La Torre Rosa: ¿Para qué sirve este material icónico de la pedagogía Montessori?

Un material sensorial con múltiples aprendizajes que permite a los niños aprender conceptos prematemáticos de forma manipulativa

La Torre Rosa es uno de los materiales Montessori más conocidos y todo un icono de esta pedagogía. Forma parte del área sensorial y trabaja el desarrollo visual, los tamaños, el peso, la concentración, el orden, vocabulario, movimientos… Asimismo, prepara al niño para las matemáticas. Así que, aunque puede parecer un apilable normal y corriente, es puro álgebra manipulativo.

La Torre Rosa: El icono de la pedagogía Montessori

La Torre Rosa es un material sensorial con múltiples aprendizajes y una de las actividades Montessori más populares. Se trata de una serie de cubos sólidos de madera monocromática que no están huecos ni son encajables unos en otros, sino que sirven para apilar (entre otras cosas). Ninguna de sus características están elegidas al azar: sus medidas, su peso, su longitud, su volumen y su color fueron diseñados por María Montessori en base a sus observaciones de la naturaleza, comportamiento y aprendizaje infantil.

La Torre Rosa además, no es un material aislado sino que, como la práctica totalidad de los materiales Montessori, está estrechamente relacionado con todos los demás materiales Montessori. Así, a medida que los niños y niñas van culminando etapas de exploración, todos los materiales que por separado parecen tener solo unas pocas funciones muy concretas, se unen formando un todo lógico.

 

 

Esta interconexión cobra un valor esencial en la pedagogía Montessori, ya que es una de las características que la distinguen de los métodos de educación reglados, que consideran las diversas materias de conocimiento como «asignaturas» independientes y aisladas en compartimentos estanco. En Montessori, sin embargo, nos encontramos que con un mismo material podemos trabajar aspectos tan diversos como el autocontrol, la disciplina, el orden, la autonomía, la creatividad, el lenguaje, las matemáticas, la física, etc.

Se trata de un enfoque educativo basado en la pura observación de la vida y el respeto a sus ciclos, por lo que en cada uno de sus materiales hay puntos de conexión. Tanto en la aplicación práctica en la vida cotidiana real (área de Vida Práctica en Montessori), como a nivel académico, todo está conectado e interrelacionado.

Torre Rosa Montessori: ¿Cómo es?

La Torre Rosa está formada por 10 cubos de diferentes tamaños que van desde un cm hasta 10 cm de arista, lo que supone que cada cubo disminuye en un centímetro de arista. Las medidas de la Torre Rosa Montessori son:

  • Cubo más grande: 10 x 10 x 10 cm.
  • Cubo más pequeño: 1 x 1 x 1 cm.
  • Altura total torre: 60 cm.

 

 

Del cubo más pequeño de todos se incluyen dos unidades. Dependiendo de a quién preguntemos al respecto nos encontraremos con dos posibles explicaciones que pueden ser complementarias: tener un cubo de repuesto de la medida diminuta – propensa a extraviarse – y también utilizar uno de los dos como elemento autocorrectivo (un poco más adelante explicaremos cómo y por qué).

Para qué sirve la Torre Rosa Montessori: Un material sensorial

La Torre Rosa es un material sensorial que trabaja, en primer lugar, el desarrollo visual de los niños desde aproximadamente los dos años y medio (aunque esto como siempre dependerá de cada niño), así como su sentido del tacto y su motricidad. Una de las preguntas más habituales que suscita cuando nos encontramos frente a ella por primera vez, es: ¿Y por qué es precisamente rosa y no de cualquier otro color? Parece ser que esto tampoco es fruto del azar, sino que fue cuestión de pruebas.

A la hora de diseñar la Torre Rosa, María Montessori, que siempre se guiaba por la observación, presentó ante los niños y niñas varias torres de varios colores y ellos siempre se iban hacia la rosada… Así que, siendo fiel a una de sus máximas más famosas, Montessori decidió «seguir al niño» y realizar la versión final de este material en el color que ellos mismos preferían manipular. 

