¡Cuidado con los golpes de calor en los bebés!

Los bebés menores de un año son el colectivo con mayor riesgo de padecer golpes de calor

Es nuestro primer verano juntos y queremos disfrutar de nuestro bebé, pero no debemos olvidar que aún es una personita muy vulnerable. Las altas temperaturas son uno de los mayores peligros para el pequeño durante las vacaciones. Es recomendable adaptar el destino o estilo de vacaciones al nuevo miembro de la familia, pero si no es posible y hay que ir a una zona muy calurosa, os explicamos cómo evitar los peligrosos golpes de calor en los bebés y qué hacer si notamos que nuestro hijo puede estar siendo víctima de uno.

Los golpes de calor en los bebés son especialmente peligrosos

Según la Asociación Española de Pediatría (AEP) los bebés menores de un año son el colectivo con mayor riesgo de padecer golpes de calor (junto a las personas mayores y los enfermos crónicos). Por ello, aconseja extremar las precauciones. Los recién nacidos y menores de 6 años están más expuestos, ya que son más propensos a las alteraciones de temperatura y tienen más problemas para regularla. ¿Pero por qué se produce un golpe de calor?

 

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Tiene lugar por un aumento brusco de la temperatura corporal por el elevado calor ambiental. Ocurre cuando el organismo no puede eliminar este calor por los propios sistemas de refrigeración. Esta situación puede producir una pérdida de líquidos corporales, que lleve a la deshidratación y que produzca lo que se denomina coloquialmente golpe de calor.

En los bebés este aumento de la temperatura (o hipertermia) es más frecuente, porque un niño pequeño tiene menos reservas de agua, porque su temperatura aumenta de tres a cinco veces más rápido que en un adulto y porque su aparato respiratorio aún es inmaduro. Todo esto lo hace más sensible al calor.

Síntomas que deben alertarnos

Si en verano de repente notas a tu hijo con la piel muy caliente (la temperatura corporal puede superar los 40º durante un golpe de calor), seca y enrojecida; y su estado de ánimo es decaído… ¡Cuidado! Puede tratarse de un golpe de calor. En el caso de los bebés, como no pueden expresarse abiertamente, la AEP advierte que es fundamental observar su estado de ánimo (además de otros síntomas más evidentes) porque actuar a tiempo es determinante para evitar consecuencias fatales.

 

 

El golpe de calor puede manifestarse con los siguientes síntomas:

  • Fatiga y debilidad.
  • Mareos, náuseas e incluso vómitos.
  • Calambres musculares.
  • Dolor de cabeza intenso y confusión.
  • Respiración superficial y rápida.
  • Taquicardia (ritmo cardiaco muy rápido) y pulso débil.

Si no se presta atención a estas señales y no se reacciona rápido, el golpe de calor en los bebés puede ocasionarles problemas mucho más graves, pudiendo llegar a provocar un fallo multiorgánico e incluso la muerte.

¿Cómo actuar frente al golpe de calor?

Si crees que tu hijo puede estar sufriendo un golpe de calor, no pierdas la calma y actúa con rapidez. Lleva al niño a un lugar fresco, con ventilación, acuéstale (preferible con los pies elevados) e intenta que disminuya la temperatura con medios físicos. Es decir: desnudándolo y haciéndole friegas con paños de agua fresca. Empieza por muñecas y nuca.

Evita sumergirlo directamente en agua helada, ya que la disminución súbita de la temperatura corporal podría ser perjudicial. Tampoco ponerle paños con alcohol, pues su piel podría absorberlo y provocarle una intoxicación etílica. En este caso los antitérmicos no sirven e incluso podrían ser contraproducentes. Si el niño está consciente, podemos ofrecerle agua. En cualquier caso, a continuación debemos llevarlo al médico para que lo reconozca.

 

 

En los recién nacidos, cuando se hace evidente el golpe de calor, es porque ya es de gran nivel. Por eso es importante la vigilancia. Su sistema en aún inmaduro, por lo que hay que controlar mucho más su hidratación. De percibir que puede estar sucediendo, se recomienda dar suero oral (comprado en la farmacia, no una bebida energética) o agua al bebé y, si se trata de un lactante, ofrecerle el pecho.

Tras estas medidas (incluido el paso por urgencias si es necesario), hay que dejar que descanse y observarle continuamente. Si empeora o se mantiene la situación más de una hora, es importante que lo vea un médico. Si se trata de un bebé, aunque mejore es aconsejable ir a urgencias para que un especialista lo valore.

Esta será la forma de actuar si el pequeño está consciente, pero si no lo está o no respira, debemos llamar de inmediato a emergencias e iniciar maniobras de reanimación mientras esperamos a los sanitarios.

¿Cómo evitar los golpes de calor en los bebés?

La mejor forma para evitar los golpes de calor en los bebés es prevenirlos. Hay ciertas recomendaciones que, por básicas, a veces pasamos por alto:

Ropa ligera, holgada y transpirable

Hay que recordar que la ropa no es un complemento estético más. Su principal función en un bebé o un niño pequeño debe ser la de protección. Por ello, ante altas temperaturas es importante qué indumentaria elegimos para ellos. Debe tratarse de ropa que no comprima el cuerpo, que sea lo más holgada posible, porosa y ligera.

