Los periodos sensibles de la infancia

Te enseñamos a detectar y aprovechar los momentos en los que tu peque es más propenso a aprender cosas de forma espontánea

¿Alguna vez has observado a tu peque como si estuviera “obsesionado” con alguna actividad en concreto? Cuando los niños aprenden algo (por ejemplo, a subir y bajar escalones o a poner los juguetes en fila con cierto orden que para ellos es inquebrantable…). Los periodos sensibles son grandes ventanas de oportunidad en el tiempo, que permiten al niño lograr ciertas conquistas de forma natural, espontánea y con un aprendizaje significativo.

Si todos los padres y educadores conociésemos los periodos sensibles, estaríamos más predispuestos a disfrutar observándolos de una forma objetiva, para así aprender a detectarlos y aprovecharlos al máximo.

El origen de los periodos sensibles

La primera persona en hablar de este fenómeno fue el científico Hugo de Vries, que lo observó en animales cuando quiso investigar sobre la teoría de la mutación.

 

 

Se puede entender muy bien analizando el ejemplo de la oruga que se convierte en mariposa: al principio solo come los brotes verdes que aparecen al final de las ramas. Le cuesta moverse, pero tiene un periodo extremadamente sensible a la luz, que es la fuerza que le impulsa a llegar hasta su alimento, poco a poco, hasta lograr ese objetivo.

Pasado un tiempo, cuando ha alcanzado el tamaño y madurez adecuados, la luz deja de interesarle por completo. Tanto, que incluso construye su propio sarcófago y en esa oscuridad es cuando inicia su hermosa transformación.

El gran aporte de la doctora María Montessori

María Montessori fue la que, analizando el fenómeno de los periodos sensibles, quiso acuñar el mismo término en el campo de la educación. Así lo explica en su libro El Niño, el secreto de la infancia (concretamente, explica cada uno de ellos en el capítulo 7):

Los periodos sensibles son las sensibilidades interiores que guían al niño en la elección de lo necesario en el ambiente multiforme y en las situaciones favorables a su desarrollo. ¿Cómo guían? Guían convirtiendo al niño únicamente para ciertas cosas e indiferente a otras. Cuando se encuentra en un periodo sensitivo, es como si emanara del mismo una luz divina que iluminara únicamente ciertos objetos, sin iluminar de los demás y en aquellos que se concentra el universo para él. 

Los periodos sensibles más importantes ocurren en el plano de desarrollo de la infancia. Es decir, entre los 0 y 6 años.

 

 

Ella habló fundamentalmente de cuatro periodos sensitivos (aunque posteriormente otros colaboradores y autores hicieron una división más extensa y, por ese motivo, es posible que buceando en internet se encuentren tablas que clasifican los distintos periodos por tramos de edad, como por ejemplo la que propone Tim Seldin en su libro How to raise an amazing child the Montessori way).

Los periodos sensibles

Las grandes ventanas de oportunidad o periodos sensibles detectados por María Montessori son:

  • Periodo sensible del movimiento: sabemos que los niños necesitan moverse (lo extraño es tratar que se estén quietos sentados en sus pupitres). Es importante facilitar el movimiento libre (con esa mirada respetuosa que tenía Pikler), ya que fomenta el desarrollo de la voluntad, que es uno de los ejes centrales en la pedagogía Montessori y que además está estrechamente relacionado con el desarrollo de la psique. Durante los primeros años de vida se alcanzan los hitos más importantes del desarrollo psicomotor y, además, uno de los logros que nos diferencian del resto de animales: el poder caminar erguidos. Nunca hay que anticiparse ni forzar posturas que los peques no alcancen por sí mismos (como por ejemplo, sentarles antes de tiempo). Es precioso cuando todo este desarrollo se acompaña de forma respetuosa y se disfruta de cada logro.

 

 

  • Periodo sensible del refinamiento de los sentidos: los sentidos son los que permiten al niño entrar en contacto con el mundo y por ello se da mucha importancia a la experimentación sensorial. Además de los cinco sentidos que comúnmente estudiamos (vista, oído, olfato, gusto y tacto), en Montessori se habla de un sexto, que es el sentido esterognóstico, que consiste en agudizar el sentido del tacto cuando privamos el sentido de la vista. Por eso muchas veces encontramos imágenes de niños trabajando con materiales Montessori y con los ojos vendados.
  • Periodo sensible al orden: el orden es un periodo sensible maravilloso y al mismo tiempo una tendencia humana (ya hablamos de ella en este otro artículo). El orden externo influye sobre el orden interno del niño y sobre la estructura del pensamiento. Por eso para los niños también son muy importantes las rutinas, el poder anticiparse a lo que va a venir. Saber que hay un sitio para cada cosa y que cada cosa está en su sitio cuando van a buscarla les aporta seguridad, del mismo modo que los límites explicados de forma positiva. Además, todo esto contribuye al desarrollo posterior del pensamiento lógico-matemático que, como sabemos, es una de las inteligencias múltiples de las que habla Howard Gardner. 

 

 

  • Periodo sensible del refinamiento del lenguaje: este periodo sensible podría iniciarse incluso antes del nacimiento del niño. Antes de nacer, se cree que el pequeño podría comenzar a reconocer las voces de sus progenitores. Después empieza a conocer sonidos, así como a analizar las características de la que será su lengua materna. Posteriormente, llega una fase más intelectual, en la que empieza a ser capaz de descodificar el lenguaje, entenderlo y posteriormente hablarlo. Esto suele darse hacia los dos años, cuando se produce lo que Maria Montessori llamó explosión del lenguaje, momento en el que tratan de comunicarse con esa lengua de trapo tan característica que hace que los padres muramos de amor, aunque no entendamos nada…

Qué podemos hacer los padres

Tal y como hemos comentado al comienzo del artículo, sería maravilloso si todos los padres y educadores conociésemos la existencia de estos periodos sensitivos, ya que gracias a la neurociencia sabemos que hay momentos de mayor plasticidad cerebral en los que es más fácil adquirir ciertos aprendizajes. ¡Y es maravilloso poder aprovechar estas oportunidades!

 

 

Además, cuando el niño tiene toda su atención puesta en adquirir cierta habilidad, el aprendizaje sucede casi de forma espontánea. Luego, esa facilidad no vuelve a repetirse. Es por esto que a un niño no le damos un libro de gramática para que aprenda a hablar, porque sabemos que es capaz de absorber la lengua del mundo que le rodea (por eso es tan importante el ambiente preparado).

Sin embargo, nos cuesta mucho aprender otros idiomas cuando somos adultos ¿verdad? Podemos ir a las mejores academias de idiomas, pero es difícil que lleguemos a hablarlo como si hubiera sido una lengua materna (que se aprende en un periodo sensible) o que lleguemos a pensar en inglés, como aquellas personas que son realmente bilingües.

 

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Así que, como siempre decimos, lo más importante es “ponernos las gafas de observar”. Pero hacerlo de una manera distinta a la que estamos acostumbrados, con esa mirada montessoriana libre de juicios, prejuicios y etiquetas, evitando proyectar nuestras propias expectativas.

Es un trabajo difícil, que no se aprende de la noche a la mañana. Por eso es una de las habilidades que más se desarrollan en las formaciones de Guía Montessori. Pero una vez que se va logrando da unos resultados maravillosos y nos permite descubrir todas las potencialidades de nuestros niños.

¿Te animas a probar? ¡Te leemos en comentarios!

 


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