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Mi hijo/a pega: 10 consejos para gestionar la situación 

Averigua las causas por las que los/las niños/as pegan y qué hacer para reconducir su conducta

Cuando nos convertimos en madres o en padres todo un mundo de expectativas y temores nuevos se abre ante nosotros. ¿Cómo serán nuestros hijos? ¿Seremos capaces de educarles bien? ¿Cómo afrontaremos los retos del día a día?

Es frecuente que se produzca en nosotros un terremoto emocional que nos sacuda hasta los cimientos y donde un día dijimos «cuando yo tenga hijos no…», acabamos pensando «igual no pasa nada si…».

Reafirmar la propia identidad

Cuidar de un bebé es una tarea agotadora que absorbe toda nuestra energía. Nos necesitan para alimentarse, para estar a salvo y, lo que es más importante, para sentirse a salvo.

Se hacen eternas las noches sin dormir bien y pensamos que cuando crezcan un poco y sean menos dependientes todo será más fácil. Pero va pasando el tiempo y donde desaparecen unas preocupaciones aparecen otras nuevas.

En torno a los dos años de vida, un niño comienza a «independizarse» de su madre (o de quien haya ejercido el papel de cuidador principal). Entienden que son personas diferentes a nosotras y sienten la necesidad de reafirmar su propia identidad.

Es por eso que en esta etapa es tan frecuente escucharles decir su palabra favorita: «NO»; porque así demuestran que no son como nosotras, que no piensan como nosotras, que no quieren lo mismo que nosotras. Que existen, al fin y al cabo, como personas diferentes a nosotras. 

 

 

Y cuando pensábamos que tendríamos un descanso porque ya no habría que cuidarles tanto, nos encontramos con otro reto aún mayor.

¡Que ahora tenemos que educarles! 

¡Socorro! Mi hijo pega

Y llegan nuevos quebraderos de cabeza: que si las rutinas, que si las relaciones en el parque, que si en el cole le dicen una cosa y nosotros pensamos otra… y, a menudo, nos encontramos con un reto con el que no habíamos imaginado que tendríamos que lidiar: mi hijo/a pega.

Porque nuestros niños/as no iban a pegar, porque eso lo hacen otros niños/as, que ven que sus padres les pegan a ellos, que han interiorizado la violencia como algo normal…

Pero nosotros somos padres conscientes y respetuosos que jamás le hemos puesto una mano encima, nuestra hija no ha visto la tele para aprender ningún modelo que ejerza la violencia de ninguna manera, así que nuestra niña no va a pegar.

 

S.O.S. Mi hijo pega

 

Y un buen día, le dices que es hora de recoger los juguetes, se enfada y te suelta un guantazo. No, no te ha lanzado un juguete, que puedes pensar que está jugando y no ha medido bien su fuerza. Viene corriendo hacia ti con cara de enfadado y te suelta un manotazo en toda la cara.

Abres los ojos cual emoticono de WhatsApp y repites mentalmente: «Me ha pegado. Mi hija me ha pegado». Y ahí, entre el asombro y el miedo de estar haciendo algo mal, se disparan todas las alarmas: ¡Socorro! Mi hija pega. 

¿Por qué pegan los niños?

Los motivos por los que los niños pegan pueden ser diversos, y la forma en la que podemos abordar la situación va a depender mucho de en qué circunstancias se dé esa situación. 

Tenemos tendencia a pensar que pegan porque lo han visto en su casa y/o porque sus padres les pegan, y hay parte de verdad en ello, ya que sabemos que imitan nuestras conductas.

En realidad, cuando son agredidos por sus padres, lo que aprenden es que se puede ejercer la violencia desde las posiciones de poder, es decir, con aquellos que consideren inferiores a ellos; por lo que es probable que se conviertan en agresores de otros niños o niñas más pequeños o iguales a ellos.

 

S.O.S. Mi hijo pega

 

Puede ser que durante la adolescencia se rebelen contra sus padres o sus superiores, o puede que continúen y avancen hacia la vida adulta en una actitud de sumisión teñida por el miedo; pero raramente una niña (o niño) pequeña que es agredida por sus padres, va a ser capaz de rebelarse contra ellos.

Si eres de los que piensan que más vale un cate a tiempo, este artículo no es para ti. Ninguna de las estrategias que pueda ofrecerte van a funcionar, porque ya sabemos que el ejemplo es la herramienta educativa más potente y la violencia solo engendra violencia.

Sin entrar a debatir sobre estos modelos educativos que además de no ser respetuosos son ilegales, vamos a profundizar un poco más en la pregunta que nos martillea la cabeza una y otra vez a quienes, ingenuos de nosotros, alguna vez pensamos que si nosotros no les pegábamos, nuestros hijos no iban a pegar. 

