Aprende a discutir en pareja sin perder el control (para que tus hijos no lo pasen mal)

La cuestión no es si discutir o no, ya que las discusiones son inevitables en una pareja, sino cómo hacerlo para dar buen ejemplo a nuestros hijos

Discutir delante de los hijos puede tener consecuencias negativas para su bienestar emocional que podemos evitar aprendiendo a discutir de forma respetuosa y constructiva.

No en vano, la comunicación es un elemento fundamental en cualquier relación, incluidas las de pareja. El problema viene cuando la comunicación no es asertiva y nuestras diferencias acaban en discusiones en las que perdemos los nervios, nos ponemos a la defensiva, no llegamos a ningún acuerdo y acabamos haciéndonos daño. Pero además, discutir delante de los hijos también les hace daño a ellos.

Discutir delante de los hijos

Las discusiones tienen una tremenda carga emocional para los niños. Cuando son descontroladas, los gritos, las lágrimas, el malestar… generan en ellos emociones estresantes que les angustian, les pueden conducir a interpretaciones erróneas (“yo tengo la culpa”), a normalizar interacciones insanas (“es normal que las parejas se insulten” o “la gente que se quiere se puede gritar”), pueden afectar a su desarrollo y puede hacer que no sepan interaccionar correctamente o defenderse en sus relaciones futuras.

Pero no se trata de dejar de discutir, las discusiones son inevitables e incluso necesarias en una pareja, se trata de aprender a hablar. Puede haber discusiones productivas que nos hagan resolver diferencias.
Discutir delante de los hijos: Cómo evitarlo
Así pues, el problema no es discutir o no, sino cómo hacerlo. Con la discusión también podemos dar un buen ejemplo de resolución de conflictos a los más pequeños. Al fin y al cabo, somos el espejo en el que se miran nuestros hijos e hijas y así como nos vean actuar a nosotros, es probable que terminen actuando ellos también en el futuro.

¿Cómo afectan las discusiones de pareja a los niños?

Presenciar una discusión “salida de tono” es una mala experiencia para los niños y las niñas, que les hará sentir miedo e inseguridad ante episodios que aún no son lo suficientemente maduros para comprender.

¿Cómo se siente un niño cuando sus padres discuten? Los niños y niñas que ven discutir a sus padres pueden sentir dolor, estrés y preocupación extremos. Los menores necesitan sentir que sus progenitores son una unidad fuerte para sentirlos capaces de cuidarlos, protegerlos y acompañarlos. La amenaza de perder esa protección les genera mucha angustia.

Si esa discusión implica, además, cualquier tipo de violencia (emocional, verbal o física), las consecuencias negativas para el estado anímico y la seguridad de los peques se multiplican. A todo esto se suma que aprenderán que la violencia “es buena” para enfrentar diferencias y conflictos.

 

Discutir delante de los hijos: Cómo evitarlo

 

Por ello, incluso si los hijos e hijas ya son “mayores” y pueden entender la situación del conflicto, es fundamental que su presencia obligue a los progenitores a mantener la calma y que la discusión sea un intercambio de ideas respetuoso, como demostración de que ambos son capaces de escucharse y de llegar a algún acuerdo.

Discutir delante de los hijos temas relacionados con la intimidad de la pareja es dejarles desprotegidos ante información que no están en situación de poder afrontar. Tampoco es conveniente tener frente a los niños discusiones en relación con el estilo de crianza o disciplina, y mucho menos que papá o mamá se desautoricen uno al otro ante sus ojos.

Es fundamental, en cambio, tratarse con con respeto y amabilidad, así como terminar la discusión con una demostración de cariño para que a los niños les quede claro que enojarse o pensar diferente no significa dejar de quererse.

Para eso lo mejor es terminar la discusión con un acuerdo (aunque sea intermedio) que le demuestre a los niños y niñas que sus padres seguirán buscando la mejor manera de entenderse y apoyarse, porque eso es lo que hacen las personas con los seres queridos. Y esto es válido incluso para parejas separadas o divorciadas con hijos.

 

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Efectos nocivos incluso en bebés

Existe evidencia de que, por lo general, las discusiones cordiales entre padres tienen muy poco o ningún efecto sobre los niños, pero los estudios científicos han concluido que esto cambia cuando la peleas son más agresivas, hay gritos o incluso los progenitores se retiran la palabra.

Y esto sucede incluso con bebés de meses. ¿Cómo es posible? ¿Qué siente un bebé cuando sus padres discuten? Según las investigaciones realizadas, las discusiones “salidas de tono” hacen que los menores expuestos al conflicto puedan experimentar una mayor frecuencia cardíaca y tener desequilibrios en las hormonas relacionadas con el estrés.

