Anemia infantil: Riesgos, síntomas y tratamiento

La anemia puede conllevar riesgos importantes para la salud del bebé como insuficiencia orgánica, daño cerebral y otros problemas graves y permanentes

La anemia infantil es la enfermedad hematológica (de la sangre) más común en la edad pediátrica. Los motivos pueden ser diversos, desde una alimentación baja en hierro a diferentes enfermedades hereditarias. También son más propensos a ella los bebés prematuros.

Y aunque a veces la anemia infantil es asintomática, puede tener consecuencias muy graves en los más pequeños. Te contamos sus principales síntomas y el mejor tratamiento para acabar con ella. 

¿Qué es la anemia infantil?

La anemia es una enfermedad que se produce cuando la hemoglobina en la sangre disminuye por la falta de hierro, fundamental para el buen desarrollo del cuerpo humano. Cuando ocurre, la sangre tiene menos glóbulos rojos (hematíes) de lo normal y estos tienen un trabajo fundamental: son los encargados de transportar el oxígeno por todo el cuerpo. 

¿El resultado? Inevitablemente, el bebé (o el adulto) estará más cansado y aletargado de lo normal ya que su cuerpo no recibe todo el oxígeno que necesita para el día a día y está falto de energía. 

Cuando nacen, los bebés tienen reservas de hierro suficientes para los seis primeros meses, que pueden verse aumentadas gracias al pinzamiento tardío del cordón umbilical. También al contrario, y es que los bebés prematuros tienen mayor probabilidad de padecer anemia durante sus primeros años de vida.

 

 

A partir de los seis meses y, aunque la leche sigue siendo la base principal de su alimentación hasta el primer año, comienza la introducción de nuevos alimentos. Y es entonces cuando puede aparecer la enfermedad.

La anemia fisiológica y la anemia patológica

Existen dos tipos de anemia: la anemia fisiológica del recién nacido y la anemia patológica. La primera es habitual entre todos los bebés de entre seis y doce semanas (en prematuros entre cuatro y ocho semanas), suele ser asintomática y no requiere tratamiento. En el caso de la anemia patológica, está causada por una enfermedad del pequeño como pérdidas de sangre, hemorragias durante el parto, hemólisis o incompatibilidad de grupo sanguíneo, entre otras causas. 

Así, según la causa de la anemia patológica, podemos encontrar tres tipos:

  • Menor producción de glóbulos rojos. Ocurre cuando la dieta no contiene suficiente hierro. Conocida como anemia ferropénica, es la más habitual en bebés de 9 a 24 meses. También se pueden producir glóbulos rojos más pequeños (anemia microcítica) o con menos color (anemia hipocrómica).
  • Destrucción de glóbulos rojos. Se da cuando el pequeño sufre una enfermedad subyacente o si hereda un trastorno de los glóbulos rojos, además de por infecciones o falta de vitaminas. 
  • Pérdida de glóbulos rojos por sangrado. Es el caso de una hemorragia abundante o desprendimiento de la placenta, por ejemplo. 

 

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Síntomas y consecuencias de la anemia infantil

Es cierto que un bebé aletargado con signos de cansancio o fatiga (astenia) no es un síntoma evidente de que nuestro bebé pueda sufrir anemia, ya que esto puede deberse a múltiples causas. Sin embargo, y aunque un bebé con anemia puede ser asintomático, hay más señales que nos pueden hacer sospechar de que algo no va bien en nuestro pequeño:

  • Mayor irritabilidad.
  • Problemas respiratorios.
  • Pérdida del apetito
  • Deseo por comer cosas que no son alimentos como tierra o detergente. A esta alteración se le conoce con el nombre de pica.
  • Dolores de cabeza y mareos
  • Taquicardias o bradicardia.
  • Hipotensión.
  • Orina oscura.