¿Por qué pega si yo no le pego? 

Pues por varias razones y todas relacionadas con un mismo hecho: su inmadurez. El cerebro de los niños está aún en construcción y la parte que se encarga de regular y controlar sus emociones no está aún operativa. Es por ese motivo que las emociones infantiles son tan intensas y se dan siempre sin filtro.

 

 

Veamos algunas de las situaciones en las que suelen pegar:

No controlan su fuerza 

En este caso, no pegan de manera voluntaria. Simplemente, están jugando o quieren coger algo y no miden sus movimientos ni controlan la intensidad.

Pueden empujar a alguien mientras corren o hacerle daño a otras niñas al arrebatarles un juguete, por ejemplo. Estas situaciones se producen por falta de habilidades motoras y experiencia social. 

Pegan cuando están enfadados

Ya hemos visto que las emociones infantiles son muy intensas y no tienen filtro. Nos encanta cuando ríen a carcajadas, que parece que se les va la vida en ello. Pero, ¿qué pasa cuando se enfadan? Pues lo mismo.

La ira es una emoción necesaria, es el germen de la justicia social. A todos nos enfadan ciertas situaciones que hacen estallar el fuego de la rabia dentro de nosotros. Y, ¿cómo reacciona un niño que se siente atacado, o juzgado o simplemente contrariado? Pues en muchas ocasiones, pegando.

Es una reacción instintiva y primitiva natural a estas edades. De hecho es una reacción que se desencadena en la parte más primitiva de nuestro cerebro, la que compartimos con animales con una estructura cerebral mucho más simple, como los reptiles. Y ya sabemos cómo actúan los animales salvajes cuando se sienten en peligro. Atacan. 

 

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Pegan sin venir a cuento 

Esta es la que más nos desconcierta. Estamos tan tranquilos jugando a cualquier cosa o nos acabamos de despertar y les estamos dando los buenos días y de repente, pum, ahí la llevas.

Pues, a veces, están expresando otro tipo de emociones distintas al enfado que tampoco saben aún cómo gestionar: alegría, nerviosismo… y la impulsividad propia de esta etapa les lleva a soltar un manotazo en lugar de darte un abrazo o frenar el ritmo para relajarse.

Pegan como un juego

En ocasiones pueden pegar porque se convierte en un juego divertido, del mismo modo que sucede con tirar cosas por los aires o cualquier otra actividad que tenga como consecuencia una reacción determinada por nuestra parte.

En este caso suele ser muy evidente: viene, te pega y sale corriendo riéndose esperando que lo persigas con tu retahíla «que estoy harta de decirte que no se pega, pero bueno, ¿cómo te lo tengo que decir?».

Pues siento decirte que lo que para ti es un suplicio para ella se ha convertido en un juego la mar de divertido, y mientras siga pareciéndole un juego y consiguiendo tu atención de esa manera, seguirá haciéndolo. 

Pero, ¿por qué mi hija pega y la del vecino no?

Porque detrás de todo padre angustiado porque su hija pega hay un vecino que tiene una niña que no pega y que vaticina que la tuya acabará en «Hermano Mayor» como no le pongas remedio a esto ya. Y si es con dos cates bien dados, mejor que mejor.

Pues bien, en primer lugar, tranquilo, tu hija no va a acabar siendo una delincuente juvenil porque con 2 años te pegue a ti. Ni siquiera porque pegue a otros niños en el parque.

 

 

En segundo lugar, la niña del vecina no pega a saber por qué, que lo mismo es porque le ha salido una niña así de fácil, como los que duermen toda la noche del tirón desde que nacen, pero no te tortures, esos niños siempre son los de las vecinas, qué le vamos a hacer.

Así que en lugar de torturarte pensando qué es lo que estás haciendo mal para que tu hija pegue vamos a pensar en qué es lo que podemos hacer bien para que esta etapa (que ya hemos visto que es natural en la primera infancia), nos sirva para sentar los cimientos de una educación emocional sana y respetuosa con nuestros hijos. Así que…

¿Qué podemos hacer?

Vamos a ver algunos consejos para prevenir estas situaciones y, cuando no sea posible evitarlas, aprovecharlas como una oportunidad para educar:

1. Supervisa

Si tu hijo está en esa etapa en la que pega antes que canta un gallo y estáis con más niños pequeños, lo primero es estar alerta para poder intervenir antes de que pegue y así evitar que lastime a otro pequeño.

 

S.O.S. Mi hijo pega

 

2. Distráele

Si estás viendo cómo corre hacia su hermana con el palo de la escoba de juguete en alto, cual espada, dispuesto a descargar sobre su cabeza, y no te da tiempo a interponerte en su camino, llama su atención con cualquier cosa.

