10 Claves para enseñar a los niños a ser más asertivos

Hace poco hablábamos en el blog sobre la importancia de practicar la comunicación asertiva con nuestros hijos. Así les transmitimos la potente herramienta de la asertividad y, de paso, también nos enriquecemos nosotros mismos. En esta ocasión vamos a desarrollar 10 puntos básicos para enseñarles a ser más asertivos.

La capacidad de ser asertivos permite a los peques conectar con nuestras necesidades y les confiere la habilidad de comunicarlas con serenidad para tener más posibilidad de satisfacerlas. Dicho de otra forma: la asertividad es el don de saber pedir, una cualidad clave para la felicidad.

10 Claves para ser más asertivos

Cuando sus deseos y necesidades no son tenidos en cuenta, los niños suelen terminar estallando de forma incontrolada. O, lo que es lo mismo, tienen una rabieta. Al coger un berrinche, sin darse cuenta, se boicotean a sí mismos, ya que esta forma de proceder aleja a los demás y rompe toda posibilidad de negociación, ya que su actitud impide el que sean escuchados y satisfechos.

 

 

Los siguientes 10 puntos son una recopilación de técnicas y herramientas que los expertos en comportamiento humano han demostrado que son útiles para mejorar e inculcar la asertividad. Es importante animar a los niños y niñas desde pequeños a ponerlas en práctica, y así las irán interiorizando poco a poco:

1. Reemplazar los pensamientos negativos

Emociones y pensamientos están íntimamente ligados. A menudo no podemos pedirles a los peques que cambien lo que sienten. En una sana educación emocional las emociones se validan. Tanto las buenas como las malas emociones, no se combaten ni se desprecian; sino que se legitimizan.

Sin embargo, podemos trabajar con ellos para ayudarles a cambiar la forma en la que las interpretan. Esto resulta básico para una correcta gestión emocional. Para empezar, tenemos que trabajar con ellos para enseñarles a sustituir los pensamientos negativos que surgen cuando hay una necesidad, un deseo insatisfecho o se percibe un derecho vulnerado.

 

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Se trata de cultivar el don de pensar egoístamente en positivo. Podemos ayudar a nuestros hijos a cambiar sus pensamientos negativos por visiones más positivas e inspiradoras para que aprendan a expresar sus sentimientos y defender sus ideas sin causar conflicto ni herir a nadie.

2. Expresarse con claridad y serenidad

Como decíamos al comienzo del post, ser asertivos es, sobre todo, tener el don de saber pedir. A menudo suponemos que los demás saben qué está ocurriendo en nuestro interior. A los niños también les pasa y cuando creen esto y sucede algo que les confronta y les hace sentir contrariados, se sienten injustamente tratados y caen en la trampa del victimismo.

Los peques suelen pensar que sabemos lo mucho que les apetece o necesitan tal o cual cosa y suelen tener dificultades para identificar y expresar sus emociones y necesidades de forma controlada, serena, concreta y eficaz. Cuando se sienten insatisfechos, el egocentrismo infantil natural en esta etapa del desarrollo les hace caer en la tristeza y el malestar emocional.

 

 

Es importante enseñarles que si quieren que la gente tenga en cuenta sus deseos y necesidades, deben empezar por expresarlas claramente y con tranquilidad. Esto no siempre garantiza que sean satisfechas (no siempre será posible o existirá acuerdo entre las partes), pero es un primer paso excelente para abrir una nueva vía: la de la negociación.

Cuanto más se practique esta habilidad, tanto más se pulirá y aumentarán sus posibilidades de conseguir lo que desean o necesitan (si está legitimizado). El trabajo aquí consiste en ayudarles a interiorizar que expresar sus deseos es mucho mejor que enfadarse porque los demás no cumpla sus expectativas.

3. Existen puntos de vista, no verdades absolutas

La asertividad nos confiere la habilidad de defender nuestro bienestar, pero no transforma nuestras necesidades en las únicas legítimas ni nuestro mensaje en la única verdad. En otras palabras: ser asertivos no nos da la razón. 

Para que los niños entiendan esto es necesario explicarles que, por lo general, no suele existir una única verdad, sino múltiples puntos de vista. Y que cada persona en función de su educación, experiencia y forma de ser, cree en determinadas cosas.

 

 

El trabajo en este caso consiste por hacer ver a los peques que su punto de vista no es el único y que hay que saber escuchar a los demás en todo momento, incluso aunque no siempre estemos de acuerdo con ellos. Decir lo que pensamos y sentimos con honestidad y saber escuchar el punto de vista ajeno es enormemente enriquecedor para todos.

