Las cosas que echaré de menos y las que no, de la etapa de bebé

La etapa de bebé queda atrás y nos despedimos de dudas, miedos e inseguridades... pero también damos la bienvenida a la añoranza

Una de las frases que más escuchan las madres primerizas es: «Aprovecha, que la etapa de bebé es muy corta y después la vas a echar de menos». Y entonces piensas «¿que es corta? ¡Si lo días parecen semanas, cómo voy a echar de menos esta sensación de agotamiento de la etapa de bebé de mi hija, y de que es la época más difícil de mi vida! Imposible».

Esas cosas que echaré de menos

Aunque ahora te parezca mentira, habrá cosas que sí añores y otras que evidentemente no; y te alegrarás de haberlas superado. Vamos a ver algunas de las que te dará pena perder (en muchas te sentirás muy identificada) y otras que simplemente son parte de esta etapa y agradecerás ir dejando atrás. Además vamos a añadir algunos consejos para afrontar esa añoranza futura (si es que surge) de la pérdida de la etapa de bebé.

La barriga

Aún tienes a tu bebé en los brazos y ya empiezas a echar algo de menos: estar embarazada. Cada embarazo es un mundo, y evidentemente hay mujeres que lo disfrutan desde el primer día y otras que están deseando que llegue el momento del parto porque ya no aguantan más.

 

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Hay mil motivos diferentes para querer que el bebé ya esté aquí: por las cosas que debes dejar de comer, por los ardores, dolores de espalda, insomnio o agotamiento de las últimas semanas o simplemente por saber que el parto ha ido bien y que tu bebé ya está contigo y está sano.

Pero sea por lo que sea, muchísimas mujeres echan de menos el tiempo que estuvieron embarazadas. Normalmente es un momento especial, en el que se pueden tener temores pero también mucha ilusión. Es un periodo de preparación único (incluso aunque tengas más embarazos, el primero es distinto y cada uno entre sí también lo es).

¿Cuál es el consejo ante esta añoranza? Aprovechar mucho esta etapa. Intentar vivirla con intensidad. Dedicar tiempo a la preparación tanto física como emocional. Poner ilusión en cada momento. Usa esa ropa que en otra etapa no utilizarías. Date esos caprichos de imagen o cuidados. Mímate.

 

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Incluso permítete lucir tu tripita. Así más adelante, aunque la eches de menos, habrá sido un periodo que aprovechaste mucho. Otra recomendación: hazte fotografías o vídeos durante el periodo. Aunque creas que no estás favorecida o al final estés tan cansada que te dé pereza, será una forma bonita de revivir el momento cuando ya haya pasado.

El olor a bebé

Ese olor indescriptible, dulce, suave… que no se puede comparar con nada y que ninguna colonia (por muy buena que sea) ha conseguido reproducir. El olor de tu hijo al nacer es incomparable. Guardas sus primeros pijamas para intentar no perder esa magnífica esencia, pero es imposible. Es algo en lo que coinciden todas las madres, y se irá y ya no volverá.

Existe una razón natural para este olor. Según el científico SciShow, este olor tan particular dura unas seis semanas y puede proceder de los sobrantes del líquido amniótico y de la sustancia blanca que cubre al bebé al nacer (la vérnix caseosa). El estudio de 2013 «El estado materno regula las respuestas corticales al olor corporal de los recién nacidos», demostró que el olor del bebé activa en las madres los mismos mecanismos que cuando un adicto consume drogas.

 

 

Según dicha investigación, este perfume establece una relación química del bebé con la madre, como una especie de llamador que genera en el cerebro de la madre una necesidad biológica de dar protección y alimento a su cría.

No podrás recuperar este olor. Simplemente disfrútalo mientras dure. Después habrá otros perfumes que también te recuerden a esos primeros momentos: el del detergente infantil con el que lavabas su ropa o simplemente el de la crema que usabas para su piel. Lo importante es crear recuerdos.

La lactancia

La unión entre una madre y su bebé a través de la lactancia materna es más que especial. Son momentos únicos que superan al hecho de saber que un ser se alimenta de ti. La lactancia materna es una unión incomparable con otra persona que va más allá del alimento y que genera felicidad, seguridad y tranquilidad en el bebé.

 

 

Cuando llega el momento de romper este vínculo (que como hemos indicado no solo es físico, sino también emocional), muchas madres sufren una crisis en su maternidad y lo echan mucho de menos. ¿Qué podemos hacer?

Una ayuda ante esa añoranza es saber que se ha mantenido la lactancia materna todo el tiempo que el bebé y la mamá han querido y podido. Aceptar que es una etapa que, como todas, tiene que acabar. La siguiente será distinta, pero que si creas nuevos vínculos puede ser tan bonita y especial como la anterior.

El porteo

Llevar a tu bebé junto a ti sintiendo ambos vuestra piel, vuestro calor, el latido de vuestros corazones… No tienes que llevar trastos, ni tienes problemas para subir al autobús. Mientras porteas es como si fuerais una sola persona, os podéis mirar a los ojos y cada uno ver la sonrisa del otro.

