La importancia de la despedida para no alimentar la ansiedad por separación

Despedirse de los niños es importante para establecer vínculos de confianza y ayudarles a superar la ansiedad de la separación

Decir adiós no es fácil, sobre todo cuando no quieres irte. Por eso despedirse de los niños puede ser muy, muy duro. Cuando son muy pequeñitos, además, es fácil caer en la falsa creencia de que si no nos despedimos de ellos será menos difícil la separación.

Nos marchamos a trabajar por primera vez tras la baja maternal y el permiso de lactancia, y pensamos que si les engañamos o distraemos antes de irnos, o nos vamos cuando están dormidos, no se sentirán mal. Y lo cierto es que solo los adultos respiraremos con cierto alivio por no verles llorar, solo es más fácil así para nosotros; pero para ellos será como si hubiéramos desaparecido.

Tanto los profesionales de la psicología como de la pedagogía recomiendan que nos despidamos de los niños. Esta es la única forma de afianzar el vínculo de confianza y ayudarles a superar el mal trago de no estar con nosotros/as. Que llore y se ponga triste es lo más lógico, y no solo demuestra que el apego se está desarrollando de manera segura, sino que además les permite normalizar, avanzar y expresar sus sentimientos.

Despedirse de los niños disminuye el grado de ansiedad

Cuando era pequeña pasé un verano en la playa con mi tía. Yo debía tener cuatro o cinco años. Y lo único que recuerdo de aquellas vacaciones es que todos los días preguntaba por mi madre y la respuesta era: «mañana viene». Y ese mañana nunca llegaba.

 

 

No recuerdo si mi madre se despidió de mí, pero sí que me sentía triste y confundida porque esa promesa nunca se hacía realidad. Evidentemente, mi familia lo que quería era que yo me lo pasara muy bien en la playa, pero la realidad es que yo solo quería estar con mi madre.

Entre los siete y los nueve meses aproximadamente, aparece la llamada ansiedad por separación del bebé. Es algo completamente normal y, de hecho, es un avance en el desarrollo del bebé. Significa que se ha creado un vínculo afectivo seguro y que el pequeño se aferra a esa persona de apego como si se le fuera la vida en ello. Y es lógico. Hasta ese momento los niños no se sienten individuos, sino que creen que su madre y ellos son un todo inseparable.

Por eso, cuando dan este paso, sufren tanto al no vernos y sobre todo por no saber cuándo volveremos. No tienen noción del tiempo. No saben qué significa. Si no estamos, desaparecemos. Y aunque a veces buscan sustitutos (como las brazadas o los objetos de apego), esa angustia solo se soluciona a nuestra vuelta, cuando los cogemos, los abrazamos y no nos separamos de ellos.

 

 

Despedirse de los niños es importante porque al menos sabrán que volveremos. Incluso cuando tienen meses. Nuestra sonrisa, nuestras palabras, nuestro calor les dará confianza y comprenderán que no importa si a veces nos vamos, porque siempre volveremos.

Decir adiós afianza los vínculos de confianza

Optar por irse de casa o de la escuela infantil (o de donde sea) sin despedirnos hará que nuestros hijos se sientan angustiados, enfadados y tengan miedo. Pero, además, generará desconfianza en ellos. En cierto modo, los «traicionamos» al dejarlos con algún familiar o cuidador.

La madre suele ser la figura más importante durante los primeros meses de vida de un ser humano. En los años 60, John Bowly formuló la Teoría del Apego, que venía a demostrar que esa relación madre-hijo puede tener consecuencias determinantes en su desarrollo y durante todas las etapas de su vida.

 

 

Establecer un apego seguro durante los primeros años de vida supone sembrar una base sólida para que el menor pueda establecer relaciones saludables cuando crezca. Si no nos despedimos de nuestra hija o hijo, estamos diciéndole que la base de su vida puede desaparecer.