En caso de tratarse de una anemia infantil grave, podríamos encontrar el blanco de los ojos azulados o pálidos, las uñas quebradizas, caída del cabello y cambio de coloración en la piel (desde la palidez a la ictericia). 

 

Anemia infantil: Riesgos, síntomas y tratamiento

 

La anemia debe tratarse de inmediato ya que el déficit de hierro y, por tanto, la falta de oxígeno en el organismo, puede tener consecuencias muy graves en la salud de nuestro hijo. Y es que, aunque el hierro es esencial siempre, lo es más aún en periodos de rápido crecimiento como la etapa fetal y la primera infancia. Así, entre las principales consecuencias, destacan:

  • Defensas bajas. Los niños que sufren anemia suelen tener las defensas bajas, por lo que son más propensos a tener más enfermedades infecciosas. 
  • Déficit de atención y problemas de aprendizaje, lo que puede conllevar a un rendimiento escolar bajo. 
  • Reducción de lucidez mental.
  • Retraso psicomotor que puede manifestarse en problemas para empezar a dar los primeros pasos más allá de los 18 meses. 
  • Menor capacidad de socialización, con tiempos de reacción más lentos y menor capacidad para controlar los impulsos. 

En caso de que la anemia sea grave, puede conllevar riesgos importantes para la salud del bebé. Así, si no se trata puede desembocar en insuficiencia orgánica, daño cerebral y otros problemas graves y permanentes.

 

Anemia infantil: Riesgos, síntomas y tratamiento

 

¿Cómo tratar la anemia en niños?

Cuando los bebés y niños sufren anemia, lo primero que debemos hacer es incrementar la cantidad de hierro en sus comidas. Así, hay que apostar por alimentos con más cantidad de hierro de buena absorción (conocidos como Hierro hemo), llegando al 25%. Son los alimentos de origen animal, como carne, aves, pescado o huevo.

Además, hay otros alimentos en los que la absorción de hierro es algo peor (Hierro no Hemo), al oscilar entre el 1  y el 5%. Son los alimentos de origen vegetal como legumbres, cereales, frutos secos (que se les pueden ofrecer triturados desde los seis meses), verduras (sobre todo las de hoja verde) y la yema del huevo. 

Pero esto no significa que haya que incluir únicamente alimentos ricos en hierro Hemo. Con unas pautas sencillas como combinarlos con alimentos que favorezcan la absorción de hierro No Hemo, evitar los alimentos ricos en calcio en las comidas principales o fermentar el cereal y remojar las legumbres, podemos convertirlos en una fuente aceptable de hierro. 

Sin embargo, es cierto que hay bebés que se niegan a comer nada más allá de la leche pasados los seis meses. En estos casos, hay que estar especialmente atento y comentarlo con el pediatra. Será el especialista quien valore si es necesario realizar una analítica al pequeño y pautarle un tratamiento con suplemento de hierro. Lo ideal es tomar este suplemento en ayunas junto a alimentos ricos en vitamina C, como las naranjas, para mejorar su absorción. 

 

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En algunas ocasiones, y para evitar hacer una analítica a un bebé se prescinde de ella y se receta el hierro de forma preventiva si el pediatra lo considera necesario. De hecho, el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría asegura que se puede ofrecer este suplemento preventivo hasta que el bebé coma mejor o al menos ingiera los 30 gramos de proteína diaria recomendada. 

Eso sí, el pediatra es quien debe indicarnos la cantidad exacta de suplemento para nuestro hijo para tratar la anemia infantil. En caso de suministrarlo sin consultar, podemos causar una intoxicación por ingerir demasiado hierro. 

En ningún caso debemos ofrecer leche entera de vaca hasta que cumpla su primer año, ya que no solo es baja en hierro, sino que dificulta su absorción. Más allá del año, se recomienda no superar los 700 mg de calcio diarios recomendados ya que este obstaculiza la absorción del hierro.

 

Anemia infantil: Riesgos, síntomas y tratamiento

 

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