Y todo eso puede ocurrir desde una edad tan temprana como los 6 meses. Si las discusiones son inapropiadas y continuas, también es posible que los bebés sufran retrasos en el desarrollo cerebral, problemas de sueño, ansiedad, depresión y problemas de comportamiento más adelante.

¿Cómo solucionar problemas de pareja con hijos?: Consejos para discutir en pareja sin perder los nervios

Hay parejas “de mecha corta” donde una simple queja pasa en seguida a convertirse en una mordaz crítica y de repente se produce una escalada de reproches y recriminaciones que culmina en una fuerte discusión con desprecios, insultos e incluso amenazas. En caliente se puede faltar al respeto y decir cosas que después acaban pasando factura a la relación: distanciamiento, días sin hablar, malas caras, desprecios, comentarios sarcásticos, “mal rollo”, tensión… cuyas consecuencias también padecen los niños.
Discutir delante de los hijos: Cómo evitarlo
Otras parejas, en cambio, evitar siempre los temas peliagudos por tener una convivencia pacífica, y van acumulando malestar sin decirse nada. Esto también es contraproducente, ya que puede producir evitación y  distanciamiento que perjudica la relación de pareja o, al final, se acaba creando una “olla a presión” que termina explotando el día menos pensado de forma desproporcionada.
Son dos ejemplos extremos de una mala gestión emocional. Intentar resolver un desacuerdo en caliente es garantía de más tensión y malestar. “Aguantar” y callarse para no discutir también es sinónimo de problemas. Pero hablar tranquilamente de nuestras diferencias con una actitud comprensiva no siempre es posible. Entonces, ¿cómo resolvemos las diferencias?

Veamos varias pautas sobre cómo discutir con una pareja de manera constructiva y orientada a la resolución de conflictos mediante el diálogo, especialmente si hay hijos delante.

1. Las cosas de adultos, entre adultos han quedarse

La primera pauta es no discutir con niños delante. Especialmente si se trata de asuntos íntimos, de pareja, problemas que se refieren a los hijos (su educación, crianza, etc.) o temas complejos que los niños y niñas no van a saber comprender, porque aún no están en condiciones de hacerlo.

 

 

Además, las parejas que discuten con frecuencia delante de sus hijos, pueden caer en la tentación de hacerles tomar partido obligándoles a posicionarse para ganar “aliados”. Esta triangulación hace que uno o ambos progenitores busquen, de forma consciente o inconsciente, una alianza con los hijos, y estos acaben involucrados en los conflictos conyugales.

Como consecuencia, la niña o el niño es obligado a ayudar a uno de sus progenitores en el conflicto de pareja (porque se lleva mejor con él/ella o le da más “pena”) y, como consecuencia, su relación con el otro progenitor acaba deteriorándose.

Los niños, niñas y adolescentes sumergidos en una triangulación familiar suelen desarrollar problemas relacionados con la agresividad, las autolesiones, los trastornos alimentarios y las adicciones, especialmente durante la adolescencia.

Involucrar a los hijos en los problemas de la pareja, además de afectar a su bienestar emocional, puede acarrear terribles consecuencias para su desarrollo, como la parentalización de los hijos o el incesto emocional.

2. Aprende a detectar los signos de malestar para que no vayan a más

Muy a menudo no hacemos caso a las señales de malestar que tenemos. Esto hace que esta incómoda sensación vaya acumulándose como una bola de nieve y acabe en una avalancha de reproches y críticas. Esto, a su vez, “puede ser debido a que nosotros a su vez venimos de familias con poco cultura emocional“, indica la psicóloga de Criar con Sentido Común, Mamen Bueno.
Cuidar la relación de pareja con hijos
Por ello, es importante que ambos miembros de la pareja se esfuercen por detectar el propio malestar, el distanciamiento de la pareja o diferencias importantes entre ambos. Hay que ser sinceros con nosotros mismos y no escurrir el bulto.
Afrontar los problemas y dialogar sobre ellos cuando los empezamos a percibir nos da mayor probabilidad de gestionarlos con éxito. De lo contrario, estos tienden a enquistarse y nuestro resentimiento se va acumulando.
No obstante, afrontar adecuadamente los problemas, “puede suponer un esfuerzo titánico si tenemos de base problemas de regulación emocional“, indice Mamen Bueno.

