¿Por qué los niños actúan de forma irracional? La ciencia contesta

Las emociones evolucionan biológicamente y a los menores hay que enseñarles a autorregularse

El cerebro del ser humano sigue siendo un misterio en muchos aspectos y quizás por eso fascina tanto a los científicos. A los adultos muchas veces nos sorprende (e incluso incomoda) ver que los niños actúan de forma irracional frente una situación aparentemente sin importancia.

Entender por qué los seres humanos reaccionamos de una u otra manera ante determinadas situaciones no es fácil y mucho menos si se trata de un niño o una niña. Esas reacciones «exageradas», sin embargo, pueden responder a distintas razones.

No todos los niños y niñas tienen reacciones impulsivas, o no en la misma medida. Algunos simplemente pueden interrumpir y otros asumir riesgos incluso físicos, como meterse algo en la boca o subirse a la tapia más alta que encuentran. Sin embargo, la irracionalidad no está solo ligada a la infancia. Los adultos también reaccionamos de manera irracional sin darnos cuenta (cuando, por ejemplo, realizamos compras compulsivas de las que luego nos arrepentimos).

 

 

¿Qué dice la ciencia de actuar de forma irracional?

Según la Teoría del Cerebro Triuno (Paul D.McLean, 1970), la mente humana se construye en base a tres cerebros que se superponen de manera evolutiva:

  • El reptiliano, que se corresponde con el instinto y que, por ejemplo, cubre nuestras necesidades más primitivas como la propia supervivencia.
  • El límbico o cerebro emocional, donde residen nuestras emociones y se mueve en base a percepciones no conscientes.
  • El neocórtex, donde se encuentra el razonamiento consciente y nos permite reflexionar.

La evolución de las emociones están programadas de forma biológica. Un recién nacido, por ejemplo, está dominado por las emociones más básicas y por eso su forma de comunicarse será como un estallido y pasará de la tristeza a la alegría sin término medio.

 

 

Sobre las repercusiones de la irracionalidad en el comportamiento del ser humano hay diversas investigaciones. Una de las más significativas es la del Premio Nobel de Economía de 2017 Richard Thaler, quien desarrolló un modelo matemático para comprender y predecir cómo algunas decisiones humanas se toman de forma irracional. Utilizó como base la teoría de las perspectivas del psicólogo Daniel Kahneman (quien casualmente también ganó el Nobel de Economía en 2002).

Según esta teoría de las perspectivas, el ser humano tiene un sistema dual de pensamiento compuesto por una parte racional y otra instintiva que es inmediata e inconsciente. Esta sufre sesgos cognitivos y simplifica la toma de decisiones. Thaler desarrolló el concepto de nudge (empujón en inglés), según el cual, una intervención externa dirigida a esa parte irracional del cerebro puede cambiar el comportamiento de una persona.

Razones por las que los niños actúan de forma irracional

Si los adultos actuamos a veces sin pensar, es fácil comprender que los niños también actúan de forma irracional en algunas ocasiones. La diferencia está en que hasta que aprenden a autorregularse y controlarse (hasta que les ayudamos a aprenderlo, más bien), las emociones centrarán su comportamiento y se moverán por impulso.

 

 

La impulsividad puede llevarles a tener dificultades a la hora de asumir reglas; reaccionar de forma muy llamativa frente a la frustración o la decepción; a no entender que su comportamiento afecta a otras personas; o incluso a mostrarse agresivos con otros niños y niñas.

¿Y de dónde surge esa impulsividad? Pues hay distintas razones. La principal es la inmadurez pero no es lo único. La falta de sueño, el estrés y la frustración también pueden llevarles a mostrarse irracionales. Es posible que sea el miedo o la fobia a algo lo que lo lleve a actuar de forma irracional. Si tienen problemas en el colegio o en su día a día puede ser otra razón.

Además, si son pequeños, es posible que no sean capaces de transmitir cómo se sienten porque no tienen las herramientas para hacerlo. A veces nuestro hijo reaccionará de forma que puede parecernos exagerada sin ninguna intención, sino simplemente porque le falta práctica a la hora de comunicarse.

