Niños y medios de comunicación: ¿se cumplen los Derechos del Niño?

La Convención sobre los Derechos del Niño incluye el Derecho a la Libertad de Expresión, el Derecho a Ofrecer y Recibir Información y el Derecho a Expresar sus Opiniones en los Medios de Difusión
Los medios de comunicación, incluidos la Radio y la Televisión, tienen un compromiso con la Infancia, ya que uno de los Derechos del Niño es el de ofrecer y recibir información, y el derecho a expresar sus opiniones en los medios de difusión. Pero ¿realmente cumplen los medios sus obligaciones con respecto a la infancia?

¿Respetan los Derechos del Niño? ¿Se da a los niños-as voz y acceso a los medios a través de la realización de programas infantiles creativos y pedagógicos? ¿Se ofrece una oportunidad a los más jóvenes para que manifiesten su visión del mundo a través de los medios?

A menudo los niños y niñas son tratados como ciudadanos «de segunda»

Los niños y niñas representan un porcentaje importante de la población mundial. Sin embargo, no suelen tener la oportunidad de expresar lo que les gusta o lo que les gustaría que cambiase. Sí, existen programas (o espacios dentro de programas) en momentos específicos que les ofrecen un medio oportuno para transmitir sus ideas, opiniones y preocupaciones; pero son escasos y pocas veces se les ofrece esta oportunidad de forma no guionizada.

 

 

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF):

Los medios de comunicación tienen una doble misión. Una de ellas es dar a la sociedad la posibilidad de conocer la visión que los niños, las niñas y los jóvenes tienen del mundo; pero también, les permiten hacer un llamamiento a los dirigentes para que presten mayor atención a aquellas cuestiones que les inquietan

Es evidente que el organismo de la Organización de las Naciones Unidas que promueve la defensa de los Derechos del Niño es consciente de la enorme responsabilidad de los medios de comunicación en cuanto a situar los derechos de la infancia en el lugar que les corresponde. Pero ¿realmente están los medios comprometidos con los derechos de los niños y las niñas?

Uno de los Derechos del Niño es el de ofrecer y recibir información, y el derecho a expresar sus opiniones en los medios de difusión

La Convención sobre los Derechos del Niño (ratificada por casi todos los países del mundo) incluye el Derecho a la Libertad de Expresión, el Derecho a Ofrecer y Recibir Información y el Derecho a Expresar sus Opiniones en los Medios de Difusión.

 

 

Sin embargo, la realidad es que recibir información veraz (entendiendo esta no solo como «no falsa», sino también como no sesgada) a través de los medios de comunicación, es cada vez más difícil puesto que estos obedecen a intereses políticos, económicos, ideológicos… Condicionamiento que se extiende a todos los medios de difusión, también en Internet.

 

 

Por otra parte, son pocas las veces que los niños y niñas tienen la oportunidad de expresarse libre y espontáneamente a través de un medio de comunicación. Las escasas intervenciones que se les permiten, suelen estar guionizadas y obedecen a la temática o contenidos de un programa o espacio específico dentro del mismo.

El (supuesto) papel educativo de los medios VS su motor económico

Según UNICEF, se debe «aprovechar el potencial que tienen la radio y la televisión cuando se las utiliza con fines educativos y culturales ya que producen un gran impacto social entre los espectadores». Pero, no nos hagamos los tontos… Basta con echar un vistazo a la programación y los contenidos mediáticos (incluso en aquellos canales que son exclusivamente infantiles), para darnos cuenta de que esta premisa no se está cumpliendo.

 

¿Y por qué es tan importante que esto se cumpla? Porque el autoaprendizaje por observación es un elemento clave en el desarrollo y la educación de los menores. En este sentido, los medios de comunicación constituyen un medio de socialización más, porque son una fuente efectiva para la formación de actitudes, intereses, habilidades y comportamientos.

Los medios tienen un impacto psicológico en cuanto sus contenidos pueden afectar a la conducta por imitación de lo que se ve en ellos. También afectan a la formación del bagaje cultural e intelectual, porque permiten un mayor conocimiento del mundo exterior, de la historia y acontecimientos actuales; así como el contacto con distintas culturas, formas de pensar, estilos de vida y/o puntos de vista.

Educación para la ciudadanía

Tal y como manifiesta la filósofa española Victoria Camps en su artículo «¿Todo vale? Hacia una mirada ética en los medios de comunicación»:

Dado que el cliente de la televisión no es el espectador sino el anunciante, el telespectador es producido por la televisión. (…) La televisión es una industria que contribuye a producir un determinado tipo de persona.

Tales consideraciones son especialmente importantes cuando pensamos que la infancia y la adolescencia tienen hoy en la televisión un agente de socialización fundamental. Hasta tal punto es así que un reciente estudio encargado por el Consejo Audiovisual de Cataluña al investigador Ferrán Casas indica que la mayoría de los adolescentes buscan en la televisión información sobre la realidad. La televisión –informativos y entretenimiento– les muestra qué hace la gente, cómo se relaciona, qué modelos son preponderantes, qué valores son más apreciados.

No hace falta hacer costosos estudios para demostrar la relación de causalidad entre, por ejemplo, la violencia en la televisión y la violencia real. Aún sin demostrar nada, sabemos, por las manifestaciones de los adolescentes, que en la televisión «aprenden» cómo es el mundo. Por supuesto, ahora ya no es solo la televisión la que se lo enseña, sino el conjunto de pantallas que constituyen su entorno habitual.