Pero también es importante enseñarles que una verdad que nunca les puede ser negada es cómo se sienten. Nadie puede discutirles nunca si están contentos, tristes o enfadados porque solo ellos mismos experimentan sus sentimientos. De la misma forma, tampoco ellos pueden rebatir a los demás lo que sienten.

4. Tener un objetivo

Para ser asertivos los niños no deben aprender a exponer tan solo las situaciones, también deben dejar muy claro lo que quieren. Si al comunicarse con los demás solo exponen un problema sin ofrecer una solución, les traspasan toda la responsabilidad a ellos. Lo que decidan quizás les guste o quizás no, pero no tendrán derecho a quejarse porque han cedido el control a otros y les han dejado plena libertad para decidir en su lugar.

Por ejemplo: si nuestro hijo acude a la profesora quejándose del comportamiento de un compañero durante el juego, la docente quizás decida apartar a ambos niños del recreo hasta que dialoguen y aprendan a cooperar. La decisión la ha tomado la persona a la que se ha acudido para solventar el problema y puede que disguste a los niños, pero deberán respetarla porque le han concedido el poder de interceder por ellos.

 

 

Si, por el contrario, nuestro hijo acude a la profesora planteando la posibilidad de hacer una pausa en el juego para aclarar un malentendido, u organizar el juego de tal manera que se evite la confrontación con otros participantes; el niño tendrá mucho más control sobre la solución a su problema, y podrá encaminar la misma a la consecución de su objetivo: jugar tranquilamente con el resto de sus compañeros.

No siempre es fácil saber lo que se quiere, así que es recomendable que les pidamos a los peques que lo piensen detenidamente. Cuanto más claro tengan lo que quierenmás probable será que lo consigan. Y, en cualquier caso, no deben confundir su objetivo con ganar una discusión. Son dos cosas bien distintas.

5. Ser lo más concretos posible

Además de conocer cuál es su objetivo real, debemos enseñar a los peques a ser capaces de transmitir con eficacia, exacta y detalladamente lo que quieren, y no una vaga idea general. Esto es fundamental para llegar a comunicar con precisión sus necesidades, así como para defender sus intereses.

 

 

Debemos enseñar a los niños que mantener una conversación en la que tan solo expresen su enfado, no tiene ninguna utilidad. Por eso es importante recordarles que sean cuanto más específicos mejor. Solo de esta forma podrán comunicar, defender y atender realmente sus necesidades. Para ello, lo mejor es ayudarles a expresarse haciéndoles preguntas con las que puedan sondear y detallar sus emociones, deseos y necesidades. 

6. Hacer referencia a hechos y no a juicios

Es muy importante que acostumbremos a los peques a reflexionar sobre los hechos objetivos y concretos antes de comenzar un diálogo en el que vayamos a defender nuestras necesidades o deseos frente a terceras personas. Para ello, es fundamental no dejarse llevar por conclusiones o pensamientos subjetivos.

Saber diferenciar los hechos de su interpretación emocional, es lo que les hará inmunes al malestar emocional. Aunque es necesario validar sus emociones y enseñarles a transmitirlas adecuadamente, también lo es evitar que los demás se sientan agredidos, juzgados o criticados por nuestras palabras a la hora de comunicarnos con ellos.

 

 

Podemos ayudar a nuestros hijos a manifestar sus emociones ante otros sin culpabilizarles de las mismas. Una buena forma de hacerlo en enseñarles a referirse a un hecho de forma objetiva primero, para después explicar cómo nos sentimos ante él en función de cómo lo interpretamos nosotros, y dejando después que la otra persona nos explique su forma de entenderlo.

Por ejemplo: en lugar de acusar a María de querer hacernos daño lanzando la pelota fuerte contra nosotros, hablamos con ella para que entienda que al lanzar la pelota fuerte contra alguien, la otra persona puede sentir que no es bien recibida en el juego, además de causarle daño. En este caso María podrá comprender que lo que criticamos en una conducta muy específica de su comportamiento, y no se sentirá atacada ella como persona.

7. Desarrollar los motivos

Añadir motivos a lo que pedimos o rechazamos es aumentar las probabilidades de conseguir nuestro objetivo. De esta forma, nuestro interlocutor ve que hay una razón real que sustenta nuestra petición, y que esta no es solo un capricho.

La psicología cognitiva nos explica que cuanta más información damos a alguien, menos margen tiene su imaginación para fantasear con causas no reales. De hecho, diversos estudios psicológicos han demostrado que la palabra más eficaz para persuadir es «porque».  

 

Enseñar a los peques a justificar lo que hacen, quieren o piden cuando sea necesario, refuerza su petición y ofrece un argumento lógico a sus interlocutores. Por eso, cuando le pedimos un favor a alguien, es más probable que nos lo conceda si también le damos un motivo para hacerlo.