3. Respirar y resolver comunicando: elige bien el momento y cuida el tono

En caliente es muy difícil poder resolver nada. Y hacer como si no sucediera tampoco es una solución efectiva. Hay personas muy reactivas que se toman de forma demasiado personal cualquier queja de su pareja, y en seguida se ponen a la defensiva, en tanto otras tienen miedo a discutir y lo evitan a toda costa.

Tanto unas como otras precisan prepararse ante de discutir. Las primeras sosegándose antes, y las segundas armándose de valor. En ambos casos, es conveniente no discutir en caliente cuando las emociones nos desbordan.

Primero, nos calmaremos y procuraremos centrarnos en sosegar nuestro propio malestar. “Escribir lo que sentimos y lo que queremos expresar puede ayudar a aclarar las ideas y calmar los ánimos”, aconseja Bueno. Después, anunciaremos a nuestra pareja que tenemos que hablar de un asunto con él/ella y consesuaremos para elegir conjuntamente un momento tranquilo del día, sin niños presentes, ni más ocupaciones, para dialogar.

 

Cuidar la relación de pareja con hijos

 

Sea como sea la persona, es frecuente que la perspectiva de tener que discutir sobre un tema nos tense. Eso se debe a la connotación negativa que solemos dar a las discusiones y a las ideas preconcebidas sobre su desarrollo.

En realidad, discutir solo significa tratar un problema y las razones a favor o en contra de dos maneras de abordarlo, independientemente de si hay sentimientos de enfado o no. Discutir no debería ser sinónimo de gritos, lágrimas, reproches o insultos. Solo un intercambio de ideas opuestas con el fin de llegar a un acuerdo que satisfaga a ambas partes.

Por supuesto, cuanto más personal e íntimo sea el problema, más delicada es la discusión, por lo que conviene saber gestionarla. Para ello, debemos aprender a afrontar la discusión como un asunto comunicativo.

Algunas personas no pueden evitar convertir las discusiones en una batalla con vencedores y vencidos. Esto es totalmente contrario a la naturaleza de las discusiones constructivas, que son abordadas como un asunto comunicativo.

Se trata de resolver, no de generar un problema más grande. Por lo tanto, es importante pensar en cómo vamos a comunicar nuestra queja a nuestra pareja y no perder de vista la idea de que el objetivo es buscar una solución conjunta. Por más que consideremos lícito nuestro malestar, debemos ser respetuosos y tener siempre en cuenta al otro.
Nuestro enfado o malestar no nos da derecho a expresarnos irrespetuosamente con otras personas. Este suele ser, precisamente, el punto más delicado y problemático. Si nos perdernos en nuestro propio malestar y no nos acordarnos de que la persona que tenemos delante también es un ser sintiente, podemos terminar más enfadados que al principio, y haciéndonos daño.
La comunicación asertiva y efectiva es fundamental en cualquier relación, pero es especialmente importante en la m[p]aternidad. Las parejas con hijos deben poder hablar abierta y honestamente sobre temas como la disciplina, las expectativas, la logística familiar y la gestión del tiempo. Sin embargo, cuando se está cansado y estresado, puede ser difícil comunicarse efectivamente. Por ello saber elegir un momento en calma, y estar también en calma nosotros antes de comenzar a hablar, son puntos fundamentales.
Para que el diálogo no termine en “bronca” podemos usar una estrategia básica de comunicación: utilizar frases que empiecen por “yo”, no por “tú”. Por ejemplo, si empezamos diciendo “es que nunca me haces caso” estamos culpando al otro y lo más probable es que se ponga a la defensiva. En su lugar, podemos comenzar con un “es que YO me siento ignorado/a”.

4. Distingue los sentimientos de los hechos

Es fundamental que en una discusión se distinga bien entre lo que se siente y lo que se hace, puesto que comunicar una emoción puede ser difícil, en tanto un hecho objetivo puede ser reconocido por el otro y tender un puente hacia la empatía de la pareja.

 

 

Por ejemplo, siguiendo con el ejemplo anterior: “me siento ignorado/a si cada vez que expreso mis preferencias, estas no son tenidas en cuenta. Por ejemplo: a la hora de elegir los juguetes del bebé, nunca tienes en cuenta mis consideraciones. Esto me hace sentir invalidado/a”. Este mensaje es mucho más amable y constructivo que “es que tú nunca me haces caso, siempre decides todo por tu cuenta, no me dejas participar de la educación de nuestro/a hijo/a, no me valores y me haces sentir que no valgo para nada”. Tu pareja puede no haberse dado cuenta de que su forma de actuar te hace sentir mal, y sentirse atacada después por tus quejas, lo cual solo la enojará.

