¿Cómo se manifiesta la anemia en el embarazo?

Aunque es normal que los niveles de hemoglobina en sangre bajen en el embarazo, hay que prevenir una posible anemia

Se calcula que en torno al 40% de las mujeres sufren anemia en el embarazo (en España este porcentaje desciende al 20%), siendo el problema hematológico más frecuente en la gestación.

La falta de hierro grave, además de provocar ciertos síntomas como cansancio y fatiga en la madre, puede dificultar que el feto se desarrolle correctamente e incluso padezca anemia durante la infancia.

Motivos de la anemia en el embarazo

El hierro es un mineral esencial, ya que se utiliza para fabricar la hemoglobina y la mioglobina, proteínas que transportan el oxígeno de los pulmones hacia los músculos y el resto del cuerpo. También participa en la síntesis del ADN, favorece el funcionamiento de los sistemas inmune y nervioso, y gracias al hierro se elaboran hormonas y tejido conectivo.

Habitualmente hay una menor concentración de hemoglobina en la sangre de la madre conforme avanza el embarazo, y esto permite que fluya mejor la sangre hacia el útero. Se conoce como anemia fisiológica y no necesita tratamiento.

En el primer trimestre la expansión del volumen plasmático es aproximadamente del 15%, y llega al 50% en el tercer trimestre. Esta anemia es fisiológica porque efectivamente aumenta el volumen plasmático, pero no aumenta el número de células que contiene la sangre, entonces se produce una hemodilución fisiológica del embarazo. Por eso las cifras de hemoglobina que manejamos en el embarazo son inferiores a las de la población en general.

 

 

Sin embargo, esta hemodilución fisiológica junto al trabajo constante al que está sometido el cuerpo de la mujer gestando una nueva vida, puede hacer que los niveles de hierro disminuyan demasiado. Y generalmente la ingesta diaria de alimentos ricos en hierro insuficientes y la baja ingesta de proteínas provoca una anemia ferropénica, la más frecuente durante la gestación

Su principal causa es una nutrición incorrecta ante las necesidades del organismo durante el embarazo, pero las reservas de hierro previas también van a determinar la evolución a lo largo de los trimestres. De hecho, las mujeres ya suelen comenzar la gestación con reservas de hierro algo bajas (ferritina sérica: 28,1 µg/L), en parte debido a abundantes sangrados durante la menstruación.

La diabetes, una mala absorción a nivel intestinal (alergias alimentarias no diagnosticadas, celiaquía…), la obesidad o el bajo peso, el déficit de ácido fólico o vitamina B12 y una hemoglobinopatía previa (talasemia, anemia falciforme…) son otras de las posibles causas de la anemia en la gestación.

 

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¿Qué pasa si tienes anemia en el embarazo?

Si la anemia es fisiológica generalmente no hay que hacer nada. En los países desarrollados la anemia no suele ser grave, y la placenta se adapta para suministrarle al feto los nutrientes necesarios. Pero si la anemia es moderada o grave, sí puede tener efectos tanto en la madre como en el bebé.

Cómo se manifiesta la anemia durante la gestación

Los signos de anemia son parecidos a los del embarazo, por lo que siempre se realizan controles trimestrales de sangre para medir los niveles de hemoglobina. Los valores normales de hierro en embarazadas están cercanos a una hemoglobina de 11 g/dL en el primer y tercer trimestre, y 10,5 g/dL en el segundo trimestre. Estos serían los mínimos para hacer un estudio de ferritina y valorar un tratamiento.

La anemia severa en el embarazo se define como una hemoglobina < 7 g/dL y la anemia muy severa se encontraría con una hemoglobina menor a 4 g/dL. Estos niveles tan bajos son de emergencia médica, ya que hay un importante riesgo de insuficiencia cardiaca.

 

 

Algunos de los síntomas de la anemia son: fatiga, debilidad, dificultad respiratoria, aturdimiento, dolor de cabeza, manos y pies fríos, palidez en la piel, palpitaciones… Otros menos conocidos son la caída del cabello, el síndrome de piernas inquietas e incluso pica (predilección por ingerir cosas no comestibles). Además, las gestantes con anemia tienen más predisposición a sufrir infecciones, por lo que serían recurrentes las infecciones de orina. Y también suelen presentar más trastornos hipertensivos.

