Todo eso que repites de tu madre

Criar y educar de forma consciente implica saber que estamos reproduciendo patrones o descartando otros por propia decisión

Muchas veces escuchamos a nuestras madres y decimos: “Cuando yo sea madre, nunca haré eso”. Después tienes tu propio hijo y te descubres no solo repitiendo los mismos patrones sino pronunciando las mismas palabras que te decía a ti tu propia madre. Lo importante no es no repetirlos, sino ser consciente para que, si se lleva a cabo la repetición, sea en base a una decisión voluntaria. Y, sobre todo, no sentirte obligada a repetir esquemas porque no conoces otros.

Cuando eres madre cambia mucho la relación con tu propia madre. La mía siempre me decía: «¡cuando seas madre ya verás!». Ahora que lo soy, entiendo por qué me lo decía; pero sobre todo me he dado cuenta (por mi caso concreto y observando a mis amigas que también son ahora madres) de cuántas cosas repetimos de las enseñanzas recibidas en la familia. Algunas de forma consciente, y otras inconscientemente. Es importante reconocer nuestras influencias para saber qué nos gusta y qué no de todo eso que estamos repitiendo, y cómo adaptarlo a nuestra forma de crianza.

Da igual lo que repites de tu madre si el respeto al niño va por delante

Mi madre siempre nos puso en primer lugar. Nunca lo supe ni lo noté cuando fui niña. Ella siempre fue una mujer con muchas inquietudes, pero decidió dejarlo todo y dedicarse a criarnos a mí y a mis hermanas. Nunca la vi quejarse ni adoptar una postura de víctima, todo lo contrario.

Sonreía y hasta el día de hoy sigue diciendo que la mejor decisión que ha tomado es tenernos y dedicar su vida a nosotras. Y es que mis padres, ambos, siempre nos pusieron en primer lugar. Dejaron reuniones de amigos, viajes, vacaciones… a un lado y priorizaron a sus hijas.

 

 

Todo esto no quiere decir que esta sea la mejor opción (ni siquiera la única), pero es verdad que hay dinámicas que repites de tu madre, y por eso cuesta tomar otros caminos que son igual de respetables. Evidentemente la sociedad no es la misma y no se puede comparar una madre en los años 80 con una de hoy. Pero sí es cierto que cuando una persona ha vivido ciertas cosas en su casa, a veces le cuesta considerar otras alternativas que son también válidas.

Por ejemplo, aceptar que el hecho de que los padres salgan de vez en cuando solos puede ser bueno, que seguir en el mundo laboral puede ser también favorable, u otras decisiones que podrían beneficiar al conjunto de la familia.

Los hábitos alimentarios, una de las cosas que repites de tu madre

El tipo de alimentación es una de las cosas que repites de tu madre. En casa nunca sobró el dinero, pero siempre se gastó mucho en comida. No, no se despilfarraba, pero todo lo que se comía era de calidad. Tuve una infancia en la que el frigorífico siempre estuvo lleno de productos frescos, aunque no vistiéramos de marca o mi abuela me hiciera la ropa.

No había alimentos para mayores y para pequeños. Si había filete de ternera era para todos, y el pescado fresco también. Esta es una de las cosas que yo he repetido en mi casa. Aunque en nuestro caso (era otra época, como ya os he dicho), cuando una de las tres no comía, se sentaba al lado mi padre. Él era el que «forzaba» para que no quedara nada en el plato.

 

 

Eso no lo he reproducido. Cierto es que mi hija come muy bien, pero en casa no se obliga a comer, solo se ofrece para que se pruebe. Si no le gusta la pera, se le da más naranja y si le gusta más un pescado que otro, se intenta ofrecer su favorito más a menudo. Por ahora, no nos ha ido mal. A mí siempre me obligaron a tomarme el pimiento que llevaba la comida. Hoy día, sigue sin gustarme el pimiento, ¡pero me gustan otras muchas verduras!

El cuidado de las amistades, otra preocupación invariable

Mi casa siempre fue el lugar de encuentro de mis amigos. Cuando era pequeña, para jugar con mis amiguitas; cuando crecí, para quedarnos a dormir tras salir de fiesta. Mi madre conocía a todos mis amigos y (aunque decía que se fiaba de mí) siempre hablaba con las madres de mis amigas cuando iba a ir a casa de alguna de ellas.

 

 

Ella siempre decía que era para darles las gracias, pero yo creo que quería saber con quién me juntaba, cuál era mi círculo, dónde iba y qué hacía… Conocer a los amigos de tus hijos es también, de alguna forma, conocer sus gustos e intereses. Mi hija aún es pequeña, pero sé que en este caso repetiré el esquema de mi madre.

Todo eso que repites de tu madre…

Hay muchas cosas que han evolucionado en la crianza de los hijos. En mi propio caso, la información y el apoyo y consejo de la Tribu han hecho que no repita muchos de los patrones de crianza de mi infancia. Sin embargo, hay otras tantas en las que encuentro el reflejo continuo de mi madre.

 

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Es más, ante una situación en la que tengo dudas, siempre pienso: «¿qué haría mi madre en una situación así?». Hay algo que le digo a mi hija muchas veces (y me escucho a mí misma diciéndoselo incluso con la voz de mi madre), y es que una madre es un lugar seguro al que siempre podrás recurrir, porque pase lo que pase siempre estará ahí.

No obstante, somos madres de otra generación, la crianza y la maternidad han cambiado mucho, pero mi consejo es que recuperes de tu casa todo lo que te aporte a ti y a tus hijos, y no te sientas mal por rechazar prácticas que te inculcaron de niña y que se han quedado obsoletas o con las que no te ves representada. Tu maternidad es tuya. De nadie más. No lo olvides.

 

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