Motricidad gruesa en el bebé: cómo se desarrolla y ejercicios para estimularla

Los juegos cumplen un papel fundamental en la crianza , la educación y el desarrollo de nuestros hijos

Cuando el bebé está dentro de nosotras no para de moverse. Sobre todo en las últimas semanas ¡parece que tenemos un boxeador dentro! Sin embargo, cuando por fin tenemos a nuestro hijo entre los brazos, comprobamos que prácticamente no se mueve. Tiene todo por aprender, incluso cómo realizar cada movimiento. Y nosotros podemos ayudarle con juegos y actividades para ejercitar los primeros movimientos del recién nacido. También con ejercicios que le van a venir muy bien para desarrollar la motricidad gruesa.

En los 12 primeros meses de vida, el aparato psicomotor del bebé realizará los mayores avances de toda su vida. Además, también protagonizará los cambios más visibles. No obstante, la motricidad del niño se puede dividir en dos: la gruesa y la fina. En esta entrada vamos a hablar de la gruesa, que es la primera que desarrolla el niño.

¿Qué es la motricidad gruesa?

La motricidad gruesa se refiere a la que incluye a los grandes grupos musculares, la que se utiliza para realizar movimientos generales grandes. Por ejemplo, levantar un brazo o mover una pierna. Son los primeros músculos que los bebés utilizan y empezarán a usarlos ellos solitos. No obstante, nosotros podemos facilitarle el aprendizaje y hacer que los inicios sean más fáciles.

 

 

Quizás una de las primeras muestras de que el bebé desarrolla correctamente su motor grueso es el momento, tan esperado, de que sostenga solito su cabeza. A partir de ahí realizará cambios de posiciones y empezará a utilizar su cuerpo como un todo.

La postura, la movilidad y el equilibrio serán las siguientes metas para desarrollar la motricidad gruesa. Este progreso dependerá del ritmo de maduración del sistema nervioso del recién nacido. Aunque es cierto que cada bebé es un mundo y que los ritmos de evolución pueden ser diversos, existen generalidades en su evolución y el orden suele ser: control de la cabeza, gatear, sentarse y caminar.

Evolución de la motricidad gruesa por etapas

Desde que nace hasta, aproximadamente, los cuatro meses el bebé levanta la cabeza; mueve las piernas pataleando y empieza a mantener las manos abiertas (deja atrás el «reflejo de agarre» o los famosos puñitos cerrados).

Antes de los seis meses conseguirá mantener la cabeza levantada, también el pecho y además empezará a rodar (¡cuidado con los accidentes! ¡Sobre todo si utilizáis cambiador en altura!). Además, empezará a unir las manos y a meterse objetos en la boca.

 

 

De los ocho meses hasta que cumpla un año conseguirá sentarse solito, ponerse de pie apoyándose y puede iniciar el proceso de gateo, algo que es un hito en su independencia. También puede escoger libremente: elegir un objeto, dejarlo y coger otro. Pueden parecer pequeños avances, pero son muestras del inicio de la libertad y la emancipación del pequeño.

Maneras de estimular al bebé

La mejor fórmula para estimular a tu hijo es introducir ejercicios que desarrollen habilidades concretas, pero como si fueran parte de un juego. De esta forma será más divertido, tanto para él como para nosotros. Podemos hacer, por ejemplo, actividades para fortalecer el cuello y la espada, propiciar el volteo, para que consiga mantenerse sentado, para mantenerse de pie con apoyo, etc.

 

 

Algunos juegos que potencian la motricidad gruesa en los bebés son:

  • Utilizar un espejo. Si ponemos al bebé delante de él, se reflejará y estaremos propiciando que se observe o incluso que llegue a estirar sus brazos.
  • Con una simple toalla podemos hacer un rollo y colocarlo debajo de sus axilas. Después lo llamamos o silbamos y su tendencia será a levantar la cabeza.
  • Si cogemos al recién nacido por el pecho y lo subimos y bajamos mientras le hablamos (¡ojo, sin sacudidas!), estaremos desarrollando su equilibrio y fuerza.
  • Para que el bebé consiga girar sobre sí mismo, podemos cogerle por debajo de la rodilla, doblarle la pierna y cruzarla sobre la otra. No debemos ayudarle a terminar el giro, que sea él el que termine el volteo.
  • Si lo ponemos boca arriba, podemos ofrecerle algún juguete o algo que haga algún sonido desde uno de los lados para que él mismo intente girar. Es importante repetirlo desde el lado contrario, para que no desarrolle más una zona que otra.