Cómo afecta al bebé la anemia materna en el embarazo

A pesar de tener una gran incidencia, hay poca información contrastada sobre los riesgos para el bebé si la madre sufre anemia durante el embarazo. Se calcula que niveles de Hb menores de 9.5 g/dL antes o durante el segundo trimestre, o inferiores a 11.0 g/dL cerca del término, se asocian con bajo peso al nacer, prematuridad e ictericia neonatal. También aumenta el riesgo de muerte perinatal cuando la hemoglobina es inferior a 8.5 g/dL. (Ojo, que decimos: «aumenta el riesgo», esto no significa que vaya a pasarle nada al bebé necesariamente).

Además se ha relacionado los bajos niveles de ferritina materna durante la gestación con el riesgo de trastornos del desarrollo neurológico en niños de hasta cuatro años de edad. Así lo afirma esta publicación del 2020, que concluyó que la anemia ferropénica en el embarazo influye en la falta de atención en los niños varones, principalmente. 

 

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Y esta otra investigación del 2019 sugiere que la anemia materna en las primeras 30 semanas de embarazo se asocia con un mayor riesgo de Trastorno del Espectro Autista, Trastorno por Déficit de Atención y Discapacidad Intelectual. Y es que, ante la escasez de hierro, el desarrollo cerebral puede verse afectado al priorizar nuestro organismo la síntesis de hemoglobina sanguínea.

Tratamiento de la anemia en el embarazo

Como en casi todo, lo más importante es la prevención. Es decir, preparar nuestro cuerpo antes del embarazo para llegar en las mejores condiciones. Y para tener una correcta reserva de hierro lo más importante es la alimentación. La cantidad de hierro diaria recomendada va a depender del sexo y la edad principalmente. No vamos a estar contando todo el día lo que comemos, pero sí debemos tener presente a diario qué alimentos contienen más hierro y con mayor biodisponibilidad, y cómo favorecer su absorción. 

Y ¿qué es bueno comer para la anemia en el embarazo? Pues carnes magras, mariscos, aves, cereales, legumbres, espinacas, nueces… Los alimentos de origen animal llevan hierro hemo y el cuerpo lo absorbe mejor, pero lo ideal es combinar tanto el hemo como el no hemo, y sumar también alimentos ricos en vitamina C (fresas, cítricos, tomates, brócolis…). E intentar separarlos de alimentos como el café, el té o los lácteos, ya que dificultan la absorción de hierro.

 

 

Incluso así en ocasiones la alimentación no es suficiente, por lo que estaría indicada la suplementación. De hecho algunos estudios apuntan a que todas las mujeres con déficit previo reciban un suplemento de hierro cuanto antes. Pero, a diferencia del ácido fólico que sí se receta a todas las mujeres desde que están buscando el embarazo, la prescripción de hierro no se realiza sistemáticamente. 

En el caso de que los análisis muestren la necesidad de administrar hierro a la embarazada, el Ministerio de Sanidad apunta a 30 mg/día, pero algunos estudios aumentarían a entre 60 y 100 mg/día (en caso de ferropenia), y sin embargo también se propone la administración de suplementos con menor frecuencia, una o dos veces por semana. De esta manera se evitarían efectos secundarios, y es que para favorecer la absorción debe ingerirse en ayunas y puede provocar molestias gastrointestinales y estreñimiento.

 

 

En resumen: es muy importante tener unos correctos niveles de hierro antes y durante el embarazo. Aunque la hemoglobina salga algo baja en los análisis, puede ser normal; debido a la anemia fisiológica. Sin embargo, si esos valores son demasiado bajos estaría indicada la suplementación oral con hierro y se debería valorar la dosis de manera individual. Sobre estas cuestiones y todas las dudas que tengas sobre el embarazo, puedes consultar a nuestras expertas en la Tribu CSC.

 

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