El derecho a ser madre de la mujer con discapacidad

Además de sufrir discriminación en otros muchos ámbitos, las mujeres con discapacidad luchan por su derecho a ser madres

Ninguna mujer se plantea (por lo general) si tiene derecho o no a ser madre. Se plantea, en todo caso, si quiere serlo o no. Disponemos de esa libertad. Y, sin embargo, existe un colectivo de mujeres para el que esa supuesta libre elección se pone en entredicho y pasa desapercibida. El de la mujer con discapacidad física o psíquica. Más concretamente: ¿qué barreras tiene que superar una madre con discapacidad?

Según datos de las Naciones Unidas (ONU), una de cada 5 mujeres en el mundo vive con una discapacidad. Casi el 20% de la población con discapacidad es mujer. En España, no obstante, un juez puede decidir la esterilización forzosa de estas personas si se considera que no tiene capacidad suficiente para decidir por sí misma. El impacto psicológico, la presión social y las propias dudas pueden dar al traste con una de las decisiones más importantes de nuestras vidas.

¿Puede una mujer con discapacidad decidir libremente ser madre?

El colectivo de personas con discapacidad sigue teniendo muchas batallas que luchar. La tasa de paro ronda el 25% (El Empleo de las Personas con Discapacidad. Informe del INE. Diciembre de 2019); y solo el 35% de las personas con edad de trabajar lo hacen. Es el 33,6% en el caso de las mujeres. Es decir, de cada 100 mujeres con discapacidad, solo 33 trabajan. Cuando he preguntado por este aspecto a responsables de las organizaciones que ayudan y apoyan a estas personas, la afirmación siempre es la misma y es demoledora: sufren doble discriminación, por ser mujeres y por tener una discapacidad.

 

 

A ello hay que sumar la presión psicológica a la que se enfrentan a la hora de emprender el camino de la maternidad: “¿vendrá mi bebé bien o también tendrá alguna discapacidad? ¿se desarrollará con normalidad? ¿podré cuidarlo? ¿podré darle el pecho?”. Por lo general, hay que ser valiente para, incluso con todo, tomar la decisión y seguir adelante. Y luego está la presión externa: es posible que la propia familia no entienda que esa persona quiera tener hijos e incluso que ponga en duda su capacidad para hacerlo (por no decir su entorno).

Existe la falsa creencia de que las mujeres con discapacidad son «incapaces» de ser madres, incluso aunque ya hay muchas que los son y de manera exitosa. Además hay «pocos criterios objetivos» para juzgar la competencia o incompetencia de estas personas, según denuncia la Fundación Cermi Mujeres. Por desgracia, suele predominar una idea subjetiva sobre lo que está bien o mal.

Esterilización forzosa: otra forma de discriminación

La esterilización forzosa es un ejemplo más de la especial discriminación de género que sufre este colectivo. Y quizás el más doloroso. Así lo ha pone de manifiesto el Manual Básico sobre género y discapacidad lanzado por la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) y la Confederación Estatal de Mujeres con Discapacidad.

El Código Penal español recoge en su artículo 156 la esterilización forzosa cuando la persona adolezca de “grave deficiencia psíquica” y la práctica haya sido autorizada por un juez que dicta su incapacidad. ¿Pero cómo se determina esa grave deficiencia?

 

 

Las organizaciones españolas que representan al colectivo están en contra porque, según ellas, supone un «ataque» contra la propia dignidad de la persona. La ONU considera esta práctica «inaceptable» y está prohibida expresamente por el Convenio de Estambul, aprobado en 2014 por el Consejo de Europa y que se centra en la prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica.

Y, sin embargo, los juzgados españoles siguen analizando estos asuntos y en su mayoría la persona incapacitada es una mujer. Hay que recordar que la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad recoge que este colectivo, “incluidos niños y niñas”, deben mantener su fertilidad “en igualdad de condiciones que los demás”. España ratificó este documento en 2008.

La importancia de la tribu para la madre con discapacidad

Para que una madre con discapacidad siga adelante, es muy importante que reciba apoyo de su entorno más próximo. De su pareja, de su familia… pero también de la sociedad que la rodea, porque posee la misma dignidad y valor que cualquier otra persona. Una mujer no tendrá dudas de si podrá cuidar de su bebé si cuenta con todo el apoyo de su pareja (si la tiene) y de su familia.

 

 

Afortunadamente, las organizaciones y asociaciones que se dedican a este colectivo tienen experiencia y una amplia red para acompañarlas en la aventura. Existen grupos de apoyo para todas las madres; grupos que les permiten recibir el soporte psicosocial necesario y el apoyo colectivo y solidario de otras personas con las mismas dificultades diarias.

Pero hay que avanzar, afirman las organizaciones que defienden a este colectivo, para que tanto ellas como sus familias puedan recibir más servicios de asesoramiento y apoyo en relación con la salud reproductiva, así como sexual. Y también proporcionarles espacios para la reflexión.

 

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Otras barreras en la maternidad con discapacidad

El mero reconocimiento de la libertad para decidir no es la única desventaja. Existen otras demandas que hay que analizar con profundidad. Solo por enumerar algunas: la accesibilidad en las áreas de maternidad en el seguimiento del embarazo y el parto; la falta de adecuación de algunas consultas a sus necesidades en el caso de mujeres con movilidad reducida; dificultad en el seguimiento de la gestación (por ejemplo, a la hora de controlar el peso); o el tipo de parto, porque, según Cocemfe, en muchos casos se propone la cesárea programada, cerrando la puerta al parto natural.

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