Cómo tratar las cicatrices del parto: desgarros, episiotomía y cesárea

Los automasajes y acudir a un fisioterapeuta de suelo pélvico, claves en la recuperación

El parto no solo nos enfrenta a una de las experiencias más increíbles de la vida. Además de dar vida, el cuerpo de la mujer se somete a toda una revolución para la que muchas veces, por desconocimiento, no estamos del todo preparadas. Aunque cada vez hay más información, tendemos a idealizar el parto y la maternidad para que, al menos en nuestra mente, sea perfecto. El problema surge cuando aparecen complicaciones y cicatrices que no sabemos cómo tratar.

Además de cesáreas para la que puede que no estemos concienciadas a nivel emocional, el parto puede dejar otras cicatrices fruto de los desgarros y las episiotomías. ¿Cómo hacerles frente? Ante todo, sabiendo que el dolor y las molestias nunca son normales ni pueden afectar en nuestro día a día. Al dar a luz, nos convertimos en madres, pero no dejamos de ser mujeres y no debe cambiar nuestra vida a causa del dolor.

Desgarros, episiotomías y cesáreas: las cicatrices del parto

Aunque un parto puede transcurrir sin necesidad de puntos, no siempre ocurre así. Los desgarros, episiotomías y cesáreas dan lugar a las cicatrices que nos acompañarán toda la vida.

El desgarro es una rotura natural de los tejidos durante el parto. Existen cuatro tipos: mucosa vaginal (solo afecta a la piel); musculatura del periné; esfínter anal; y esfínter anal y mucosa rectal.

 

 

La episiotomía es una incisión que se realiza en el periné para ensanchar el canal blando del parto. Hasta hace unos años se realizaba de forma rutinaria para evitar desgarros, pero, tal y como recoge el Ministerio de Sanidad en la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al parto normal, no debe realizarse de forma rutinaria en un parto espontáneo y solo se llevará a cabo si hay necesidad clínica, como un parto instrumental o sospecha de compromiso fetal.

La cesárea se produce ante la imposibilidad de un parto vaginal. Se trata de una cirugía mayor con una incisión en el abdomen y útero de la mujer. La cicatriz de la cesárea no solo afecta a la piel, sino también a las capas profundas como el tejido subcutáneo, aponeurosis que envuelve los músculos abdominales e intestinos, y el útero.

Aunque la Organización Mundial de la Salud asegura que la tasa de cesáreas debe situarse entre el 10 y el 15%, lo cierto es que según el informe «Atención perinatal en España: análisis de los recursos físicos, humanos, actividad y calidad de los servicios hospitalarios» del Ministerio de Sanidad, en 2018 un 21’8% de los partos en hospitales de la red pública de España fueron por cesárea. Una cifra que baja respecto a los últimos registros del Instituto Nacional de Estadística de 2015, cuando se situaba en el 26,66%.

 

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La importancia de tratar las cicatrices del parto

Cuando hablamos de cuidar cualquier cicatriz, probablemente pensemos en su cuidado externo. Y es precisamente ahí donde se centrará la matrona o el ginecólogo en la primera revisión tras dar a luz. Lo principal es lavarla con agua y jabón neutro una vez al día y secarla bien con toques suaves. Así, evitaremos infecciones hasta que haya cicatrizado por completo y se hayan retirado o caído los puntos.

No siempre ocurre y, por ello, debemos acudir al médico si el dolor va en aumento, notamos la zona inflamada, enrojecida o caliente, si la herida expulsa líquido o sangra, o si tienes fiebre y malestar.

Pero, ¿qué pasa una vez que la herida se ha cerrado? Aunque pueda resultar raro, en ocasiones pueden seguir existiendo molestias, dolor, inflamación, falta (o exceso) de sensibilidad en la zona o adherencias. Y en ningún caso deben considerarse normales, por lo que resulta fundamental saber cómo tratar las cicatrices del parto.

