La angustia de separación del bebé: cuando tu peque descubre que existe

O por qué tener "mamitis" es normal

Aunque la mayoría de bebés van pidiendo cada vez más contacto, más afecto y en consecuencia más brazos a medida que crecen, llega un momento en el que parece que todo se complica mucho más, cuando de repente rechazan el contacto con personas a las que aceptaban («tú no me cojas en brazos, mejor que sea mamá»), y lloran mucho más si los dejan solos, como si de pronto se hubieran hecho más dependientes.

En contra de lo que suele decir la gente del entorno a los padres, es algo normal. Gente que, por desconocimiento, les echan la culpa de que lo han acostumbrado, que es así por su culpa, que en vez de hacerlo más independiente están haciendo de su hijo un niño mimado, consentido y arisco, que ya ni siquiera acepta a otros familiares que no sean mamá y papá, y a veces ni siquiera quiere a papá.

Es decir, no tiene «mamitis», no es algo que los padres hayan hecho mal, y no se ha acostumbrado a nada. Lo que tiene esa niña es en realidad lo que conocemos como angustia de separación, y no solo no es un retroceso, sino que es un avance de lo más lógico en su desarrollo. Un avance que los padres deben conocer y comprender, sobre todo para no caer en la tentación de hacer caso de consejos y recomendaciones sin sentido.

¿Cada vez necesita más brazos? Es normal…

Lo dicho. No es un retroceso como la mayor parte de la población va a hacer saber a los padres. Sí es cierto que lo parece, porque antes el niño se quedaba con cualquiera y mira ahora: «No se quiere quedar con nadie… algo habréis hecho para que ahora sea así».

También puede pasar que fuera un bebé de los que tampoco quería estar con nadie que no fuera mamá o papá, y siga siendo así. El problema seguirá existiendo porque «sigue sin querer estar con nadie que no seáis vosotros… ya debería querer jugar con otras personas y otros niños, o incluso solo, que ni eso».

Porque esa es otra, es salir un momento de la habitación, dejarlo solo, y ponerse a llorar buscándote con la mirada, y si ya gatea, dejando su tan preciado juguete tirado para ir en tu busca (y captura): «Lo habéis acostumbrado a los brazos que ahora ni siquiera es capaz de estar en el suelo».

Pero no. Nada de eso. Esa niña de entre 7 y 9 meses que empieza a llorar más si no estás, y que persigue a mamá y llora si la coge alguien con quien no ha pasado mucho tiempo no está yendo hacia atrás, sino hacia adelante.  Se está desarrollando adecuadamente, ha creado un vínculo afectivo con las personas con las que más tiempo pasa y se aferra a ellos para sobrevivir, vivir y desarrollarse.

 

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Tras varios meses de vida con ellos, descubre que existe como individuo y oye, eso debe dar un miedo atroz, porque aún no sabe que mamá y papá no lo van a dejar solo para siempre, aunque haya ratos que sí. Es decir, considerándolos las personas con quien más seguro está, sus instintos le llevarán a querer estar siempre con ellas para no correr riesgos innecesarios.

¿Y cuando no estén cerca? Sufrirán por no verlos, y por no saber si volverán pronto, en minutos, algo más tarde, en horas, o mucho más tarde, en semanas o meses.

Porque ellos no saben qué es el tiempo, qué son los minutos y qué son las horas, y no tienen manera de comprender todavía que mamá volverá en segundos si se va a otra habitación, pero volverá en horas si se va a trabajar; y papá lo mismo.

Mamá, papá. Mi vínculo con vosotros es correcto. Sé que estoy segura con vosotros.  No quiero estar sin vosotros.

¿Mamitis? Que no hombre, que no

Que la mamitis es la inflamación de una madre. Y las madres no se inflaman. Y si se dice en tono de humor, como una necesidad exagerada de estar con mamá, tampoco. Sería preocupante si en vez de 8 meses hablamos de 8 años. Ahí habría que ver qué pasa, y tratar de ayudar al niño para empezar a confiar en un mundo sin mamá, en su propio mundo.

