Hiperactividad infantil: Síntomas y tratamientos

La hiperactividad es de los trastornos del neurodesarrollo que se diagnostican con mayor frecuencia en la infancia, siendo más común en niños que en niñas

La hiperactividad infantil es uno de los trastornos del neurodesarrollo que se diagnostican con mayor frecuencia en la infancia. Su detección y tratamiento precoces son clave para el desarrollo y aprendizaje del pequeño. Pero ¿cómo podemos ayudar a un niño hiperactivo?

Hiperactividad infantil

Los niños corren, saltan en el sofá y sobre la cama, se meten debajo de la mesa, esconden el mando de la tele en cualquier rincón, nos sacan los tuppers de los armarios, la ropa de los cajones, no callan ni debajo del agua, ni de día ni de noche. Con niños en casa, las habitaciones parecen un campo de minas, con juguetes repartidos por todas partes, y es totalmente normal.

Como también es normal que sus juegos en ocasiones duren un suspiro, y se entretengan poco haciendo puzles o construcciones y prefieran correr por el parque detrás de una pelota. Que no nos hagan caso, que a veces parezcan no escucharnos, que no aguanten sentados casi ni para comer, que hagan trastadas o no quieran participar en tareas cotidianas como recoger sus cosas o lavarse los dientes. Es normal y forma parte del desarrollo.

 

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Pero si todo esto es normal y forma parte del desarrollo, entonces ¿cuándo puedo sospechar que mi peque pueda tener trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)? Porque es que es realmente un trasto y no para quieto ni un segundo, ¡no se entretiene con nada!

Esta es una inquietud bastante frecuente en las familias y aparece bastante pronto, incluso antes de que el menor entre a la escuela infantil. Vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre ello, intentando explicar de manera sencilla qué es el TDAH, cuándo y cómo se puede llegar al diagnóstico, y cómo puedo ayudar a mi hijo o hija si lo padece.

Síntomas de la hiperactividad infantil

El TDAH es un trastorno o condición que, sin comprometer la inteligencia de quien lo padece, afecta fundamentalmente a sus funciones ejecutivas. Estas son algo así como el “sistema de gestión” del cerebro. Las funciones ejecutivas nos permiten poner en marcha los mecanismos necesarios para aprender, relacionarnos y adaptarnos a las diferentes situaciones del día a día. Nos ayudan a administrar el tiempo, organizar las tareas e ir monitorizándolas para que vayan saliendo como esperamos, establecer prioridades, planificar, controlar nuestras emociones, cambiar el foco de atención de una cosa a otra, prestar atención y recordar lo aprendido, pensar antes de hacer o de decir algo, resolver problemas, anticiparnos a lo que va a ocurrir, etc.

Estas funciones ejecutivas, que dependen de la maduración y desarrollo del cerebro de nuestro peque, antes de los 6 o 7 años apenas están empezando a organizarse (algo que terminarán de hacer más allá de la adolescencia), por eso son normales todas las conductas que mencionábamos anteriormente y, por lo general, cuando ocurren en nuestros hijos, no estaríamos hablando de hiperactividad antes de esa edad. No obstante, en algunas circunstancias concretas, sí que podrían estar apuntándolo.

 

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El TDAH es una condición o trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por:

  • Inatención, el peque es incapaz de mantener o dirigir la atención hacia la información relevante.
  • Impulsividad, el niño o niña no será capaz de pensar en las consecuencias de lo que va a hacer, haciendo juegos o adoptando conductas que pueden resultar peligrosas para sí mismo.
  • Hiperactividad, costándole mucho parar quieto.

Pueden estar presentes estos tres signos en el mismo peque o solo alguno de ellos, ya que dentro de esta condición podemos encontrar tres variantes:

  • La de tipo inatento, donde predomina más la sintomatología de inatención (suele ser la más frecuentemente diagnosticada en niñas).
  • La de tipo motor-impulsivo, con mayor sintomatología de hiperactividad.
  • Y la combinada.

Hiperactividad infantil: Diagnóstico

Es de los trastornos del neurodesarrollo que se diagnostican con mayor frecuencia en la infancia (con una prevalencia de hasta el 6,8% en edad escolar), siendo más común en niños que en niñas (3:1).

 

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El diagnóstico de este trastorno cada vez está más en tela de juicio y se habla de un sobrediagnóstico en una sociedad en la que cada vez se demandan a los menores habilidades para las que madurativamente no se encuentran preparados, como mantenerse sentados largas jornadas escolares a etapas tempranas, actividades extraescolares muy demandantes,  o comenzar con tareas de lecto-escritura antes de los seis años.

Esto podría hacernos reflexionar, ¿quizá estemos ante niños sobrecargados, sobreexigidos, con dificultades para autorregularse, sin tiempo para “aburrirse”? ¿Quizá las conductas que presentan podrían ser la respuesta a esta sobreexigencia continua?

No existen pruebas de neuroimagen, como una resonancia, que permitan diagnosticar el trastorno. Este es clínico, y se hace basándose en la aparición de un conjunto de conductas recogidas en el manual diagnóstico DSM-5, y que deben estar presentes en un número de seis o más y durante un tiempo mínimo de seis meses. Estos síntomas deben darse de una manera realmente llamativa y que interfieran en el día a día del niño y de su familia, en su entorno escolar y social, y deben estar presentes en varios de los ambientes donde se desenvuelve el niño.

 

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Si las dificultades del niño solo se presentan en el cole, porque saca malas notas o en casa porque se porta mal, no estaríamos hablando de TDAH.

