El cuidado de los ojos del recién nacido

Los ojos del recién nacido son delicados y requieren atención y cuidados especiales durante las primeras semanas de vida

El cuidado de los ojos del recién nacido debe ser una parte importante de nuestro día a día y es fundamental prestarle una atención especial, sobre todo cuando nacen. El recién nacido tiene un sistema ocular muy delicado y que no ha madurado al 100%. Su visión es muy rudimentaria al principio porque no está totalmente desarrollada. Durante los primeros meses, de hecho, es muy habitual que tenga exceso de secreciones y si nos descuidamos, este puede derivar en infecciones.

Pomada ocular al nacer

Quizás en el parto te llamó la atención que a tu bebé le aplicaran una pomada en los ojos tras nacer. Se trata de una de las rutinas hospitalarias en Maternidad y se hace para evitar infecciones bacterianas durante el nacimiento. Si no se aplica, el bebé corre el riesgo de tener problemas oftalmológicos serios que incluyen la ceguera.

 

 

El medicamento más habitual es el antibiótico eritromicina. Este tipo de infecciones se descubrieron en el siglo XIX y durante años se utilizó nitrato de plata. Sin embargo, era una sustancia que provocaba dolor al bebé y aumentaba el riesgo de conjuntivitis tóxica.

La aplicación de la eritromicina puede nublar los ojos del pequeño o provocarle irritaciones, pero es algo temporal y no hay que retirarle el medicamento de los ojos.

¿Cómo limpiar los ojos del recién nacido día a día?

Los ojos del bebé necesitan higiene diaria. Puedes limpiarles los ojos dos veces al día; por ejemplo, al despertar y antes del sueño nocturno o el baño (no hay que bañar a los bebés todos los días porque puede tener consecuencias negativas para ellos). Lo más práctico es utilizar suero fisiológico, aunque también se puede aplicar agua hervida (una vez esté templada).

 

El baño del recién nacido: ni diario, ni de más de 10 minutos

 

El suero se lo puedes aplicar directamente, dejando caer unas gotitas con cuidado de que lo que se derrame no caiga en el otro ojo (ponerlo bocarriba puede ser la mejor postura); o con la ayuda de gasas estériles (una por cada ojo) y retirando las legañas y otros restos. En cuanto a cómo limpiarle los ojos, lo ideal es hacerlo de dentro hacia fuera, comenzando por el lagrimal hacia el ángulo externo. Así evitamos arrastrar la suciedad hacia dentro.

Señales a las que prestar atención

En los bebés pequeñitos es común un exceso de mucosidad que puede provocarles legañas (que no son más que secreciones secas). En estos casos es importante quitarlas para evitar cualquier obstrucción que acabe en infección. Se puede utilizar también una gasita con suero fisiológico o agua hervida (pero tibia).

Lo que NO hay que hacer nunca es intentar separar los ojos del pequeño si amanece con los párpados pegados por las legañas. En esos casos (además de calmarlo, porque probablemente se pondrá nervioso si no puede abrirlos) limpia los restos con el suero o el agua y la gasita. Poco a poco irán a abriéndose.

 

 

Pero el exceso de secreciones es algo leve si se retira con eficacia. Hay otras señales que pueden decirnos que algo va mal: unos ojos enrojecidos o irritados; que lagrimeen más de lo normal… También que no enfoque o que haga movimientos extraños, incluso que le tiemblen.

En estos casos lo mejor es acudir al pediatra que, si lo ve necesario, puede derivarnos al oftalmólogo. Y atención también si hay antecedentes familiares de problemas oculares porque puede influir en los ojos de nuestros hijos.

 

 

En la visita del niño sano nuestro pediatra controlará el desarrollo de sus ojos. En el primer mes de vida ya se pueden detectar problemas oculares o malformaciones congénitas. Con seis meses es posible descubrir anomalías como el estrabismo y con un año y medio, la miopía o el astigmatismo.

¿Cuáles son los problemas oculares que pueden afectar a un bebé?

Existe una serie de infecciones que se pueden considerar comunes y que afectan a los bebés. La más frecuente es la conjuntivitis, que puede ser viral, bacteriana o alérgica. Por lo general, se hinchan y enrojecen los ojos y en ocasiones segregan pus, legañas o lágrimas en exceso.

Por otro lado, pueden sufrir obstrucción lagrimal. Algunos bebés nacen con el conducto lagrimal total o parcialmente obstruido y pueden tardar semanas en que se les abra. Y, por otro, el estrabismo: Hasta los cuatro meses es normal que los bebés no enfoquen bien y los ojos no se le alineen a veces. Pasado ese tiempo, si lo siguen haciendo, es mejor acudir al oftalmólogo por si se trata de estrabismo.

 

 

Hay otros problemas oculares menos frecuentes. Uno de ellos es la ambliopía u ojo vago que ocurre cuando uno de los ojos tiene más agudeza visual que el otro. El que ve peor se vuelve «vago». Suele ser una consecuencia de un estrabismo no detectado a tiempo.

¿Sabías que los bebés también pueden tener cataratas? Desde luego no es muy frecuente, pero al ser asintomáticas y progresivas es importante su detección precoz para evitar que empeoren. Otro problema que pueden tener los peques es ptosis o párpado caído, que ocurre cuando el músculo que levanta el párpado superior no se ha desarrollado bien.

Los ojos del bebé prematuro

Los bebés prematuros tienen más riesgo de sufrir problemas oculares, sobre todo si nacen antes de la semana 32. Existen algunos estudios que, además, indican que las personas que nacieron prematuras pueden tener problemas oftalmológicos a lo largo de su vida (como, por ejemplo, desprendimiento de retina).

 

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Uno de los problemas más habituales es la retinopatía del prematuro, cuya detección precoz es fundamental para evitar que derive en ceguera. Este problema es consecuencia de que los vasos sanguíneos de los prematuros no están completamente desarrollados y su fragilidad puede ocasionar daños en el interior del ojo.

 

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