 

 

Pero hablamos de un bebé de 7, 8 ó 9 meses que, como digo, acaba de descubrir que existe, y que al existir como individuo, conoce de repente lo que es estar acompañado y lo que es la soledad. Y la soledad no parece muy segura. Ni la gente en la que no confía. ¡Es como si acabara de nacer!

Súmale a ello el ser desconocedor del tiempo, y el no saber a ciencia cierta que cuando tu madre se va, no lo hace para siempre. Porque eso también pasa: si no te ve, puede llegar a pensar que jamás volverás. Y eso es poco menos que horrible para un bebé… Necesitará varios episodios de sus dos mamás yéndose de casa y volviendo, o sus dos papás, o su madre y su padre, muchas despedidas y reencuentros, para darse cuenta de que esas personas siempre vuelven.

Entonces, ¿no hay que hacer nada?

No hay que hacer nada que no quieras hacer. Y digo esto porque tras los diagnósticos de «mamitis», «dependencia extrema», «acostumbramiento a los brazos», «enmadramiento» y tantas cosas que pueden llegar a decirte, vendrán las soluciones de «déjalo conmigo y vete», «mejor que se acostumbre ahora a estar sin vosotros por si un día me lo tenéis que dejar», «no vayas en cuanto llora» o «llévalo a la escuela infantil para que sepa que no es el centro del universo».

Y como los diagnósticos son erróneos, las soluciones también lo son: como no hay problema, porque es normal que se sienta así, ¿por qué aplicar soluciones? Separarse de sus cuidadores, ser más autónomo e independiente, llega solo.

Dice la ciencia que el sufrimiento que sienten los niños por la angustia de separación activa en su cerebro las mismas zonas que cuando están sufriendo dolor físico. Pues bien, de igual modo que cuando nuestro bebé se hace daño, porque ha metido los dedos donde no debía o le ha fallado una mano gateando, acudimos a socorrerle y darle consuelo, debemos hacer lo mismo cuando sufra porque se siente solo, abandonado, o cuando alguien en quien no confía nos lo ha arrebatado de los brazos: «No, lo siento. Todavía no está preparado para estar contigo. Devuélvemelo».

Entre que sufra el bebé por permanecer en brazos ajenos, o sufra la persona que quiere ganarse el afecto de un bebé haciéndole llorar, es mejor que sufra esta segunda persona. Con quien tenemos que quedar es con nuestro bebé. Dicho de otro modo: no hace falta dejar al bebé con nadie para que aprenda a no necesitarte, porque eso lo aprenden solos.

Además, no tiene ningún sentido tal y como nos lo plantean: «Déjamelo esta tarde, para que cuando me lo tengas que dejar, no llore». ¿Qué sentido tiene adelantar el sufrimiento? ¿Por qué dejártelo esta tarde llorando para evitar que en el futuro llore? Si es que además, cabe la posibilidad de que sin dejártelo esta tarde, en el futuro no llore porque ya sea más consciente de lo que es peligroso y de lo que no, y sea más capaz de estar separado de sus padres.

Y si ese momento futuro está cerca, vale la pena que la confianza en la persona que lo cuidará se la gane poco a poco, desde la alegría y no desde el llanto: «No, no te lo dejo. Es mejor que vengas tú a mi casa a jugar con mi hijo, para que te lo ganes poco a poco, día a día, mientras está tranquilo porque yo estoy presente».

Y cuando ya haya una relación mínima de confianza, entonces ir allí donde vaya a estar sin mamá y/o papá, y pasar ratos todos juntos. En el momento en que confíe en esa tercera persona y en ese otro entorno, podrá quedarse sin ellos sin haber tenido que llorar, sufriendo, pensando que se quedaba solo y desasistido.

Y es que hay una verdad que no podemos obviar:

Para ser independiente, primero hay que ser dependiente.

 

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2 comentarios en "La angustia de separación del bebé: cuando tu peque descubre que existe"

  1. Hola Armando, mi peque acaba de cumplir el añito y es ahora cuando no para de quejarse cuando lo dejo un momento con sus juguetes o marcho a hacer algo (en casa), etc.. . Imagino que está en esa fase ahora, ¿no?

    Gracias y muchas gracias por tu labor!!

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