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El rincón de la calma: cómo trabajar los conflictos sin castigar

Hay muchas maneras de trabajar los conflictos antes de caer en los tradicionales y nada educativos castigos

Una de las herramientas más útiles que descubrí de mano de la Disciplina Positiva es el rincón de la calma. En realidad, se habla de tiempo fuera positivo, pero a mí me gusta llamarlo rincón de la calma para evitar cualquier posible malentendido o confusión con el tiempo fuera punitivo. Y porque, en realidad, es una herramienta de educación emocional que nos ayuda a atravesar diferentes emociones cuando suceden cosas que nos sacan de nuestras casillas para volver a templarnos y recuperar la serenidad.

El tiempo fuera punitivo (o los castigos de toda la vida)

En la educación tradicional encontramos numerosos ejemplos de castigos relacionados con el tiempo fuera: la silla de pensar, vete a tu habitación hasta que estés tranquilo (o hasta que yo te diga), fuera de clase… Todos ellos tienen en común que son impuestos por el adulto y solo sirven para poner distancia entre el niño y el conflicto o situación, pero no ayudan a resolver lo que ha pasado ni acompañan la emoción del niño en esos momentos.

En todos esos casos el niño es “expulsado” por el adulto, se siente fuera, no “visto”, incomprendido. Hay muchos defensores de estos métodos porque tienen su parte lógica. Cuando estamos fuera de control es bueno tomar distancia para calmarnos antes de afrontar la situación en cuestión. Pero tienen un inconveniente muy importante: el niño o la niña se siente mal.

No deja de ser un castigo, una imposición del adulto que está obligándolo a estar en un sitio elegido por el adulto, durante el tiempo que el adulto decida. Y cuando ese tiempo haya terminado, caben dos opciones:

  1. Que la historia termine ahí: con lo cual el único aprendizaje que queda es que “cuando hago algo que a los adultos no les gusta, me apartan y me ignoran”.
  2. Que después de ese tiempo fuera, se hable sobre el conflicto inicial.

Cuando no se habla de lo sucedido se genera una sensación de desamparo que nos aleja emocionalmente de nuestros hijos. Pensad en una persona que, cuando estáis desbordados, opta por aislaros, alejarse de vosotros e ignoraros. ¿Contaríais con esa persona cuando tuvierais un problema? Es fácil adivinar la respuesta. No. Nadie se siente cercano ni tiene confianza con personas que te excluyen y hacen sentir así. Si queremos construir una relación de confianza con nuestros hijos el tiempo fuera punitivo no es la mejor opción.

 

Rincón de la calma

 

Lo que suele ocurrir a menudo en la educación tradicional es que después del tiempo de “encierro” al niño le toca escuchar un sermón en el que se le reprocha su conducta (desde luego, hay que ver lo que has hecho, ¿cómo has podido pegarle a tu hermano?) y se le dan “instrucciones” sobre lo que se espera de él (que sea la última vez que me entero yo de que le pones una mano encima a tu hermano).

No se tienen en cuenta las emociones que han llevado al niño a actuar de esa manera ni se le ofrece ninguna herramienta que le ayude a controlarse la próxima vez que se sienta así. Pero es que, incluso en el mejor de los casos, aunque en ese momento no hagamos reproches ni busquemos culpables, los niños se sienten mal ya que han sido sometidos previamente por el adulto al ser castigado con un tiempo fuera. Y cuando nos sentimos así lo normal es que estemos resentidos y no abiertos a la comunicación ni dispuestos a buscar soluciones.

El rincón de la calma

El rincón de la calma es una herramienta educativa maravillosa que podemos usar en casa, ahora bien, no hace milagros. No se trata de decorar un rincón en nuestro hogar y sentarnos a esperar. Es un espacio preparado para ayudarnos a recuperar la calma y la tranquilidad cuando sentimos que estamos emocionalmente desbordados, cuando hemos perdido el control.

Pero el trabajo para reconocer nuestras emociones, aceptarlas y transitarlas de manera respetuosa con todos y con todo, debe formar parte de nuestro día a día. De nada sirve poner un lugar en casa donde relajarse si lo habitual en nuestro hogar son los castigos y la represión de las emociones.