 

 

¿Y por qué es de un solo color? De esta respuesta sí nos queda una constancia clara y real: al mantener las cualidades de forma y color constantes, y solo variar la cualidad de tamaño, el material permite al niño centrarse en el aprendizaje de los tamaños, que es el objetivo principal de la Torre Rosa. Esta forma de diseñar los materiales es frecuente en Montessori. Así, usando pocos colores, no se distrae a los peques del aprendizaje principal.

Todos los materiales Montessori tienen un grado de dificultad adaptado a la edad del niño al que van dirigidos y, en el caso de la Torre Rosa, variando únicamente el tamaño de los componentes, se consigue que no existan distracciones y se fomenta la concentración en el ejercicio.

De cualquier forma, el resultado es una gran torre que es invitada a ser manipulada, ya que es llamativa en todo su conjunto. En seguida veréis que, tanto por su tamaño como por su color rosáceo asalmonado, los peques se sienten inmediatamente atraídos por ella. Y ese debe ser, precisamente, el objetivo de cualquier material de juego pedagógico.

 

 

Objetivo de la Torre Rosa Montessori: Objetivos directos

Todos los materiales Montessori tienen un objetivo principal y al menos otro secundario. Por este motivo, son materiales muy versátiles y polivalentes que fomentan el aprendizaje múltiple ya que, como comentábamos antes, para María Montessori la interconexión de conocimientos era algo fundamental.

En su día, Montessori estableció sus teorías en base a su observación del comportamiento infantil, pero hoy en día muchas de sus conclusiones y postulados han sido confirmados por la neurociencia y otras teorías científicas y psicológicas, como la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner, que sostiene que hay varios tipos de inteligencia independientes que se pueden trabajar de forma aislada o interconectada.

 

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Pues bien, al igual que os hablábamos en un post anterior de los sólidos gramaticales para favorecer el aprendizaje de la gramática, en el caso de la Torre Rosa, el objetivo principal sería trabajar con los peques los conceptos prematemáticos de peso-volumen.

Objetivos indirectos

Como cada cubo tiene un tamaño diferente, también tiene un peso distinto. Esto a su vez desarrolla muchísimo la motricidad de los niños más pequeños, ya que para coger los cubos más grandes deben utilizar las dos manitas, mientras que para coger los cubos medianos utilizarán una sola, y para coger los más pequeños deberán poner los dedos en forma de pinza. Estos tres ejercicios de motricidad diferentes permiten a los niños y niñas trabajar la motricidad fina y la motricidad gruesa.

La disparidad de tamaño entre el primer y último cubo es, en cierta forma, lo que establece la edad o el nivel evolutivo necesario para manipular el material, ya que al tratarse de cubos sólidos de gran tamaño y con cierto peso, la actividad está dirigida a niños que ya son capaces de transportar objetos de cierto peso con sus manos de un lugar a otro.

 

 

De la misma manera, el tamaño de los últimos cubos requiere haber afinado el grado de destreza o habilidad manual, así como tener un sentido de la coordinación viso-manual más desarrollado que el necesario para realizar actividades con apilables más sencillas.

Otra finalidad muy importante de la Torre Rosa es trabajar las matemáticas manipulativas, ya que debido a las proporciones de los cubos y la torre, podemos trabajar con ellos el sistema métrico decimal, los volúmenes, etc. Cuando son más mayores, la Torre Rosa les sirve para trabajar conceptos más complejos, como la masa o las raíces cúbicas («¿cuánto es x veces el cubo pequeño?»).

Incluso se ha dicho que es una actividad interesante para preparar al peque de cara a la etapa de lectoescritura, donde tendrá que manipular materiales de mucha precisión como un lápiz, un bolígrafo, etc. De hecho, con los niños y niñas más pequeños también trabajamos el vocabulario mediante los opuestos (grande-pequeño, ligero-pesado, etc.), así como la paciencia, la concentración, el orden, el razonamiento, el pensamiento lógico y la relación causa-efecto («si pongo un cubo grande encima de uno pequeño, se caerá; luego tengo que apilar los tamaños de mayor a menor»).

 

 

También la autonomía personal, ya que los peques no precisan la ayuda de las personas adultas para darse cuenta de qué orden deben seguir los cubos. Con el cubo más pequeño ellos mismos hacen la autocorrección.

