La primera Navidad del bebé

Te damos tips para disfrutar de la Navidad sin perder de vista las necesidades del nuevo miembro de la familia

Todas las primeras veces con el bebé van a tener un regusto especial y seguramente quedará registrado en nuestra memoria de por vida. Por eso, esta época del año (seamos creyentes o no) también es muy especial cuando la familia ha aumentado. ¡Porque es la primera Navidad del bebé!

He de confesar que cuando era pequeña era una de las fiestas que más me gustaban. En la adolescencia y juventud, se desvaneció ese sentimiento para solo ser una fecha sin clases y de mucho trasiego con amigas y amigos. Luego, con el nacimiento de mis hijas, ha retomado esa sensación de época especial y así lo vivo cada diciembre.

Pero que sea especial y que nos ilusione a toda la familia no ha de hacernos olvidar que hay algunos aspectos que debemos cuidar para vivirla respetando los ritmos del nuevo miembro de la familia.

Las celebraciones con el bebé

Es cierto que este año con la pandemia del coronavirus las opciones a la hora de celebrar la Nochebuena, la Navidad o el Fin de Año son más restringidas. En cualquier caso, la primera decisión que hemos de tomar es dónde celebrarlo.

Quizás una buena  opción para el bebé, sobre todo si es un recién nacido, es quedarnos en casano sacarlo de sus rutinas. Pero en una sociedad como la española, en la que las reuniones familiares son importantes, quizás encontréis reticencias en este sentido. Desde luego, la decisión es vuestra y no hay que dejarse llevar por presiones, por muy comprensibles que estas sean (lo siento abuelos y abuelas).

 

 

Hay distintas opciones con sus pros y sus contras. Celebrar la Navidad en casa tiene la ventaja de que al bebé no lo sacamos de su entorno y que tendremos todo lo que necesitamos a mano. Sin embargo, puede ser muy estresante tener que atender a invitados (y decirles que se marchen si el bebé está inquieto). Los ruidos, además, pueden molestar al bebé si quiere dormir o tomar el pecho (o el biberón).

Hacer una visita puede ser mejor opción porque nos permite controlar exactamente el tiempo de estancia. Lo ideal es acudir a un hogar (o restaurante) cercano, que el bebé conozca y que nos permita decidir cuándo marcharnos si el peque se pone nervioso. Es por él por el que debemos dejarnos guiar.

En la primera Navidad del bebé, respetad sus horarios y rutinas

Tal vez lo mejor es huir de cenas y centrar las celebraciones en la comida o la merienda. Creo que en este 2020 van a triunfar las videollamadas después de las doce campanadas de Nochevieja. Pero una llamada, un mensaje de Whatsapp puede ser igual de cercano si quien lo recibe entiende nuestras circunstancias. La Tribu es importante para ayudarnos en la crianza, no para ponernos obstáculos.

Los bebés no saben si es Navidad o Semana Santa o la luna está llena esta noche. Todo su mundo somos nosotras, sus padres, su casa, los objetos cotidianos. Cualquier elemento disruptivo puede provocarles ansiedad y nerviosismo.

 

 

Si no duermen a su hora o se alimentan en un ambiente tranquilo, pueden sentirse irritados y descansar peor. De ahí, insisto, en que las salidas sean las estrictamente necesarias. Si, por ejemplo, comemos en casa de nuestros padres o nuestros suegros (este año no será posible con amigos por la pandemia), deberíamos asegurarnos de disponer de una habitación tranquila donde pueda tomar la leche (materna o preparada) o echar una siesta sin sobresaltos.

Cuidado también con ir pasando de mano en mano («como la falsa moneda», suele bromear mi suegra). Es lógico que todos quieran disfrutar del bebé pero recuerda que con quien mejor está es contigo, con su mundo que eres tú.

La comida navideña

Si el bebé tiene menos de seis meses no hay que preocuparse por qué alimentos puede probar. Lo único que hay que ser consciente es de lo que ingerimos nosotras y cómo les puede afectar. Quizás un brindis con champán pueda parecernos inocente pero durante la lactancia no debemos consumir alcohol. También las bebidas azucaradas pueden tener consecuencias para ellos, sobre todo si su consumo es muy continuado.