Suele ser más efectivo que gritarle desde lejos que no lo haga. «¡Miraaaa!», seguido de cualquier cosa que se te ocurra enseñarle en ese momento. A esta edad son tremendamente curiosos, ¡aprovechemos esa baza!

3. Redirige

Si viene hacia ti con la mano en alto decidido a regalarte un guantazo, dile «¡choca!» y ofrécele la palma de tu mano. Redirige su energía para que pueda liberar esa tensión sin pegarte. También puedes hacerlo cuando vaya a pegar a otra persona si llegas a tiempo.

4. Frénale

Si ves que va a pegarte a ti, sujétale firme y suavemente para que no lo haga. Puedes acompañarlo de un abrazo y una frase de amor y firmeza. «Te quiero y no me gusta que me peguen».

También puedes apartarte lo suficiente para que no alcance a pegarte y explicarle que no quieres que te pegue y ese es el motivo por el que te alejas.

No se trata de apartarte y negarle tu amor o tu consuelo si lo está pasando mal. Déjale claro que es solo una medida de autoprotección y que podéis estar juntos y cerca sin lastimaros. Así también les estamos enseñando, desde el ejemplo, a no permitir que les peguen.

5. Enséñale a tocar

Si ha lastimado a alguien porque aún no controla su fuerza pero no tenía intención de pegar, muéstrale cómo hacerlo. Puedes decirle «suave» mientras le enseñas a acariciar, y le explicas que de la otra manera hace daño. 

6. Ofrécele un cojín

Si está muy enfadado/a y necesita liberar esa rabia de alguna manera, no basta con decirle que no se pega. Vale, no se pega, pero qué hago yo con este volcán que me estalla dentro. No es bueno reprimir las emociones. Es necesario dejarlas fluir.

Ofrécele alternativas para gestionar su ira sin dañar a nadie. Por ejemplo, pegándole a un cojín. Sí, ya sé que eso también es pegar, pero también hay adultos que descargan sobre un saco de boxeo. Mejor que tenga estrategias para dejar salir esa rabia que aprender a reprimir sus emociones. Con el tiempo puedes trabajar alternativas al cojín, para que no necesite golpear nada, pero tenga la oportunidad de canalizar su emoción igualmente.

 

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7. Pídele un abrazo

Si estáis enfadados y ves que la situación os está llevando a perder el control (y ya sabemos cómo reacciona nuestro pequeño cuando pierde el control), frena en seco y pídele un abrazo. Resetea. No hay nada que reconforte y nos acerque más que un abrazo. Enséñale autocontrol desde el ejemplo reconduciendo la situación antes de descarrilar.

8. Cambia de juego

Si pegarte se ha convertido en un juego divertido para él y sientes que te reta porque te pega y se ríe, ¡cambia el juego!

Normalmente, cuando se ríen en estas situaciones suelen hacerlo por nerviosismo, pero también puede ser que le parezca divertida toda la parafernalia que montas cada vez que te pega.

Toca tirar de imaginación y cambiar de estrategia. También puedes incluso introducir otro juego que reconduzca la situación antes de que pegue: «¡A que no me pillas! ¡Estatuas! ¡Quien se mueva pierde!».

 

9. Muéstrale las consecuencias

A veces (muchas veces, probablemente) no vas a poder evitarlo y el guantazo (o la patada o el pellizco) va a llegar. La consecuencia natural de su acción es que te duele.

No confundamos consecuencia con castigo. Cuando te pega, te lastima. Házselo saber. Díselo, teatraliza si es necesario: «¡Ay! Me duele».

Puedes mostrar tu enfado o tu pena con naturalidad. Sin hacer un drama ni entrar en el juego de la culpabilidad, pero es natural que nos enfademos cuando alguien nos trata mal. Y se me ocurren pocas formas peores de tratar a alguien que pegarle.

10. Ármate de paciencia

Ya hemos visto que la causa primigenia de que los niños peguen está en la falta de madurez de su cerebro. Después están también, por supuesto, los modelos que les ofrecemos desde una sociedad en la que la violencia, por desgracia, está ampliamente normalizada y extendida.

Pero aunque metiéramos a nuestro hijo en una burbuja y solo recibiera nuestra respuesta a sus acciones, su proceso madurativo es el que es y no va a dejar de pegar en dos días ni en cuatro. Así que toca asumir que este es un trabajo de pico y pala.

Un trabajo que merece la pena ya que a largo plazo estaremos construyendo una relación sana con nuestros hijos e hijas y les estaremos enseñando a gestionar sus emociones. Lo cual es muy necesario en este mundo nuestro en el que todos somos, en menor o mayor medida, discapacitados emocionales. 

 

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