Qué hacer cuando el pediatra no da importancia a nuestras preocupaciones

Si tienes dudas respecto al adecuado desarrollo de tu bebé, no te conformes con un simple "tranquila, ya lo hará"

La desesperación se apodera de muchas familias cuando ven que su hijo o hija tiene un problema y el pediatra no consigue tranquilizarlos, bien proponiendo una solución, bien explicando lo que sucede, bien derivando a otro especialista.

Buscar y proponer una solución sería lo ideal. Si vamos al médico porque tenemos un problema esperamos que nos lo solucione con un tratamiento, por ejemplo. Pero, ¿cómo saber si es un buen pediatra?

En qué casos es normal no derivar a un especialista

Cuando hablamos de menores, muchas enfermedades son autolimitadas y no precisan tratamiento porque se van solas, y muchos trastornos son transitorios, debido a la propia inmadurez de todos los sistemas, y también mejoran solos con el tiempo, pero en estos casos es muy importante que el pediatra sepa explicar bien lo que está sucediendo, tranquilice a la familia y resuelva las dudas que vayan surgiendo.

Pero lamentablemente a veces esto no sucede, y las familias se desesperan buscando soluciones donde a veces solo queda armarse de paciencia y esperar que el cuadro se resuelva solo. Es el típico caso del cólico del lactante, por ejemplo. Podemos probar una fórmula detrás de otra pero el cólico finalmente se le acabará quitando cuando cumpla 3 ó 4 meses por la simple maduración del aparato digestivo.

 

¿Qué hacer cuando el bebé tiene gases?

 

Sin embargo, otros trastornos digestivos del bebé pequeñito son un poco más complejos, como el reflujo, o la alergia a la proteína de leche de vaca no mediada por IgE. En estos casos, el cuadro también mejora con el tiempo, pero mientras tanto hay algunas cosas que se pueden hacer. La mayoría de los pediatras están perfectamente capacitados para diagnosticar y tratar estos problemas pero muchas veces las familias, generalmente ante la falta de resultados espectaculares, solicitan la derivación a otro especialista.

En estos casos es muy importante una buena comunicación con el pediatra ya que a veces bastará con ajustar las expectativas o ir valorando según la evolución para que la derivación se realice cuando sea realmente necesario.

Otra área donde se suelen producir conflictos es en la esfera otorrinolaringológica. La derivación al otorrino suele ser motivo frecuente de desacuerdo con el pediatra. En la mayoría de los casos se trata de preescolares con cuadros catarrales de repetición que dan la sensación de que están todo el curso escolar resfriados, pero raramente se trata de algún proceso que requiera la intervención del especialista como unas vegetaciones, por ejemplo. Todos los peques tienen vegetaciones.

La glándula adenoides está presente cumpliendo una función, al igual que las amígdalas, que sirven de primera defensa para contener las infecciones que entran por las vías respiratorias. Solo en algunos casos, el aumento de tamaño exagerado de las mismas constituyen un problema en sí mismo y es necesario extirparlas mediante una adenoidectomía o una amigdalectomía, cuando por el aumento de tamaño dificultan la respiración nasal o son el origen de infecciones de repetición.

 

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Afortunadamente para este tipo de intervenciones hay un protocolo que nos indica cuándo y en qué casos concretos es necesario derivar al especialista. Una vez más, una buena comunicación con el pediatra puede devolver la tranquilidad a la familia que solicita que su hijo o hija sea valorado por el ORL.

Los problemas oculares como el estrabismo que requiere valoración oftalmológica, o los problemas ortopédicos como los pies planos que precisan visita traumatológica, así como la mayoría de los procesos quirúrgicos como hernias, orejas de soplillo, fimosis, etc, que tienen su calendario quirúrgico, con unas pautas específicas que nos indican cuándo es más conveniente que sean valorados por el cirujano, y aquí, una vez más, la comunicación con su pediatra es fundamental.

Problemas en el desarrollo: No te conformes con un “Ya lo hará”

Pero lo que puede generar más dudas y a veces sí que son motivo de retrasos en valoraciones y tratamientos son los problemas del desarrollo. Problemas como retrasos motores, del lenguaje o problemas de comportamiento o del aprendizaje.

Aunque en los controles habituales de salud y las revisiones del niño sano se hace una valoración de estos aspectos, durante la consulta a veces es muy difícil que el pediatra o el profesional encargado de esta revisión pueda hacer una evaluación correcta ya que estas valoraciones requieren tiempo, dedicación y a veces también un poco de colaboración del peque, que muchas veces está dormido, abrumado o francamente asustado.

 

Qué hacer cuando el pediatra no nos da importancia

 

Las preocupaciones que pueda plantear la familia respecto a problemas del desarrollo deben ser siempre tenidas seriamente en cuenta por los pediatras y frases como “tranquila, ya hablará” pueden traer consecuencias nefastas.

Precisamente por tratarse de problemas del desarrollo, los retrasos en el diagnóstico e intervención pueden tener mayores consecuencias, ya que el desarrollo es un proceso dinámico. Al igual que en una construcción unas estructuras se construyen sobre otras que deben estar previamente presentes y firmemente asentadas, en el desarrollo unas habilidades se adquieren sobre otras que tienen que estar ahí anteriormente, producto de la maduración normal o adquiridas por el aprendizaje.

Por eso es fundamental saber qué habilidades tienen que estar presentes en cada momento y cuáles son importantes y cuáles no tanto, para poder intervenir a tiempo y lograr los mejores resultados posibles.

Por eso, si una madre o un padre sospecha que su bebé no hace lo que se supone que debería estar haciendo, el pediatra tiene la obligación de escuchar atentamente y prestar atención a esa preocupación. Niños que no buscan la mirada de sus progenitores para compartir sus descubrimientos, que no señalan, que no saludan, que no balbucean, o no dicen 2 ó 3 palabras cuando se supone que deben hacerlo, siempre deben ser escuchados.

 

Qué hacer cuando el pediatra no nos da importancia

 

Los hitos del desarrollo y sus márgenes de normalidad son también muy conocidos. No tiene ningún sentido retrasar una valoración por un especialista en neuropediatría o por el equipo de salud mental infantil o de atención temprana cuando surgen dudas en la familia respecto al desarrollo del menor ya que un diagnóstico precoz mejora de forma espectacular los resultados de una intervención si esta es finalmente necesaria.

¿Qué hacer si el médico no te hace caso?

Si crees que tu hijo o hija debe ser valorado por un especialista, coméntalo con su pediatra y que te responda a todas tus cuestiones. La mayoría de las veces quedará todo aclarado con una buena explicación, pero si tienes dudas respecto al adecuado desarrollo de tu bebé, no te conformes con un simple “tranquilo/a, que ya hablará” si no habla, o lo que sea que no hace cuando se supone que debería hacerlo.

Los problemas del desarrollo tienen que diagnosticarse y tratarse cuanto antes para que el desarrollo continúe su marcha sobre bases sólidas, sin tropiezos y el menor alcance todo su potencial.

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