 

 

En las episiotomías y cesáreas, los cortes van más allá de la piel: tejido subcutáneo, fascia, terminaciones nerviosas y músculos en las intervenciones más profundas. Y es justo en el corte de las terminaciones nerviosas donde podemos encontrar la falta de sensibilidad de la zona. Es probablemente una de las consecuencias «leves» de las cicatrices y puede acabar desapareciendo por sí sola.

Sin embargo, a veces van más allá y pueden provocar adherencias, fibrosis o retracción de los tejidos, cuyas consecuencias son más molestas. Las adherencias se producen durante la regeneración de los tejidos, pero en lugar de hacerlo en capas separadas y móviles, se pegan entre sí, provocando pérdida de elasticidad y movilidad, además de dolores a distancia como lumbalgias.

De hecho, las adherencias de los tejidos subcutáneos pueden provocar la falta de movimiento entre los músculos, ligamentos o de los órganos próximos a la cicatriz. Los queloides son otra de las consecuencias más frecuentes: un crecimiento de la cicatriz que pasa a color rojo o púrpura y que suele ir acompañado de picor o irritabilidad.

 

 

A ello se suman incontinencias urinarias y fecales, dispareunia (dolor en las relaciones sexuales), prolapsos, dolores digestivos, respiratorios, lumbares, abdominales o ginecológicos, con dolores durante la regla que antes no existían. Incluso la postura puede verse afectada ya que si la cicatriz hace tensión, tira del tejido, puede provocar que la mujer tienda a flexionar el abdomen dando lugar a una retroversión de la pelvis para compensar.

Es decir, muchas veces aparecen dolores en otras zonas del cuerpo y no somos capaces de relacionarlos con la cicatriz que, aparentemente, se ha curado bien por fuera. Molestias y dolores que pueden tratarse con una atención adecuada, como la que puedes recibir de nuestros especialistas si eres miembro de la Tribu CSC.

Automasaje de la cicatriz

Ya sea una cicatriz de cesárea, episiotomía o desgarro, lo primero que debemos hacer es conocerla y aceptarla. Una vez superado el primer paso para tratar las cicatrices del parto, podemos optar por el automasaje, aunque según el tipo de intervención y la cicatriz, puede que no sea suficiente. En el caso de la episiotomía y el desgarro, podríamos realizar el masaje perineal recomendado durante las últimas semanas de embarazo.

 

 

En el caso de las cesáreas, se pueden usar tiras de trofolastina, cremas cicatrizantes o aceites de rosa mosqueta, además de realizar un automasaje. Este va enfocado a eliminar las posibles adherencias, es decir, intentaremos llegar a los planos más profundos, por lo que, aunque no debe doler, tampoco es placentero.

Existen varios tipos de masajes que podemos realizar en casa para tratar las cicatrices del parto:

  • Coloca las yemas de los dedos un centímetro encima de la cicatriz y tira hacia arriba. Repítelo con las yemas un centímetro por debajo.
  • Sitúa los dedos sobre la cicatriz y avanza sobre ella.
  • Masaje en zig-zag. Coloca los dedos índices sobre la cicatriz y haz tracción sobre ella en «z», empujando la piel en sentido contrario (hacia arriba y abajo) con cada uno de los dedos.
  • Rodamiento: Sitúa tus dos dedos índices sobre la cicatriz y trata de pellizcarla.
  • Con vibración. Puedes masajear y trabajar la sensibilidad con vibración. Alrededor de la herida cuando aún hay puntos y por encima de ella una vez que ha cicatrizado.

 

 

Tratamiento especializado

Es importante tratar las cicatrices del parto cuanto antes, incluso cuando no hay molestias. Por ello, es fundamental acudir a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico que además de hacer una valoración más en profundidad, pautará un tratamiento específico para cuidarlas.

Según explica la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y miembro del equipo de Criar con Sentido Común, Marta Saeta, ante el mínimo dolor o molestia, hay que tratar las cicatrices cuanto antes, aunque esto no impide que pueda hacerse también pasados unos años.

 

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El tiempo para tratar las cicatrices del parto varía en función de la forma de dar a luz. Si ha sido vaginal, podemos acudir una vez pasada la cuarentena y, en el caso de la cesárea, debemos esperar unos tres meses, aunque dependerá en gran medida de los puntos y de la cicatrización de la herida.