 

 

(…) Los medios son un mensaje que determina a la realidad y también a las personas, en especial a las más jóvenes, que son las más vulnerables. Los profesionales de los medios se revuelven contra la afirmación de que deben funcionar como agentes educativos. Y es cierto que los agentes educativos propiamente dichos no son ellos, sino la familia y la escuela, por encima de todo. Ahora bien, sería aberrante afirmar que la libertad de expresión se utilizara precisamente para entorpecer la labor educativa. La misión de los medios, y en especial de los públicos, es colaborar con ella. Lo cual no ha de ser visto solo como la obligación de contar con algún espacio educativo que responda a la misión de educar, sino como una obligación realmente transversal, una preocupación que tenga como objeto toda la programación televisiva, por lo menos, la programación que se emite en horario protegido.

Conviene profundizar en dos objetivos que no son en absoluto nuevos pero que se ejecutan muy insatisfactoriamente. Por parte de los responsables de los medios, la asunción real de la responsabilidad que tienen tomándose en serio la obligación de autorregularse. Por parte de los educadores –familia y escuela–, la tarea de educar para utilizar los medios con buen criterio. Es un aspecto más del proyecto de educación para la ciudadanía

Los contenidos son por lo general pobres, de escaso contenido educativo y demasiado contenido vulgar o violento. Según estudios sobre los efectos en niños y adolescentes de la televisión, esta está reduciendo las inhibiciones aprendidas contra el comportamiento violento.

 

 

Así, los niños y niñas que consumen televisión se están insensibilizando frente a la violencia. Como consumen televisión y en la televisión se muestra la violencia como algo normal, los menores se acostumbran a ella y extraen la idea de que en muchas ocasiones no hay otra forma de resolver los conflictos que utilizando la violencia. Al fin y al cabo, el autoaprendizaje por observación y la imitación son dos pilares básicos de su formación como seres humanos desde la primera infancia.

La publicidad «con» y «para» menores

La relación entre medios y publicidad es harto conocida. Los efectos perniciosos de la publicidad en los menores también son preocupantes. La publicidad les genera necesidades innecesarias que promueven en ellos-as el consumismo desde pequeños, provocando un consumo precoz de productos infantiles.

Asimismo, la representación de la infancia y la adolescencia en la televisión a través de las series animadas o juveniles, así como en la publicidad, les transmite determinados falsos valores y cánones de belleza, promoviendo de esta forma estereotipos y roles superficiales basados en la supremacía de la sociedad de consumo.

 

 

De hecho, los sectores económicos más frecuentemente implicados en la publicidad de la juventud son aquellos cuyos productos nunca deberían ir dirigidos a un público menor de edad. Estos son: cosmética, automóviles, alimentación, telefonía móvil e Internet. Da qué pensar, ¿verdad?

Aún es más grave cuando se realiza una utilización de la infancia como reclamo publicitario. Según el doctor Joaquín Ortiz, en su artículo «El niño, los medios y la publicidad»:

En diversos estudios realizados por la Asociación de Usuarios de la Comunicación se ha destacado que un tercio de los anuncios emitidos por televisión cuentan con la presencia de menores (anuncios con menores) y en la mitad de ellos la presencia del menor no se justifica ni por ser consumidor del producto anunciado (anuncio de menores) ni por ser destinatario del mensaje publicitario (anuncio para menores).

De ello se deduce que los menores se han convertido en un importante factor de valor añadido para enriquecer simbólicamente los productos anunciados. Con su presencia se busca crear una corriente de simpatía hacia el producto anunciado, teniendo en cuenta las diversas connotaciones idealizadoras y positivas que el mundo de la infancia tiene para el adulto.

Existe discriminación de género en cuanto a los valores vehiculados en el discurso publicitario. El niño es casi siempre protagonista, activo, rebelde y violento, mostrando valentía, destreza, ingenio e imaginación; mientras que la niña suele aparecer como secundaria, pasiva, obediente y delicada, con ternura, abnegación, sensual y en suma, con plena identificación con los aspectos más tradicionales de la mujer. El niño varón representa frecuentemente a la infancia. Cuando el niño se utiliza como símbolo del futuro o de la humanidad es casi siempre un varón el elegido.

 

 

En la publicidad de juguetes se presenta de forma tópica y clara la división de papeles en función del sexo. La mayoría de los juguetes se presentan como exclusivamente para niños o para niñas sin considerarlos intercambiables. 

Los Derechos del Niño en los medios de comunicación

Teniendo todo esto en cuenta, es de considerar que los responsables de los medios de comunicación están muy lejos de poder darse palmadas en la espalda por más que se unan una vez al año a la celebración de un día internacional de medios de comunicación a favor de la infancia.

 

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Es de entender que los medios son industrias jerárquicas que persiguen fines económicos o de influencia y poder. Sin embargo, ni siquiera su relación contractual debería poder convertir a sus trabajadores (muchos de ellos padres y madres) en cómplices.

De hecho, el artículo 19 de la Constitución Española, en el que se regula el derecho a la información (y que tiene el rango de derecho humano fundamental), en su apartado d) reconoce el derecho a los profesionales de la información a la cláusula de conciencia, para garantizar su libertad frente a todo aquel trabajo que atente contra su ideología o valores (todo aquello que, por ejemplo, vulnere los Derechos del Niño). Dicho derecho está protegido por Ley Orgánica 2/1997, de 19 de junio, por lo que la fuerza normativa de la Constitución ha dotado a este derecho de plena eficacia y exigibilidad jurídica.

 

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