«Con él comprueban: han de pasarlo por toda la torre, cubo a cubo, para ver si están todos los cubos correctamente puestos. Por eso todos los cubos se suelen colocar hacía un extremo, de esta forma cuando pasas el cubo por los escalones de la torre puedes comprobar si existe la misma distancia entre unos y otros», explica Zazu Navarro, Guía Montessori y educadora de Disciplina Positiva miembro del equipo de expertos de Criar con Sentido Común. Por eso se trata de un material auto-didáctico y autocorrectivo (más adelante desarrollaremos este punto).

 

 

La Torre Rosa Montessori en el aula y en el hogar

En las escuelas Montessori se recurre a la Torre Rosa en la etapa infantil (niños de 24-36 meses a 6 años) para trabajar la motricidad fina y la observación visual, pero también los tamaños, longitudes, volúmenes y conceptos matemáticos como grande-mediano-pequeño. Al ser una estructura 10×10 compuesta por 10 piezas, se trabaja número 10. También es útil para trabajar el autocontrol, el equilibrio y la precisión manual.

Al entrar en la etapa infantil, muchos peques aún no han cumplido los tres años, así que muchos de ellos comienzan a manipular la Torre Rosa desde los dos años y medio, aproximadamente (siempre que hayan superado ya la etapa de exploración con la boca, para evitar los atragantamientos).

 

 

Muchos/as maestros/as Montessori aseguran que es uno de los materiales más atrae a los alumnos y uno de los que más usan hasta los seis años. Combinado con otros materiales (de los que hablaremos más adelante), pueden trabajar composiciones y figuras más complejas e incluso inventarlas, por lo que también trabajan la creatividad y la imaginación.

Ahora bien, ¿hace falta tener la Torre Rosa en casa? Evidentemente no, no es necesario (en el sentido de «imprescindible»). Montessori tiene una injustificada fama de «pedagogía cara» y prohibitiva para la mayoría de las familias, cuando en realidad apenas se necesitan materiales para aplicar su enfoque en el hogar. Lógicamente en el aula sí se necesitan, y como son materiales que van a ser utilizados por muchos niños y niñas durante mucho tiempo y a diario durante en años consecutivos, en este caso a menudo su precio va unido a su calidad y resistencia.

 

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El papel del adulto en un método de aprendizaje autocorrectivo que fomenta la autonomía de los niños

La Torre Rosa es un ejercicio autocorrectivo ya que la pieza más chiquitina es de 1×1 (en un sistema de 10×10), por lo que se puede ir colocando en cada uno de los escalones de la torre que forman los cubos de forma que, al ir repasando cada fila con él los propios niños y niñas se dan cuenta de si está o no bien hecha. Esta es la característica autodidáctica que os comentaba y que potencia muchísimo el aprendizaje autónomo.

Esta suele ser una característica común en todos los materiales Montessori, que son autocorrectivos. De esta forma. enseñan a los peques que equivocarse y cometer errores no es un motivo de frustración, sino una oportunidad para el aprendizaje activo y autodidacta.

En la Torre Rosa este control de error es visual (no en vano es un material sensorial), pues el cubo más grande puede soportar el pequeño, pero el pequeño no puede soportar el grande. También pueden ir colocando ellos y ellas mismas el cubo pequeño una vez construida la torre, para comprobar que haya un cm de diferencia de cubo a cubo.

 

 

¿Veis de qué forma tan ingeniosa están diseñados y desarrollados los materiales Montessori para tener una o varias finalidades muy concretas, ser manipulativos y tener la virtud de enseñar a niños y niñas muy pequeños conceptos complejos de forma muy sencilla? Aunque para nosotros sean a veces materiales desestructurados y un tanto abstractos, los peques trabajan manualmente con ellos y por eso interiorizan muchísimo mejor los conceptos que les enseñan.