 

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En algunas ocasiones puede haber algo más detrás de un comportamiento irracional, como por ejemplo el TDAH. Algunas de las personas con este trastorno pueden mostrar impulsividad como uno de sus rasgos principales. Son casos en los que necesita apoyo profesional. Aquí en la Tribu de Criar Con Sentido Común puedes pedir asesoramiento si el comportamiento de tu hijo o hija te preocupa.

Investigación sobre las conexiones del cerebro y la impulsividad

Los científicos también han querido indagar en cómo se comporta el cerebro de un niño en esos momentos de irracionalidad. En España, un grupo de investigadores de la Universidad de Murcia publicaron en 2014 un estudio en que se planteaban si la conectividad del cerebro infantil está relacionada con la impulsividad de los menores.

Para hacerlo reclutaron a 24 padres y madres a los que preguntaron sobre la impulsividad de sus hijos a través de una encuesta. Posteriormente, a través de técnicas de neuroimagen de los niños, estudiaron los patrones de conectividad cerebral y lo relacionaron con lo que habían descrito los progenitores.

 

 

Comprobaron que a mayor impulsividad más alteración de las conexiones entre el córtex cingulado posterior (relacionado con la memoria topocinética y que podría influir en el autocontrol) y el giro angular derecho (responsable de la empatía y la comprensión). Y esto mismo ocurre en personas que pueden desarrollar en el futuro problemas de conducta. Esto no significa que todos los menores impulsivos acaben así pero, según los investigadores, los patrones podrían servir como marcadores biológicos.

¿Qué podemos hacer ante un niño que se deja llevar por los impulsos?

Como padres lo único que podemos y debemos hacer es ayudar a nuestros hijos porque esa irracionalidad no se produce para fastidiar a nadie. Hay que ayudarles a pensar antes de que se dejen llevar y actúen de forma irracional. Esto, evidentemente, no surge de la noche a la mañana sino que es un proceso que acompaña a su desarrollo cognitivo. Y lo mejor que podemos ofrecerles es nuestro ejemplo. Si les enseñamos técnicas y herramientas para alejarse del conflicto hasta que hayan recuperado la calma y puedan abordar la situación con calma, estaremos ayudándoles a desarrollar una habilidad que les acompañará toda la vida.

Los bebés y los niños más pequeños se mueven por instinto y en base a sus necesidades más primarias. Tienen poco autocontrol y no saben regular sus emociones. A ello se une que no tienen herramientas para comunicarse (hasta los tres años, aproximadamente, no sabrán utilizar el lenguaje de manera más o menos fluida). Luego, empezarán a canalizarlas a través de las temidas rabietas.

 

 

Ayudarles permitirá que ganen en confianza en sí mismos, que maduren y también influirá en su autoestima. ¿Cómo deberíamos abordarlo? Lo primero que deberíamos plantearnos entonces es qué hay detrás del comportamiento irracional (inmadurez, frustración, estrés…) y averiguar qué lo desencadena.

Para mejorar el autocontrol, primero hay que ponerle nombre a su sentimientos y preguntarles de manera respetuosa y practicando la escucha activa, de modo que ellos mismo vayan descubriendo qué les pasa y lo identifiquen cuando la oleada se repita. Estar presentes y ser comprensivos nos permitirá acercarnos a ellos y darles pautas para controlarse. Hacer algo que les gusta puede ayudarles también. De hecho, el juego puede ser una fórmula maravillosa para trabajar las emociones.

 

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Comprensión, acompañamiento y valorar sus fortalezas también mejorarán su autoestima. Las emociones son innatas en los seres humanos pero se van haciendo complejas a medida que los niños crecen. Y el contexto social también influye. No hay emociones buenas ni malas. Simplemente las sentimos. Está en nuestra mano ayudarles a controlarlas para que no haya desequilibrios y para que sepan expresarlas y manejarlas a lo largo de sus vidas.

 

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