Hiperactividad infantil: Causas

Se han detectado 12 fragmentos específicos de ADN relacionados con una mayor vulnerabilidad con este trastorno, son genes transmisores de dopamina, serotonina y norepinefrina.

Existen además una serie de factores ambientales que aumentan el riesgo de padecer TDAH, como son la prematuridad, el bajo peso al nacer, exposición a neurotóxicos, alteraciones en la placenta, alteraciones o daño neurológico, estrés durante el embarazo, bajo nivel socioeconómico, deprivación de estimulación temprana, maltrato, psicopatología de los padres, etc. En estos casos estaremos más vigilantes ante los signos y conductas que pueden estar alertándonos de la presencia del trastorno de manera más precoz, para empezar a ayudar a nuestro peque.

¿Quién emitirá este diagnóstico? Generalmente un equipo de profesionales conformado por un psicólogo clínico o psiquiatra, neuropediatra y el equipo de orientación educativa del centro escolar de nuestro pequeño.

 

Hiperactividad infantil: Síntomas, Causas y Tratamientos

 

Pongámonos en la piel de un peque con TDAH para entender un poco mejor cómo es su día a día. Pensemos por ejemplo que nos cuesta horrores organizar y planificar el material que necesitaremos llevar a clase para trabajar durante el día y nos olvidamos la agenda donde habíamos apuntado los deberes o alguna libreta importante; que podemos tener dificultad para realizar cualquier actividad que implique una secuencia de pasos como podría ser el cepillado de dientes y nos olvidamos de cerrar el grifo del lavabo o de echar pasta al cepillo de dientes; podría ocurrir igual en el vestido, poniéndonos los pantalones del revés o los zapatos sin calcetines.

Al final vamos corriendo y tarde, con mamá de los nervios. En clase somos incapaces de mantenernos sentados más de media hora seguida, no podemos inhibir el impulso de intervenir cada vez que la seño pregunta e interrumpimos a los compañeros. Imaginemos los problemas de organización que antes mencionábamos a la hora de hacer los ejercicios, saltándonos líneas al leer, obviando datos importantes en un problema, nos distraemos pensando en cualquier cosa y olvidamos el propósito de lo que estamos haciendo, lo que hace que nunca terminemos los deberes y llevemos montañas de trabajo para hacer en casa.

 

Hiperactividad infantil: Síntomas, Causas y Tratamientos

 

En el patio, con los otros niños, no respetamos turnos en el juego, nos cuesta organizar lo que queremos decir a los otros niños y puede ser que no nos entiendan bien; sin querer, empujamos o gritamos en mitad del juego, de la excitación que nos provoca la actividad. Por la tarde, en casa, más deberes, pelea con mamá porque me distraigo, tardo mucho, no me salen y hay que borrar mil veces… La calidad de mi trabajo, por más tiempo que le dedique y por más que repita, siempre está por debajo de lo esperado, lo que me genera frustración. Como no puedo parar quieto, siempre me regañan y castigan o los otros niños no quieren jugar conmigo, lo que acaba provocándome problemas de autoestima: soy malo y todo lo hago mal

Como podemos ver, no se trata de que nuestro hijo sea un trasto, sino que implica una alteración importante en todas las áreas del día a día del peque que sufre el trastorno. Y si nuestro peque ha sido diagnosticado, ¿qué podemos hacer para ayudarle y que su día a día y el nuestro resulte más fácil?

Tratamiento para la hiperactividad infantil

Nuevamente, el abordaje es múltiple. Por un lado, y dependiendo de la severidad de los síntomas, el neuropediatra valorará la posibilidad de administrar alguna medicación que ayude al niño a mejorar sus habilidades atencionales. Los resultados son muy diversos en cada peque, funcionando muy bien en algunos y no tanto en otros.

Independientemente del tratamiento farmacológico, hay que abordar siempre las dificultades escolares del menor, sus problemas de autorregulación y conducta, habilidades sociales y emocionales, y se pondrán en marcha técnicas cognitivo-conductuales para ayudarle a compensar las dificultades de organización y planificación que presenta. Es muy importante también enseñarle a relajarse y a manejar el estrés y la ansiedad.

 

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En casa podemos ayudarnos de agendas visuales o escritas en las que pactemos con el peque y anotemos las tareas a realizar, en ocasiones será necesario llamar su atención sobre los pasos a seguir para resolver un problema o tarea, y podemos ayudarle a recordar, verbalizándolo, cada uno de los pasos (auto-instrucciones). Por ejemplo, para resolver un problema de matemáticas, automatizaremos los siguientes pasos: 1. Leo atentamente, 2. Anoto los datos, 3. Vuelvo a leer lo que me pide el problema que resuelva, 4. Coloco bien alineados los números para realizar la operación, etc.

Un entorno organizado, sin muchos estímulos, con rutinas y límites claros ayudarán a nuestro pequeños a participar mejor en las tareas del día a día.

Ofrecerle la oportunidad de participar en actividades y espacios donde pueda realizar actividades físicas y satisfactorias para él, en las que se sienta competente y habilidoso es muy importante tanto para su autorregulación como para su autoestima.

 

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A modo de apunte personal, creo que algo en lo que solemos fallar y que es clave, es que no somos capaces de ponernos en la piel del niño y entender por qué hace las cosas como las hace. No es porque sea perezoso, o por molestar, en la mayoría de las ocasiones no es capaz de desarrollar una mejor estrategia, no anticipa las consecuencias de lo que está haciendo. Vamos a pararnos, a respirar, y a pensar en la manera de encontrar juntos el camino cada día.

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