La vergüenza en los niños: Cuándo nace y si puede convertirse en un problema

El sentimiento de vergüenza en los niños está íntimamente unido al autoconcepto y la autoestima

En mi vida he pasado vergüenza muchas veces. Y es probable que mañana o pasado o el otro me vuelva a pasar. Se trata de una emoción muy potente que puede llegar a paralizarnos y que, como toda emoción, se manifiesta físicamente (ruborizarse, aumento de la sudoración, boca seca, etc.). Pero ¿te has planteado cuándo aparece la vergüenza en los niños?

A menudo nos sorprende la espontaneidad y desparpajo de los bebés y niños o niñas pequeñas que miran fijamente lo que les llama la atención o preguntan o señalan sin miramientos. Sin embargo, llega un momento en el que algo cambia y el/la peque comienza a sentirse más cohibido o quedarse mudo/a ante extraños.

¿Cuándo aparece la vergüenza en los niños?

El mundo de las emociones es muy amplio y todas nos acompañan a lo largo de nuestra vida. La vergüenza es una emoción social que se suele sentir un individuo frente a otro u otros. Es, además, secundaria. Es decir, es consecuencia de otras emociones más primarias como la inseguridad, el miedo o la rabia. Pero para sentir vergüenza es necesario que el menor se identifique como individuo.

 

 

Cuando nace, el bebé no tiene conciencia de ser un individuo, sino que su madre o su principal figura de apego, es una extensión de sí mismo. Por eso es tan importante el vínculo afectivo entre ambos. Hasta que el peque no es consciente de que es una persona distinta a su madre no puede asumir que sus acciones tienen consecuencias, y que estas generan una reacción en el entorno. No es algo que aparece de repente; sino que la aparición del ego y la identificación del yo se va desarrollando hasta, aproximadamente, los tres años.

Aunque sentir o no vergüenza depende también de la personalidad de cada niño, esta suele aparecer alrededor de los dos años, una vez que van siendo más conscientes de sus actos y van comprendiendo que estos causan reacciones en otros. Además, coincide con el miedo a quedarse solo y la época de las rabietas.

¿Por qué los niños tienen vergüenza?

Los motivos por los que los menores se sienten avergonzados son variados, pero pueden ser similares a las razones por las que la sentimos los adultos. Pueden sentir vergüenza por inseguridad o falta de confianza, por miedo… La vergüenza en los niños también se relaciona con la culpa, con sentirse humillados (un cachete, un insulto no solo son reprobables y JAMÁS son el camino, sino que además tiene consecuencias negativas emocionales).

 

 

La psicóloga de Criar Con Sentido Común, Mamen Bueno, aporta un aspecto interesante en ese binomio vergüenza-culpa:

«Ambas son emociones relacionales y, a través de ellas, ponen en entredicho el yo, la identidad. La vergüenza puede llevar a la persona -en este caso menor- a pensar que que hay algo malo en ella, que es alguien indigno. La culpa conduce a la pregunta: «¿qué he hecho mal?; y, por consiguiente, a la conclusión de soy malo/a».

A veces la vergüenza en los niños viene provocada por los adultos, que actúan como «agentes reguladores» de ese tipo de emociones, según Bueno. Los exponemos frente a otros sin tener en cuenta cómo se pueden sentir. Es frecuente que si nuestro hijo o hija se esconde detrás de nosotros al llegar a algún evento social, les insistamos con un «saluda», «di algo», «vete a jugar con esos niños».

 

 

En ese momento les estamos sometiendo a una situación que les avergüenza y que, además, se puede agravar si justificamos su actitud frente a otros: «es que es muy vergonzoso», «es muy tímido», «es que le ha comido la lengua el gato». En estos casos, les estamos etiquetando, lo que siempre es perjudicial para su autoestima y su desarrollo.

«Si no utilizamos palabras desculpabilizadoras hacia lo que dicen o hacen podemos causarles daño sin darnos cuenta«, insiste Bueno. Y es que las etiquetas, las comparaciones, las justificaciones de lo que hacen o les hacen socavan su confianza en sí mismos (además de promover conflictos, por ejemplo, entre hermanos si los comparamos entre sí).

 

 

¿Es malo que los niños sientan vergüenza?

Aunque es un sentimiento fuerte, no tiene por qué ser negativo que los niños la sientan. De hecho, puede tener una función importante en el desarrollo de nuestros hijos, en la construcción de su autoestima y en el refuerzo de su autonomía frente a la sociedad. Si un niño no siente vergüenza, puede indicar que carece de empatía o esta es muy escasa. Y eso puede llevarlos a comportamientos egoístas y a huir de la responsabilidad de los actos propios. Por el lado contrario, si no se gestiona de manera adecuada puede derivar en que controle otras emociones e incluso sus acciones.

