Nacer en tiempos de coronavirus (V): Mateo, un regalo llegado en estado de alarma

La historia del nacimiento del pequeño Mateo en pleno estado de alarma nos muestra cómo es nacer en tiempos de coronavirus

Mateo es tan bonito que parece dibujado. Casi como si presintiera la anormalidad de la situación, este bebé almeriense no tenía ninguna prisa por llegar a un mundo en estado de alarma y su parto tuvo que ser inducido. Sus padres, Ana Rufaza y Paco Ballesta, nos cuentan la historia de su nacimiento en plena pandemia por covid-19. Así es nacer en tiempos de coronavirus. 

Padres primerizos en estado de alerta

Mateo duerme tranquilo en un hogar donde las sombras de los familiares ausentes llenan todos los espacios vacíos. Ajeno a los agujeros que dejan los corazones distantes, el pequeño colecha feliz con sus padres. El único recoveco que él necesita llenar, es el espacio que forman el codo y el pecho de Ana, donde el recién nacido anida bajo el ala de su madre.

«Colechamos con él desde el primer momento. Mateo necesita mucho los brazos, sobre todo los de su madre. Duerme entre los dos, bajo el ala de su madre. Pasa muchos ratos conmigo, pero ahora mismo su madre es la única imprescindible. La naturaleza es sabia«, exclama el padre del pequeño.

Ana y Paco son padres primerizos. La pareja, de 36 y 42 años, esperaban ansiosos el nacimiento de su primer hijo cuando llegó la pandemia a España. Ana mantuvo hasta prácticamente el último momento su trabajo en una clínica dental. El estado de alerta la sorprendió disfrutando de las primeras semanas de su baja de maternidad, las últimas de su embarazo.

 

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El último paseo que dio Ana al aire libre, antes del confinamiento y el parto.

 

Paco, que es periodista y trabaja como reportero de televisión, se mantuvo teletrabajando durante un mes más tras la orden de confinamiento. A la última cita con el ginecólogo ya no pudo entrar con Ana en monitores. Ambos fueron testigos de los primeros cambios. «Fue una sensación llamativa porque todo el mundo estaba ya en el hospital con mascarilla y guantes», nos cuenta Ana.

«Ya se percibía la preocupación en el ambiente. La atmósfera estaba enrarecida porque ya estaba claro que existía un problema. Esa fue nuestra primera sensación de vértigo respecto al coronavirus«, recuerda Paco. El posterior confinamiento supuso la total ruptura de la normalidad. Y comenzó una cuenta atrás llena de dudas e incertidumbres…

Nacer en tiempos de coronavirus

Mateo llegó al mundo el 29 de marzo. Nació a las 21:30h en el Hospital de Torrecárdenas, en la capital almeriense. Su parto fue natural, pero no estuvo exento de complicaciones. «Mateo nació a los 9 meses y 10 días. El parto fue inducido, duró más de 26 horas y fue durísimo», relata Ana.

«El bebé era grande, pesaba 4 kilos. Casi un 10% del peso de la madre, que es muy delgadita y pesaba 49 kilos», nos cuenta el padre, que asistió al parto con todas las medidas necesarias de seguridad y prevención a las que obliga la actual situación sanitaria.

«Ella tuvo fuerzas y energía hasta el final. Yo estuve a su lado en todo momento, le vi salir… Ha sido la cosa más bonita e intensa que hemos vivido jamás ninguno de los dos. Ahora estamos muy contentos y orgullosos del pequeñito que tenemos ya en casa», confiesa Paco.

 

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Ana y Paco permanecieron tres días en el hospital y se ponían las mascarillas cada vez que un sanitario entraba a supervisar el estado de salud del bebé y la mamá. 

 

Al haber nacido de noche, la familia recibió el alta un día después de lo previsto. En total, estuvieron tres días ingresados. Paco se mantuvo al lado de ellos en todo momento. «Teníamos muchísima conciencia de la situación, de hecho en nuestra planta había una madre con coronavirus. Cada vez que íbamos a entrar en contacto con un sanitario, usábamos siempre mascarilla; y cuando salíamos de la habitación, también llevábamos guantes. Todos los sanitarios también llevaban equipo de protección en todo momento», añade Ana.  

A pesar de las medidas preventivas, Paco destaca el desasosiego que causan las circunstancias anómalas: «teníamos una sensación contradictoria todo el tiempo… Por un lado, estábamos felices porque Mateo ya estaba con nosotros; pero a la misma vez, teníamos preocupación por el posible riesgo de contagio».

«El miedo a que cualquier paciente o acompañante pueda contagiar a un sanitario y este a ti o al bebé, estaba ahí… Así que estábamos deseando irnos a casa. Los médicos también querían dar el alta cuanto antes para evitar riesgos«, añade Ana. Y tres días después del ingreso, llegó el momento del traslado a casa.

Primerizos y confinados durante el posparto

Mateo, Ana y Paco llevan 20 días en casa. No hay síntomas de contagio. «¡Estamos los tres como tres robles!», exclama el feliz papá. Según Ana, la llegada a casa con el recién nacido en brazos fue motivo de alivio y de tristeza al mismo tiempo: «es muy duro no poder compartir el momento más importante de nuestras vidas con nuestras familias».