Si en una discusión aparecen quejas sobre lo mal que uno se siente, hay que entender que las emociones no son algo extrínseco, que otras personas puedan gestionar por nosotros. Lo que sí se puede tratar es la atribución de responsabilidades, si nuestra emoción ha sido provocada por algo que ha hecho la otra persona y que ha podido facilitar el surgimiento de esas emociones.

5. Respeta el turno de palabra y pacta una señal con tu pareja

Resulta muy frustrante intentar hablar y que tu pareja esté constantemente pisando tus frases. Esto a veces ocasiona que una de las partes decida callar y no participar en la solución del conflicto, o bien provoca una escalada de voces que acaba en gritos. Por ello, es muy importante mostrar respeto y respetar el turno de palabra.

Es muy importante saber escuchar para entender al otro, no para defenderse del otro. Siempre y cuando, no haya relaciones de poder o maltrato. En caso de estar en una relación de maltrato o de abuso de poder, es importante tomar otras medidas encaminadas a salir de una relación violenta, y hacer terapia individual, no de pareja”, incide Mamen Bueno.

 

Te ayudamos a identificar las señales de una relación violenta, entender las dinámicas que se llegan a establecer, y conocer las herramientas a poner en marcha para salir de una relación de maltrato con el Seminario Online “Cómo salir de una relación violenta”

 

Además, un truco sencillo para evitar que una conversación se convierta en una discusión negativa, es pactar una señal que indique al otro que os estáis alterando y no podéis continuar con la conversación.

Por ejemplo, una palabra clave tipo “stop” o “tiempo muerto”, que signifique que debemos parar en ese momento, dejar de hablar y separarnos hasta que estemos más tranquilos, para poder retomar la conversación un poco más adelante o en otro momento, cuando hayamos podido gestionar nuestras emociones alteradas y encarar posibles nuevas soluciones al conflicto.

También es perfectamente válido decir un simple “vamos a dejarlo aquí por el momento, me estoy alterando y no quiero discutir”. En cualquier caso, es importante que ninguno de los dos siga al otro o se empeñe en continuar la conversación, ya que esto solo empeorará la situación. Si es necesario, puedes salir de casa a dar una vuelta para tranquilizarte.

 

El viaje más doloroso. La muerte de un hijo

Eso sí, posponer no es evitar ni dar por zanjado el problema. Este no se va a solucionar solo y el tiempo por sí mismo no va. atraer ninguna solución al conflicto. Por eso es importante retomar el diálogo y encontrar un punto de acuerdo.

5. Si la discusión se os va de las manos, pisad el freno: el uso de las pausas

Si a pesar de nuestras buenas intenciones, la discusión se nos va de las manos, es importante saber frenar a tiempo. Cuando no se sabe gestionar las discusiones, estas pueden acabar siendo batallas donde se dicen cosas para herir al otro, aunque después nos arrepintamos de haberlas dicho. Todos podemos sentirnos alterados y llegar a perder los papeles en algún momento, pero es importante aprender a identificar las señales que el cuerpo nos da y no pasarlas por alto.
Cuando nos alteramos, nuestro sistema nervioso nos da señales que está activándose se nos acelera el pulso, nos sube la temperatura, respiramos con más frecuencia y tensionamos diferentes partes del cuerpo (mandíbula, puños, hombros, etc).

Muchas personas notan una opresión en el pecho, un nudo en el estómago o la cabeza a punto de estallar. Lo importante es detectar estas señales porque nos indican que la tensión está subiendo y si seguimos es probable que nos dejemos secuestrar por la rabia y sea ella quien hable por nosotros. Más vale echar el freno, calmarnos y dejar la conversación para otro momento.

 

 

Para evitarlo, hay que saber utilizar las pausas: en los momentos en los que parezca que alguna de las personas involucradas en la discusión de pareja empieza a sentirse visiblemente frustrada y enfadada, hay que dejar una breve pausa que sirva para bajar el tono y relajarse. Esto puede ser comunicado de manera explícita, y es un motivo perfectamente válido para postergar unos minutos el intercambio de argumentos.

La diferencia con el uso de la señal pactada de pareja que explicábamos en el punto anterior, es que en tanto la primera es expresada por uno/a mismo/a para nuestro propio sosiego, y puede suponer posponer la discusión por un tiempo indetermidado; la pausa es empleada al advertir un estado emocional alterado en la otra persona, y puede tratarse solo de unos minutos para hacer consciente que es necesario bajar el tono o la intensidad de la conversación.