Es cierto que la angustia de la separación suele desaparecer a partir de los dos años aproximadamente. Para entonces comprenden que sus padres se marchan pero vuelven, y que ellos también pueden hacerlo. No obstante, que no les cree angustia no significa que no les importe que nos marchemos sin despedirnos. Las cajas de permanencia Montessori son ideales para trabajar la ansiedad por separación en los bebés desde que son muy pequeños.

 

 

Reflexionando sobre este asunto, le he preguntado a mi hija mayor (siete años) cómo se siente cuando me voy a trabajar. «A veces me siento triste y me gustaría que no te fueras, que te quedaras conmigo», me ha respondido. En casa nos despedimos siempre, y las más pequeñas necesitan un beso, un abrazo y muchos adiós para quedarse tranquilas.

Y lo entiendo, porque es una forma de normalizar las despedidas (al fin y al cabo, tendrán muchas de ellas a lo largo de sus vidas), y de asumir que son inevitables. Sin embargo, tienen confianza en su padre y en mí. Y saben que volveré. Eso les da seguridad (también es cierto que a veces, cuando vuelvo, me reciben con un frío «hola», cuando yo necesito una carrera, un «mamá» y un abrazo… pero esa es otra historia).

¿Cómo despedirse de los niños?

Aunque sean bebés hay que despedirse de los niños adecuadamente. Quizás no entiendan muy bien qué significa lo que les decimos pero la comunicación no verbal puede ayudarles a entender y sentir nuestro cariño y confianza. Es importante estar tranquilos y asumir que, aunque no estén todo el tiempo con nosotras (o nosotros) van a estar bien.

Es muy común ver caras tristes y desencajadas en las puertas de las escuelas infantiles. Transmitirles serenidad y tratar la despedida con naturalidad es importante.

 

 

Un ritual estable de despedida puede ayudarles a asumirlo como una rutina. Por las noches tenemos nuestro ritual en casa: un cuento y una despedida personalizada para cada una (una canción, un beso y un abrazo o un secretito entre nosotras). Hacerlo todas las noches les da tranquilidad.

Anticiparnos a la situación también puede ayudarles. «Dentro de un ratito me tengo que ir a trabajar. Te voy a echar mucho de menos y seguro que tú también a mí. Luego volveré y te daré todos los besos juntos». De hecho, una buena opción es hablarles de lo que haremos al volver: «Cuando regrese podremos hacer el puzzle que tanto te gusta».

Hay que darles la oportunidad de que se despidan también y, aunque es mejor que las despedidas no se alarguen mucho, debemos dejar que demuestren su cariño y no ser presas de las prisas. Prestarles toda la atención que requieran en ese momento les confirmará que sus sentimientos nos importan.

 

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Cuando la ansiedad por la separación se convierte en un trastorno

Sentir ansiedad es un sentimiento normal y, de hecho, nos ayuda a ponernos en alerta en situaciones nuevas o incluso peligrosas. Los bebés la sienten, como hemos visto, y es normal porque forma parte del desarrollo. Pero si esa ansiedad es incontrolada y bloquea la persona es señal de que algo va mal. En el caso de los niños, la ansiedad por la separación desaparece a medida que crecen. Sin embargo, hay menores en los que esa angustia persiste. Es lo que se conoce como el trastorno de ansiedad por separación (TAS).

 

 

 

En este caso es más razonable recurrir a personal experto para determinar qué le ocurre y cómo ayudarle. En la Tribu de Criar con Sentido Común contamos con profesionales muy actualizadas en este y otros ámbitos de la crianza respetuosa que os pueden orientar en este sentido. El primer mes es gratis y no hay compromiso de permanencia.

Afortunadamente este trastorno no es lo habitual y la mayoría de niños aprenden a gestionar el momento de la despedida. Sin embargo, igual que a ninguno de nosotros nos gustaría que alguien querido se marchara sin decir adiós, no lo hagamos nosotros con las personas a las que más queremos, que son nuestros hijos.

 

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