El primer verano del bebé: dudas frecuentes

Cómo proteger al bebé del sol y de los mosquitos, bañarle o planificar un viaje con él para que su primer verano sea un éxito

La mayoría de primeras veces con nuestro bebé van a ser maravillosas: la primera sonrisa, la primera siesta juntos, el primer apretón de manos, la primera palabra… Sin embargo, hay primeras veces que generan cierta inquietud y dudas. El verano es quizás la estación que más a prueba nos pone en este sentido. Hay muchos interrogantes que pueden aparecer en las madres y padres primerizos: ¿puedo echarle crema protectora al bebé? ¿Le echo repelente antimosquitos? ¿Le puedo bañar en la piscina o en el mar? ¿Es perjudicial el aire acondicionado?… En este post vamos a echaros una mano para que disfrutéis de esta estación y sepáis cómo hay que manejarse con el pequeño en el primer verano del bebé.

Primer verano del bebé: ¿se puede viajar con el peque?

Se puede viajar con el bebé y la experiencia puede ser muy positiva. Sin embargo, hay que tener en cuenta que somos nosotros los que debemos adaptarnos a él y no al revés. Si es muy pequeño, mejor no optar por trayectos muy largos.

 

 

Si viajamos en coche será necesario hacer paradas frecuentes y vigilar que esté hidratado, ofreciéndole el pecho (o el biberón) según nos demande. Y hay que estar pendiente de que no se enfríe ni tenga mucho calor. La buena noticia es que no se mareará. Salvo excepciones, a los niños menores de un año no les ocurre. A los mayores de 6 meses es mejor prepararles comidas ligeras, refrescantes e hidratantes que faciliten su digestión en los viajes.

En el caso del avión, tampoco hay una edad mínima determinada, aunque lo razonable es esperar a que tenga 15 días (un mes si el viaje es de varias horas). Es posible que le molesten los oídos, pero si se le ofrece el pecho esa molestia desaparecerá con el movimiento de succión. El contacto con su madre le dará tranquilidad. Además, ten en cuenta a la hora de vestirle que dentro de los aviones el aire acondicionado suele estar fuerte, cerca de ti regulará mejor su temperatura.

 

 

¿A qué edad puedo bañarme con él en el mar o la piscina?

Antes de los seis meses no es recomendable llevar al bebé a la playa y tampoco bañarlo en el mar o la piscina. Si ha pasado esa edad, hay que evitar el tramo de más calor (entre las 12 de la mañana y las 5 de la tarde), que además es el más peligroso al sol.

Es muy importante llevarle con la ropa adecuada y protegerlo del sol bajo la sombrilla. En cuanto al primer baño, tiene que ser progresivo para que no le coja miedo al agua. Se puede empezar jugando en la orilla del mar o cerca de la piscina (nunca solos) e ir dejando que se vaya familiarizando con el medio acuático. Luego, hay que ir introduciéndolos poco a poco para que se adapten a la temperatura del agua. El baño no debería durar más de 10-15 minutos.

 

 

Una vez en el agua es preferible no mojar sus oídos, especialmente si tiene antecedentes de otitis. Las piscinas, principalmente, pueden ser fuente de problemas en los oídos si no están muy limpias. Si queremos mojarle el pelito, mejor echarle agua con la mano y no introducir la cabecita (y menos bruscamente). Cuando salgamos, hay que aclararlos bien para quitarles los restos del cloro o el salitre, secarlos concienzudamente (especialmente las orejas y los pliegues) y cambiarles el bañador.

¿Le pongo al bebé protector solar?

Tomar el sol tiene sus beneficios, sobre todo por la vitamina D, pero una exposición excesiva puede tener consecuencias muy negativas. Por eso, a los menores de 6 meses no hay que ponerlos al sol y tampoco echarles crema solar. No se recomienda porque su piel es más sensible y delicada; y eso la hace mucho más permeable a las sustancias que contienen estas cremas. Les pueden perjudicar, irritarles la piel o provocar alergia.

 

 

Hasta los 3 años hay que ser muy precavidos y procurar que tampoco tomen el sol, pero sí le podemos aplicar protector solar. Los mejores son los que tienen filtros físicos o minerales porque hacen efecto pantalla, reflejando la radiación solar para que no llegue a la piel. Además, es preferible el formato crema. La autoridades europeas aconsejan evitar los aerosoles porque los pueden inhalar accidentalmente.

¿Cómo evito que sufra su piel en verano?

Ya hemos comentado que la piel del bebé es muy sensible. En verano se expone a más agresiones externas, como el calor, el sudor o el roce de los pañales. A veces surgen lesiones en la piel como la sudamina, que es una erupción o sarpullido que se localiza en la cara, cuello, axila, ingle y en el tronco. Es benigna y no necesita tratamiento específico, aunque no es recomendable utilizar productos para bebé muy cremosos porque la pueden empeorar. Suele desaparecer si evitamos el calor y refrescamos la piel de nuestro peque.

