Y de repente somos uno más. En cuestión de unas horas todo nuestro mundo se revoluciona y tenemos entre los brazos a una personita que no conocemos y no entendemos.

Llora y no sabemos por qué, hace ruidos al respirar, hace algo raro al mover brazos o piernas, puede tener la cabeza con una forma peculiar, no se agarra bien al pecho y nos hace heridas, come mucho o muy poco, tarda varios días en hacer caca, o tiene diarrea, la hace de colores extraños. Le duele la barriga, se retuerce y estira, duerme mucho o prácticamente nada.

 

 

Y todo esto es muy normal en la mayoría de las ocasiones, solo necesitamos un poco de tiempo para conocernos, acoplarnos y entendernos. Nuestro bebé también necesita unas semanas para adaptarse y empezar a regular poco a poco sus funciones biológicas más básicas.

Sin embargo, en ciertos casos, haber sabido identificar determinadas señales de alarma nos ayudan a tratar situaciones que requieren la intervención de los-as expertos-as.

Atención Temprana: Signos de alarma en el desarrollo del bebé

Es a partir de los tres meses cuando el bebé empezará a pasar más ratitos despierto, comenzará a moverse más, interaccionará con nosotros con su sonrisa, llamándonos si no estamos cerca de él. Y suele ser a partir de esta edad cuando quizá nos asalten más dudas sobre su desarrollo, sobre si las habilidades que tiene nuestro peque son adecuadas o no. También es más fácil que a partir de esta edad nosotros podamos detectar cuando algo no marcha bien.

En este post intentaremos recoger algunos indicadores o señales generales que podrían alertarnos de que algo en el desarrollo de nuestro hijo o hija no marcha como debe, y por tanto sería indicado consultar con nuestro pediatra y valorar junto a él la necesidad de acudir a Atención Temprana, teniendo en cuenta que el desarrollo de nuestro bebé es muy variable, sobre todo en los primeros meses, y que es tan perfectamente normal que aprenda a andar con nueve meses o con 15, o que diga sus primeras palabras a los 10 o a los 17 meses.

 

 

El acudir a consultar o pedir ayuda a Atención Temprana suele dar bastante miedo en un primer momento, porque lo asociamos inmediatamente con que algo va mal en el desarrollo de nuestro pequeño o pequeña, pero esto no es necesariamente así. En estos centros se atiende a menores y sus familias que tienen alguna dificultad o riesgo de padecerla, y que puede ser o no transitoria.

Por poner un ejemplo, los recién nacidos prematuros son peques que, por las características de su nacimiento, están en riesgo de padecer alguna dificultad como un retraso en adquirir los diferentes hitos motores, retrasar el lenguaje, etc., pero esto no tiene por qué ser necesariamente así. No obstante, es muy interesante vigilar y acompañar su desarrollo, y esto es lo que se hace en Atención Temprana, los profesionales de estos dispositivos “trabajan” en equipo con las familias, aportándoles las herramientas necesarias que favorezcan el desarrollo de sus peques, acompañándoles en su camino

Cuando un bebé nace, durante los primeros meses, nuestro pediatra realizará revisiones bastante frecuentes en las que irá controlando tanto su talla como su peso, valorará igualmente que su cabecita vaya creciendo a un ritmo adecuado y, en definitiva, nos acompañará en todo lo que tenga que ver con su salud general. Algo importante que explorará también serán sus reflejos y tono muscular. Los bebés nacen con una serie de movimientos “programados” que a lo largo de los meses van evolucionando para permitir que el movimiento madure y poco a poco pueda voltear, gatear, sentarse, etc.

 

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En esta primera etapa, si algo no marcha bien, seguramente nuestro pediatra lo detecte y ponga en marcha el protocolo de derivación a Atención Temprana. Lo que nuestro pediatra puede detectar en este primer momento es que la forma de la cabeza del bebé no sea la adecuada, no crezca como debe o su tamaño sea muy grande o muy pequeño, también detectará si las fontanelas se han cerrado de forma prematura. Al valorar sus reflejos, detectará si estos son adecuados a su edad, y también si hay displasia de cadera.