A partir de los seis meses y hasta el año la lactancia (sea materna o mixta) debe seguir siendo la comida principal. Sin embargo, a partir del medio año comienza a introducirse la alimentación complementaria. Las comidas navideñas suelen ser muy variadas, así que puede ser un buen momento para ofrecerle alimentos típicos.

 

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Eso sí, hay que tener en cuenta que no hay que ofrecerles productos con azúcar o con sal o los que contienen calorías vacías; que sí pueden probar los frutos secos pero nunca enteros (aunque quizás no sea buena idea introducir alimentos nuevos en estas fechas tan ajetreadas y estresantes); y que hay productos prohibidos por el riesgo de atragantamiento.

No perdáis de vista la seguridad

Las mesas de Navidad suelen ser copiosas. Por eso, además de controlar qué prueba el peque si tiene más de seis meses, también hay que tomar precauciones para que no se lleve a la boca algo sin que nos demos cuenta. Y, por supuesto, ojo con las copas y los vasos que pueden caer al suelo y romperse.

 

 

Para aquellas niñas y niños que ya empiezan a desplazarse por el suelo hay que tomar precauciones para que no corran peligro. Si estamos fuera de casa, lo ideal es despejar la zona por donde se va a mover y retirar todo aquello que sea susceptible de hacerle daño. Llevar objetos y juguetes suyos para que juegue puede ser una buena idea.

La primera Navidad del bebé: los regalos

Es la primera Navidad del bebé y que le regalen cosas o no pasará desapercibido para él o ella. Sin embargo, es absurdo pretender que nuestra familia (e incluso nosotros mismos) no le haga regalos. Les hará ilusión y no merece la pena enfadarse (¡y menos en estas fiestas!). Eso, no obstante, no significa que no pongamos algún límite.

De hecho, estamos hablando de una época muy consumista y flaco favor hacemos a nuestros hijos si les llenamos de regalos y objetos que, en muchos casos, los agobiarán.

 

 

Algunos psicólogos hablan del síndrome del niño hiperregalado en el sentido de que colmarlos de regalos provocará, entre otras cosas, que se sobreestimulen, que pierdan la ilusión, que tenga una tolerancia baja a la frustración y que se vuelvan egoístas y consumistas. Nosotros somos su mejor regalo. Eso no hay que olvidarlo nunca. Lo mejor es que regalemos tiempo de calidad con ellos.

Para la primera Navidad (y para todas realmente) podemos hacer una lista con regalos, en la que, además de algún juguete adaptado a su edad; podemos incluir objetos que realmente necesitemos para el bebé. En el blog de Criar Con Sentido Común tenéis varias entradas con ideas para regalos.

Aprovechad el ambiente y las vacaciones

Hay que ser realista. La primera Navidad del bebé es realmente nuestra primera Navidad con el bebé porque, como ya he apuntado, es un momento especial para nosotros pero es tan pequeñito que una caricia, una sonrisa o una palabra de amor nuestra será igualmente especial para él o ella.

En cualquier caso, no hay que dejar pasar la ocasión para que les contagiemos nuestra alegría. Los adornos navideños, de hecho, pueden ser objetos llamativos para ellos, con sus brillos y colores; de modo que se pueden sentir atraídos y estimulados a la vez. Eso sí, siendo precavidos y evitando adornos que puedan llevarse a la boca o que los lleve a desplazarse hacia sitios indebidos.

 

 

Además, siempre que la meteorología lo permita, salir a dar un paseo para que observen las luces de Navidad también puede servir para estimularles. Si trabajamos fuera de casa y tenemos vacaciones, es un buen momento para disfrutar del aire libre con ellos, buscando horas y lugares menos ajetreados. ¡O incluso hacer alguna excursión a la nieve! Crear nuestras propias tradiciones también marcarán unas fiestas navideñas inolvidables. ¡A disfrutarlas familia!

 

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