 

 

El algodón es uno de los tejidos más recomendables. También es preferible los color claros frente a los oscuros, que atraen más el calor y los rayos del sol. Además, hay que incorporar un sombrero o gorra para proteger la cabecita.

Si porteamos en verano también es importante escoger bien nuestra ropa, ya que el bebé va pegado a nuestro cuerpo. El algodón facilita la regulación de la temperatura entre el adulto y el bebé. Cuando se portea, el contacto del bebé con el cuerpo del adulto le ayuda a mantener una correcta regulación. Si hace frío, nuestra temperatura corporal se eleva y proporcionamos calor al bebé, y si hace calor sudamos y sirve de refresco al niño.

Se suele pensar erróneamente que en el capazo el bebé estará más fresco, cuando es todo lo contrario. Dentro no corre el aire y hace que suba más la temperatura. Además, en ocasiones se usa una muselina o gasa para crear sombra, y esto aumenta el estancamiento del aire y el calor.

 

 

Sí es necesario saber escoger el tipo de mochila o portabebé para el verano: mochilas con tejidos más finos, fulares confeccionados con fibras naturales o mei tais con menos o ningún acolchado dan menos calor y son más recomendables en verano. Independientemente de la elección, saber colocarlos bien también es importante. Además, si durante el porteo el bebé va mamando, estaremos también previniendo la deshidratación.

Aire acondicionado y niños

No es aconsejable que los niños estén mucho tiempo expuestos al sol y a las altas temperaturas, por lo que es necesario evitar las horas centrales del día buscando lugares en sombra y que tengan buena ventilación. Si estamos en interior, el aire acondicionado es una buena opción si la temperatura está entre 20 y 22º y se evita la corriente directa del aire.

Ofrecerles agua

En verano debemos ofrecer continuamente agua a los niños. Los refrescos azucarados, zumos e infusiones no son buenos sustitutos. Pero ¿y a mi bebé de menos de 6 meses? A ellos no. Tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Pediatría (AEP) recomiendan que los bebés lactantes de menos de 6 meses solo tomen leche.

 

 

El agua solo se indica a partir de los seis meses, cuando se introduce la alimentación complementaria. Y esto es válido tanto para niños de pecho como de biberón. El agua ocasiona inapetencia en el consumo de nutrientes en los bebés. Los pequeños aumentarán la demanda de pecho con la llegada del calor (y recordamos que el biberón, como la teta, también se da a demanda).

Comida y calor

A partir de los seis meses, y sobre todo cuando cumplan el año, se puede aliviar el calor eligiendo comidas frescas como fruta, verduras y hortalizas. Además, se recomienda que se fraccionen más las tomas para que las raciones sean más pequeñas y las digestiones menos pesadas. Esto también facilita la ingesta, ya que con calor es más fácil que los pequeños pierdan el apetito.

Cremas solares

La mejor protección para el niño es evitar el sol. La piel de los bebés es tremendamente delicada, así que mejor que no reciban los rayos solares directamente. Tampoco debemos olvidar que no es recomendable utilizar crema solar en recién nacidos. Cuando se superan los primeros meses, los niños deben utilizar siempre para salir una crema solar infantil con un factor de protección alto.

 

 

En el coche

Aunque parezca una recomendación obvia, a los niños nunca se les dejar en el coche solos. Y menos aún encerrados y sin ventilación. Ni siquiera un periodo corto. Tampoco se debe hacer si estamos nosotros también en el interior del vehículo. Los bebés como ya hemos indicado regulan de forma distinta la temperatura, porque su sistema es aún inmaduro, y lo que para ti es asumible quizás para ellos no.

Según un estudio realizado por la Asociación Española de Pediatría, la evolución de la temperatura en el interior de un vehículo depende de muchos factores: el aislamiento térmico, la temperatura exterior, la radiación solar directa y el tiempo de exposición. Tras realizar diversas pruebas, en un vehículo de tamaño medio expuesto a la luz solar, observaron que:

  • Con una temperatura ambiente de 29ºC, la temperatura interior aumenta casi 20ºC en los primeros 45 minutos de exposición.
  • Con una temperatura ambiente de 39ºC, existen zonas en el interior donde la temperatura puede alcanzar los 70ºC.
  • En el interior del vehículo, en función de la altura, la temperatura puede variar 13ºC.
  • En 2 horas y media, sin ventilación, la temperatura interior es un 88% mayor que la exterior.

 

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En los últimos años, lamentablemente, hemos sido testigos de fallecimientos de bebés por olvido en el coche. Estos desgraciados sucesos con fatal desenlace son muchas veces consecuencia de un cambio en la rutina, poco descanso o estrés.

Por otra parte, en los desplazamientos es recomendable abrir las ventanas de vez en cuando para que haya renovación del aire. Y paradas de descanso en zonas frescas. En el caso de los bebés las paradas deben ser más frecuentes. El bebé no puede estar en la silla más de una hora y media porque hay riesgo de sufrir asfixia postural.

¡Esperamos que todas estas recomendaciones os sirvan para prevenir los golpes de calor en los bebés y para poder pasar un verano feliz (y lejos de los servicios de urgencias) en familia!

 

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