 

 

También es muy habitual que el roce y el sudor provoque al bebé la llamada dermatitis del pañal. Para evitarla hay que usar jabones suaves, procurar un secado cuidadoso y el cambio frecuente del pañal. Dejar el culito al aire durante un rato antes de ponérselo puede favorecer que su piel se mantenga seca y ventilada. Está desaconsejado el uso de polvos de talco, ya que pueden producir problemas respiratorios al bebé.

Para los niños que tienen dermatitis atópica es importante hidratar su piel, usando jabones que respeten el manto hidrolipídico cutáneo y prendas de algodón para permitir la transpiración. Y ojo con las manchas blancas después del verano porque, precisamente, pueden ser consecuencia de la dermatitis atópica.

¡Socorro, mosquitos! ¿Cómo lo protejo?

El mosquito es quizás uno de los insectos más desagradables del verano, principalmente porque su picadura es muy molesta. Los bebés, por desgracia, son una presa fácil de los mosquitos. Una vez que pican poco se puede hacer. Las cremas con antihistamínicos pueden provocar reacciones y las lociones o barritas son poco efectivas.

Así que lo mejor para proteger a nuestros hijos de ellos, es prevenir las picaduras. Hay dos formas: con mosquiteras, que se pueden usar en la cuna, el cochecito o colocarlas en puertas y ventanas; y con repelentes, que evitan que el mosquito se acerque y pique.

 

 

¿Pero, cuál elegir? Para empezar, si el el bebé tiene menos de dos meses no se recomienda su uso (así que en este caso, lo mejor son las mosquiteras). Para los bebés de entre 2 meses y un año, el único repelente que se puede usar es la citronela (un aceite esencial de origen vegetal que es muy poco tóxico y, por lo general, no provoca reacciones adversas).

Luego, para los niños más grandes, se puede utilizar algún repelente autorizado por el Ministerio de Sanidad. Eso nos garantizará que es un producto eficiente y seguro. Hay repelentes de diferente tipo, que se amoldan a nuestras necesidades para que el primer verano del bebé transcurra sin complicaciones.

¿Aire acondicionado sí o no?

Otra pregunta muy frecuente en verano. Lo cierto es que siempre que hay un bebé en casa, tenemos que cuidar que la temperatura sea la adecuada, y en verano más. Con temperaturas que pueden superar los 38 grados y noches de cerca de 30, el aire acondicionado puede ser un gran aliado. Pero hay que utilizarlo con cabeza.

Lo ideal es que busquemos aparatos A+++. Su precio es más elevado pero luego lo agradecerá nuestro bolsillo con el ahorro. Además, es preferible que los aparatos estén instalados en toda la casa para evitar cambios bruscos de temperatura al movernos de habitación. Hay que ser escrupulosos con su limpieza y mantenimiento.

 

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La temperatura ideal para un bebé está entre los 20 y los 26 grados, siempre alejados de la corriente; así que la temperatura del aire acondicionado debe estar entre los 23 y 26 grados. Es mejor que se mantenga encendido durante las horas centrales del día, y no se ponga y quite continuamente.

Además, al peque no hay que colocarle frente al aparato para que el chorro de aire frío no le dé directamente. Y es importante controlar la humedad, por ejemplo, con un recipiente de agua en la habitación o humidificadores. De esta forma, no sufriremos las consecuencias del calor en el primer verano del bebé.

¿Puedo portear o mi bebé pasará calor?

Portear siempre es una buena opción y, aunque es cierto que el verano puede parecer un impedimento, lo cierto es que no tiene por qué. De hecho, de esta manera el primer verano del bebé será todo un éxito para la familia, porque no deja de ser una forma de tener a nuestro bebé en contacto continuo y eso tiene beneficios para él y para nosotras.

Él, además, tendrá el pecho a mano (su principal fuente de hidratación hasta los 12 meses de vida). Estos sudan cuando comen y duermen, pero eso no significan que tengan calor. Nos debemos fijar en el tórax y la espalda porque son las zonas que no dirán si lo tienen o no.

 

 

Hay que tener las precauciones que dicta el sentido común para portear en verano: no salir en las horas centrales del día, cuando aprieta el sol, ni tampoco exponernos a él de forma directa. Hay que tener cuidado con los cambios de temperatura y no colocar muselinas tapando al bebé, porque lo único que conseguiremos será el efecto invernadero.

Podemos usar trucos como colocar una muselina entre el cuerpo de nuestro hijo y el nuestro; sujetar un parasol (tenemos libertad de movimiento para ello); y podemos optar por mochilas finas y portabebés 100% de algodón o de otros materiales como el bambú.

 

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