La carnes blancas en la alimentación infantil: pollo, pavo y conejo

Las carnes blancas están especialmente recomendadas para el consumo infantil por ser saludables y ricas en nutrientes esenciales

El pollo, el pavo y el conejo pertenecen a la familia de las carnes blancas y suelen ser las primeras en introducirse a partir de los seis meses del bebé, con la llegada de la alimentación complementaria como añadido a la leche materna o de fórmula. En este post vamos a ver qué aportan las carnes blancas en la alimentación infantil y cómo introducir el pollo, el pavo y el conejo.

Lo cierto es que el orden en la introducción da igual, según la Asociación Española de Pediatría, aunque es mejor empezar poco a poco para ir comprobando qué alimentos le sientan bien (uno o dos alimentos nuevos cada semana). Y, además, conviene priorizar los alimentos ricos en hierro.

Tradicionalmente se suele empezar con frutas, verduras y hortalizas. Sin embargo,  conviene introducir en cuanto sea posible cereales, legumbres, pescado y carnes. También es posible que, antes de todo esto, el bebé ya haya probado alguno de los alimentos que ingieren los padres. En cualquier caso, ¿qué aporte nutritivo tiene este trío? ¿Cómo hay que preparar las diferentes variedades? Vamos a verlo.

Cualidades del pollo, el pavo y el conejo

Las carnes (también los pescados y los huevos) son fuente de proteína de alto valor biológico (alrededor de un 20%). También tienen vitaminas del grupo B, fósforo y mucho hierro; de hecho, son uno de los alimentos que más cantidad de hierro de buena absorción (hierro hemo) proporcionan, rondando el 25% de absorción.

 

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Generalmente se aconseja que los niños tomen sobre todo carnes blancas (no a diario) y que se vigile la forma en la que se cocinan (de eso hablamos más adelante). Detengámonos en cada uno:

El pollo

Es una de las aves más consumidas y, por qué no decirlo, más baratas. Es, además, muy versátil a la hora de cocinarla. Su carne es de las más magra, aunque el contenido en grasa es bajo. El pollo es tierno y fácil de digerir. Además de proteínas, aporta ácido fólico y vitamina B3.

En cuanto a los minerales, contiene mucho fósforo y potasio, aunque menos hierro y zinc. En cualquier caso, su aporte de hierro está en 1,5 mg por cada 100 gramos de porción comestible de alimento. Es muy nutritivo pero con pocas grasas y calorías: 100 gramos de pollo aportan 125 calorías (sin piel).

 

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El pavo

Al igual que el pollo, tiene poca grasa y es fácil de digerir. Su nivel de proteínas es muy alto y es una carne rica en hierro de fácil absorción (un muslo de pavo supone 2 mg por cada 100 gramos de porción de alimentos). Es destacable, por otro lado, el gran contenido de otros minerales como el potasio, el magnesio, el fósforo y el zinc. También aporta ácido fólico y vitaminas B3 o niacina, beneficiosa para el cerebro (igual que el pollo).

El conejo

Se trata de una carne que tiene un gran valor nutritivo y, además, es muy saludable puesto que es baja en calorías, en colesterol y destaca por su alto nivel de aminoácidos esenciales y proteínas. Es rica en hierro (al mismo nivel que el pollo) y con pocas grasas saturadas.

 

La carnes blancas en la alimentación infantil: pollo, pavo y conejo

 

Al igual que las otras dos, tiene muchas vitaminas del grupo B (de hecho, es la carne más rica en vitamina B3 y vitamina 12, que preserva las células neuronales). No es una carne muy habitual pero es blanda, fácil de masticar y muy digestiva.

¿Cómo introduzco las carnes blancas en la alimentación infantil?

Durante el primer año del bebé se recomienda que las carnes se preparen deshuesadas, sin piel y se cocinen hervidas, junto a las verduras. Posteriormente se puede optar por otras formas de cocinar estas carnes blancas como el asado, a la plancha o en guisos. Eso sí, las cantidades deben ser muy pequeñas: con 20-30 gramos al día se alcanza la ingesta diaria de proteínas del niño. El exceso de proteínas está relacionada con un mayor índice de obesidad en el futuro.

Hay que tener en cuenta que hay otros alimentos que son ricos en proteínas, como las legumbres, los cereales o las semillas. ¡Y por supuesto la leche materna! La alimentación complementaria no es más que eso, un complemento. La leche materna contiene una cantidad muy importante de proteínas (1,3 gramos de proteínas por cada 100 kcal); y al menos hasta el primer año debe ser la fuente principal de alimentación del bebé.

 

 

Hay varias opciones para su preparación, siempre teniendo en cuenta que comer bien significa usar el sentido común. Los alimentos no son buenos o malos. Hay buenos y malos hábitos, que dependerán en gran medida del ejemplo que le demos a los peques.

Si optamos por alimentos triturados, las carnes blancas se suelen desmenuzar y mezclarse con el puré de verduras. A partir del año, lo cierto es que deberíamos desechar la batidora. Con los primeros dientecitos se les puede ofrecer en trocitos pequeños.

En el caso del pollo, las más adecuadas son la pechuga y el muslo. Respecto a la cocción hay que estar seguros de que la carne está bien hecha para evitar cualquier bacteria. También en el caso del pavo la parte más apropiada es la pechuga sin piel.

 

La carnes blancas en la alimentación infantil: pollo, pavo y conejo

 

No se recomienda ahumado o en fiambre por los conservantes que suelen llevar. En el caso del conejo hay que elegir piezas jóvenes y rosadas, con las patas flexibles. Es menos sabrosa pero más fácil de digerir.

El pollo, el pavo y el conejo con el método BLW

En el caso de las familias que opten por el Baby Led Weanig (BLW) la forma de introducir el pollo, el pavo y el conejo es distinta porque la filosofía también lo es. Aquí es el bebé el que manda y el que elige qué quiere probar. También se da prioridad a ofrecer los alimentos de forma que sean fáciles de agarrar.

 

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Al principio se utilizan modos sencillos de cocción (pero hay que asegurarse de que están bien cocidos para evitar riesgos). El BLW también incluye otras modalidades como el guiso o la plancha. ¿Cómo se lo ofrezco entonces? Hay varias opciones: en trozos grandes (si es muslo de pollo, deshuesado); en tiras transversales; desmenuzada (sobre todo si el pequeño ya se maneja con el pulgar y el índice y es capaz de hacer pinza); también en hamburguesa casera (porque la del súper puede llevar sal y otros condimentos que no debemos ofrecer a un bebé) y finita (para asegurarnos de que la carne se hace bien); en croquetas (también caseras); o como ingrediente de salsas para platos como los de pasta.

 

 

El método BLW favorece que el bebé se familiarice con los alimentos y que coma a su ritmo y según sus necesidades conforme va adquiriendo habilidades. También así se incorpora a los ritos de mesa de toda la familia mucho antes. Además, combate la obesidad. De cualquier forma, con uno u otro método nunca se debe forzar al bebé a comer. 

 

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