Vamos a ver ahora algunos signos o comportamientos que es interesante que, si observamos en nuestros bebés, comentemos con su pediatra. Como norma general, consultaremos si observamos espasmos, sacudidas, movimientos muy exagerados descoordinados o una postura anormal, también si vemos que no se mueve de manera simétrica, es decir, si mueve un lado del cuerpo más que otro.

Cómo es el desarrollo a los tres meses

Hacia el final del primer trimestre, algo a lo que tenemos que prestar atención es a las habilidades comunicativas de nuestro bebé y a su conexión con nosotros. Si nuestro bebé no nos sonríe cuando le hablamos, no es capaz de fijar sus ojos en nosotros o en algún estímulo que le enseñemos y seguirlo, o no responde a los sonidos, orientándose hacia ellos, deberíamos consultarlo.   

 

 

Si nuestro bebé siempre suele estar tan irritable que no se calma prácticamente en ningún momento cuando tratamos de consolarlo y sus músculos están siempre muy rígidos, también son signos de alarma que deberíamos atender.

Alrededor del tercer mes también ocurrirá que el peque empezará a sostener su cabeza, si esto no sucede y se alarga demasiado en el tiempo, también tendríamos que vigilarlo.

A los seis meses

A los 6 meses nuestro pequeño o pequeña se moverá mucho más, seguramente será capaz de voltear y algunos incluso se desplazan reptando o gateando. Esto no ocurrirá si el tono muscular de nuestro bebé no es adecuado, y el cuello y tronco aparecen blanditos mientras que los brazos y piernas están tensos.

Si los reflejos primitivos de los que hablábamos no han madurado y se han integrado, también dificultarán el movimiento del bebé, así vigilaremos si a esta edad aún persiste el reflejo de sobresalto con apertura de brazos, por ejemplo.

Algo muy importante en el desarrollo de nuestros bebés es la función de sus manos. A los 6 meses ya empiezan a coger y soltar los objetos voluntariamente (antes podían agarrar de manera refleja, cuando el objeto estaba en contacto con la palma de su mano, y lo soltaban por casualidad). Así, si observamos que las manos, o una de las manos, no se abren y aparecen casi siempre con el puño cerrado y el pulgar pegado o dentro del puño, lo que le dificultará el agarrar los juguetes o alimentos, consultaremos con el pediatra.

 

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A esta edad los bebés son muy activos socialmente, nos buscan con la mirada, nos llaman haciendo soniditos, sonríen y exploran los objetos con curiosidad. La ausencia de estos comportamientos debe ponernos en alerta.

A los nueve meses

A los 9 meses el desarrollo motor del bebé continúa madurando y es alrededor de esta edad cuando empiezan a sentarse solos. Cuando se desequilibran o van a caerse, suelen echar los bracitos hacia delante para apoyarse. Se desplazan croqueteando, reptando o gateando, y su juego es algo más elaborado, pudiendo coger los juguetes con las dos manos.  Seguiremos observando, por tanto, que todo esto vaya apareciendo y que nuestro bebé no tenga un tono muscular muy rígido o muy blandito.

 

Por qué el gateo estimula la capacidad de leer y escribir

 

En la esfera social, a esta edad suele aparecer la angustia por separación, porque ya suelen diferenciar a las personas familiares de las que no lo son, y suelen estar bastante apegados a sus padres y adultos de su círculo de confianza. El balbuceo suele ser rico y comienzan a entender alguna palabra muy familiar. Si observamos que nuestro bebé no emite sonidos o no interacciona con nosotros, es buena idea que lo vigilemos.