Con este tipo de materiales, el papel del adulto es el de acompañante. Es decir, la persona adulta solo interviene en tres casos, tal y como se indica en la pedagogía Montessori:

  • Si el niño se va a hacer daño manipulando el material (incluido el sentimiento de frustración).
  • Si hace daño a los demás, en caso de estar jugando en grupo.
  • Si hace daño al propio material o al entorno (siempre debemos enseñar a los niños y niñas a tratar los materiales con respeto y a cuidarlos, lo que implica manipular y desarmar la torre con cuidado, sin tirarla ni golpearla, etc.).

 

 

Si no se da una de estas circunstancia, nuestro papel es el de observadores. No es desatender al niño, sino observarle mientras juega, supervisando la actividad sin intervenir (a no ser que sea realmente necesario). De esta forma, se respeta el ritmo de cada niño o niña; dejándole explorar, manipular y aprender a sus anchas.

También se les suele dejar desarrollar la actividad tanto tiempo como necesiten y/o les apetezca. En este sentido, y para no interrumpir su «trabajo», es conveniente calcular el momento en que sacamos los materiales en función de nuestras rutinas: la hora de comer, de dormir la siesta, salir a la calle a pasear, bañarnos o cenar, etc.

¿Cómo se presenta la Torre Rosa a los niños y niñas?

En Montessori se realizan las llamadas «presentaciones», que no son otra cosa que la forma de mostrar por primera vez un material a los niños y niñas. La forma de hacerlo puede variar en función del guía o la guía Montessori, pero básicamente consiste siempre en acotar el espacio o área de trabajo con una estera o alfombrilla (lo que favorece la concentración) y mostrarles el material a los peques realizando despacio nosotros primero la actividad para que puedan observarnos y ver cómo se hace. Una vez que realizamos la primera actividad con ella, podemos dejarla a su alcance y montada para que visualicen su estructura.

 

 

A la hora de presentar la Torre Rosa no debemos olvidar comprobar delante del peque si nuestra construcción es correcta con el cubo pequeño, tal y como hemos indicado anteriormente. ¿Por qué es importante observar al peque mientras manipula los materiales? Pues porque esto nos permite comprobar hasta qué punto deduce su uso, cómo los manipula, cómo interactúa con ellos… y hasta cómo es su personalidad. Cada niño manipulara el material dependiendo de su edad, su grado de madurez y de comprensión, si es más activo o pasivo, etc.

¿Por qué es importante que sea la original?

Al ser la Torre Rosa es un material Montessori bastante famoso, cada vez hay más imitaciones. Son realmente tentadoras, ya que son bastante más económicas, sin embargo las imitaciones no mantienen las proporciones originales, no es posible trabajar con ellas el sistema métrico decimal y por este motivo, muchas veces ni siquiera podemos utilizar la pieza de menor tamaño como elemento correctivo, ya que los cubos no conservan sus proporciones originales.

Por otra parte, los materiales de las imitaciones raramente resisten una manipulación constante y permanente. La Torre Rosa Montessori está fabricada íntegramente en madera de haya. La pintura no está lacada (los bloques de madera natural están tintados), por lo que resiste mucho mejor el uso, el paso del tiempo y los golpes sin que salte y se descascarille. Además, todos sus materiales son no tóxicos.

 

 

Asimismo, su stand en madera natural cumple la función de una peana y permite acotar el área para realizar la actividad y que la atención del niño no se disperse. Además, podéis encontrar varios materiales complementarios para trabajar con ella, si obedece al diseño original auténtico.

Complementos para la Torre Rosa

Hay varios materiales con los que puede combinarse la Torre Rosa Montessori. Lo habitual es comenzar a combinar sus cubos con las Tarjetas para la Torre Rosa. Estas resultan un recurso muy interesante ya que multiplican las posibilidades de uso. Se trata de 10 plantillas cuadradas de cartulina blanca con la ilustración plana de los cubos rosas.

Las tarjetas sirven para colocar los cubos sobre su correspondiente plantilla según la medida de cada uno. Facilitan el diseño y la creación de patrones, formas y figuras; así como el reconocimiento de tamaños. También se pueden colocar de forma que los tamaños queden intercalados (escondiendo los cubos intermedios de la serie). O comenzar a formar patrones sencillos, pero con resultados muy satisfactorios. ¡Los peques disfrutan mucho asociando los objetos tridimensionales a sus dibujos planos!

