¿Cuándo empiezo a dar de cenar a mi bebé y qué le puedo dar?

Las cenas de los bebés no son imprescindibles mientras su fuente de alimentación principal siga siendo la leche materna

¿Quién no ha pensado en qué hacer de cenar y ha soltado un resoplido de resignación y cansancio? ¿Os pasa? A mí continuamente, la verdad. Y es que se trata de una de las comidas del día que más cuesta planificar.

Para la Tribu de Criar con Sentido Común la alimentación infantil es importantísima y por esos existen distintos recursos muy prácticos, incluso un Seminario Online específico sobre el tema (que se puede cursar gratuitamente, al igual que el resto de cursos y seminarios de la web, si eres miembro de la Tribu CSC). ¡Ojalá hubiera formado parte de ella cuando empecé con la alimentación complementaria con mis peques! Me hubiera evitado muchos quebraderos de cabeza. En cualquier caso, en este post os dejo algunas consideraciones sobre las cenas y los bebés.

 

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Los seis meses y la alimentación complementaria

Como a cualquier mamá o papá, la alimentación complementaria no me preocupó hasta los seis meses. Tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otros organismos y expertos, hasta entonces mis niñas se alimentaron exclusivamente con leche materna (en el caso de la lactancia con leche de fórmula es exactamente igual).

A partir de entonces y, una vez comprobamos que ya estaban preparadas para ello, comenzamos a introducir alimentos. Aunque, eso sí, la leche siguió siendo el alimento principal hasta los 12 meses (a partir de entonces, en mi caso, seguí dándoles el pecho hasta los dos años).

 

 

¿Qué significa eso? Pues que la leche hasta el añito sigue siendo su alimento principal. Yo no controlaba muy bien cuánto tomaban mis hijas porque siempre ha sido a demanda, pero lo ideal es que el bebé tome entre 280 y 500 ml de leche materna o artificial al día (incluida las noches).

La introducción de alimentos no deja de tener un objetivo en este periodo: que el bebé vaya conociendo esos nuevos alimentos, sus sabores, texturas, colores, olores… pero nada más. Les facilitamos así que, a partir de los 12 meses, vayan incorporándolos a su dieta hasta alimentarse completamente con ellos.

Los horarios son una convención social

El desayuno, la media mañana, la comida, la merienda y la cena no aparecen grabadas en el cerebro de un bebé. Son momentos que están relacionados con nuestra vida adulta. Son convenciones sociales. Si estamos dando el pecho a demanda, ¿cómo va a saber un bebé cuál es la hora correcta para comer? Ni siquiera sabe qué es correcto o no. Mama porque lo necesita, y punto.

Así que difícilmente se adecuará a un horario fijo de inmediato. Es cierto que lo ideal es que los incluyamos en el ritual de la mesa en familia en cuanto podamos, pero aún así para ellos no deja de ser un momento más con mamá y papá (y los hermanos/as, si los tiene).

A ello se une que la introducción de los alimentos se hace de manera progresiva. Un bebé no pasa de tomar solo y exclusivamente leche a comer de todo y, además, la leche. Por lo general, los alimentos (cualquiera porque ya se ha desechado esa idea anticuada de que hay que introducir unos alimentos antes que otros) se van ofreciendo separados.

 

 

Primero uno, al día siguiente otro, después otro más… Así que ofrecer cena a un bebé de seis meses no parece muy lógico. Lo más normal (o así pasaba en mi caso) es que comiera algún nuevo alimento al mediodía (las cantidades, mejor olvidarlas porque no es probable que coma mucho) y luego, por la noche, solo quisiera teta.

No sé si os pasará, pero lo que «mejor» (lo entrecomillo porque no deja de ser una visión adulta, a ellas lo que les gustaba era su leche materna) que hacían mis hijas era la comida y la merienda: tomaban el pecho y luego, cuando nos sentábamos a la mesa, probaban algo de comida (con la más grande papilla de verdura, por ejemplo; con las otras sí practicamos BLW), jugaban, pedían algo de nuestro plato; y luego pecho otra vez. Y a la hora de la merienda, más o menos igual. Por la noche, pecho y, en todo caso, algo de pan o un poco de nuestra cena. Pero sobre todo, leche materna.

 

 

Y esa costumbre se acentuaba cada vez que volvía al trabajo. La comida y la merienda coincidía con mis horas fuera, así que era más fácil que comieran otros alimentos, además de la leche que yo me había sacado previamente. Y, aún así, recuerdo perfectamente mi primer día de trabajo con mi hija mayor…

No solo pasé un día horrible, sino que cuando llegué a casa, mi marido me dijo compungido: «No ha comido absolutamente nada». Tenía ocho meses. La cogí en brazos, le di teta, estuvo más de hora y media mamando y se quedó dormida hasta la siguiente toma, ya de noche. Lo cierto es que nunca comió mucho cuando yo no estaba, siempre esperaba a que yo llegara. Al menos durante los primeros meses de regreso al mundo laboral.

 

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¿Cuándo hay que introducir las cenas?

Pues es una buena pregunta y la respuesta no es fácil. Lo ideal es que se haga cuando realmente muestren interés por comer otra cosa que no sea leche por la noche. Y eso es muy subjetivo, depende de cada peque. Es cierto que sobre los nueve o 10 meses ya ha pasado el tiempo suficiente de convivencia entre la lactancia materna o artificial y la alimentación complementaria para que los horarios de comidas se hayan convertido para él/ella en una rutina más de su día a día.

 

 

En cualquier caso, lo importante es que tome toda la cantidad de leche diaria que recomiendan los profesionales. Si no la ha tomado durante el día y por la noche no se suele despertar mucho para comer, no hace falta darle nada de cenar. Mejor una toma o un biberón de leche. Pero si sí la ha tomado y parece interesado y activo, pues se le puede ofrecer algo de cenar. En este caso, podemos ofrecerle algo que estemos comiendo nosotros (y que pueda comer el bebé, obviamente). Así nos evitamos desechar comida.

¿Qué puede cenar un bebé?

Pues desde un trozo de pan, alguna verdura, sopa, crema, algo de pasta… Como ya he dicho en el anterior párrafo, es buena idea preparar nuestras cenas con alimentos que puedan tomar ellos, por si les apetece probar algo. Así lo hicimos en casa y funcionó bastante bien.

De esa forma, los peques van asimilando el momento de la noche y la cena con sus padres como un ritual más de la familia. En el caso de los bebés pequeños, hay que ser precavidos con las proteínas, sobre todo en horario nocturno, porque sus riñones aún no son muy maduros para procesarlas. No obstante, si a lo largo del día no las han tomado, no pasa nada porque cenen algún alimento que las contenga.

 

 

A medida que vayan creciendo, lo ideal es que las cenas incluyan verduras, proteínas y cereales integrales o tubérculos para que sean equilibradas. ¿En qué cantidades? En un principio en proporciones similares; luego, las verduras han de ocupar la mitad de todo lo que se consuma y la otra mitad repartida entre el resto. Si queréis recetas e ideas prácticas, en el apartado de Cursos y Seminarios de CSC tenéis muchas opciones ofrecidas por nuestras nutricionistas.

 

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