Por supuesto, en el otro extremo, los demás están en su perfecto derecho a negarse ante su petición. Esto es recíproco (también nosotros podemos negarnos a conceder deseos o favores) y también es necesario que los niños lo entiendan. Pedir no es sinónimo de conseguir. Pero dar un motivo es bueno porque resta agresividad al mensaje, proporciona una explicación a nuestro comportamiento, legitimiza nuestros deseos y nos da mayores oportunidades de conseguir nuestro objetivo.

8. Usar «yo» en lugar de «tú»

Es habitual que en las confrontaciones las demás personas se sientan atacadas, criticadas o cuestionadas. Utilizar la palabra “tú” en nuestros argumentos puede interpretarse como una acusación. Entonces, como mecanismo de auto-protección, las personas se cierran y se distancian.

Para transmitir la idea de que no estamos criticando a la persona, podemos enseñar a nuestros hijos a poner el foco en el «yo». Esto les permite expresar su punto de vista evitando que la otra persona se ponga a la defensiva. Por ejemplo: en lugar de decir “Me has tratado mal (Tú)” podemos decir “Me siento herida (Yo) por cómo me has hablado”.

 

 

Básicamente estamos diciendo lo mismo, pero ponemos el foco de atención en nuestros sentimientos y no en los errores de la otra persona. Así generamos empatía. Porque para el de en frente es mucho más fácil empatizar con el sentimiento de tristeza (por ejemplo) que con el hecho de que puedan haberlo causado ellos.

Enseñar a los peques que la clave es usar “Yo” en lugar de “Tú” no es una tarea sencilla. Ellos siempre tienden a transmitir su queja por aquel o aquello que les ha hecho sentir mal… pero podemos practicar a menudo con ellos para que expresen adecuadamente lo que sienten y creen, en lugar de lo que hace la otra persona. Así, a la larga y poco a poco, conseguirán que sus mensajes sean mucho mejor aceptados y tenidos en cuenta.

9. Contagiar las emociones

Otra de las ventajas de los mensajes “Yo” es que son muy difíciles de discutir porque siempre irán seguidos de una emoción o sensación ¡y nadie nos puede discutir nunca cómo nos sentimos! Las emociones se contagian al hablar de ellas. Cuando expresamos lo que sentimos la gente empatiza con nosotros porque conocen la emoción a la que nos estamos refiriendo. Este proceso de identificación facilita enormemente la comunicación.

 

 

A veces las personas no son del todo conscientes de las consecuencias que sus palabras o acciones tienen sobre el estado emocional de los demás. Describir nuestras emociones probablemente les sorprenda y les haga reflexionar… Por ello, enseñar a los peques a describir con precisión sus emociones les ayudará a que la gente empatice más con ellos y se muestre más receptiva a sus peticiones.

10. Cuidar el lenguaje corporal

Si queremos ser tenidos en cuenta cuando hablamos a los demás, conviene que no encojamos ni empequeñezcamos nuestra postura. Debemos mantener una postura corporal firme y calmada. En un estudio realizado en 2010 con estudiantes y hombres de negocio en las universidades de Harvard y Columbia, descubrieron que los líderes más efectivos presentaban altos niveles de testosterona y bajas concentraciones de cortisol en su sangre, asociadas al estrés y el nerviosismo.

 

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También descubrieron que es posible modificar los niveles de estas hormonas en sangre gracias a la propiocepción. En concreto, encontraron un tipo de posiciones (las llamadas «Posturas de Poder»), que incrementan la producción de testosterona y reducen los niveles de cortisol.

Las Posturas de Poder son aquellas que hacen tu cuerpo tan grande como sea posible, como la posición que adoptan los deportistas cuando ganan una competición (brazos levantados, pecho hinchado, cabeza ligeramente hacia arriba y boca abierta) o las personas cuando están orgullosas (manos apoyadas en la cintura, piernas separadas, mentón hacia arriba). Estas posturas son innatas: las adoptan incluso los atletas ciegos pese a no haber visto nunca a nadie hacerlas.

Lo que el estudio reveló es que mantener una postura de este tipo durante 2 minutos podía alterar la producción hormonal y hacer que la gente se comportara de forma más asertiva. Por el simple hecho de que al adoptar una postura firme y confiada nos sentimos mejor y rebajamos nuestro nerviosismo.

Para transmitir a los niños y niñas un correcto lenguaje corporal, podemos empezar enseñándoles a dirigirse a los demás mirándoles a los ojos y a hablar sin titubear, en un tono de voz lo suficientemente alto para ser escuchado sin problemas (pero no tan alto como para resultar agresivo), encarando con su cuerpo frente a frente al interlocutor y no bailando sobre los pies, ni encorvando la espalda mientras se comunican con los demás.


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