Al año

A los 12 meses suelen empezar a ponerse de pie y muchos de nuestros bebés incluso se animan a dar los primeros pasos solitos. Son unos auténticos exploradores y revuelven todo lo que encuentran. Los juguetes y, especialmente, todos los objetos de la casa (tuppers, botes, cajas y papeles) les encantan y los examinan con gran atención.

Empiezan a utilizar signos para comunicarse (señalan, dicen adiós), nos enseñan cosas que les interesan y repiten gestos que hacen reír al adulto. Suelen buscar activamente que les atendamos y llaman nuestra atención. Signos de alerta en esta etapa sería la ausencia de alguna de estas habilidades.

 

 

Al año y medio

A los 18 meses nos preocuparemos si nuestro bebé no ha liberado la marcha y, por tanto, no camina más o menos solito aún. Quizá su tono muscular sea algo bajito y ¡necesite un pequeño empujón para animarse!

Con 18 meses ya empiezan a decir algunas palabras y suelen tener su propio lenguaje, ¡con el que mantienen auténticas conversaciones! Y comprenden un montón de palabras familiares y órdenes sencillas.

Su juego también va madurando y hace torres, rueda el coche, lanza la pelota, mete objetos pequeñitos en recipientes; y empiezan a imitar a los adultos en sus juegos, coge un objeto y se lo pone en su oreja como si fuera un teléfono, dan de comer a papá con la cuchara o con un papel limpian superficies como hace mamá. A esta edad, si mamá llora o está contenta, ellos se ponen tristes o se ríen con ella

 

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En esta etapa prestaremos especial atención a estas habilidades de nuestros bebés, tanto si no están presentes algunas de ellas como si observamos una pérdida de habilidades, pues podríamos estar ante alguna dificultad comunicativa que sería conveniente estimular.

El desarrollo a los dos años

A los 24 meses ya casi tenemos a adultos pequeñitos en casa que se desplazan solitos de un lado a otro, suben y bajan, entran y salen de todos lados. Su comprensión sigue madurando y entramos en la intensa etapa de la adolescencia, donde las rabietas suelen ser frecuentes porque ellos comienzan a buscar su espacio y necesitan reafirmar su autonomía. 

 

 

Su juego también es más maduro y aparece el simbolismo (utilizo un zapato como si fuera un coche o convierto un vaso en un castillo). Suelen decir bastantes palabras e incluso empiezan a combinar dos (“dame agua”). A esta edad también se interesan por otros niños y niñas, e inician acercamientos con ellos para iniciar el juego.

Signos que nos alertarán a esta edad y que compartiremos con nuestro pediatra, serán que haya poco lenguaje o muy poco, o que no comprendan lo que les decimos. Si cuando les hablamos no nos miran ni nos hacen caso, también es importante vigilarlo, al igual que las rabietas muy frecuentes y desproporcionadas.

 

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Si al jugar no usa los juguetes de manera funcional y siempre los alinea, monta o tira, sin ser capaz de buscar otras posibilidades, y la falta de este juego simbólico que comentábamos, pueden indicar que algo esté ocurriendo.

Las conductas muy inflexibles que provoquen rabietas continuas, como querer ir siempre por el mismo camino, o colocar las cosas de la misma manera, sin tolerar variaciones, también podrían ser otro signo de alarma.

Todos estos signos que hemos ido mencionando hay que revisarlos y compartirlos con el pediatra, y él será el encargado de vigilar más de cerca a nuestro pequeño y de poner en marcha la derivación a Atención Temprana.

En muchas ocasiones, la presencia de uno de estos signos no implica nada y está presente durante un tiempo simplemente por inmadurez. En otras ocasiones, sí se requiere la ayuda de un profesional que realice una valoración más en profundidad y nos eche una mano para organizar ese comportamiento o conducta de nuestro bebé, para que podamos ir ayudándole a tener un desarrollo lo más óptimo posible. Y para eso están los centros de Atención Temprana y los profesionales que forman sus equipos.

 

 

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