 

El gateo

 

  • Si el objetivo es que se quede sentado por sí mismo, podemos poner al bebé en una superficie que no resbale, con las piernas extendidas y algo separadas. Le ponemos un cojín haciendo de respaldo y en esa postura le ofrecemos objetos atractivos para entretenerlo y que se mantenga durante el mayor tiempo posible en esa posición. Cada día veremos cómo aumenta el tiempo que se queda en dicha postura.
  • El niño nos irá marcando los ritmos. Por ejemplo: cuando ya se levante solito, para que se mantenga de pie podemos dejar que se sujete a algo de su altura, mesa o muebles (cuidado con los objetos que pueden volcar).

 

El gateo

Juegos para desarrollar la motricidad gruesa

Los juegos forman parte fundamental de la crianza y el desarrollo de nuestros hijos. Muchas veces no somos conscientes de la utilidad que tienen para ellos y, en este caso concreto, para el desarrollo de sus habilidades motoras.

El juego de palmas-palmitas

Es un juego fácil que se puede hacer en cualquier sitio: en casa, en el parque, a aire libre, en la mesa de un bar mientras llega la comida, en una sala de espera… No requiere de ningún material y sirve para mejorar la motricidad gruesa. Simplemente hay que coger al bebé y ponerlo mirándonos a la cara mientras damos palmadas y entonamos: «Palmas, palmitas…».

 

 

Recoger cosas del suelo

Esta actividad ayuda a desarrollar el equilibrio. Empieza poniendo un juguete en el centro de la habitación (sin muebles ni otros objetos cerca), aproxima al niño hasta el objeto y enséñale cómo doblarse para cogerlo. Una vez hecho esto, vuelve a poner el juguete en el suelo y que sea el bebé el que se agache a recogerlo. Cuando veas que tu hijo controla su equilibrio, aumenta el número de juguetes en el suelo y que los recoja uno a uno.

Conseguir coger un objeto estirándose

Así el pequeño podrá atender sus propias necesidades, es decir: no necesitará recurrir a otra persona para alcanzar y agarrar las cosas que precise. Para ejercitar esta actividad, se coge un objeto y se coloca colgando por encima de una puerta, por ejemplo. Es necesario que el juguete esté a la altura del niño para que pueda llegar a él. Si alcanza el objeto, déjaselo y que juegue un rato con él. Con este movimiento ayudarás a tu hijo a mejorar sus estiramientos.

 

 

Hacer rodar la pelota

A través de este objeto el niño ejercitará la acción de seguir con la vista una cosa, controlarla y hacerla rodar. Es necesario sentarse a un metro del niño y tirarle la pelota. Con esta acción, él entenderá que tiene que cogerla y la seguirá con la mirada para no perderla. Debes alternar las direcciones hacia las que diriges la pelota para que el bebé no desarrolle más un lado que otro.

 

 

Golpear un balón con los pies

Ya hemos estimulado los brazos, ahora pasamos a las piernas. Siéntate en una silla y tu hijo en otra. Golpea suavemente la pelota con el pie para que vaya hasta el pie del bebé. Vuelve a repetir la acción y después invítale a que él golpee también la pelota como has hecho tú.

 

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Desde que el bebé nace hasta los dos años de edad, fomentar estos juegos con él hará que progrese al realizar movimientos generales grandes. Convertirlos en un juego e incluirlos en vuestro día a día facilitará su aprendizaje. De esta forma, el niño irá progresando en su autonomía e independencia, algo más que necesario para él, pero también importante para ti.

 

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