Mi hijo pega en el colegio: ¿Qué puedo hacer?

Si es un comportamiento habitual, lo más efectivo es pedir ayuda profesional para averiguar qué hay en el fondo de esa actitud

En la puerta de clase te espera la maestra o el maestro. O (ahora con el coronavirus) recibes un mensaje o un correo electrónico en el que el/la profesora te cita para una tutoría. Te preguntas qué ha podido pasar. Y, por fin tras una breve conversación, todo se descubre: Tu hijo/hija pega en colegio.

No te lo explicas. Desde pequeño/a has tratado de sentar las bases del respeto; de inculcar valores de igualdad de trato, de consideración y empatía en casa. Y, sin embargo, ha ocurrido. ¿Qué podemos hacer?

Para empezar, tranquilizarnos. Que nuestro hijo/a haya reaccionado de una forma inadecuada en clase no significa que vaya a convertirse en un delincuente juvenil. Sin embargo, sí debemos comprender qué ha podido pasar y ayudarles a identificar qué les ha llevado a actuar de forma violenta. En este post vamos a analizar cómo podemos solventar esta situación a través de la educación respetuosa y la disciplina positiva.

Mi hijo pega en el colegio

El colegio no es el único ámbito donde un menor puede pegar, evidentemente. En otra entrada del blog podéis encontrar cómo actuar cuando un niño pequeño pega. En estos casos, la inmadurez suele estar detrás de esos comportamientos. Son pequeños y no pueden ni saben regular y controlar sus emociones. Así que puede ser que no controlen su fuerza, que estén enfadados y reaccionen de forma instintiva o que actúen de forma impulsiva e irracional y canalicen esa energía de esa forma.

 

 

El colegio, sin embargo, es el segundo entorno donde más tiempo pasan (y pasarán nuestros hijos), después de casa. Allí aprenden conocimientos de todo tipo, entre ellos a vivir en comunidad. Se relacionan entre iguales con la supervisión y guía de sus maestras y profesores. Y en esas relaciones interpersonales surgen conflictos.

También los adultos nos encontramos frecuentemente ante conflictos de distinta índole, que vamos solucionando. Nuestros hijos tienen que afrontar esas situaciones conflictivas con compañeros y compañeras sin tener, sobre todo a edades más tempranas, todas las herramientas para controlar sus emociones.

Un niño, no obstante, no pega a otros porque sí. Pegar es una reacción violenta que viene desencadenada por un enfado. Y, debajo de este, se esconden sentimientos como la frustración, el resentimiento o el miedo. En el trasfondo está la ira, una de las emociones básicas del ser humano.

 

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La ira es la respuesta natural ante una situación incómoda o el mecanismo que nos lleva a luchar o defendernos. Es un sentimiento necesario para nuestra vida en sociedad, pero hay que controlarla. No podemos atacar a cualquier persona que nos irrita. Y eso hay que aprenderlo, hay que enseñárselo a los más pequeños.

Es cierto que, además de la inmadurez en la gestión emocional, la personalidad y el temperamento de nuestro hijo pueden influir. Igual que la ausencia de normas y límites, donde los progenitores somos los principales responsables. Por eso es tan importante el vínculo y el tipo de apego que establecemos con nuestros hijos. Pero en todos los casos podemos y debemos intervenir para ayudarles a establecer relaciones personales sanas y respetuosas.

 

 

Qué hacer cuando tu hijo pega en el colegio

Si pega en el colegio, lo primero que deberíamos descubrir es por qué lo ha hecho. Por lo general, el profesor/a nos explicará qué ha ocurrido; pero es importante que conozcamos también la versión del menor porque así podremos entender qué hay detrás de la reacción. Es posible que la actitud violenta haya sido desencadenada por distintos motivos y hay que entender si ha sido un hecho aislado o se debe a alguna situación que genera malestar en nuestro hijo o hija.

 

 

Cuando nuestro pequeño pega a un hermano en casa o a otro niño en el parque, y estamos presentes; podemos intervenir de inmediato. Pero en el colegio no podemos hacerlo en ese momento. De hecho, en el caso de los más pequeños (por ejemplo, en la escuela infantil) no tiene sentido que les intentemos corregir a posteriori (y mucho menos, reñirles) porque no se acordarán de cuál es el comportamiento negativo al que nos referimos.

En la escuela infantil hay que confiar en el criterio de los profesionales y en que estos atajarán los conflictos (si no es así, deberíamos plantearnos si es el centro correcto). Y, por supuesto, trabajar con nuestros hijos la educación respetuosa en casa para que la interioricen y tengan relaciones positivas en el exterior.

 

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A partir de los tres o cuatro años, sí podemos hablar con ellos de manera calmada y animarles a que nos cuenten qué ha ocurrido. Es lógico que nos preocupemos si nos dicen que nuestro pequeño le ha pegado a un compañero/a de clase. Pero enfadarnos, castigarlos o actuar agresivamente solo conseguirá complicarlo todo: mermaremos su autoestima, generaremos desconfianza y temor.