De camino a casa, la familia realizó una sola parada. Duró apenas unos minutos pero fue, probablemente, la más emotiva  de sus vidas: «paramos en casa de los padres de Ana, para que vieran a Mateo. Mis suegros conocieron al niño a través de los cristales subidos del coche. Ellos, al otro lado, llevaban mascarillas y guantes. Fueron tan solo unos minutos y se emocionaron muchísimo. Fue una imagen bonita y dura a la vez«, recuerda emocionado Paco.

 

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Paco es el único que sale a la calle para realizar las compras mínimas imprescindibles, con todas las medidas de seguridad exigidas y recomendadas. 

 

«En el hospital solo podía estar con nosotros el padre. Nosotros somos muy familiares y notamos muchísimo ese vacío enorme. Nos da muchísima pena no poder compartir nuestra felicidad con la familia. Con nuestros padres, suegros, hermanos, cuñados… Pero bueno, nos quedamos con lo importante, que para nosotros es que Mateo es el mayor regalo que nos ha dado la vida, y está sano», dice Ana.

El papá del pequeño está de acuerdo con su pareja: «nos quedamos con ese sentimiento, y pensamos que en el futuro podremos volver a abrazar a nuestros seres queridos y estos podrán conocer, sostener y tocar a nuestro hijo». Y es que nacer en tiempos de coronavirus y vivir el posparto en confinamiento exige grandes dosis de serenidad, gestión emocional y paciencia.

Asistencia médica telefónica y trámites telemáticos, así es nacer en tiempos de coronavirus

«A Mateo le hicieron la prueba del talón en el hospital, para evitar tener que trasladarlo al centro de salud una vez dado de alta, pero aún así tuvimos que asistir a una revisión medica presencial debido a la complejidad del parto», relata Ana. En esta ocasión, el padre del bebé no pudo entrar con ellos a la consulta que, no obstante, se celebró con medidas preventivas excepcionales.

«Nos citaron en nuestro centro salud a primera hora de la mañana, para que la persona que atendiera al bebé y a la madre fuera los primeros pacientes que recibiera. Así Mateo no entró en contacto con ningún otro niño y, tanto la vestimenta del sanitario como la sala en la que era atendido, estaban recién desinfectadas. Ni siquiera pude entrar yo, tuve que quedarme esperando en el coche», nos cuenta Paco.

Desde entonces, Ana habla por teléfono con la pediatra cada 2 o 3 días. También han contado con la asistencia de un matrón y una asesora de lactancia. «Al ser padres primerizos confinados en casa, a veces nos asaltan temores, inseguridades y dudas», confiesa Ana.

 

 

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En el álbum de fotos de Mateo no habrá imágenes al aire libre de sus primeras semanas de vida; pero para el pequeño la única imagen imprescindible es la del rostro de su madre.

 

«Estamos aprendiendo cosas nuevas cada día, nos sentimos felices y fuertes aunque muchas veces tenemos que frenar los miedos lógicos de los padres primerizos«, dice Paco. «Se dan situaciones que no controlas y como quieres tanto al pequeño, te da miedo que le pueda pasar algo y dudas de que tu decisión sea la mejor».

«Nos intentamos guiar por el corazón y, ante cualquier duda, llamar a la pediatra para que nos asesore. Además, en nuestra familia contamos con el apoyo y el consejo de gente relacionada con el mundo sanitario, que nos transmite mucha información útil», dice Ana.

«También estamos sufriendo los problemas para registrar a los niños y niñas recién nacidos que están teniendo lugar», nos comenta el padre. «Aunque en el hospital están empezando a cruzar los datos con los juzgados para comunicarse entre sí, los trámites sufren retraso y no se puede acudir a las oficinas de la Seguridad Social porque están cerradas».

 

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«Tenemos toda la documentación en orden porque hemos decidido recurrir a una asesoría para realizar los trámites, ya que todo esto afecta al cobro de la baja de maternidad y paternidad, que se están retrasando. Además, nosotros no estamos casados y aunque eso no es un problema, sí es una dificultad añadida«, afirma Paco.

Ajeno a todos los problemas y dificultades que viven sus padres, Mateo demanda pecho y pide brazos. Reclama cariño y atención; los únicos nutrientes imprescindibles para que su universo sea perfecto. La naturaleza sigue su cauce y el instinto sustituye en esta situación anómala la consulta de un experto. Su madre es todo su mundo. Su padre, su mejor cuidador.

Mateo es perfecto, un recién nacido sano y precioso. Y también es uno de los bebés españoles nacido en época de pandemia. Gracias a Mateo, sus padres tienen un motivo de alegría en mitad de una etapa convulsa. Muchas otras personas también le quieren ya, a pesar de tener que esperar para poderle abrazar. Su nacimiento nos recuerda que la vida se abre paso aún en los momentos más oscuros, y que solo tenemos que adaptarnos y confiar en su irrefrenable curso.

 

 

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1 comentarios en "Nacer en tiempos de coronavirus (V): Mateo, un regalo llegado en estado de alarma"

  1. He dado a luz en este tiempo y ha estado todo tan controlado, Me he sentido muy segura des en el hospital.

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