En general, la vergüenza aparece en un contexto social pero la forma de experimentarla es individual. Cada niño la vivirá de una forma y aprenderá a regularla (al menos eso es lo deseable). Pero ese aprendizaje no viene solo. Nosotros, sus padres, tenemos que enseñarles qué es para que puedan identificarla y a gestionarla. Es fundamental enseñarles a manejar las habilidades sociales porque, al fin y al cabo, somos eso, seres sociales.

 

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Hay dos conceptos importantes que hay que trabajar con nuestros hijos y que luego influyen en la vergüenza. Son el autoconcepto y la autoestima:

  • En el autoconcepto prima un elemento más racional, pero está condicionado en los niños por el entorno inmediato, sobre todo, por sus figuras de apego, por sus padres (se construye además a través de la interrelación con los demás). Si etiquetamos a los niños (positiva o negativamente, da igual) estamos condicionando cómo se ven ellos mismos. Afortunadamente se puede trabajar.
  • En el caso de la autoestima, es un proceso continuo. No está muy claro cuándo comienza a desarrollarse pero sí que la etapa infantil es clave (aunque luego irá evolucionando y su fortaleza dependerá del contexto, del tiempo, de las vivencias…).

Esta última es más difícil de trabajar, pero es fundamental para que nuestros hijos se respeten a sí mismos y sean capaces de afrontar cualquier situación con las herramientas adecuadas, por muy embarazosa que esa situación sea.

Cómo trabajar la vergüenza en niños

Cuando nuestro hijo o hija siente vergüenza o es un niño con tendencia a mostrarse más vergonzoso, lo pasa mal. En nuestra mano está ayudarles a que esas sensaciones negativas no le controlen. ¿Podemos hacer algo? Pues sí. Para empezar, habría que identificar si realmente estamos ante ese sentimiento. Hay peques más introvertidos o que simplemente les gusta estar solos y no por eso tenemos que asumir que prefieren la soledad porque sienten vergüenza.

 

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Una vez que la hemos identificado, está bien ponerle nombre; explicarles qué es eso que sienten; por qué la sienten; y cómo pueden superarla. En este punto es interesante que seamos capaces de convertirnos en ejemplo: reconocer nuestros errores, expresarles que nos sentimos avergonzados por el hecho en sí, pedir perdón si el error les ha afectado. Podemos aprovechar ese momento para explicarles qué comportamientos son correctos y cuáles incorrectos en según qué contextos, y por qué.

Respetarles en sus vivencias es otra forma de ayudarles a gestionarla porque si les mostramos respeto verán validados sus sentimientos y ganarán confianza en sí mismos. Y respetarles significa no exponerlos ni forzarles a que hagan o digan nada si no quieren. Es mejor animarles a que se enfrenten poco a poco a la situación que les provoca vergüenza que empujarles o sobreprotegerlos. Y, por supuesto, ofrecerles herramientas para que aprendan a actuar ante una situación así. Enseñarles, en definitiva, a ser asertivos y a expresar libremente cómo se sienten.

 

 

Cuando la vergüenza se vuelve tóxica

Al igual que ocurre con todas las emociones humanas, sentir vergüenza no es malo ni bueno. Es una emoción que, como hemos visto, se puede regular. El problema se plantea cuando los niveles sobrepasan lo manejable y se convierte en una carga imposible de gestionar o superar. Entonces sí podemos estar ante algo más complicado que puede incluso requerir ayuda profesional. Si es vuestro caso, en la Tribu de Criar Con Sentido Común contáis con especialistas que os pueden orientar, como la psicóloga Mamen Bueno.

A veces esa vergüenza en los niños está relacionada con situaciones de maltrato o de abuso. Ningún niño debería pasar por una experiencia tan traumática, pero lo cierto es que ocurre. Y el sufrimiento del menor se enmaraña en la culpa, en sentimientos muy negativos que los hace sentir indignos hasta el punto de mentir, fingir o simplemente callar por la vergüenza.

 

 

Es habitual que en una situación tan dura el niño o la niña (o adolescente, o adulto) se sienta vacío, sienta rabia, tenga baja autoestima y se afane en complacer a los demás o sentir miedo a ser abandonado. Cuando la vergüenza no debería sentirlo él o ella, sino quien es capaz de provocar ese daño tan profundo a un menor.

 

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