Qué son las ventanas de sueño y por qué es importante cumplirlas

Las ventanas de sueño establecen el tiempo que los niños deben permanecer despiertos entre sus siestas

El sueño infantil es, probablemente, uno de los grandes retos al que hace frente todo padre/madre. Preguntas como si dormirán lo suficiente o cómo conseguir que duerman toda la noche sin despertares nos acechan de forma constante. Por ello, es importante mantener una buena rutina del sueño no solo de noche, también de día, y respetar lo que se conoce como ventanas de sueño.

Qué son las ventanas de sueño

Aunque el concepto de ventanas de sueño es relativamente reciente, lo cierto es que la idea en sí existe desde siempre: no es más que el espacio entre las siestas del bebé o el tiempo que los niños deben permanecer despiertos entre sus siestas.

De hecho, existe gran controversia en torno a este concepto, ya que según la doctora en Biología, codirectora del Centro de Estudios del Sueño Infantil y autora del libro Dulces Sueños y de El Debate Científico sobre la realidad del sueño infantil, María Berrozpe, no hay ninguna referencia a las ventanas de sueño en la literatura científica debido a que es difícil estandarizarlo por la gran variabilidad entre sujetos. Por ello, se basa más en una herramienta de la consulta para guiar y ayudar a los padres en las necesidades particulares de sueño diurno de sus bebés.

Sin embargo, sí es cierto que usar estas ventanas de sueño de forma orientativa, puede ayudar a asegurarnos que nuestro hijo no llegue excesivamente cansado a su siguiente siesta. La clave es no obligarlos, sino observarlos e ir adaptando los horarios de sus siestas a sus señales de sueño.

 

 

Ventanas de sueño según la edad

El espacio entre las siestas se puede dividir según las edades del menor, aunque debido a la gran variabilidad entre sujetos, no hay unas recomendaciones únicas sobre la duración o en qué momento del día hacerlas. De forma general podríamos hablar de las siguientes ventanas de sueño:

  • Menos de tres meses: Muchas siestas, con ventanas de 45-90 minutos. En este momento es fundamental guiarse por las señales de cansancio más que por el reloj.
  • 4-6 meses: 4-3 siestas, con ventanas de 1:30-2:30h. La primera ventana suele ser la más corta y el resto más largas.
  • 6-8 meses: 3-2 siestas, con ventanas de 2:30-3h. La primera siesta suele ser de unos 40 minutos y la segunda de unas dos horas.
  • 8-13 meses: 2 siestas, con ventanas de 2:30-4h. La última ventana se irá alargando hasta las cuatro horas.
  • 13-18 meses: 2-1 siesta, con ventana de 4:30-6h.
  • 18 meses-3 años: 1 siesta con ventana de 5-6h.
  • Más de cuatro años: ninguna siesta.

Hay que tener en cuenta que estas ventanas de sueño son orientativas y nunca deben seguirse de forma estricta. Además, la variabilidad estadística entre un niño y otro puede llegar hasta las nueve horas de sueño total diario, según la edad, de forma que lo que es bueno para un niño, puede no serlo para otro.

 

 

Es decir, el percentil del sueño puede ser muy diferente en cada niño, al igual que ocurre con los percentiles de peso y talla, por lo que hay que personalizar cada caso. De lo contrario, seguir estas ventanas de forma estricta puede ocasionar mayor presión en las familias, al pensar que nuestro hijo no duerme suficiente.

De hecho, para empezar a fijarlas, lo principal es saber a qué hora se levantan y, a partir de ahí, empezar a establecer las ventanas de sueño a lo largo del día.

¿Cómo saber si duerme suficiente?

La mejor forma para saber si un niño duerme y descansa todo lo que necesita es analizar su estado de ánimo. Si nuestro hijo es feliz y se mantiene activo, tiene un buen descanso. Por el contrario, si cuando está despierto está nervioso, enfadado e inquieto, es porque algo no va bien y, probablemente, esté relacionado con el sueño, tal y como explica Rafi López, autora del libro Dormir sin llorar y codirectora del Centro de Estudios del Sueño Infantil, además de miembro del equipo de Criar con Sentido Común.

 

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Según López, estas ventanas de sueño pueden ayudar, aunque pueden angustiar a los padres al tener que estar siempre pendientes de ellas, corriendo el riesgo de mantener patrones de sueño más propios de bebés recién nacidos en niños de más edad con siestas frecuentes y cortas.

A medida que el niño crece, adquiere el ritmo circadiano y tiende a pasar más tiempo despierto por el día, mientras que las siesas pasan a ser menos numerosas pero más largas. Por ello, la experta es más defensora de evitar sugerir unos horarios iguales para todo el mundo, ya que cada familia tiene sus propias características y necesidades horarias, siempre asegurándonos de que el niño descanse lo que realmente necesita.

López apuesta por un enfoque ecológico y equilibrar los horarios y el ritmo circadiano de cada bebé con ayuda del sol. Por ello, en lugar de hablar de ventanas de sueño, la experta prefiere partir de la hora a la que se levanta cada niño y desde ahí ir sumando horas entre cada espacio entre siestas, teniendo siempre presente la necesidad de ajustar en base a la reacción de cada niño.

Y siempre partiendo de una reflexión primordial si todo va bien: «No tenemos que intervenir, no tenemos que hacer nada especial, salvo proveer al pequeño de seguridad, atención y presencia para que se autorregule por sí mismo«, concluye.

 

 

Si no duerme siesta, dormirá más por la noche ¿o no?

Lo cierto es que todavía es frecuente escuchar eso de «que no duerma siesta y así dormirá mejor de noche». Es uno de los mayores mitos en lo referente al sueño infantil. Los bebés no solo necesitan sus horas de sueño nocturnas, también necesitan dormir de día, y podemos regularlas a través de las ventanas de sueño.

«Pensar que porque no duerman de día lo harán más y mejor de noche es un gran error», explica Rafi López. «El pequeño cerebro del bebé recibe muchísima información y estímulos, y necesita procesarlos cuando está durmiendo. Si no se le da la oportunidad de descansar por el día, llegarán agotados (física e intelectualmente) a la noche y el descanso será mucho más inquieto», continúa.

 

 

Por ello es importante que nuestro bebé haga sus siestas diurnas para llegar a la noche sin estrés por no haber descansado durante horas. O lo que es lo mismo, respetar en la medida de lo posible y teniendo en cuenta el caso particular de cada niño, las ventanas de sueño.

La importancia de los hábitos y rutinas

Más allá de controlar de forma estricta el espacio entre las siestas de nuestro bebé, es importante centrarnos en regularizarlas. Así, si nuestro pequeño presenta siestas caóticas, sí es necesario establecer unas pautas.

 

Colecho prematuro

 

Por naturaleza e instinto, el niño duerme lo que necesita si no interferimos. ¿Qué significa eso? Algo tan sencillo (y difícil) como mantener la casa tranquila, sin pantallas ni luces azules al atardecer. Así, conseguiremos que el niño tenga su subida de melatonina y, por consiguiente, le entrará sueño. Es decir, no hay que interferir, pero sí respetar el ciclo natural del sueño.

Si a ello le sumamos unas rutinas básicas, como por ejemplo el baño caliente, comer o leer un cuento, el pequeño poco a poco irá aprendiendo que después llega la hora del sueño. Y si necesitas ayuda para aprender más sobre el sueño infantil, puedes hacerte miembro de la Tribu CSC (primer mes gratis) para consultar con los profesionales sanitarios y acceder gratuitamente a todos nuestros cursos y seminarios disponibles.

 

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