Entre las técnicas más frecuentes se encuentran la punción seca, las ventosas, radiofrecuencia (Indiba), tratamiento miofasciales donde se trabaja a nivel intracavitario para movilizar la cicatriz, dilatadores, estiramientos, masaje desfibrosante o drenaje linfático. Además, en cicatrices dolorosas se puede usar la terapia neural.

Aprender a aceptarlas a nivel emocional

Pero más allá de su tratamiento físico, la cesárea, la episiotomía y el desgarro dejan una herida que no se puede coser: la emocional. De ahí que en muchas ocasiones sea necesario aprender a aceptarlas. Muchas mujeres son conscientes de la posibilidad de que haya desgarros durante el parto, pero en ocasiones cuesta aceptar intervenciones mayores como la episiotomía o la cesárea.

 

 

Por ello, es fundamental prepararnos antes. Tal y como explica la psicóloga de Criar con Sentido Común, Mamen Bueno, es importante contemplar todas las posibilidades y saber que todas son igual de válidas.

Lejos de los mitos, «no sé es peor madre por dar a luz por cesárea», prosigue. «Se materna igual y como madre eres igual de buena o mala, independientemente del tipo de parto que hayas tenido».

Sin embargo, la realidad es que muchas veces la mujer no está preparada para hacer frente a un parto intervenido. ¿El motivo? Pensar en el parto soñado e idealizarlo con expectativas que no son reales. «Es básico romper con esa idealización para evitar traumas mayores» asegura.

Pero una vez abierta la herida, es necesario enfrentarse a ella. Para ello, lo fundamental es aceptar el dolor y expresarlo. Superada la posible tristeza inicial, pueden aparecer otros sentimientos como rabia, enfado e incluso celos hacia otras mujeres que sí han tenido un parto vaginal. Por último, es necesario olvidar el sentimiento de culpa.

 

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Lo cierto es que el dolor emocional que puede causar la cicatriz del parto es todavía muy silenciado e incluso, en ocasiones, negado. Algo así como un tema tabú, especialmente si la recuperación física ha sido buena, pero nos prohibimos sentirnos culpables por encontrarnos mal a nivel emocional.

Y no superarlo correctamente, puede llegar a influir a la hora de buscar nuevos embarazos. «El deseo queda solapado por el recuerdo traumático y aunque este se diluya, puede quedar miedo, angustia y ansiedad a que vuelva a ocurrir», concluye Bueno. Por ello, es fundamental cerrar la herida, la física y la emocional, para poder volver a empezar.

 

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3 comentarios en "Cómo tratar las cicatrices del parto: desgarros, episiotomía y cesárea"

  1. Hola hace 3 meses de mi cesárea y aún tengo barriga de embarazada. Me tiene emocionalmente muy mal y descontenta conmigo misma. No puedo ni mirarme al espejo. Coma mejor o coma peor. Eso sigue igual. No baja. Mi barriga no está compensada con mi cuerpo. Me gustaría saber si es algo normal y se acabará quitando. Doy pecho.

    • Hola Estefanía!
      Aunque haya cuarentena, el postparto puede durar hasta un año. Es normal que aún veas tú abdomen muy diferente a antes del embarazo. La lactancia materna ayuda a que el abdomen vuelva a su forma. Sí te encuentras bien y con fuerzas y no has tenido ningún problema en embarazo y parto, sería interesante empezar con ejercicios encaminadas a trabajar el abdomen y el suelo pélvico, como el método 5p o los ejercicios hipopresivos. Antes de nada, es recomendable que te valore una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico que será la que te guíe en tu recuperación.

  2. Hola, en una ecografía me han detectado una apertura en la cicatriz interna de la cesárea (itsmocele). Mediante histeroscopia no lo pueden solucionar e iremos a laparoscopia.
    Lo más sorprendente es que dijeron que un 20% de las cesáreas están así, pero como no hay revisiones después de una cirugía mayor (y menos ahora), pues se quedan sin solucionar. De cara un nuevo embarazo es peligroso.

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