Exposición de los menores en redes sociales: ¿cómo proteger su imagen e intimidad?

El "sharenting" hace referencia a cómo algunos padres documentan la vida de sus hijos sin pensar en las consecuencias que puede tener para ellos

En la actualidad, proliferan las imágenes de menores en redes sociales subidas por sus propios padres, orgullosos de los avances de los peques. En inglés se ha popularizado el concepto del sharenting, que hace referencia a cómo los padres documentamos la vida de nuestros hijos en redes.

Compartir nuestra vida en imágenes

Las redes sociales forman parte de la vida de la mayoría de los adultos. Es muy raro que no tengamos relaciones interpersonales a través de ellas, aunque sea a través del whatsapp. Eso ha permitido compartir muchas imágenes de nuestra vida cotidiana con personas cercanas o de nuestra tribu pero también con perfectos desconocidos.

Pero, ¿reflexionamos los progenitores antes de subir esas escenas de nuestros hijos? ¿Por qué las subimos? La exposición de menores en redes sociales puede tener consecuencias, no solo para su propia privacidad y su derecho a la imagen y a la intimidad; sino también para su propio autoconcepto y autoestima.

 

 

¿Os imagináis ver una foto vuestra vomitando para deleite de todo el mundo? Son muchos los elementos que deberíamos tener en cuenta, aunque la máxima debería ser siempre la prudencia y la responsabilidad. En definitiva, poner el interés del menor por encima de todo.

Las leyes y la protección de los menores frente a las redes sociales

En España los derechos de los menores están recogidos, además de en la Constitución, en la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, que se puede consultar en el Boletín Oficial del Estado (BOE). En el artículo 4 dice así:

1. Los menores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como el secreto de las comunicaciones.

Es decir, que la publicación de determinadas imágenes se puede considerar una intromisión y una vulneración de sus derechos.

 

 

En el mismo artículo se recoge que:

4. Se considera una intromisión ilegítima en el derecho al honor a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen del menor, cualquier utilización de su imagen o su nombre en los medios de comunicación que pueda implicar un menoscabo de su honra o reputación, o que sea contraria a sus intereses incluso si consta el consentimiento del menor o de sus representantes legales.

Los medios de comunicación (yo trabajo en uno) tienen muy en consideración este artículo y se suele preservar la intimidad del menor, excepto en los casos donde haya consentimiento de sus padres y en noticias donde no se vulnere ningún derecho fundamental del pequeño/a.

Pero, ¿la redes sociales se pueden considerar también un medio de comunicación? Quizás no en el sentido tradicional, pero sí son canales de intercambio de información e imágenes que en muchas ocasiones son difíciles de controlar. Y eso habría que tenerlo en cuenta en la exposición de los menores en redes sociales.

 

 

También Unicef publicó en 20o4 un decálogo sobre los e-derechos de de los niños y las niñas en el que se recoge precisamente eso, el  «derecho a la intimidad de las comunicaciones por medios electrónicos. Derecho a no proporcionar datos personales por la Red, a preservar su identidad y su imagen de posibles usos ilícitos».

Somos responsables de preservar los derechos de nuestros hijos, también en internet

A partir de los 14 años, los niños son los que han de dar el consentimiento en el uso de su imagen, siempre que demuestren que comprenden las circunstancias, lo hagan de manera voluntaria y estén en pleno uso de sus facultades. Hasta entonces, somos los padres los responsables de autorizar o no el que se difunda su imagen. El problema es que en muchas ocasiones no somos conscientes de las consecuencias.

La mayoría de los adultos compartimos fotografías de nuestros bebés e hijos; porque nos sentimos orgullosos, porque tiene una pose muy graciosa, porque (en el caso de un vídeo) está monísimo/a cantando una canción que ni comprende… Y lo hacemos incluso antes de que nazcan. Una simple búsqueda en internet nos puede llevar a multitud de ecografías de padres felices que las han colgado de inmediato.

