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El apasionante desarrollo del lenguaje en los bebés y niños

El camino hasta su primera palabra es un viaje digno de ser explicado

Muchas de las familias que recurren a mí me comentan alguna preocupación respecto al habla de sus peques, porque “hablan poco”. Los padres tenemos cierta tendencia a comparar a nuestros hijos con los demás: que si el niño de Fulanita ya se sienta o gatea, el de Menganita come sólidos, el de la vecina ya duerme solo… ¿te suena? Esto a veces nos trae preocupaciones innecesarias y, sobre todo, no nos permite lo importante, que es disfrutar de cada etapa y acompañar respetando los ritmos de cada niño.

En realidad, el desarrollo del lenguaje es un proceso natural y espontáneo, que surge por imitación, por lo que lo más importante que tenemos que hacer los padres es hablar mucho a nuestros hijos, aunque pensemos que son “demasiado pequeños” para entendernos.

Suele atribuirse a Einstein la siguiente cita: «Si quiere que su hijo sea inteligente, cuéntele historias. Si quiere que sea aún más inteligente, cuéntele aún más historias». Fuera él el autor o no, desde luego es un consejo de sabios.

Actualmente existen diversas teorías explicativas sobre la adquisición del lenguaje, y lo que sí sabemos a ciencia cierta es que se trata de un proceso que se desarrolla durante un periodo crítico en el tiempo, en lo que Jean Piaget describe como «período preoperatorio».

Los niños y su «cerebro esponja»

Durante los cinco primeros años de vida los niños aprenden todo con enorme facilidad, incluidos los idiomas. Es curioso darnos cuenta de que luego, cuando somos adultos, tenemos más problemas para aprenderlos. Podemos pasarnos años perfeccionando nuestro nivel de inglés en las mejores academias, pero si no lo hemos aprendido en la primera infancia de forma natural, nunca llegaremos a tener ese acento nativo como cuando lo tienes como lengua materna.

María Montessori también se dio cuenta de esto y, de hecho, definió el desarrollo del lenguaje como uno de los periodos sensitivos por los que atraviesa el niño durante su infancia.

En su libro «La mente absorbente», explica la importancia de los primeros dos años y medio en todo el proceso, periodo tras el cual se produce lo que ella llamaba la explosión del lenguaje, ese momento en que los peques comienzan a hablar con esa lengua de trapo tan característica que nos hace derretirnos de amor a los padres, así como todo el perfeccionamiento posterior a una velocidad increíble que ya nos gustaría tener a los adultos a la hora de adquirir nuevos aprendizajes.

Como ella dice en este mismo libro:

El niño de dos años y medio solo posee de dos a trescientas palabras, mientras que a los 6 años conoce miles de palabras. Todo esto tiene lugar sin maestro, por adquisición espontánea. Y resulta que, una vez que el niño ha aprendido todo esto por sí mismo, lo enviamos a la escuela y le enseñamos el alfabeto como una gran adquisición.

Desde luego, una reflexión muy interesante… ¡puedes profundizar mucho más en su maravilloso libro!

El misterio del desarrollo del lenguaje

 

 

Una de las teorías más extendidas sobre este proceso tan fascinante es la de Noam Chomsky, lingüista norteamericano que ha desarrollado numerosos estudios en el campo de la psicología del desarrollo y es considerado como uno de los pensadores más reconocidos en la actualidad.

Su teoría propone que los niños nacen con una predisposición innata a desarrollar el habla, que el ser humano tiene en su cerebro un dispositivo de adquisición del lenguaje que le permite analizar el ambiente que le rodea y descifrar las reglas de la comunicación oral, ya que existe una «gramática universal» común en todos los sistemas de lenguaje conocidos hasta la fecha.

Algo similar propone Joseph Chilton Pearce, en Magical Child Matures –La mágica maduración del bebé–, donde explica que tenemos un cianotipo interno con todas las posibilidades para su realización, y son las experiencias particulares de cada niño y su capacidad innata de seguir un modelo –representado por sus padres o cuidadores–, lo que determina el desarrollo.

Por ejemplo, si un bebé de madre hispanoparlante es llevado a una madre de habla swahili, la estructura de su lenguaje será swahili. Las posibilidades para el lenguaje están en el cianotipo universal del bebé, pero el espejo colocado frente a él extrae la configuración particular de su futura expresión oral.

Todos los modelos no presentados durante los primeros años tenderán a causar atrofia en aquellas partes del cianotipo, lo que explica por qué es tan difícil aprender una nueva lengua una vez pasado el tiempo en el que el modelo de comunicación es de gran importancia para el niño.

La adquisición del lenguaje

Un bebé desea comunicarse desde que nace, y además necesita hacerlo para sobrevivir, (ya hablamos sobre exterogestación en estos tres artículos).

Siente muchísimo interés por el lenguaje oral, y ya desde los primeros meses presta mucha atención cuando le hablamos y está atento a los movimientos de nuestra boca. Durante sus primeros meses la lactancia constituye una preparación muy importante, ya que ayuda enormemente a la preparación y fortalecimiento de la musculatura implicada en el habla.

Poco a poco, el bebé empieza a comprender todo y, de este modo, el lenguaje se va construyendo en su interior, aunque nosotros no nos demos cuenta, y esto es algo maravilloso.

Dentro del desarrollo del lenguaje existen dos fases:

  • Etapa preverbal, que va desde el útero hasta los 9 o 12 meses, en la que el bebé el bebé comienza a entender lo que le decimos pero aún no puede hablar como nosotros –quizá diga algunas palabras–.
  • Etapa verbal –periodo lingüístico–, que va de los 12 a los 36 meses, durante los que se produce la famosa explosión del lenguaje.

De hecho, cuando enseñamos comunicación temprana a través del lenguaje gestual (babysigning) sucede lo mismo. Hay una primera fase en la que el niño empieza a entender lo que significa el signo y relacionarlo con la acción pero no es capaz de repetirlo, y otra en la que ya tiene la madurez suficiente para poder hacerlo con sus manitas.

En general, pasamos alrededor de un año hablando a nuestros bebés hasta que les escuchamos pronunciar su primera palabra, momento emocionante en el que sentimos que “morimos de amor” al escucharles.

Es un proceso maravilloso y a la vez sencillo y espontáneo en el que no debemos olvidar que debemos hablarles y hablarles, contarles “todas nuestras cosas” cada día aunque sintamos que todavía son pequeños para entenderlas; ellos también nos mirarán con sus ojos llenos de amor y cuando menos nos lo esperemos nos sorprenderán con su aprendizaje.

Sobre todo, no olvidemos disfrutar de este hermoso y único camino que recorre cada niño.

¿Quieres saber más?

Es un tema apasionante, sin duda, sobre todo porque es un aprendizaje que se produce por imitación, y que lo hacen ellos solitos. Por eso en Criar con Sentido Común hemos pensado que sería muy chulo poder explicarlo en el Seminario Online «Cómo aprenden a hablar los bebés», y además contar un poco cuándo tenemos que preocuparnos y cómo podemos actuar.

 

 

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