 

 

 

Otro complemento muy interesante también para combinar con la Torre Rosa es la Escalera Marrón Montessori, una serie de prismas que demuestran el cambio de altura mientras que la longitud se mantiene siempre constante en 20 cm. Sirve para trabajar el concepto de grosor. La Escalera Marrón tiene el doble de volumen de la Torre Rosa y les permite comprender el superlativo, el diminutivo, el más que-menos que, etc.

 

 

También está elaborada en madera de haya y la progresión de los escalones de la escalera es de 1 x 1 x 20 cm a 10 x 10 x 20 cm. Las piezas van haciéndose cada vez más finas ya que, al igual que en la Torre Rosa, van disminuyendo en 1 centímetro cada una desde los 10 centímetros de ancho que mide la pieza más grande hasta un centímetro que mide la más estrecha.

También incluye una segunda pieza de repuesto de la pieza más estrecha, es un ejercicio también autocorrectivo y existen diferentes orientaciones para su uso, ya que se puede colocar los escalones de diversas maneras: horizontalmente, del prisma más grueso al más estrecho; verticalmente, del prisma más ancho al más estrecho, etc.

En el caso de la escalera, se mantienen las cualidades de color y longitud (o altura, según cómo los coloquemos), y varía la condición de grosor, de manera que nos centra en esa característica. Es, por tanto, un material complementario a la Torre Rosa. A su vez, para completar la escalera, se puede usar los prismas de madera y las tarjetas para la escalera. Así que como podéis comprobar, al final todos los materiales están relacionados.

 

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Recomendaciones de uso

La Torre Rosa está pensada para niños a partir de los dos años y medio, aproximadamente. Pero esto (como siempre y para todo) depende mucho de cada niño o niña. Habrá niños y niñas que estén preparados para trabajar con ella antes de esta edad y otros a partir de los tres años o más adelante. Mediante la observación del niño veremos si es conveniente presentársela antes o después.

La observación en Montessori es la guía para presentar un material u otro, pues cada niño lleva un ritmo diferente y demanda un tiempo distinto. Acertar con el momento es importante, ya que cada etapa (en Montessori se denominan «periodos sensibles») tiene unas necesidades e intereses concretos.

También es importante tener en cuenta que la mayoría de materiales Montessori, incluida la Torre Rosa, no son juguetes. Si el cubo más grande se le cae encima del pie al peque, puede hacerle mucho daño, ya que su peso es considerable. De la misma manera, un niño que no haya superado la etapa de exploración con la boca puede tragarse los cubos más pequeños. Y si lanzan algún cubo puede ser peligroso.

 

 

 

Así que si una vez presentada al peque nos damos cuenta de que nos hemos equivocado, podemos retirar los cubos de mayor y menor tamaño para convertir el juego en seguro. Si no estáis seguros del uso que le van a dar vuestros peques, es mejor que les presentéis la torre a partir de los tres años, cuando si cometen algún error al manipularla ya es posible razonar con ellos.

Por lo demás, ¿a quién le recomendaría yo este material? A las familias que simpatizan con la pedagogía Montessori, a las que ya están familiarizadas con otros materiales de esta metodología y los resultados que obtienen con ellos en casa les resultan satisfactorios, a todo niño y niña que esté en una edad comprendida entre los tres y los cinco años (para mayor seguridad), a las madres/padres de día que practican actividades pedagógicas con los peques a su cargo, a las homeschool y, por supuesto, a cualquier educador que trabaje con niños de entre 30 meses y 6 años.

Si queréis saber más acerca de la pedagogía Montessori, aprender pautas para aplicarla en el hogar y trabajar las diferentes habilidades de vuestros peques con ella, resolver dudas o descubrir otros materiales de aprendizaje; podéis contactar con Zazu Navarro en la Tribu CSC (primer mes gratis y acceso ilimitado a todos los Cursos y Seminarios Online de Criar con Sentido Común). Zazu es miembro del equipo de expertos de Criar con Sentido Común y desde la Tribu aporta a las familias miembro sus conocimientos como Educadora Social experta en TEA, Guía Montessori y educadora de Disciplina Positiva.

 

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