 

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Portear no es solo una forma de moverte con tu bebé o un medio de transporte… Es una manera de entender la relación con tu bebé, una forma de calmarlo y también una forma de favorecer su desarrollo y de cuidar su salud y bienestar. Las fotografías y experiencias vividas gracias al porteo también son fórmulas para que el recuerdo, en lugar de producir tristeza, genere una sonrisa.

Su lenguaje propio

Es fácil tener nostalgia de las primeras formas de comunicaros. ¿Cómo podías saber solo mirándole que era sueño o que te estaba pidiendo ese muñeco del que no se despegaba? ¡Si aún no hablaba! Ese lenguaje no verbal que se establece entre madre y bebé, es único.

 

 

Esa forma de comunicación, esa empatía, ese lazo que solo entendéis vosotros dos. En los primeros días, incluso en las primeras semanas o meses, interpretar bien al bebé y lo que le pasa te causa inseguridad; pero con el paso del tiempo (cuando vas descubriendo qué significa cada mirada, cada ruidito, cada llanto o cada gesto), es tan especial que terminarás añorando ese lenguaje propio que fomentó esa unión tan especial desde el principio de vuestra historia.

Y esas cosas que no echaré de menos de la etapa de bebé

De repente un día te das cuenta de que ya no tienes un bebé en casa. Que casi sin darte cuenta se ha convertido en un niño con criterio propio que te dice «yo solito». En ese momento también hay muchas cosas que celebras que hayan quedado en el pasado.

La dependencia de ti… cada minuto

Evidentemente, aunque no sea un bebé aún depende de ti; pero no en el mismo grado. Es cuando descubres que puedes ir al cuarto de baño y él se queda jugando en su alfombra. Dejas una rendija abierta para no perderle de vista pero sí, estás sola en el baño.

 

 

Ha dado sus primeros pasos. No tienes que tenerlo en brazos ni estar doblada dándole la manita. Por fin, se mantiene por sí mismo. Y no, no echaré de menos el dolor de espalda (en parte porque lo he cambiado por las por agujetas de no dejar de correr detrás ella).

Además, hoy se ha quedado con mis suegros sin llorar, y hasta se ha despedido tirándome un beso y con una sonrisa. Sí, sin duda, he dejado de tener un bebé y, quizás al darme cuenta, se me haya escapado una lágrima pero no, no echaré de menos la etapa de bebé porque se ha convertido en una niña que me tiene loca y tenemos todo un futuro por descubrir juntas.

Despertarte cansada

Los niños duermen más horas de media que los adultos. Sin embargo, no lo hacen de forma continua. Esto provoca que los padres pierdan entre 400 y 700 horas de sueño durante el primer año de vida del bebé, en comparación con las horas habituales antes de ser padres, según ha calculado el Instituto Europeo de Calidad del Sueño (ESCI, sus siglas en inglés).

 

 

Es una situación que puede durar durante años (aunque en distintos grados y por periodos). Eso no lo echaremos de menos. Poder dormir sin despertarse varias veces durante la noche, encontrarte con el bebé enganchado en el pecho (y la contractura posterior porque no quieres moverte para no despertarle), ir con ojeras todo el día y que tu mayor deseo sea tener un rato libre para poder dormir…

Tampoco el cambio de estado de ánimo por la falta de horas de sueño. Todo eso pasará y cuando mires atrás ni sabrás cómo pudiste aguantar… Pero sí, se puede.

El temor ante todo lo desconocido

Cuando llega el bebé hay muchas cosas nuevas por descubrir. Suena muy atractivo, pero también provoca muchos temores. No saber qué significa ese ruidito que hace, no detectar si será normal (o no) que ahora llore, la duda de si se está haciendo bien una u otra cosa…

 

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Llegará un momento en el que empezarás a entender a tu hijo (sus sonidos, sus llantos…), irás tomando decisiones conscientemente y confiada de que es lo que quieres y lo miedos irán reduciéndose (aunque aparecerán dudas nuevas, eso va implícito con la maternidad).

Verás cómo avanzáis y no habrá nostalgia al recordar ese mar de dudas iniciales. Notarás que juntos habéis crecido. Es el fruto de la unión entre ambos. Eso sí, os aconsejaría que lo hicierais buscando apoyo e información que te dé conocimiento y te ayude a vivir esta inicial etapa de bebé.

 

 

La nostalgia y la melancolía por el cierre de la etapa de bebé nos hacen en algún momento desear que nuestro peque no crezca. Afortunadamente, después vemos que tenemos a nuestro lado niños independientes y felices, y sentimos que estamos entrando juntos en otro periodo. No pasa nada por experimentar un poco de penita por dejar marchar una época en el que hemos sido felices. La echamos de menos por eso, porque ha sido feliz.

Eso es la vida. Eso es la maternidad.

 

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