Es decir, en definitiva, se trata de saber cuidar tanto al otro como a nosotros mismos en una discusión.

6. Mejor prevenir: cuidaros mutuamente… para poder cuidar

Muchas de las tensiones en el día a día de una pareja con niños que les lleva a discutir delante de los hijos se pueden subsanar si cada uno hace pequeños gestos para que el otro esté a gusto y se sienta tenido en cuenta. Eso supone mostrarse receptivo, empático y sensible a lo que el otro puede necesitar.
Si generamos una especie de “cuenta de ahorro de intercambios positivos” en el día a día, estos nos van a proporcionar un buen colchón para poder mostrarnos más positivos y conciliadores en los momentos que estamos molestos con el otro. Piensa que si tienes una cuenta con bastantes ahorros, en momentos de crisis puedes tirar de ellos, pero si tu cuenta está vacía es mucho más fácil desesperarse cuando sobreviene un problema.
Pareja - Podcast 6
Y es que no solo debemos aprender a comunicarnos mejor, sino también ser conscientes que todas las interacciones cuentan. Si sentimos que nuestra pareja es nuestra amiga y nos cuida, quiere, respeta y apoya; si sentimos que nos conoce, nos trata bien y somos importantes para él/ella; es porque en el día a día tenemos actos que nos lo demuestran y, de esta manera, no nos desequilibrará tanto si en alguna ocasión tenemos un “roce” con él/ella.
Si en el día a día nos sentimos bien en pareja, es mucho más fácil poner en marcha técnicas positivas para gestionar los conflictos. Si esto no es así, además de mejorar nuestra comunicación, sería necesario trabajar para recuperar el vínculo con la pareja y aprender a cuidarnos mutuamente.

7. Dar ejemplo: Zanjar la discusión con un acuerdo

Si sabemos discutir delante de los niños de forma constructiva, y el tema en cuestión es apto para ellos, lo ideal es terminar la discusión con un acuerdo (aunque sea intermedio) que le demuestre a los niños y niñas que sus padres seguirán buscando siempre la mejor manera de entenderse y apoyarse, porque eso es lo que hacen las personas responsables con los seres queridos.

Tanto si hay niños delante como si no, las discusiones son una herramienta para solucionar problemas y, como tal, estos deberían quedar resueltos. Para ello, y ante diferentes opiniones, deseos o necesidades; en muchas ocasiones es necesario que ambas partes cedan un poco para poder alcanzar una posición intermedia.

 

Problemas de pareja padres

 

Saber realizar concesiones no es un signo de debilidad, sino de madurez y responsabilidad. Por ejemplo, si la discusión gira en torno a las vacaciones de verano, porque uno quiere pasarlas en familia con los abuelos o los primos, y el otro necesita un poco más de intimidad; o uno quiere ir a la playa en tanto el otro necesita relajarse en el campo, y no hay manera de conciliar posturas, siempre podéis dividir el tiempo a la mitad y regalarle a vuestra pareja la experiencia que necesita.

Estar de acuerdo en todo no siempre es posible, pero se pueden alcanzar acuerdos razonables para ambas partes. Eso sí, “cuidando que no siempre ceda la misma parte o estaríamos entrando en terrenos del abuso”, indica Bueno.

Discusiones de pareja constantes: la ayuda profesional

Si las discusiones de pareja son constantes y dificultan mucho el bienestar o la convivencia de la familia, lo mejor es acudir a un especialista. Muchas parejas acusan el estrés y tensiones de criar a los hijos, un trabajo de tiempo completo que además tenemos que conciliar con la vida laboral y familiar.

Muchas parejas pueden sentirse angustiadas por los desafíos de la m[p]aternidad, y es aquí donde la terapia de pareja juega un papel clave para la relación, ya que puede ayudar a lidiar con los nuevos retos y mejorar la comunicación en pareja, establecer objetivos, superar diferencias de la crianza y a crecer juntos como padres,

“siempre y cuando no haya relaciones de abuso y maltrato, en las que las estructuras de poder no están equilibradas, en ese caso, la terapia de pareja estaría contraindicada”, subraya de nuevo Bueno.

Especialmente si hay hijos de por medio, los/as psicólogos/as pueden ayudar enseñando técnicas de comunicación y escucha activa para aprender a gestionar y expresar nuestros sentimientos de manera clara y no defensiva ni ofensiva, con el objetivo de resolver conflictos de manera constructiva.

 

Discutir delante de los hijos: Cómo evitarlo

 

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