Y, además, les estamos dando un mal ejemplo. No hay que olvidar que los niños imitan a sus figuras de referencia. Si nos dejamos llevar por la ira o incluso por la agresividad, les estamos indicando que esta actitud es correcta cuando nos enfadamos con alguien, y es muy probable que la repitan con sus iguales o con los más peques. 

 

 

Censurar el comportamiento agresivo pero no el sentimiento que lo provoca

Conversar con nuestros hijos desde la calma nos ayudará a comprender qué ha podido pasar con el compañero/a al que ha agredido. Y no solo debemos comprenderlo nosotros. También ellos. Es importante que identifiquen sus sentimientos para que actúen de forma no violenta cuando los vuelvan a sentir.

Hay que aclararles que pegar no es la forma de solucionar los enfados; que hay otros caminos para llegar a acuerdos con otros. Pero no hay que censurar el sentimiento en sí. Ser firmes pero no autoritarios, y hacerles ver que hay límites pero desde el respeto. También es importante que vayamos ofreciéndoles modelos para expresar sus propios límites de manera asertiva, sin dejarse avasallar ni violentar por los demás.

 

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Los sentimientos no son ni buenos ni malos. Hay algunos que nos provocan bienestar (y por eso los perseguimos durante toda nuestra vida) y otros que nos generan sensaciones negativas. Pero de ellas también se aprende. Es más, puede que sean las que más nos enseñen y nos empujen a seguir adelante. Se aprende más de los errores que de los aciertos, se suele decir. En este caso, es parecido.

Nuestro hijo o hija ha pegado en el colegio. Y eso está mal. Pero si se lo dejamos claro y le damos herramientas para que actúe de una forma respetuosa cuando vuelva a sentir esa sensación, le estamos ayudando a convivir positivamente con otras personas. Y, encima, reforzamos su autoestima e independencia cuando sea capaz de salir del conflicto sin violencia.

¿Qué hacer cuando un niño pega a otro en el colegio?

Aunque depende de cada familia, mi consejo a mis hijas es siempre el mismo: expresa cómo te sientes a la otra persona. Si no te gusta algo, dilo. No te quedes con la sensación dentro. Si la situación que te genera enfado persiste, apártate un poco hasta que te tranquilices.

Y, si aún así te sigues sintiendo mal, crees que se está cometiendo una injusticia o no te gusta lo que está ocurriendo, acude a la profesora y coméntaselo. Pero ni empujes, ni golpees, ni grites ni insultes al otro niño o niña (evidentemente no siempre lo consiguen, sobre todo las más pequeñas).

 

 

En realidad es algo tan básico como ser asertivos. Ser capaces de expresar sus sentimientos, tantos los negativos como los positivos, e intentar llegar a una solución sin faltar el respeto a los demás pero dejando claro que para respetarlos tienen que respetarse a sí mismos. Lo que sienten es igual de importante que lo que sienten los demás.

El siguiente paso es que sepan negociar con la otra persona, pero la regulación emocional en los niños no es un termómetro que puedas regular con un mando. En casa es mi mantra: si no estás de acuerdo, negocia. Pero, claro, al tener tres hijas las discusiones, los celos y las situaciones casi límites son muy recurrentes ¡y a veces soy yo la que se tiene que apartar para respirar y recuperar la calma!

 

 

Por otro lado, si la «costumbre» de pegar es repetitiva, puede haber algo más profundo (y preocupante) que está afectando al menor. Un comportamiento no aparece de la nada. En estos casos, buscar ayuda profesional puede ser una buena idea (si sois miembros de la Tribu de Criar Con Sentido Común, podéis consultar con nuestras expertas para aclarar dudas).

Confianza en los profesionales de la educación

Tanto si es nuestro hijo el que pega en el colegio como si es a él o ella a la que pegan, es importante tener una comunicación fluida con el centro escolar. En alguna ocasión mis hijas han dado y en otras han recibido. En ocasiones aisladas, afortunadamente.

Y en todas las ocasiones, la respuesta que ha dado el colegio me ha parecido la correcta. Defienden una filosofía de cooperación y comunidad (fue una de las razones por las que lo elegimos) que les lleva a actuar de manera inmediata e invitar a los niños, aunque sean pequeños, a hablar entre ellos sobre lo que ha pasado.

 

 

En Infantil lo primero que hacen es una asamblea donde se pone en común todo; incluidas las discusiones o enfados en el grupo. Además, los alumnos de cursos superiores asumen el papel de «hermanos mayores» con los pequeños, estableciéndose relaciones entre todos los alumnos (algo que ha quedado en stand-by por el coronavirus, por desgracia). Y, aún con todo, se producen fricciones.

La comunicación con la maestra o el maestro es importante. Al fin y al cabo es la persona adulta que está presente en el día a día de los pequeños y la que tiene que intervenir cuando se produce cualquier conflicto. Y hay que confiar en que hará lo necesario para que nuestro hijo/a deje de utilizar la agresividad y que el resto no lo etiquete como el «pegón/a de la clase». Es buena idea que le contemos cómo gestionamos el tema de la ira en casa y el que se hace en la escuela. Si no estamos de acuerdo, no obstante, se puede hablar con la dirección del centro para tratar de llegar a una solución consensuada.

 

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