Diferencias entre las consecuencias naturales y las consecuencias lógicas de la Disciplina Positiva

Para establecer límites de manera respetuosa podemos apelar a las consecuencias naturales o lógicas, y no a los castigos encubiertos

En casa intento no usar los castigos. Digo «intento» porque es realmente complicado, a veces es que te sale solo. Es como una acción-reacción. Los peques hacen algo que no nos parece bien, y automáticamente piensas en cambiar esa conducta o penalizarla con un castigo. Tenemos los castigos muy interiorizados y en ocasiones son muy tentadores, pues resultan un recurso fácil e inmediato. Pero la disciplina en positivo nos ofrece otras soluciones…

Un día, mi hija me dijo ante un castigo: «Mamá ¿y qué tiene que ver una cosa con la otra?». Desde entonces, mantengo mucho más presente que los castigos no gozan de sentido alguno, ni son respetuosos, ni resultan una enseñanza y, además, a largo plazo no sirven. ¡Al contrario! Se pueden volver contra nosotros.

 

 

Y como lo que realmente debe importar es el aprendizaje consciente (recordad que los errores forman parte de todo aprendizaje), y entender las emociones de los niños y las niñas para modificar desde ahí las conductas que no son apropiadas; es muy útil acudir a las herramientas que nos ofrece la Disciplina Positiva.

Disciplina en positivo: consecuencias naturales

Lógicamente hay actos que tienen consecuencias, y es que además no podemos hacer nada por evitarlas. Los adultos no intervenimos de ninguna manera, salvo para decidir hasta dónde les permitimos explorarlas. Por ejemplo: si la botella de agua no se rellena antes de meterla en la nevera, no habrá agua fría después. O si salimos a la calle en manga corta cuando el termómetro marca 15º, vamos a pasar frío. O si dejamos en el patio unos muñecos y llueve, estos se mojarán.

Van a pasar de manera natural, y los niños y las niñas entonces tendrán que enfrentarse a ellas. ¡Y aprender! Porque estas consecuencias son una buenísima oportunidad para que entiendan que si hacen o dejan de hacer ciertas cosas, obtendrán un resultado, y puede que no les guste… ¡O sí! Así ellos mismos tienen el poder de decidir sus propios actos.

 

Consecuencias lógicas

 

Ahora bien, no siempre son viables. Hay ciertos límites que no se pueden superar. O porque vayan en contra de su salud o de su seguridad, o porque no sean respetuosos con los demás. No podemos dejarles comprobar qué pasa si cruzan la carretera con el semáforo en rojo, por ejemplo. ¡O si faltan el respeto a alguien!

Evidentemente nos cuesta saber hasta dónde les dejamos explorar y cuándo debemos intervenir. Sobre esto hay maravillosos debates en la Tribu CSC, porque aunque está en la mano de cada madre y padre establecer los límites (siempre con respeto), es muy gratificante y útil contar con la opinión y experiencias de otras familias e incluso de los expertos.

 

 

Por último, es importante también que, sea cual sea la secuela, no les sermoneemos. No estamos buscando que paguen por sus actos, o hacerles sentir mal. Debemos ser comprensivos y actuar con empatía, ya que si descubren que su decisión implica un resultado que no les gusta o que no esperaban, se sentirán algo frustrados. Pero así están aprendiendo.

Consecuencias lógicas

En ciertas ocasiones sí podemos intervenir en algunas consecuencias: para impedir que suceda una consecuencia natural o simplemente porque creemos que debemos hacerlo. Son las consecuencias lógicas; y aunque es una manera respetuosa de establecer límites, a la hora de la verdad es complicado poner esta herramienta en práctica.

De nuevo, la meta no debe ser la humillación o hacer sentir mal al peque. Lo que queremos conseguir es reorientarlo hacia una conducta útil y a que colabore. Por eso, para que sea una consecuencia lógica, y no un castigo, debe cumplir con cuatro requisitos:

  • Que esté relacionada con la conducta.
  • Que sea respetuosa, sin avergonzar ni culpar.
  • Que sea razonable, tanto para los niños como para los adultos.
  • Y que se haya revelado de antemano.

 

Consecuencias lógicas

 

Por ejemplo, una de las consecuencias lógicas más utilizadas es la caja negra. Se llega a un acuerdo con anterioridad (revelado de antemano) de guardar en una caja todos los objetos que no estén recogidos a la hora establecida, y estos se quedarán ahí hasta cierta fecha. ¡Todos los objetos!

Es decir: también se incluyen los que mamá y papá hayan dejado fuera de su sitio. Es una medida relacionada directamente con el acto, ya que es importante para el orden y la limpieza, y la consecuencia es que no se podrán usar dichos objetos. Y también es bastante razonable y respetuosa, ¿verdad?

Las formas en las que se lleve a cabo también son importantes: sin imposiciones ni lecciones. La finalidad es detener o modificar una conducta a través de una solución, no es una venganza.

Los castigos disfrazados de consecuencias

Seguro que alguna vez ha salido de tu boca: «Como no hagas tal cosa, habrá consecuencias…». Automáticamente se siembra el miedo, el autoritarismo y la obediencia ciega. Porque estas consecuencias a las que nos referimos no son otra cosa que castigos disfrazados: ya no vas al cumpleaños, tendrás que comerte las lentejas que dejaste ayer…

Estamos interviniendo de una manera bárbara. Quedarte sin ir a casa de tu abuela por haber gritado no es un acontecimiento que exactamente resulte de otro. ¡Efectivamente: no tiene mucho sentido!

 

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Pero es muy fácil caer en esto, aunque nos sepamos la teoría estupendamente. Ya lo decía el psiquiatra Rudolf Dreikurs, uno de los impulsores de la Disciplina Positiva:

«Cuando utilizamos el término ‘consecuencias lógicas’, los padres a menudo lo malinterpretan como una nueva forma de imponer sus exigencias a sus hijos. Los niños perciben esto como lo que es: un castigo encubierto.«

Por eso, la Disciplina Positiva intenta utilizar otros recursos, como el enfoque en soluciones o el rincón de la calma, que son maneras respetuosas de trabajar los conflictos sin castigar. También podemos acudir a la tabla de rutinas, que nos ayudará a evitar ciertas divergencias. Y recordad siempre: los niños y las niñas actúan mejor cuando se sienten mejor.

 

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