El rincón de la calma no es una silla de pensar disfrazada. Hay algunas condiciones indispensables para que el rincón de la calma sea una herramienta útil, que nos sirva para la autorregulación y el autocontrol y no sea un simple castigo disfrazado de respeto:

  1. Primera y fundamental: al rincón de la calma se va por voluntad propia. Se puede preguntar si se quiere ir, se puede ofrecer esa opción; pero nunca, jamás, se manda a nadie a ir allí. La idea es que aprendamos a controlar nuestras emociones y no podemos aprender autocontrol si la solución nos viene impuesta desde fuera. Eso lo convertiría en punitivo, así que al rincón de la calma se va cuando se quiere, no se obliga a nadie a ir. Solo es un lugar opcional donde intentar recuperar la calma.
  2. El rincón de la calma puede ser un espacio que sirva para cualquier miembro de la familia que lo necesite o puede ser personal. También podemos tener distintos rincones de la calma para cada persona. Pero el ejemplo es la herramienta más poderosa de la educación. Si nosotros utilizamos técnicas de tiempo fuera para relajarnos y recuperar la calma cuando hemos perdido los nervios será más fácil que ellos también aprendan a hacerlo. Tan sencillo como “ahora mismo estoy muy enfadada y no quiero gritar así que voy a ir a mi habitación unos minutos y cuando esté más tranquila vuelvo y hablamos sobre lo que ha ocurrido”.
  3. No hay dos rincones de la calma iguales. Se trata de un lugar al que vamos para conseguir recuperar la serenidad que hemos perdido y por lo tanto, en él habrá materiales que nos permitan hacer actividades que nos ayuden a estar tranquilos u objetos que nos ayuden a relajarnos. Un poco más adelante os dejo algunas ideas pero dependerá de cada personita y lo ideal, cuando los niños tienen a partir de 4 o 5 años es que sean ellos mismos quienes decidan qué quieren tener en su rincón de la calma y que participen de su construcción.
  4. Antes de los 4 años no suelen estar preparados para manejar sus emociones en soledad, por lo que hasta ese momento si quieren ir al rincón de la calma es mejor que lo hagan acompañados por un adulto que les ayude validando sus emociones y ofreciéndoles alternativas para recuperarse. Cuando sean un poco mayores pueden elegir si prefieren ir solos o acompañados.
  5. Nadie te dice cuánto tiempo tienes que estar allí. Si la situación lo permite (si estamos saliendo por la puerta de casa para ir al cole no, claro) pueden quedarse allí el tiempo que necesiten, no importa si son cinco minutos o una hora.
  6. No vamos al rincón de la calma para resolver conflictos allí. Para tratar los conflictos que surjan entre distintos miembros de la familia podemos utilizar la mesa de la paz, que es otra herramienta maravillosa. Pero el rincón de la calma no tiene esa función, es una especie de retiro donde conseguir volver a la calma cuando hemos “perdido los nervios”. El objetivo es aprender a utilizar el tiempo fuera como una herramienta para fomentar el autocontrol; una vez recuperada la calma podemos volver al conflicto inicial para buscar soluciones desde el respeto.

Qué podemos tener en el rincón de la calma

 

Rincón de la calma

 

Cualquier cosa que nos ayude a estar calmados. Lo ideal es preguntar a los peques qué quieren tener allí. Algunas ideas pueden ser:

  • Papel y lápices para dibujar o escribir cómo me siento (o una carta).
  • Una pelota anti estrés.
  • Plastilina.
  • Una foto de algún paisaje.
  • Material para hacer manualidades.
  • Cuentos para leer.
  • Fotos de nuestras vacaciones.
  • Un tarro de la calma.
  • Un reproductor de música (relajante).
  • Mandalas para colorear.
  • Pasatiempos varios.
  • Si van acompañados podemos hacer un masaje.

Estas son sólo algunas ideas, lo importante es que ellos decidan qué quieren hacer durante ese tiempo fuera para calmarse.

Dónde ponemos el rincón de la calma

Pues depende del espacio que tengáis en casa. A mí me gusta que esté en alguna habitación que no sea de uso común habitual, por aquello de poder estar solos si les apetece. Si no tenéis mucho espacio podemos guardar todas estas cosas en una maleta o una cajita que podemos llevarnos a distintas estancias de la casa si es necesario.

 

Rincón de la calma

 

Resumiendo, el rincón de la calma es un espacio que podemos determinar dentro de nuestra casa para ayudar a nuestros peques con el manejo de las emociones. La ira o la rabia son emociones saludables normalmente, solo es cuestión de aprender a atravesarlas sin herirnos ni herir a los demás en el camino.

Cuando estamos “en caliente” no somos capaces de expresarnos de forma respetuosa ni de enfocarnos en encontrar soluciones. Enseñar a nuestros hijos a practicar el autocontrol les ayudará a resolver sus conflictos un poco después, de manera pacífica, y este aprendizaje les acompañará durante toda la vida.

Educar en el conocimiento de las emociones es educar para la vida.

 

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