 

 

Pero este intercambio aparentemente inocente también conlleva riesgos. Un familiar o amigo/a puede compartir esa imagen sin preguntarnos, porque le ha resultado gracioso, o alguien puede hacer una pantallazo de esa imagen. Y, a partir de ahí, perdemos el control que aparentemente tenemos. También se dan casos de personas que quieren rentabilizar sus redes sociales y para ello utilizan imágenes de sus hijos.

La situación se puede complicar en el caso de familias cuyos progenitores están separados. ¿Qué ocurre cuando una de la partes expone al menor o menores en redes sociales? Por lo general, ha de contar con el consentimiento del otro progenitor y, si no hay acuerdo, se puede acudir a la vía judicial.

Las consecuencias de sobreexponer a los menores en redes sociales

Al margen de la pérdida de privacidad, exponer de manera excesiva a los menores en redes sociales pueden tener otras consecuencias. Por un lado, si damos muchos datos de nuestros hijos podemos dar vía libre a que terceros intenten usurpar su identidad o incluso que sean víctimas de fraude por los datos que se puedan subir a internet.

Si publicamos imágenes de los niños y niñas con poca ropa, por ejemplo, estas pueden atraer a personas implicadas en redes de pornografía infantil o incluso se pueden usar esas imágenes por delincuentes para fingir secuestros. Y podemos fomentar sin quererlo el ciberbullying y que otros niños o jóvenes ridiculicen a nuestros hijos por esas dichosas fotos.

 

móvil y tablet

 

Pero exponerlos en redes sociales también puede perjudicar su propia autoestima. Un bebé o un niño pequeño no puede decidir si quiere o no quiere que esa imagen se transmita, aunque sea a la familia. Pero eso no significa que no pueda afectar a su autoestima cuando sea mayor.

Además, en una sociedad como la nuestra, donde la imagen se sobrevalora tanto; podemos condicionar el concepto que tengan de sí mismos cuando crezcan. Solo por esto creo que merece la pena pararnos a reflexionar sobre las consecuencias emocionales que tiene esta sobreexposición.

¿Cómo gestionar el uso de redes sociales cuando se trata de los hijos?

Quizás el primer paso debería ser reflexionar sobre los motivos que nos llevan a exponer a nuestros hijos en redes sociales y, además, plantearnos cómo se sentirán ellos cuando vean su vida cotidiana reflejada en esas imágenes. De hecho, una vez que vayan siendo más mayores, sería importante preguntarles a ellos porque, al fin y al cabo, es su imagen. Eso, además de darles la oportunidad de decidir, será positivo para su autoestima y mejorará la confianza en casa.

 

 

También deberíamos reflexionar sobre la información que damos de ellos. De hecho, lo ideal es dar los menos datos posibles e intentar que no se les vea mucho el rostro. En el caso de familiares y amigos, deberíamos hacerles ver que la imagen o vídeo que les enviamos es para que la vean solo ellos y que, por tanto, no autorizamos que las reenvíen a terceros. Incluso en las sesiones de fotos infantiles los profesionales necesitan la autorización expresa de los progenitores para el uso de las imágenes de sus hijos.

Y, por supuesto, leer y entender las condiciones y los permisos que aceptamos en las redes sociales. También podemos establecer alertas en Google por si aparece el nombre o algún dato relacionado con nuestros hijos.

 

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Las redes sociales forman parte de nuestra sociedad, así que es absurdo pretender abstraerse de ellas, sobre todo porque nuestros hijos las utilizarán cuando sean mayores (eso será el siguiente nivel). Pero sí debemos ser muy conscientes de que, al igual que no vamos aireando por ahí nuestros datos bancarios ni nos desnudamos en medio de la plaza, tampoco debemos hacerlo con nuestros hijos, que son el tesoro más preciado que tenemos y hay que respetarlos, cuidarlos y protegerlos.

 

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